Revolución Febrerista

De Hispanopedia
Revolución Febrerista
Parte de las consecuencias de la guerra del Chaco y el período de entreguerras
Rafael Franco, líder de la revolución (izquierda), y Eusebio Ayala, el presidente depuesto en la revolución (derecha).
Fecha 17 de febrero de 1936
Lugar Asunción, Paraguay
Causas Cansancio de guerra
Descontento social
Crisis económica
Antiliberalismo
Crecimiento de simpatías por las ideologías fascistas y socialistas en el país
Resultado Derrocamiento del presidente Eusebio Ayala
Instauración del gobierno provisional de Rafael Franco
Consecuencias
  • Derrocamiento y fin del periodo liberal paraguayo
  • Asume un gobierno de junta cívico-militar
  • El gobierno gira a una posición más nacionalista y militarista
  • Inicio del periodo de gobierno de los militares
  • Inicio de la persecución a sectores de creencias ideológicas liberales en el país
  • El Partido Liberal gira a una posición más pro militar
Partes enfrentadas
Gobierno constitucional de Eusebio Ayala
Partido Liberal
Movimiento Revolucionario Febrerista:
  • Partido Nacional Revolucionario
    • Club Revolucionario "17 de febrero". CR-17 (Ala socialista del PNR)

Liga Nacional Independiente
Ejército Paraguayo:

  • Asociación de Excombatientes del Chaco "ANEC"
Partido Colorado (Ala nacionalista)
Movimiento Lopizta
Confederación Nacional de Trabajadores
Federación de Estudiantes del Paraguay
Figuras líderes
Eusebio Ayala
José Félix Estigarribia
Rafael Franco
El levantamiento se realizó sin gran resistencia armada; se trató de un golpe rápido, con apoyo militar y civil.
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La Revolución Febrerista, también conocida como la Revolución del 17 de febrero, fue un golpe de Estado militar ocurrido en Paraguay el 17 de febrero de 1936 que derrocó al presidente Eusebio Ayala y llevó al poder al coronel Rafael Franco.[1] La revolución marcó el fin del gobierno del Partido Liberal en Paraguay y dio inicio al ascenso de dictaduras militares que duraron más de medio siglo.

El gobierno de Franco tuvo tres impactos duraderos. Primero, jugó un papel clave en la formación del nacionalismo paraguayo.[1] Segundo, implementó la primera gran reforma agraria de Paraguay (la confiscación, división y reparto de grandes propiedades privadas).[1] Tercero, reconoció oficialmente los derechos laborales.[1]

Franco fue derrocado el 13 de agosto de 1937, pero su influencia y la de los febreristas continuaron influyendo en la política paraguaya, finalmente conduciendo a la guerra civil paraguaya de 1947 y al establecimiento del Partido Febrerista Revolucionario en 1951.

Antecedentes

Tras la firma del armisticio que dio fin a la guerra del Chaco el 12 de junio de 1935, el presidente Eusebio Ayala dio de baja rápidamente a muchos soldados del ejército y los envió a casa sin pensiones, y debido a la recesión económica quedaron desempleados, con muchos de ellos permaneciendo en la capital del país, Asunción, en busca de mejores oportunidades.[2][3]

Para el final de la guerra, el Partido Liberal de Ayala se dividió en varias facciones y no había un sucesor garantizado para Ayala, cuyo mandato estaba llegando a su fin,[3][4] si bien el propio Ayala era visto como partidario de que José Félix Estigarribia, el popular comandante de las fuerzas paraguayas en la guerra, ascendiera a la presidencia.[4] Sin embargo, había una creciente sospecha de que Ayala usaría la poderosa posición en el ejército de Estigarribia para enmendar la Constitución y asegurar otro mandato.[3] Aumentando las tensiones políticas de la época, el propio Estigarribia también tenía oponentes dentro del ejército, que estaban desencantados con su gestión de la guerra; en particular, varios oficiales militares creían que debía haber tomado Santa Cruz de la Sierra (ciudad que limita con la frontera del Chaco).[3][4]

Dichos oficiales se unirían a los soldados desempleados tras ser dados de baja por Ayala bajo la figura del coronel Rafael Franco, un oficial populista con un historial de ser un alborotador militar; en 1928, y sin autorización de sus superiores, había ordenado el ataque al Fuerte Vanguardia de los bolivianos, lo que resultó en un arbitraje internacional que ordenó a Paraguay reconstruir el fuerte para los bolivianos. Como resultado, Franco fue relevado de sus deberes militares, solo para ser reincorporado tras el comienzo de la Guerra del Chaco.[5][4] Después de la guerra, Franco fue nombrado director del Colegio Militar por Ayala, siguiendo un consejo de Estigarribia, con la esperanza de sofocar las voces más radicales en el ejército.[3] Sin embargo, Franco usaría su cargo en la escuela militar como un «púlpito» para criticar tanto a Estigarribia como a Ayala.[6] El 6 de febrero de 1936, Ayala destituyó a Franco de su cargo por conspirar contra el gobierno, y Franco se exilió en Buenos Aires.[6] Esto movilizó a sus partidarios a actuar.

