Sitio de Cartagena de Indias (1741)

De Hispanopedia
(Redirigido desde «Batalla de Cartagena de Indias»)
Sitio de Cartagena de Indias
Parte de Guerra del Asiento

Británicos atacan Cartagena de Indias, obra de Luis Fernández Gordillo.
Fecha 13 de marzo - 20 de mayo de 1741
Lugar Cartagena de Indias, Virreinato de Nueva Granada (hoy Colombia)
Resultado Victoria decisiva española
Consecuencias España consolida su dominio en América del Sur
Beligerantes
Reino de España Reino de Gran Bretaña
Comandantes
Blas de Lezo
Sebastián de Eslava
Lorenzo Alderete
José Campuzano
Carlos Desnaux
Edward Vernon
Thomas Wentworth
Lawrence Washington
Fuerzas en combate
3000[1]-4000[2]
1100 soldados, 400 infantes de marina,[3] 600 marineros, 300 milicianos,[4] 600 nativos arqueros y 6 navíos de línea[5]
27 400[6]-30 000[1]
12 000 soldados, infantes de marina y milicianos,[7] 15 398 marineros, 29 navíos de línea, 22 fragatas[8] y 135 transportes[9]
Bajas
600 muertos[10]
2000 muertos o heridos[11]
6 barcos perdidos[11]
5 fuertes y 3 baterías de tierra destruidos[12][13]
3600 muertos[10]
16 000 muertos o heridos[11]
1500 cañones[14]
50 barcos[14] (6 navíos hundidos, 17 gravemente dañados,[15] 4 fragatas y 27 transportes hundidos)[16]
Página no enlazada a Wikidata y añade el enlace en español: Sitio de Cartagena de Indias (1741).

El Sitio o Batalla de Cartagena de Indias, desarrollado entre el 13 de marzo y el 20 de mayo de 1741, fue uno de los episodios más decisivos de la Guerra del Asiento entre España y el Reino de Gran Bretaña.

En la operación, una imponente fuerza británica compuesta por 29 navíos de línea y entre 180 y 195 embarcaciones, con de 23.000 a 25.000 hombres entre tropas y marinería.[17][18][19] intentó apoderarse de la principal plaza fortificada del Caribe hispano.

Frente a ella, la escuadra española en la bahía estaba formada por tan solo seis navíos de línea, además de una fragata y dos paquebotes[20][21]. La defensa española en tierra reunió entre 4.000 y 5.500 hombres[22], resultado de la combinación de la guarnición regular (aprox. 2.700 – 3.000 soldados veteranos y de marina[23]), las milicias locales (entre 600 y 1.500 criollos, pardos, morenos libres e indígenas[24]) y las tripulaciones de los navíos de Blas de Lezo (aprox. 1.000 – 1.200 marineros y artilleros[25]).

Pese a esta extraordinaria desproporción, la resistencia coordinada por un experimentado y decidido Blas de Lezo, logró rechazar el asalto, provocando la derrota total de la expedición británica y su posterior retirada, lo que está considerada como la mayor derrota naval de Gran Bretaña en toda su historia[26].

Antecedentes

Castillo San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias desde donde las fuerzas españolas derrotaron a la flota y ejércitos británicos.

En la época constituía para los británicos una prioridad el disponer de plazas fuertes en tierra firme en el Golfo de México y el Mar Caribe, que querían convertir en británico y en el que ya disponían de algunas islas, siendo Jamaica la principal de ellas. El poder español a escala europea llevaba 70 años en claro declive, por lo que Gran Bretaña no estaba dispuesta a seguir aceptando unas condiciones enormemente desventajosas para ellos en lo que al comercio americano se refería. A pesar de aquella legalidad establecida como resultado de guerras pasadas, el contrabando por parte de mercantes ingleses era constante, y no era la primera vez que militares británicos intentaban poner pie en la costa, atacando ciudades o puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo, pero al final los territorios siempre eran recuperados por los españoles.

