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Diferencia entre revisiones de «Inundación de la Ciudad de México en 1629»
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[[Tenochtitlan]] fue fundada en la parte más baja de la cuenca de México por lo que su ubicación geográfica ha sido siempre la principal causa de su vulnerabilidad. La cuenca era cerrada, con lagos como Zumpango, Texcoco, Xochimilco, Xaltocan y Chalco que no tenían salida natural al mar, lo que facilitaba la acumulación de agua.<ref name=":1" /> | [[Tenochtitlan]] fue fundada en la parte más baja de la cuenca de México por lo que su ubicación geográfica ha sido siempre la principal causa de su vulnerabilidad. La cuenca era cerrada, con lagos como Zumpango, Texcoco, Xochimilco, Xaltocan y Chalco que no tenían salida natural al mar, lo que facilitaba la acumulación de agua.<ref name=":1" /> | ||
Al verse enfrentados a recurrentes inundaciones, los mexicas desarrollaron sistemas para controlar la subida de las aguas como muros de contención, diques y acueductos. Con los sistemas implementados fueron capaces abastecer de agua limpia a las elites, aunque la salubridad del lago dejaba mucho que desear. Antes de la llegada de los españoles, las élites que disfrutaban de agua corriente en sus residencias en Tenochtitlan eran el [[tlatoani]] (gobernante supremo) y su familia, y los [[pipiltin]], clase social privilegiada, que incluía a altos sacerdotes y guerreros de alto rango. Sus residencias, a diferencia de las de la gente común, contaban con sistemas privados de distribución de agua, un claro reflejo del estricto sistema de clases en la sociedad mexica. El pueblo llano dependía de fuentes y estanques públicos ubicados en los barrios, que aunque les proporcionaban agua limpia de los acueductos, debían caminar a menudo largas distancias para obtenerla y transportarla, lo que requería un esfuerzo considerable.<ref>López Austin, Alfredo, y Leonardo López Luján, ''El pasado indígena''</ref> | Al verse enfrentados a recurrentes inundaciones, los mexicas desarrollaron sistemas para controlar la subida de las aguas como muros de contención, diques y acueductos. Con los sistemas implementados fueron capaces abastecer de agua limpia a las elites, aunque la salubridad del lago dejaba mucho que desear. Antes de la llegada de los españoles, las élites mexicas que disfrutaban de agua corriente en sus residencias en Tenochtitlan eran el [[tlatoani]] (gobernante supremo) y su familia, y los [[pipiltin]], clase social privilegiada, que incluía a altos sacerdotes y guerreros de alto rango. Sus residencias, a diferencia de las de la gente común (los [[mācehualtin]]}, contaban con sistemas privados de distribución de agua, un claro reflejo del estricto sistema de clases en la sociedad mexica. El pueblo llano dependía de fuentes y estanques públicos ubicados en los barrios, que aunque les proporcionaban agua limpia de los acueductos, debían caminar a menudo largas distancias para obtenerla y transportarla, lo que requería un esfuerzo considerable.<ref>López Austin, Alfredo, y Leonardo López Luján, ''El pasado indígena''</ref> | ||
Aunque | Tras la conquista, el nuevo gobierno virreinal aprovechó la antigua infraestructura hidráulica. El acueducto que traía agua desde los manantiales de Chapultepec, obra fundamental de los mexicas, fue mantenido y reparado para asegurar el suministro de agua potable a la ciudad. Sin embargo, los residentes se enfrentaron a los mismos problemas: las inundaciones recurrentes y la necesidad de un suministro constante de agua limpia para una población en crecimiento. Esto llevó a la construcción de nuevos acueductos, como el de Santa Fe, a lo largo del tiempo para complementar la red existente. Sin embargo, la mayoría de la población continuó dependiendo de fuentes y lavaderos públicos ubicadas en plazas y barrios, por lo que a menudo, recurrían a los [[aguadores]], que se encargaban de transportar y repartir el agua por la ciudad. | ||
Aunque el nuevo gobierno heredó los sistemas mexicas para evitar las inundaciones, estos no estaban diseñados para los cambios que resultaron en la subida del nivel de las aguas tras la conquista: cambios medioambientales, [[deforestación]], el pastoreo intensivo, el uso del arado y la expansión de cultivos que resultó en la erosión de la tierra y el azolvamiento de los lagos,<ref name=":1" /> contribuyeron a que la ciudad se inundara en varias ocasiones. Además, obras que entorpecían la circulación de las aguas agravaron la situación, exponiendo a la ciudad a desbordamientos violentos en años de lluvias intensas. | |||
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Revisión del 15:28 20 sep 2025
La inundación de la Ciudad de México en 1629 fue un evento ocurrido a partir del 21 de septiembre de ese año,[1][2] causada por una fuerte lluvia que duró aproximadamente 40 horas y resultó en la inundación total de la ciudad. El nivel del agua alcanzó algo más de dos metros, y la ciudad permaneció inundada durante cinco años, desde septiembre de 1629 hasta 1634.
