Auto de Fe de Maní

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"Epopeya del pueblo mexicano", mural de Diego Rivera (1935}.

El Auto de Fe de Maní fue un suceso ocurrido en la localidad de Maní (Yucatán) el 12 de julio de 1562. Se trató de un Auto de Fe en el que fueron incinerados unos 5000 ídolos de culto y objetos sagrados, 13 piedras de altar, 197 vasijas, y 27 códices de la cultura maya, considerados según Diego de Landa (provincial primero de la provincia franciscana de Yucatán), como libros supersticiosos y con falsedades del demonio.

El Auto de Fe fue la conclusión de un proceso inquisitorial iniciado por el propio Diego de Landa con el apoyo del alcalde mayor contra los indígenas que mantenían un adoratorio clandestino en la región.[1]

En relación a estos sucesos, De Landa escribió:

“Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”.

Relación de los hechos

Diego de Landa llegó a Yucatán en 1549, donde ocupó el puesto de ayudante del guardián provincial en Izamal. En 1562, Landa estableció un tribunal de la Inquisición en el poblado maya de Maní, con el propósito de poner fin a las prácticas religiosas de los mayas. De hecho, Landa sabía que a pesar de las campañas de cristianización emprendidas en la península, los indígenas seguían rindiendo culto a sus antiguas divinidades. Al establecer el tribunal en Maní, Landa comenzó a interrogar a los indígenas y a incautar sus objetos religiosos, lo que incluía no sólo imágenes sino los códices.[1]

Antes del establecimiento del tribunal, en Maní se había tenido noticia de la crucifixión de un niño por parte de los indígenas, lo que de acuerdo con algunos especialistas es resultado del sincretismo religioso propio de las sociedades recién cristianizadas.[2] Posteriormente, unos alumnos de la escuela llevaron al prior del convento la muestra de la realización de cultos paganos en las inmediaciones de Maní, de modo que Landa se vio obligado a actuar por la presión de las autoridades civiles de la región.

Hay que señalar también que Maní gozaba de ciertos privilegios, ya que se había sometido voluntariamente al poder español. De esa forma las autoridades indígenas mantenían el control de la tierra y la ciudad, lo que no era visto con buenos ojos por Francisco de Montejo y otros españoles, que también se oponían a esta política de protección de los franciscanos hacia los indígenas.[1]

Consecuencias

La incineración supuso una pérdida masiva de la cultura maya, y representó uno de los más tristes y lamentables episodios de la colonización de América. Tanta repercusión tuvo el suceso, que en 1563 Landa tuvo que viajar a España acusado ante el rey Felipe II y el Consejo de Indias por crear temor en la población y provocar tensiones tanto entre los indios como los colonos. Aunque fue reprendido, quedó absuelto de los cargos ya que pudo probar que se había visto obligado a ejercer el oficio de inquisidor.

Años más tarde, tal vez arrepentido por la barbarie que había cometido, se dedicó al estudio de la cultura maya, y alrededor de 1566 escribió un libro titulado «Relación de las cosas de Yucatán». Con el paso de los siglos el documento original se perdió, a excepción de una copia incompleta descubierta en 1864 en la Real Academia de la Historia. El descubrimiento de este texto ha servido en los últimos 150 años para redescubrir algunas partes de la cultura maya, como la descripción del calendario precolombino, o su escritura jeroglífica, además de confirmar el desconocimiento total de los europeos sobre esta enigmática civilización, que incluso en completa decadencia seguía impregnando numerosas facetas de la vida indígena en la Península de Yucatán, Chiapas, Tabasco, Belice, y partes de Honduras y El Salvador, cuando llegaron los europeos.

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1. 
  2. Knorozov y Ershova: 30.

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