Dentro de este panorama, los problemas del contrabando y el corso en el Mar Caribe afectaban por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los británicos reconocen haber capturado 231 buques españoles frente a 331 británicos capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los recuentos españoles hablan de 25 frente a 186, aunque a pesar de la gran discordancia de cifras, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.

Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738 frente a las costas de Florida, fue el utilizado por Gran Bretaña como pretexto para tratar una vez más de arrebatar a España sus posesiones americanas. El incidente, que traería tan terribles consecuencias, se produjo cuando un guardacostas español, La Isabela, al mando del capitán Juan de León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista británico, Robert Jenkins, y supuestamente en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».

No hay ninguna evidencia de que Jenkins compareciera en el Parlamento británico. Tradicionalmente a esta guerra se le conoció en Gran Bretaña como "The Spanish War". Se popularizó el término "War of Jenkins' Ear", ideado por el escocés Thomas Carlyle, tras la publicación en 1858 de su obra History of Friedrich II (en cuyo libro XI, cap. VI se emplea por primera vez la expresión).

La guerra

Iniciando las hostilidades en noviembre de 1739, el almirante Edward Vernon atacó con 6 buques la plaza de Portobelo en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida por tan solo 700 hombres, por lo que el éxito de Vernon fue arrollador (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres y además se compuso el famoso himno Rule, Britannia! conmemorando esa victoria). Mientras, las fuerzas del comodoro Anson, con el navío Septentrión y dos buques menores acosaban las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables. Como fin último, Anson tenía la misión de apoyar desde la costa del Pacífico una futura operación militar en el istmo de Panamá que tendría como objetivo cortar las comunicaciones terrestres entre el Virreinato de Nueva Granada y el de Nueva España, para iniciar acto seguido la conquista británica de Nueva Granada.

Tras ese triunfo inicial, Vernon, envuelto en un clima de euforia, y azuzado por la opinión pública británica y por las incendiarias proclamas del joven parlamentario William Pitt, decidió dar un golpe decisivo, para lo que reunió una formidable flota de 186 buques, con 27 600 hombres, armada con 2000 cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y fondeó a principios de marzo de 1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y las Indias, incluyendo los tesoros extraídos de las minas de Potosí (actual Bolivia) y el Perú.

Don Blas de Lezo y Olavarrieta, almirante y héroe de la Armada y del Imperio Español. Retrato del Museo Naval de Madrid.

La ciudad estaba gobernada por el Virrey Sebastián de Eslava y defendida militarmente por Blas de Lezo, marino con experiencia en batallar con los británicos y los piratas africanos, que disponía solamente de unos 3600 hombres y de una flota de seis buques: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador.

En una carta fechada en Portobelo el 27 de noviembre de 1739, Vernon comenta a Lezo que ha dado un excelente trato a los prisioneros a pesar de que no lo merecían. Lezo le responde en carta fechada el 24 de diciembre del mismo año a bordo del Conquistador en un tono seco, arrogante y desafiante, y se despide de él no sin antes espetarle:

"Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía" (se entiende la de los defensores de Portobelo).

La Batalla

Plano de Cartagena de las Indias realizado en 1735 y publicado en la Obra Relación Histórica del Viaje a la América Meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

El novelista escocés Tobias Smollet, que participó como cirujano en la batalla, nos ha dejado una descripción de la misma en su novela Las aventuras de Roderick Random (1748). La gran flota británica fue avistada el 13 de marzo de 1741, lo que puso en vilo a la ciudad. Antes de disponerse a desembarcar, Vernon silencia las baterías de las fortalezas de Chamba, San Felipe y Santiago defendidas por el malagueño Lorenzo Alderete. Luego de atacar la fortaleza de Punta Abanicos en la Península de Barú, defendida por José Campuzano Polanco (1689-1760) de Santo Domingo, se dispuso a cañonear el fuerte de San Fernando de Bocachica día y noche durante dieciséis días. Bocachica estaba defendida por Carlos Desnaux con 500 hombres que, finalmente, tuvieron que replegarse ante la superioridad ofensiva.[27][28] Tras esta fortaleza solo quedaba la Fortaleza de Bocagrande como entrada a la bahía. En la primera se destruyeron cuatro barcos para impedir la navegación del estrecho canal y, en la segunda, dos barcos, en contra de la opinión de Blas de Lezo de que no serviría para mucho tras lo visto en Bocachica, para impedir igualmente el acceso a la bahía. El bloqueo del canal de Bocagrande no sirvió para mucho, como había pensado el almirante.

