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== Referencias ==
== Referencias ==

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Archivo:Longitude (PSF).png
Líneas de igual longitud (meridianos) sobre el globo terrestre

Las recompensas de longitud fueron el sistema de premios de incentivo ofrecidos inicialmente por Felipe II de España en 1567. A esta primera convocatoria se presentaron grandes eminencias de la época como Galileo Galilei, pero el premio quedó vacante, a pesar de lo cual la iniciativa sirvió para explorar dos métodos, que pasaban por medir exactamente el tiempo transcurrido, algo técnicamente complicado en la época, o por calcular la aproximación a través de eclipses lunares.

Posteriormente su hijo Felipe III, aumentó el monto de la recompensa, ofreciendo en 1598 seis mil ducados y una pensión,[1]

Esta no fue la única recompensa que se ofreció para resolver este problema, aunque si la primera. Los Estados Generales de los Países Bajos ofrecieron 10.000 florines a mediados del siglo XVII, [2] y el Reino Unido siguió su ejemplo en 1714.

Antecedentes: el problema de la longitud

La medición de la longitud fue un problema que se puso de manifiesto cuando se comenzó a realizar viajes transoceánicos con relativa frecuencia. Determinar la latitud era relativamente fácil, ya que se podía encontrar a partir de la altitud del sol al mediodía con la ayuda de una tabla que indicaba la declinación del sol para cada fecha dada.[3] Para la longitud, los primeros navegantes oceánicos tenían que confiar en la navegación por estima, basándose en los cálculos del rumbo y de la velocidad de la embarcación durante un tiempo determinado (muchos de los cuales se basaban en la intuición del capitán y/o del navegante). Este procedimiento era inexacto en viajes largos lejos de la costa, que a veces terminaban en tragedia. También fue necesaria una determinación precisa de la longitud para conocer la "declinación magnética" adecuada, es decir, la diferencia entre el norte magnético indicado por la brújula y el norte verdadero, que puede diferir hasta 10 grados en las principales latitudes comerciales de los océanos Atlántico e Índico. Por lo tanto, encontrar una solución adecuada para determinar la longitud en el mar era de suma importancia.

La necesidad de una mejor precisión de navegación en los viajes oceánicos cada vez más largos había sido un tema explorado por muchas naciones europeas durante siglos. España, Portugal y los Países Bajos ofrecieron incentivos financieros para soluciones al problema de la longitud geográfica ya en 1598.[4]

Plan de Observación Astronómica

En 1554 Alonso de Santa Cruz, Cosmógrafo Mayor bajo los reinados de Carlos I de España príncipe Felipe, fue llamado a Valladolid, donde estaba la corte del regente príncipe Felipe para participar en una Junta de cosmógrafos y astrólogos encargados de abordar el cálculo de las longitudes. Fruto de esa junta sería la redacción del Libro de las Longitúdines y manera que hasta ahora se ha tenido de navegar[5], dirigido al ya rey Felipe II, primer estudio sistemático del problema de la longitud.[6] Felipe II prohibió terminantemente que la obra de Santa Cruz fuera publicada y distribuida, para evitar que cayera en manos de las potencias rivales europeas (aunque lógicamente sí se enseñaba en la Casa de Contratación), y solo vio la luz pública en 1921.

Tras la muerte de Santa Cruz le relevó al mando Juan López de Velasco, quien gestó y ejecutó un Plan de Observación basado en el cálculo por eclipses lunares, que debía ser llevado a cabo durante años por varias decenas de cosmógrafos reales, matemáticos y otros funcionarios en todos los dominios de Felipe II, quienes, registraron cuantas circunstancias rodearan el eclipse que contemplaban, como la hora de inicio, la duración, la intensidad —total o parcial— y la sombra sobre un instrumento. De esta manera se pudo calcular una aproximación relativa para una navegación puntual, que servía para situar geográficamente (latitud y longitud) todos los territorios y la ubicación de unos con respecto a otros.

En el Archivo General de Indias se conservan dos juegos de documentos que constituyen la única documentación gráfica sobre la observación de los eclipses de Luna que ha sobrevivido hasta nuestros días. Se trata de los registros correspondientes a una observación de eclipses realizada en Ciudad de México y otra en Puerto Rico.

Gracias a los datos recibidos López de Velasco pudo trazar las “Carreras de las Indias” y los tiempos de navegación de cada derrota: de Sevilla a Sanlúcar de Barrameda, de Sanlúcar de Barrameda a Canarias, de Canarias a La Deseada, desde las Pequeñas Antillas») hasta Cuba, de Cuba a Veracruz, desde las Antillas Menores hasta Cartagena y Nombre de Dios y desde este puerto a La Habana, de San Juan de Ulúa a La Habana, desde La Habana a las Azores y de las Azores a Sanlúcar de Barrameda. También pudo describir las otras carreras: desde España al Río de la Plata y Estrecho de Magallanes, navegaciones del Mar del Sur desde Nueva España, y desde allí hasta el Extremo Oriente.

Véase también

Referencias

  1. O'Connor, J J; Robertson, E F (1997). «Longitude and the Académie Royale». MacTutor History of Mathematics. Archivado desde el original el 5 de noviembre de 2016. Consultado el 19 de septiembre de 2021. 
  2. Bell, A.E. (1950). The Life of Christian Huygens. Edward Arnold, London. p. 35. 
  3. La latitud también se puede determinar en el hemisferio norte a partir del ángulo sobre el horizonte de la estrella polar. Sin embargo, dado que la estrella polar no está exactamente sobre el polo, solo puede estimarse la latitud a menos que se conozca la hora exacta o se realicen muchas mediciones a lo largo del tiempo. Si bien se pueden realizar muchas mediciones en tierra, esto hace que sea un método poco práctico para determinar la latitud en el mar.
  4. Andrewes, William J.H. (1996). «Introduction». The Quest for Longitude: The Proceedings of the Longitude Symposium: 1-10. 
  5. «Libro de las longitudines y manera que hasta agora se ha tenido en el arte de navegar, con sus demostraciones y ejemplos dirigido al muy alto y poderoso señor Don Phelippe II de este nombre Rey de España» Alonso de Santa Cruz, Cosmógrafo Mayor]
  6. Cuesta Domingo, págs. 31-32.

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