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Ilustración Española
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La Ilustración Española fue un movimiento intelectual y cultural desarrollado durante el Siglo XVIII, enmarcado en la corriente general de la Ilustración europea, pero con características propias derivadas de la realidad social y religiosa de la Monarquía Hispánica.
A diferencia de la Ilustración francesa, más radical y a menudo anticlerical, la española mantuvo un fuerte compromiso con el Catolicismo y evitó confrontaciones directas con la fe, optando por un reformismo moderado que buscaba armonizar razón y religión.[1]
Antecedentes históricos
Existe un mito histórico muy extendido (alimentado en parte por la propia propaganda borbónica del siglo XVIII) que presenta a la anterior dinastía de los Habsburgo (los Austrias), y especialmente a Carlos II, como un periodo de oscuridad absoluta y estancamiento total.
Sin embargo, la realidad histórica que ha quedado documentada en numerosas obras y archivos es muy distinta. No es que no se fomentara la economía o la ciencia, sino que el modelo y la escala eran distintos. Mucho antes de que los ministros de Carlos III fundaran en Madrid academias, existió un grupo de intelectuales y científicos conocidos como los Novatores, que a finales del siglo XVII, durante el reinado del propio Carlos II, empezaron a desarrollar la ciencia moderna en España. Desde el siglo XVI, España tuvo también a los Arbitristas, pensadores que enviaban informes (arbitrios) al Rey con soluciones económicas para los problemas de la Hacienda y la industria.
Incluso el denostado Carlos II impulsó reformas que los Borbones simplemente se limitaron a continuar, como fueron la Junta de Comercio creada en 1679 para fomentar la industria nacional y reducir la dependencia de las importaciones, o la reforma monetaria de 1680 por la que se llevó a cabo una de las deflaciones más drásticas de la historia para estabilizar la moneda.
La diferencia fundamental entre las politicas de ambas monarquias radicaba en la centralización y el estatismo, ya que mientras con los Habsburgos el fomento de la ciencia y la economia solía depender de iniciativas individuales o de la Iglesia, con los Borbones se convirtieron en una cuestión de Estado, financiada con fondos públicos y controlada directamente por el Gobierno.
En realidad el reinado de Carlos II no debería ser visto como el fin de una decadencia, sino como el inicio de una recuperación. Sin las reformas administrativas y el espíritu de los Novatores de finales del XVII, los Borbones no habrían tenido sobre qué implementar sus reformas.
Desarrollo
A diferencia de otros focos europeos, la Ilustración en España mantuvo una fuerte identidad ligada al Catolicismo, buscando un equilibrio entre la razón y la fe, lo que algunos autores denominan el reformismo cristiano [2].
Al iniciarse el siglo, España no contaba con una clase comerciante dispuesta a financiar y estimular la ciencia como, por ejemplo, sucedía en Inglaterra o Francia. Serán los militares y marinos los que, durante la mayor parte del siglo XVIII, la impulsen. Ingenieros, médicos, cartógrafos, cosmógrafos, conseguirán que las grandes ciudades españolas del dieciocho conozcan una efervescencia directamente relacionada con el desarrollo de dichas actividades profesionales, así como con la práctica de tareas más propagandísticas o divulgadoras.
De este proceso resultaría no sólo la transformación de las principales ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Cádiz, Sevilla, San Sebastián, Málaga), sino la preparación de sus habitantes para asimilar la avalancha de conocimientos y de actitudes favorables al desarrollo de cualquier empresa científico-técnica.[3]
Posteriormente, el movimiento se institucionalizó a través de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, centros de debate y promoción de mejoras técnicas y económicas.
Ciencia y expediciones
La Corona patrocinó ambiciosas expediciones científicas para estudiar la botánica y los recursos de las Indias. Entre ellas destacan la Expedición Botánica al Virreinato del Perú (1777-1788), dirigida por Hipólito Ruiz y José Pavón, que recopiló miles de especies vegetales americanas,[4] y la Expedición de Alejandro Malaspina (1789-1794), que realizó un estudio exhaustivo de las costas y pueblos del Océano Pacífico.