Tras esto, Vernon entró triunfante en la bahía y a su vez, todos los defensores españoles se atrincheraron en la fortaleza de San Felipe de Barajas tras haber abandonado la fortaleza de Bocagrande. Vernon, creyendo que la victoria era cuestión de tiempo, despachó un correo a Inglaterra dando la noticia de la victoria.

Seguidamente, ordenó un incesante cañoneo del castillo de San Felipe por mar y tierra para ablandar a las fuerzas guarnecidas en la fortaleza. En ella solo quedaban 600 hombres bajo el mando de Lezo y Desnaux. Vernon decide rodear la fortaleza y atacar por su retaguardia. Para ello se adentraron en la selva, lo que supuso una odisea para los británicos que contrajeron la malaria y perdieron a cientos de sus hombres. Sin embargo, llegaron a las puertas de la fortaleza y Vernon ordenó atacar con infantería. La entrada a la fortaleza era una estrecha rampa que De Lezo rápidamente mandó taponar con trescientos hombres armados con tan solo armas blancas, y lograron contener el ataque y causar 1500 bajas a los asaltantes.

La moral de los atacantes bajó considerablemente tras esto y por las epidemias que causaban continuas bajas. Vernon se puso muy nervioso en aquel momento ya que la resistencia a ultranza de los españoles superó con creces sus expectativas y ya había enviado la noticia de la victoria a Gran Bretaña. Vernon discutió acaloradamente con sus generales el plan a seguir. Finalmente decidieron construir escalas y sorprender a los defensores en la noche del 19 de abril.

Plano de la Bahía de Cartagena de Indias realizado en 1735 y publicado en la Obra Relación Histórica del Viaje a la América Meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

Los asaltantes, al mando del general Thomas Wentworth, se organizaron en tres columnas de granaderos y varias compañías de casacas rojas. En vanguardia iban los esclavos jamaicanos armados con un simple machete. El avance era lento debido al gran peso de artillería que transportaban y al continuo fuego que salía de las trincheras y desde lo alto de la fortaleza, además de que estaban expuestos en una gran explanada; no obstante, lograron alcanzar las murallas. Pero Blas de Lezo, previendo este ataque, había ordenado cavar un foso en torno a la muralla, con lo que las escalas se quedaron cortas para superar el foso y la muralla, quedando los atacantes desprotegidos y sin saber qué hacer. Los españoles continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas invasoras.

A la mañana siguiente, el 20 de abril, pudieron verse innumerables cadáveres, heridos y mutilados en los alrededores de la fortaleza, poniéndose de manifiesto la gravísima derrota británica. Los españoles aprovecharon para cargar a bayoneta provocando la huida de los británicos. Los españoles lograrían matar a cientos de ellos y hacerse con los pertrechos que abandonaron los sitiadores tras la huida.

Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos. Ordenó durante treinta días más un continuo cañoneo, ya que todavía no aceptaban la derrota. Sin embargo, las enfermedades y la escasez de provisiones empezaban a hacer mella en lo que quedaba de tropa. Finalmente, el Alto Mando británico ordena la retirada, de forma lenta y sin cesar de cañonear. Las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación.

Blas de Lezo escribió un detallado Diario de lo sucedido, que envió al Marqués de Villarias, cuya introducción reproducimos a continuación:

El Diario adjunto que paso á manos de V. E. de lo acaecido en esta Ciudad y sus fortificaciones, instruirá á V. E. de la realidad que ha mediado en los varios sucesos del tiempo en que los Enemigos han intentado su invasión.

