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Mita
La mita (en quechua mit'a)[1][2] fue una institución jurídico-laboral de servicio personal obligatorio de carácter público, vigente en la Región Andina en época prehispánica y posteriormente incorporada, regulada y limitada por la Monarquía Hispánica dentro del ordenamiento del Derecho indiano. Su finalidad principal era la satisfacción de necesidades colectivas del Estado, mediante prestaciones personales temporales, tasadas y retribuidas, en ausencia de una economía monetaria generalizada.
La mita proveía al Estado de la energía indispensable para construir y conservar caminos y puentes. Era un sistema de trabajo a favor del Estado destinado a la formación de la civilización que implicaba la construcción de centros administrativos, templos, acueductos, casas, puentes, etc. Por medio de la mita, los impuestos de una población de la República de indios se pagarían no con dinero o bienes materiales, sino que con fuerza de trabajo (y estando exento del resto de tributos).
Históricamente la mita no era un invento exclusivamente inca, ya que los estados que la precedieron, como Moche, Sicán y Chimú ya la usaban. En Europa también existió un sistema similar que se llamaba corvea.[3]
En la época Inca
En el Imperio Inca se practicaba la mita para el desarrollo de obras públicas, como la construcción de templos, acueductos, fortalezas, caminos, etc., era de estricto cumplimiento para los varones de todos los pueblos, los cuales recibían una retribución, aunque en muchos casos se convertía en un sistema de esclavitud de gran dureza. Se daban ofrendas a los dioses, como el sol, la lluvia,agua etc.[4]
En la época hispánica
La Monarquía Hispánica asumió esta institución preexistente, sometiéndola a una reordenación jurídica expresa, particularmente a partir de las reformas del Virrey Francisco de Toledo en el siglo XVI.
La mita fue configurada como tributo personal en trabajo, regulado por ordenanzas reales, con límites precisos de edad, duración, rotación y remuneración. Estaban sujetos a ella los varones indígenas tributarios, en el cual una séptima parte de los adultos varones casados de cada pueblo de indios, entre los 18 y los 50 años, en proporción tasada y sin afectar a la totalidad de la población activa, estaban obligados a cumplir con esta labor un año de cada seis.
Para facilitar la implementación de la mita, Toledo dispuso la creación de reducciones o pueblos de nativos a cargo de un Corregidor, cuya función era la designación reglada de los mitayos conforme a padrones y turnos, evitando arbitrariedades y garantizando la rotación.[5]
En una primera instancia, Toledo había establecido que unos 16 distritos, de Potosí al Cuzco, proveyeran a una séptima parte de los hombres adultos a un año de servicio en las minas, sin trabajar más de una ocasión cada seis años. Esto sumaba un total de 13 500 hombres, que a su vez se dividían en tres grupos de más de 4 000 cada uno, que rotaban y tenían tres semanas de trabajo y otras tres semanas libres, lo que mantenía un abasto constante de fuerza de trabajo.[5]
Los «mitayos» debían recibir un pequeño salario por parte de los mineros y recibir el alimento por parte de sus comunidades, las cuales debían mantener también a las familias de los mitayos ausentes. De este modo, de un solo brochazo, entre la mitad y dos terceras partes de la fuerza de trabajo minera era provista a los propietarios de minas por la Corona a un costo en extremo bajo, lo que estimuló la producción en grande.[5]
La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la población nativa tributaria según asignación que hiciese el Corregidor, tanto para el servicio del Encomendero como del poseedor de mercedes de tierra o hacendado. Se sorteaba periódicamente a la población indígena de un determinado lugar para trabajar durante un plazo o tiempo determinado al servicio de la clase española mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. Los propietarios de encomienda deducían de los jornales la cantidad que las personas comprometidas debían pagar por concepto de tributo y el resto se les daba a ellas. La duración de la mita minera se fijó en diez meses dentro de cada año y no se podía exceder de un tercio permanente de la población tributaria para ser destinada a estas labores. A cambio de la fuerza de trabajo y de los consiguientes tributos que recibía el encomendero, este tenía la obligación de catequizar en la religión católica a las personas que le habían sido encomendadas.
Según varios estudios, las condiciones sociales de la mita en las Minas de Potosí o Huancavelica, con su sistema de reclutamiento forzado, habría sido una excepción antes que la regla en cuando a las dinámicas sociales de las minas del Imperio español, en gran medida por causa de que su producción era casi la totalidad de la plata del virreinato de Perú y eso impulsaba presión en las autoridades para recolectar la mayor cantidad de ganancias posibles, por la dependencia de la economía regional en las ganancias de la mina y no tanto de los impuestos en la Real Audiencia de Charcas, incluso si era por métodos controversiales. Esos defectos no habrían sucedido del todo en casos como en la Mina San Antonio del Nuevo Mundo, en tanto el mundo del trabajo minero en la era virreinal hispanoamericana presenta variados modos de organizar la mano de obra, con formas que podían ser entre voluntarios y forzadas, siendo así que, para la mayoría de minerías, era predominante el trabajo voluntario.