Otras expediciones notables incluyeron la de José Celestino Mutis en Nueva Granada y la Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803) de Martín Sessé y Vicente Cervantes.
Gran parte de la investigación científica realizada bajo los auspicios del gobierno español en el siglo XVIII nunca se publicó ni se difundió de otro modo, en parte debido a las limitaciones presupuestarias de la corona. A partir de finales del siglo XX, la investigación sobre la historia de la ciencia en España y el Imperio Español ha florecido, con fuentes primarias publicadas en ediciones académicas o reeditadas, así como la publicación de un número considerable de estudios académicos importantes.[5] Una excepción fue Alexander von Humboldt, quien publicó por su propia cuenta sus hallazgos y observaciones científicas durante su expedición autofinanciada a la América española entre 1799 y 1804.
Reformismo económico y la Ley Agraria
El pensamiento económico ilustrado se centró en la reforma de la propiedad y la agricultura. Gaspar Melchor de Jovellanos redactó el célebre Informe sobre la Ley Agraria (1795), donde criticaba la acumulación de tierras en manos de la nobleza y el clero (manos muertas), proponiendo medidas para crear un mercado de tierras libre que beneficiara a los campesinos [6].
Nuevas Instituciones
Para sistematizar el conocimiento, se fundaron instituciones clave que perduran hasta hoy:
- Biblioteca Nacional (1711).
- Real Academia Española (1713).
- Real Academia de la Historia (1738).
- Real Jardín Botánico de Madrid (1755).
- Archivo General de Indias (1785).
Arquitectura y Literatura
El estilo neoclásico dominó la estética ilustrada, buscando la sobriedad y la utilidad. Arquitectos como Juan de Villanueva proyectaron edificios emblemáticos como el Gabinete de Historia Natural, actual Museo del Prado.
En literatura, autores como Leandro Fernández de Moratín utilizaron el teatro como herramienta didáctica para criticar las costumbres sociales anticuadas.
Bibliografía
- Domínguez Ortiz, Antonio. Sociedad y Estado en el siglo XVIII español. Barcelona: Ariel, 1976.
- García Cárcel, Ricardo (coord.). Historia de España. Siglo XVIII. La España de los Borbones. Madrid: Cátedra, 2002.
- Jovellanos, Gaspar Melchor de. Informe sobre la Ley Agraria. Madrid: Imprenta de I. Sancha, 1795. (Disponible en ediciones modernas y digitales).
- Mestre Sanchís, Antonio. La Ilustración en España. Madrid: Arco/Libros, 1998.
- Sánchez-Blanco, Francisco. La Ilustración en España. Madrid: Akal, 1997.
- Pérez Estévez, Rosa María. La España de la Ilustración. Madrid: Actas Editorial, 2002.
- Téllez Alarcia, Diego. Absolutismo e Ilustración en la España del siglo XVIII. El despotismo ilustrado de D. Ricardo Wall. Madrid: Fundación Española de Historia Moderna, 2010.
- Palacio Atard, Vicente. Los españoles de la Ilustración. Madrid: Ediciones Guadarrama, 1964.
Referencias
- ↑ Morales Moya, Antonio (1988). «La ideología de la Ilustración española». Dialnet. Consultado el 22 de febrero de 2026.
- ↑ Larruga, Eugenio (1788). Memorias políticas y económicas sobre los frutos, fábricas y minas de España. Madrid: Imprenta de Antonio Espinosa.
- ↑ Los mundos de la ciencia en la Ilustración española Fundaciòn Española para la Ciencia y laTecnología
- ↑ Puig-Samper, Miguel Ángel (aprox. 2000). «Las expediciones científicas españolas en la época borbónica». Casa de Velázquez. Consultado el 22 de febrero de 2026.
- ↑ José Luis Peset. Ciencia, vida, y espacio en Iberoamérica CSIC 1989
- ↑ Sociedad Económica de Madrid (1795). «Informe de la sociedad económica... en el expediente de la Ley Agraria». Imprenta de Sancha.
Enlaces externos
- Los mundos de la ciencia en la Ilustración española Lafuente, Antonio y Valverde Pérez, Nuria. Recurso digital del CSIC con análisis y fuentes primarias sobre ciencia ilustrada.