Bien quisiera omitir lo prolijo de esta narración de que se ha formado este volumen, pero las circunstancias que han precedido de abandono y omisión en esta grave materia, no obstante las anticipadas órdenes de S. M. para el resguardo de esta Plaza, y encargos con que me hallo para su consecución, me precisan á exponer, aun contra mi genio, que sólo los efectos de la Divina Providencia han sido causa para lograr por entero que esta Ciudad y Comercio no experimentasen su total ruina, sin que causa humana en lo natural pudiese contrarrestar las fuerzas que vinieron, por el lamentable estado en que se hallava.

Pues haviendo dado cumplimiento á lo que S. M. se dignó ordenarme por las Secretarías de Indias, Marina y Almirantazgo para que con la mayor parte de mis tripulaciones ayudase á la defensa de esta plaza y puerto, lo que practiqué con toda puntualidad, fue preciso concurrir, demás desto, con Cañones, Valas, Pólvora, Atacadores, Granadas, Metralla, Cureñas, Ruedas y Ejes, porque, como no se había dado providencias algunas, se carecía de un todo.

Ni parece creíble que una Ciudad amenazada del Enemigo con anticipadas noticias del Rey para su resguardo, y mandado se hiciese un repuesto de víveres para seis meses, fuese tal la escasez de los positados, que precisase á D. Sevastián de Eslava á la forzosa valerse de los que tenía para las tripulaciones de mis navios, los que igualmente distribuí, así en la Gente de Marina, como en la tropa de tierra, porque, aunque le facilité en tiempo oportuno solicitase los necesarios á este importante fin, de las Colonias Francesas ó del reino de Santa Fé, no asintió á ello con el motivo de no tener Caudales.

Con todos estos esfuerzos concurrí á la defensa de esta Plaza y Puerto, sosteniendo por espacio de diez y siete días el Castillo de Bocachica y Vaterías que se hallaban en la misma infelicidad, trabajando en él y ellas, no como corresponde á General, sino como el último grumete de mis Navios, para que el honor de las armas del Rey no padeciese el Desdoro que le amenazaba. Y me persuado que si no hubiera tenido las órdenes de mantener una buena correspondencia con el expresado D. Sevastian de Eslava (y éste la misma para conmigo), hubiera, sin duda, con mis quatro navios terminado la empresa de este formidable armamento de los Ingleses en aquel sitio de Bocachica; pero desconfiando de mi inteligencia (aun que mi celo excede al que mas), me creí que un hombre de esta reputación no dispondría cosa que no fuese del mayor servicio del Rey.

Engáñeme en el concepto, porque la experiencia me ha enseñado lo contrario, y que nada hemos tenido que aprender de este General ni en la última expedición, ni en todo lo que ha ejecutado desde su llegada á este Puerto.

He sabido por una copia de Diario que pude haber á mis manos, que D. Sevastian de Eslava ha forjado en nombre de D. Carlos de Enaut, ó para disculpar sus omisiones, ó para vestirse de mis trabajos, que no es nuevo en la emulación quererse atribuir por propios ajenos lucimientos, tan siniestro y falto de verdad como justifican los instrumentos que incluyo, reservando en mí los originales con otros, para hacer constar á V. E. que sólo mi Diario refiere Ios hechos como pasaron, y que el que se remitirá por D. Sevastian de Eslava en nombre del Ingeniero, lleva la nota de sobornado con la esperanza que le ha dado de sus adelantamientos, porque sólo ha tirado contra mi estimación y el Cuerpo de Marina, para obscurecer el Desempeño con que se portó, llevando casi todo el peso en el Combate, y porque no logre la Gloria de que llegue á los reales oídos ser quien sostuvo los intentos enemigos en la entrada del Puerto, Ciudad y fuera de ella, como á todos es notorio.