«En la Ciudad de Tlatelolco y en los alrededores vivían 80 mil indios, 50 mil negros y mulatos y solo 16 mil españoles y criollos. Según estimaciones del arzobispo Manso y Zúñiga, murieron 30 mil indios, lo que representaba una pérdida devastadora del 35 al 40 por ciento de esa población».[3]Richard E. Boyer
Otros autores hablan de 20,000 familias de españoles que quedarían reducidas a 400.[4] El virrey Rodrigo Pacheco y Osorio, III Marqués de Cerralbo, implementó varias medidas para aliviar la situación.[5]
Antecedentes

Tenochtitlan fue fundada en la parte más baja de la cuenca de México por lo que su ubicación geográfica ha sido siempre la principal causa de su vulnerabilidad. La cuenca era cerrada, con lagos como Zumpango, Texcoco, Xochimilco, Xaltocan y Chalco que no tenían salida natural al mar, lo que facilitaba la acumulación de agua.[2]
Al verse enfrentados a recurrentes inundaciones, los mexicas desarrollaron sistemas para controlar la subida de las aguas como muros de contención, diques y acueductos. Con los sistemas implementados fueron capaces abastecer de agua limpia a las elites, aunque la salubridad del lago dejaba mucho que desear. Antes de la llegada de los españoles, las élites mexicas que disfrutaban de agua corriente en sus residencias en Tenochtitlan eran el tlatoani (gobernante supremo) y su familia, y los pipiltin, clase social privilegiada, que incluía a altos sacerdotes y guerreros de alto rango. Sus residencias, a diferencia de las de la gente común (los mācehualtin}, contaban con sistemas privados de distribución de agua, un claro reflejo del estricto sistema de clases en la sociedad mexica. El pueblo llano dependía de fuentes y estanques públicos ubicados en los barrios, que aunque les proporcionaban agua limpia de los acueductos, debían caminar a menudo largas distancias para obtenerla y transportarla, lo que requería un esfuerzo considerable.[6]
Tras la conquista, el nuevo gobierno virreinal aprovechó la antigua infraestructura hidráulica. El acueducto que traía agua desde los manantiales de Chapultepec, obra fundamental de los mexicas, fue mantenido y reparado para asegurar el suministro de agua potable a la ciudad. Sin embargo, los residentes se enfrentaron a los mismos problemas: las inundaciones recurrentes y la necesidad de un suministro constante de agua limpia para una población en crecimiento. Esto llevó a la construcción de nuevos acueductos, como el de Santa Fe, a lo largo del tiempo para complementar la red existente. Sin embargo, la mayoría de la población continuó dependiendo de fuentes y lavaderos públicos ubicadas en plazas y barrios, por lo que a menudo, recurrían a los aguadores, que se encargaban de transportar y repartir el agua por la ciudad.