Los dueños de minas ganaban trabajadores a través de medios que alternaban sus métodos para atraer gente. Las 2 formas principales terminaron siendo, en primera, la combinación de una oferta de mejores jornales (mayormente en los descubiertos recientemente o que fueran más ricos) y otorgándole permisos al trabajador para recolectar algo de mineral en los fines de semana para su propio beneficio, y en segunda, un mecanismo para retener mano de obra a través del endeudamiento (aunque eso era más prominente en México que en la mita peruana), en el que los indígenas debían pagar sus impuestos alquilando su fuerza de trabajo y tributando en oro y plata para ya no tener más obligaciones fiscales (usualmente se hacía más presión en poblaciones que ya estaban habituados a contribuir por medio de la minería desde tiempos prehispánicos y además poseyeran animales de carga).[6]
Se tiene constancia de la existencia de Reales Cédulas emitidas por el Rey de España para relevar a los indios de cualquier injusticia y agravio que pudieran haber sufrido en las minas por la mita.[7] De esa manera en 1593, Felipe II estableció, por Edicto Real, la jornada de ocho horas: «Todos los obreros de las fortificaciones y las fábricas trabajarán ocho horas al día, cuatro por la mañana y cuatro por la tarde; las horas serán distribuidas por los ingenieros según el tiempo más conveniente, para evitar a los obreros el ardor del sol y permitirles el cuidar de su salud y su conservación, sin que falten a sus deberes» (Ley VI de la Ordenanza de Instrucción de 1593).[8][9]
Esas mismas condiciones laborales que regían en España se aplicaron también a los indígenas americanos, excepto aquellos que trabajaban en las minas, cuya jornada se reducía a siete horas.[8]
Título sexto. De las fábricas y fortificaciones.Ley VI Que los obreros trabajen 8 horas al día repartidas como convenga.
Todos los obreros trabajaran ocho horas al día, cuatro á la mañana, y cuatro á la tarde en fortificaciones y fábricas, que se hicieren, repartidas á los tiempos más convenientes para librarse del rigor del sol, más o menos lo que á los ingenieros pareciere, de forma que no faltando un punto de lo posible, también se atienda à procurar su salud y conservación.- Recopilación de leyes de los reinos de las indias. Mandadas a Imprimir y Publicar por la majestad católica del rey Don Carlos II, nuestro señor. Libro Tercero.[10]
Reacción de la población indígena
Los testimonios, sobre como la población de la República de indios afronto a la mita, posee opiniones contradictorias, que evidencia la complejidad de está dinámica social en la época virreinal. Generalmente se muestra un clima de opresión y explotación por la dureza del trabajo, pero también se presentan algunas grietas y ambigüedades en los que la misma población de la época intentaba legitimar la mita por ser una tradición heredada de las creencias precolombinas y su costumbre de ser sociedades guerreras a través de la veneración de valores como la valentía, el orgullo y el deber temerario en la Cosmovisión andina (representado muchas veces en el culto a los cerros y sus profundidades sagradas), que subsistiría en la idiosincrasia del Virreinato del Perú de los siglos XVI y XVII, a través del trabajo en la mita minera, donde los españoles eran sus "capitanes" contra las vetas de plata, dentro de un espacio sagrado como el Cerro.[11]
También, a la hora de reglamentar el trabajo minero de los indígenas, se registró testimonios de una natural inclinación hacia una "compulsión laboral" entre los indios.[12]
No dejan de ser inclinados a la guerra, ya que cuando algún capitán sale a Potosí, es con acompañamiento de sus indios a usanza de guerra, con sus armas antiguas y galanes con sus plumas, y dicen que son soldados y capitanes de Su Magestad, que van a pelear con las minas, que lo he visto y se lo he oído muchas vecesLic. Pedro Ramírez del Águila (1639)
Por otra parte, sucedió una enorme migración forzada (de modo similar a tiempos prehispánicos), por el que los indígenas dejaban de estar dispersos por el área rural, para concentrarse en pueblos fundados con inspiración en la Urbanística medieval y las ciudades castellanas. Durante la visita general del virrey Melchor de Navarra y Rocafull se registraría que la mayoría de la población indígena en Charcas era censada como forastero o yanacona. Las autoridades virreinal eran conscientes del fenómeno, pero con frecuencia consideraban ser impotentes para acabar con los flujos de población. Esto se debió a que poblaciones indígenas terminaban insertándose en la mita a conveniencia aprovechando cierto poder de negociación como trabajadores del campo, y para luego escapar e irse a otros pueblos en función de las demandas del mercado (evitando ser presionados por algunas autoridades coloniales en el proceso y así tener excencion de la mita).[6]
Efectos remanentes de la mita
La mita fue abolida en 1812 por las Cortes liberales de Cádiz durante la Invasión Napoleónica de España.[13]
Sin embargo, su impacto histórico se proyectó en la configuración territorial, económica y demográfica de determinadas regiones andinas, especialmente en zonas mineras, donde la concentración de población y la orientación productiva quedaron marcadas por siglos de organización laboral estatal. Estos efectos deben entenderse como consecuencia estructural de un sistema fiscal y administrativo preindustrial, y no como resultado exclusivo de la institución mitaya en sí misma.