Y por último, la ciudad se ha quedado en eí mismo Estado que estava el día 28 de Abril que se hizo el último fuego, sin haberse construido obra alguna para su Defensa, pudiendo los enemigos á su voluntad entrar desde la boca hasta la bahía sin oposición alguna; y respecto de que en este puerto ya no me queda que hacer con oficiales, tropa y gente de mar de mis navios por haber reunido en sí D. Sevastian de Eslava todas mis facultades, haberse por esta razón separado el comercio de las que el Rey me dio para su Dirección, como más largamente lo expongo al Sr. D. Joseph de la Quintana, suplico á V. E. se sirva hacerlo presente al Rey, para que su benignidad me permita poder pasar á la Europa, por qual quiera vía, en el caso de no haber Navios de S. M. en que prontamente pueda conseguirlo este año de cuarenta y uno, para que por este medio mi estimación no padezca las vejaciones que experimenta y pueda conseguir ocuparme en España en lo que S.M. se dignase emplearme, esperando del favor de V. E. protegerá mi instancia que, como tan Justa, espero de su Justificación. [29]

Consecuencias

Consecuencias inmediatas

Los británicos tuvieron entre 8000 y 10.000 muertos y unos 7500 heridos, muchos de los cuales murieron en el trayecto a Jamaica, lo que representó la mayor pérdida de efectivos militares de toda su historia.

Medalla conmemorativa inglesa, que representa a Blas de Lezo con ambas piernas, arrodillado ante Vernon y entregándole su espada. La leyenda dice: "The pride of Spain humbled by Ad. Vernon", es decir, "El orgullo de España humillado por el almirante Vernon".
Medalla conmemorativa inglesa de la destrucción de los fuertes de Cartagena de Indias por Vernon. En ella aparece el almirante británico sosteniendo un bastón de mando mientras señala a la ciudad. La leyenda dice «Admiral Vernon veiwing the town of Carthagana», es decir «El almirante Vernon observando la villa de Cartagena». El reverso tiene la inscripción: «The forts of Carthagena destroyd by Adm Vernon» («Los fuertes de Cartagena destruidos por el almirante Vernon»).

Mientras tanto, en Gran Bretaña se estuvo celebrando la «victoria» sin conocerse aún el desastroso final. Para tal fin se acuñaron hasta once tipos diferentes de medallas y monedas conmemorativas.[30][31] ensalzando la toma de Cartagena por parte de las fuerzas angloamericanas.[32] Una de ellas mostraba a Lezo arrodillado ante Vernon, entregándole su espada y con la inscripción «El orgullo de España humillado por Vernon».[33] Aunque el Rey británico intentó apresuradamente prohibir su circulación una vez conocido el desastre, eso no impidió que algunas de ellas pudieran llegaran hasta España, donde fueron exhibidas públicamente para burla y regocijo de los españoles. Estas medallas se conservan y pueden verse en varias instituciones, principalmente en el Museo Naval de Madrid, que alberga una colección de piezas adquiridas y exhibidas como testimonio de la fallida propaganda británica.[34][35]

En conjunto, la guerra reportó escasos éxitos y muchos problemas a Gran Bretaña, ya que al fracaso de Cartagena de Indias se sumaron varias derrotas cuando los británicos trataron de tomar San Agustín (Florida), La Guaira y Puerto Cabello (Venezuela) y Guantánamo y La Habana (Cuba). No obstante, el contraataque español en la batalla de Bloody Marsh, en Georgia, pudo ser repelido y por ello los combates finalizaron sin cambios fronterizos en América. Por su parte España consiguió mantener sus territorios, y prolongar su supremacía militar en América durante algunas décadas más.

Consecuencias a largo plazo

Como resultado de esta victoria, España fortaleció el control de su Imperio en América, preservando sus posesiones clave en el Caribe y frustrando los ambiciosos planes británicos de conquistar plazas estratégicas como Cartagena, Cuba y Panamá, que hubieran debilitado gravemente el dominio hispano.[36] La derrota infligida a la armada de Edward Vernon contribuyó al estancamiento de la Guerra del Asiento y al Tratado de Aquisgrán de 1748, que restauró el statu quo previo al conflicto, permitiendo a España mantener su hegemonía marítima y comercial en la región sin concesiones territoriales a sus rivales.[37][38] De este modo, se prolongó la rivalidad marítima entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX, manifestándose en guerras posteriores como la de los Siete Años y las contiendas napoleónicas, mientras que el control del Imperio español sobre los territorios americanos perduraría durante unos 70 años más aproximadamente.[39][40]

Para el Reino Unido las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves. Gracias a esta victoria sobre los británicos, España pudo mantener unos territorios y una red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para desempeñar un papel determinante en la independencia de las colonias británicas de Norteamérica, durante la llamada Guerra de Independencia estadounidense, en 1776.