Aunque el nuevo gobierno heredó los sistemas mexicas para evitar las inundaciones, estos no estaban diseñados para los cambios que resultaron en la subida del nivel de las aguas tras la conquista: cambios medioambientales, deforestación, el pastoreo intensivo, el uso del arado y la expansión de cultivos que resultó en la erosión de la tierra y el azolvamiento de los lagos,[2] contribuyeron a que la ciudad se inundara en varias ocasiones. Además, obras que entorpecían la circulación de las aguas agravaron la situación, exponiendo a la ciudad a desbordamientos violentos en años de lluvias intensas.
Línea del tiempo
- 1521: durante el sitio de Tenochtitlan, Cortés destruyó los diques de Nezahualcóyotl.[7]
- 1555: se presentó una inundación y se construyó un muro llamado Albarradón de San Lázaro.[8]
- 1580: otra inundación afectó la ciudad, destacando la vulnerabilidad persistente.[2]
- 1604: fue la inundación más grande que se había presentado desde la caída de Tenochtitlán. Se dijo que el Albarradón de San Lázaro no pudo contener el agua ya que sus materiales fueron saqueados durante mucho tiempo y estaba destruido.[8]
- 1607: subió el nivel del agua del río Azcapotzalco y se inundó la ciudad. La inundación fue agravada por lluvias muy fuertes que ocurrieron los días siguientes.[8]
- 1615: inundación adicional en la ciudad.[2]
- 1623: tras la suspensión del mantenimiento del Desagüe por el virrey marqués de Gelves, se produjo otra inundación.[2]
- 1627: la situación se volvió crítica debido a lluvias abundantes.[2] Después de estos sucesos, se aprobó la construcción del Tajo de Nochistongo para sacar el agua de la ciudad. El túnel tendría una longitud de 6,600 metros, ancho de 3.50 y altura de 4.50 metros.[5]
- 1629: en julio, la periferia de la ciudad ya estaba inundada. El 21 de septiembre, una fuerte lluvia, que llamaron “el diluvio de San Mateo”, se prolongó aproximadamente durante 40 horas y derrumbó el tajo de Nochistongo. La ciudad quedó bajo el agua que alcanzó un nivel superior a dos metros. Solo emergía un pequeño pedazo alrededor de la plaza mayor, apodado "isla de los perros".[2]
Inundación de 1629
Cuando la lluvia empezó, Enrico Martínez le aconsejó al virrey Rodrigo Pacheco y Osorio cerrar la salida del desagüe de Huehuetoca, que estaba en construcción, para evitar que se destruyera. Cuando el virrey se dio cuenta de que esto solo estaba evitando que el agua saliera, ordenó destapar el desagüe, pero ya gran parte de la ciudad estaba bajo el agua, muchas casas se derrumbaron, otras estaban inundadas y sus habitantes solo podían estar en el segundo piso. La inundación persistió de manera variable durante cinco años, con subidas de nivel tras cada aguacero, hasta que en 1634 una temporada de sequía puso fin a la misma, aunque algunos barrios como Santa Catarina y Santa Ana permanecieron desiertos hasta 1635.[2]
Las condiciones insalubres, la carestía y enfermedad que siguieron a la inundación causaron la muerte de aproximadamente 30 000 personas en los siguientes años.[2] La inundación también provocó que muchas personas emigraran de la ciudad y, en su mayoría, se asentaran en la ciudad de Puebla. El virrey quiso evitar que más personas se fueran y tomó varias medidas para brindar a las personas confianza y tranquilidad en que la situación mejoraría.