En el siglo XX, el Estado peruano recuperó el concepto histórico de la mita como referente cultural del trabajo comunal voluntario, especialmente durante los gobiernos de Fernando Belaúnde Terry.
La institución denominada Cooperación Popular se inspiró en la tradición del trabajo colectivo para la ejecución de obras públicas, bajo un sistema de cofinanciación no monetaria, aunque sin carácter obligatorio ni tributario.
Los resultados de la experiencia fueron espectaculares. Durante esos casi diez años se lograron realizar en Perú más obras de infraestructura que en casi toda la época republicana (desde 1821 hasta 1963). Esos resultados derivaron en cientos de kilómetros de carreteras, acueductos, obras comunales y municipales e infraestructura de otro tipo.
En 1964 el gobierno de la República de Corea, dados los resultados espectaculares logrados en el Perú, acreditó una misión de alto nivel ante el gobierno peruano, su misión era: estudiar la metodología y organización de la institución peruana y la factibilidad de aplicación a la República de Corea. Permanecieron algunos meses en el Perú, cumpliendo su cometido y a su regreso, aplicaron la versión moderna de la mita peruana a sus sistemas de producción (incluyendo a la industria manufacturera). Los resultados obtenidos en Corea, fueron aún más espectaculares que los obtenidos en el Perú, debido a un enfoque de desarrollo distinto.
Con este sistema, se construyeron centenares de kilómetros de carreteras comunales, represamientos, canales de riego, se incorporaron nuevas hectáreas a la frontera agrícola, pequeñas centrales hidroeléctricas, infraestructura comunal y municipal. Gracias a la ancestral mit'a, Perú logró superar a bajo costo su falta de infraestructura y Corea logró superar el atraso en que estaba sumida, convirtiéndose hoy en un gigante del Asia.
Véase también
- Mink'a o faena (trabajo comunitario)
- Tequio (trabajo comunitario)
- Encomienda
- Ayni
- Yanacona
Referencias
- ↑ Teofilo Laime Ajacopa, Diccionario Bilingüe Iskay simipi yuyayk'ancha, La Paz, 2007 (Quechua-Spanish dictionary)
- ↑ Diccionario Quechua – Español – Quechua, Academía Mayor de la Lengua Quechua, Gobierno Regional Cusco, Cusco 2005 (Quechua-Spanish dictionary)
- ↑ Williams, Verónica I. (2000). «l imperio Inka en la provincia de Catamarca». Intersecciones en Antropología (Buenos Aires: Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires) 1 (1): 57. ISSN 1666-2105. Consultado el 12 de agosto de 2022. «Moche en la costa norte peruana y los estados costeros de Sicán y Chimú […] más tarde adoptaron los inkas […] Las unidades políticas de la costa norte utilizaron el sistema de corvea (mita)».
- ↑ Gisbert, Teresa; Mesa, Carlos; Mesa, Jose (2003). Historia de Bolivia. Editorial Gisbert y Cia. ISBN 9990580049. OCLC 57619274.
- ↑ 5,0 5,1 5,2 Klein, Herbert. Historia mínima de Bolivia. Colegio de Mexico. ISBN 9786074629217. OCLC 950521126.
- ↑ 6,0 6,1 https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-22532014000100001
- ↑ Zavala, Silvio Arturo (1979). VII. La reforma del servicio personal intentada a comienzos del siglo XVII. El Colegio de México. ISBN 978-607-628-404-9. Consultado el 3 de septiembre de 2023.
- ↑ 8,0 8,1 ABC (2019) "La jornada de ocho horas"
- ↑ Mandadas imprimir y publicar por la Majestad católica del rey don Carlos II (1841) "Recopilación de leyes de los reinos de las Indias"
- ↑ Boix Blay, 1841, p. 37.
- ↑ Zagalsky, Paula C. (2014-09). «LA MITA DE POTOSÍ: UNA IMPOSICIÓN COLONIAL INVARIABLE EN UN CONTEXTO DE MÚLTIPLES TRANSFORMACIONES (SIGLOS XVI-XVII; CHARCAS, VIRREINATO DEL PERÚ)». Chungará (Arica) 46 (3): 375-395. ISSN 0717-7356. doi:10.4067/S0717-73562014000300005. Consultado el 18 de febrero de 2023.
- ↑ Morong Reyes, Germán; Brangier Peñailillo, Víctor; Morong Reyes, Germán; Brangier Peñailillo, Víctor (2019-06). «Los Incas como ejemplo de sujeción. El gobierno del Perú y la escritura etnográfica del oidor de Charcas, Juan de Matienzo (1567)». Estudios atacameños (61): 5-26. ISSN 0718-1043. doi:10.4067/S0718-10432019005000102. Consultado el 9 de septiembre de 2023.
- ↑ Enciclopedia Encarta, art. Mita.
Bibliografía
- Gisbert, Teresa; Mesa, Carlos; Mesa, Jose (2003). Historia de Bolivia. Editorial Gisbert y Cia. ISBN 9990580049. OCLC 57619274
- Klein, Herbert. Historia mínima de Bolivia. Colegio de México. ISBN 9786074629217. OCLC 950521126