La Guerra del Asiento se extendería más tarde a la Guerra de Sucesión Austríaca, por lo que Gran Bretaña y España no firmaron la paz hasta el Tratado de Aquisgrán, en 1748.

España renovó tanto el Derecho de Asiento como el navío de permiso con los británicos, cuyo servicio se había interrumpido durante la guerra. Sin embargo, esta restitución duraría apenas dos años, ya que por el Tratado de Madrid (1750), Gran Bretaña renunció a ambos a cambio de una indemnización de 100.000 libras. Estas concesiones, que en 1713 parecían tan ventajosas (y constituyeron unas de las cláusulas del Tratado de Utrecht), se habían tornado prescindibles en 1748. Además, entonces ya parecía claro que la paz con España no duraría demasiado (se rompió de nuevo en 1761, al sumarse los españoles a la Guerra de los Siete Años en apoyo de los franceses).

Véase también

Bibliografía

  • Segovia Salas, Rodolfo (1998). «Cartagena de Indias: historiografía de sus fortificaciones». Índice general del Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, Publicación de la Subgerencia Cultural, Colombia XXXIV (45). 
  • Victoria, Pablo Eduardo (2005). «El día que España derrotó a Inglaterra». Ed. Áltera. ISBN 978-84-897-7968-6. 
  • Una vívida descripción literaria de la batalla de Cartagena puede encontrarse en la obra del autor inglés Tobias Smollett, quien participó en la misma: Smollett, Tobias George (2007). «Las aventuras de Roderick Random». Ed. Montesinos. 
  • Membrillo Becerra, Francisco Javier (2011). La Batalla de Cartagena de Indias. ISBN 978-84-615-3894-2. Archivado desde el original el 26 de noviembre de 2011. Consultado el 14 de mayo de 2018. 
  • Beatson, Robert (1804). Naval and Military Memoirs of Great Britain, from 1727 to 1783. Vol. I; Vol. III. Apéndice. Londres: Imprenta de Longman, Hurst, Rees & Orme.
  • Browning, Reed (1993). The War of the Austrian Succession. Nueva York: St. Martin's Press. ISBN 0-312-12561-5.
  • Ibáñez, Ignacio Rivas (2008). Mobilizing Resources for war: the intelligence systems during the War of Jenkin's Ear. Londres: VDM Verlag Dr. Müller.
  • Hume, David (1825). The History of England. Londres: T. Smollett Editorial.
  • Hart, Francis Russel (1922). Admirals of the Caribbean. Boston: Riverside Press.
  • Fernández Duro, Cesáreo (1902). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de León. Tomo VI. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra.
  • Smollett, Tobias George & Hume, David (1848). History of England. Tomo II, Londres: Longman, Brown, Green & Longmans.