Medidas del Marqués de Cerralbo

El virrey convocó una junta para decidir qué medidas se tomarían. Se decidió pedir un préstamo de 6,000 pesos que se destinarían a comprar y distribuir comida diariamente en los barrios más afectados. También se vendería comida a las personas que podían pagarla pero no tenían como transportarse.[4] Las autoridades proporcionaron ayuda a damnificados, incluyendo comida, hospitales y alojamiento. Se controlaron los precios del maíz y la carne, y se concentraron los mercados en áreas menos afectadas, aunque esto generó conflictos.[2]
Se construyeron una especie de puentes de madera para que fuera posible cruzar de un edificio a otro. También se usaron canoas para transportarse dentro de la ciudad. Para evitar que más casas se derrumbaran, se ordenó que cada propietario de una casa construyera una especie de barda, pegada a su pared para evitar que los cimientos se debilitaran.[5] Además, se construyeron terraplenes, puentes de madera, pasillos y otros artificios para facilitar el desplazamiento, y se bombearon aguas fuera de algunos recintos.[2] Las medidas tomadas para aliviar la situación no eran suficientes, también era necesario sacar el agua de la ciudad. Para ello, el virrey ordenó que continuara la construcción del desagüe de Huehuetoca, el cual después de ser abierto quedó dañado por el agua.[5]
Religión
Existía la creencia de que las fuertes lluvias fueron un castigo a los pecados de la ciudad. Se aceptó que las misas se dieran en azoteas o balcones para que las personas pudieran escucharlas desde sus casas.[4] En un hecho inédito, el 24 de septiembre, el arzobispo don Francisco Manso y Zúñiga permitió llevar en canoa la imagen de la Virgen de Guadalupe desde su Basílica hasta el centro de la ciudad.[1]
Consecuencias
La inundación causó centenares de muertes inicialmente, con un estimado total de 30,000 personas fallecidas, principalmente por enfermedades asociadas a la escasez, carestía de alimentos y condiciones insalubres.[2] Se produjo el colapso de chozas, jacales y casuchas, especialmente las de adobe. Los pudientes se refugiaron en pisos altos y usaron canoas para desplazarse. Alrededor de 50,000 de los 150,000 habitantes estimados abandonaron la ciudad.[2] Los barrios más pobres sufrieron indescriptiblemente, con desmoronamiento de casas y persistencia de condiciones insalubres.
Ante la situación que se vivía y la falta de una solución a corto plazo, el virrey planteó al ayuntamiento la opción de cambiar la sede de la capital a otra ciudad, como Tacubaya o Coyoacán.[5][2] Pero el ayuntamiento respondió que costaría más dinero cambiar la capital que lo que costaría reconstruirla. Se decidió que la única solución viable sería encontrar una forma de desagüe efectiva. En 1634 el fraile carmelita, arquitecto Andrés de San Miguel por encargo del virrey corrigió el tajo del desagüe de la Ciudad de México, que había construido Enrico Martínez, lo que permitió la salida del agua de la urbe y llevar a cabo su reconstrucción.
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 Rubio Mañé, José Ignacio (1983). «El virrey Marqués de Cerralbo, 1624-1635. y las terribles inundaciones de 1627 a 1630.». El Virreinato IV. Obras públicas y educación universitaria. Instituto de Investigaciones Históricas UNAM / Fondo de Cultura Económica. p. 66. ISBN 9681613570.
- ↑ 2,00 2,01 2,02 2,03 2,04 2,05 2,06 2,07 2,08 2,09 2,10 2,11 2,12 2,13 2,14 García Martínez, Bernardo. «La gran inundación de 1629». Arqueología Mexicana. Consultado el 10 de junio de 2018.
- ↑ Fernando Benítez, 1981.
- ↑ 4,0 4,1 4,2 Hoberman, Louisa, “Bureaucracy and Disaster: Mexico City and the Flood of 1629”, pp. 211-230.
- ↑ 5,0 5,1 5,2 5,3 5,4 Llanas y Fernández, Roberto (México,2012), "Ingeniería en México, 400 años de Historia" Archivado el 17 de noviembre de 2015 en Wayback Machine., Instituto de Ingeniería, UNAM.
- ↑ López Austin, Alfredo, y Leonardo López Luján, El pasado indígena
- ↑ Díaz del Castillo, Bernal (2022). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Porrúa.
- ↑ 8,0 8,1 8,2 Cervantes, Sánchez Enrique, "El Desarrollo de la Ciudad de México" Archivado el 21 de febrero de 2016 en Wayback Machine..