Referencias

  1. 1,0 1,1 Browning, 1993: 60
  2. Hart, 1922: 146
  3. Fernández Duro, 1902: 247; Lopetugui, 1966: 969
  4. Hart, 1922: 146; Lopetugui, 1966: 969
  5. Lopetugui, León; Félix Zubillaga & Antonio de Egaña (1966). Historia de la Iglesia en la América Española: Hemisferio Sur. Madrid: Editorial Católica, pp. 969. Dos compañías de milicianos (una de negros y otra de pardos libres), los infantes de marina estaban especializados en abordajes y dos barcos estaban ubicados en Bocagrande para impedir la entrada de los enemigos.
  6. Beatson, 1804: 25-27
  7. Historiadores como Beatson, Hart, Duncan, Lord Mahon, Hume y otros dan 12 000 tropas británicas en tierra, principalmente ingleses y jamaicanos pero también 3600 milicianos de Virginia.
  8. Beatson, 1804: 25-26
  9. Smollett & Hume, 1848: 391
  10. 10,0 10,1 Warfare and Armed Conflicts: A Statistical Encyclopedia of Casualty and Other Figures, 1492-2015, 4th ed.. 
  11. 11,0 11,1 11,2 Grant, R. G. (2017). 1001 Battles That Changed the Course of History. Book Sales. p. 412. 
  12. Maddox, Jerry A. (2009). The Beginning of American Independence. Bloomington: AuthorHouse, pp. 76-77. ISBN 9781438928357.
  13. Clowes, William Laird (1898). The Royal Navy: A history. Tomo III. Londres: Sampson, Low, Marston & Cía., pp. 130.
  14. 14,0 14,1 Clowes, 1898: 130; Maddox, 2009: 76
  15. Duro, Cesáreo Fernández (1902). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de León. Tomo VI. Madrid: Est. tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, pp. 250.
  16. The War of Jenkins’ Ear. Warfare History Network. Publicado 28 de octubre de 2016. Consultado el 10 de mayo de 2017.
  17. Calvo, Juan Antonio (2008). «El fracaso inglés en Cartagena de Indias». Revista de Historia Naval, n.º 100.
  18. Archivo General de Indias (AGI), Estado, legs. 3882 y 3891.
  19. Parker, Matthew (2011). The Sugar Barons. Hutchinson.
  20. Fernández Duro, Cesáreo (1895). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, t. VII, pp. 260–267.
  21. Archivo General de Indias (AGI), Estado, leg. 3891.
  22. Rodríguez Hernández, Antonio José (2010). «El asedio de Cartagena de Indias de 1741». Revista de Historia Naval, n.º 111.
  23. Fernández Duro, Cesáreo (1895). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, t. VII.
  24. Méndez, José Manuel (2006). Blas de Lezo: el valor de mediohombre. Edaf.
  25. Earle, Peter (1981). The Sack of Panama: Captain Morgan and the Battle for the Caribbean. Viking Press.
  26. Rodger, N. A. M. (2004). The Command of the Ocean. Penguin; Marley, David (1998). Wars of the Americas. ABC-CLIO.
  27. Calonge y Perez, Ignacio (1855). El Pabellon Espanol: Diccionario Historico Descriptivo de las Batallas, Tomo I. Madrid: Imprenta de Alejandro Gomez Fuentenebro. p. 246-247. 
  28. Grandes Batallas. «Blas de Lezo: el Héroe de Cartagena de Indias». 
  29. Carta de D. Blas de Lezo al Marqués de Villarias, con un diario de lo acaecido en Cartagena de Indias durante el sitio, desde el 13 de Marzo de 1741 hasta el 20 de Mayo siguiente. PARES
  30. ABC (12 de junio de 2018): La historia real de Blas de Lezo, sin mitos
  31. Fernández Duro pp. 251
  32. [1]
  33. Hernández Sánchez-Barba, Mario (1992). El mar en la historia de América. Ed. MAPFRE
  34. «Las monedas de Vernon: la victoria inglesa que nunca se produjo». ABC. 19 de octubre de 2015. 
  35. «Medallística y Numismática». Instituto de Historia y Cultura Naval. 
  36. «El asedio británico a Cartagena de Indias: un intento fallido». National Geographic Historia. 10 de abril de 2025. 
  37. «13 de marzo de 1741: comienza el sitio de Cartagena de Indias, que fracasaría ante la resistencia española». El Orden Mundial. 13 de marzo de 2022. 
  38. «Cartagena de Indias 1741: La mayor derrota naval de la Historia de Inglaterra». Dossier de Historia. 18 de julio de 2019. 
  39. «El asedio británico a Cartagena de Indias: un intento fallido». National Geographic Historia. 10 de abril de 2025. 
  40. «13 de marzo de 1741: comienza el sitio de Cartagena de Indias, que fracasaría ante la resistencia española». El Orden Mundial. 13 de marzo de 2022. 

Enlaces externos