Desarrollo del golpe

Durante la noche del 16 de febrero, tropas al mando del coronel Federico Wenman Smith ocuparon Asunción.[7] La sede de la policía fue atacada, con un saldo de aproximadamente 50 muertos. Los combates en la ciudad duraron todo el día y por la noche el presidente Ayala, luego de que Estigarribia no pudiera enviarle refuerzos debido a encontrarse en su cuartel general en el Chaco, se rindió ante las tropas. Estigarribia voló a Asunción desde el Chaco, pero fue arrestado en el aeropuerto. Franco regresó de su exilio en Buenos Aires el 19 de febrero y fue juramentado como presidente provisional al día siguiente.[2][8] Seis meses después, Ayala y Estigarribia, que habían estado encarcelados, fueron deportados a Montevideo, Uruguay.[8]

Juan Stefanich fue uno de los principales organizadores de la revolución,[9] siendo descrito como el «principal filósofo del febrerismo».[10]

Principales logros

Franco prometió que su gobierno implementaría cambios radicales que favorecerían a las clases populares, ignoradas durante tanto tiempo por los gobiernos liberales. Paraguay, insistió Franco, era una «democracia natural» en el sentido de que todos los segmentos de la sociedad tenían un fuerte sentimiento de solidaridad nacional. Se pretendía que nuevas leyes e instituciones reflejaran esta unidad; sin embargo, estas nunca se implementaron ni se pusieron a prueba, ya que el gobierno de la Revolución Febrerista fue derrocado por una contrarrevolución liberal en dieciocho meses. Además, durante su breve existencia, el gobierno revolucionario se vio dividido por facciones cuyas disputas le impidieron seguir un rumbo bien definido.[2]

Sin embargo, los febreristas —como luego se autodenominaron los revolucionarios— afirmarían que el gobierno revolucionario había roto con el pasado en al menos tres áreas importantes:[2]

  • Reemplazó las ideas liberales, anteriormente dominantes, por lo que Leslie Bethell denominó «un culto al nacionalismo, al que todos los gobiernos posteriores tuvieron que prestar, al menos, un homenaje verbal». Este nuevo nacionalismo giraba en torno al símbolo del mariscal Francisco Solano López, presidente y comandante en jefe durante la guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Durante la era liberal, fue calificado en todos los libros de texto escolares como un déspota brutal cuya megalomanía había llevado al país al desastre. Los liberales argumentaron incluso que su poder desenfrenado era el resultado inevitable de que su régimen fuera, según ellos, un socialismo de Estado, para el cual individualismo y el libre mercado eran los antídotos adecuados. Franco proclamó a López como un patriota y encargó la búsqueda de su tumba sin nombre. Sus restos fueron exhumados y trasladados a Asunción, donde, junto con el cuerpo de su padre, Carlos Antonio López, y recuerdos de José Gaspar Rodríguez de Francia, el primer gobernante de Paraguay, fueron depositados en una capilla reconvertida que fue bautizada como el Panteón Nacional de los Héroes. Según Bethell, esto significó que «el nacionalismo popular ahora tenía su santuario».[2]
  • Se puso en marcha la primera reforma agraria seria. En mayo de 1936 se aprobó la Ley de Reforma Agraria, que ordenó la nacionalización de dos millones de hectáreas de tierra, con indemnización para los propietarios, y la creación de pequeñas y medianas explotaciones agrícolas de entre 25 y 250 acres. Para la caída de Franco en agosto de 1937, se habían distribuido casi 200 000 hectáreas a 10 000 familias. Los sucesores de Franco ralentizaron drásticamente el ritmo de la reforma agraria. Aunque ocasionalmente se entregaban algunas tierras públicas a los campesinos, no se intentó abordar el problema del latifundio.[2]
  • Se otorgó reconocimiento oficial a los derechos laborales. Bethell describió la actitud de Franco hacia el pequeño pero creciente movimiento obrero como «una mezcla de simpatía, sospecha y paternalismo». En junio de 1936 se creó el Ministerio de Trabajo y se aprobó el primer Código Laboral de la historia del país. Se concedieron muchas de las reformas que los trabajadores llevaban tiempo reclamando (jornada laboral de ocho horas, vacaciones anuales pagadas, día de descanso semanal y el derecho a formar y afiliarse a sindicatos), y se fundó la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT). Sin embargo, estas conquistas tuvieron su precio, un mayor control oficial: preocupados por la influencia comunista, que había ido creciendo en los sindicatos desde 1928, los febreristas exigieron a todas las organizaciones laborales que obtuvieran el reconocimiento legal del Ministerio de Trabajo. De no hacerlo, un sindicato no podía celebrar reuniones, poseer propiedades, firmar contratos laborales, cobrar cuotas ni acudir a los tribunales para representar a sus afiliados ante la dirección o el gobierno. Si un sindicato legal desafiaba las políticas del gobierno, podía ser intervenido, lo que significaba que podría perder su personería jurídica, ver sus activos congelados o sufrir la sustitución de sus directivos por interventores gubernamentales. Como resultado, Bethell calificó las reformas laborales del gobierno revolucionario como de «doble filo», argumentando que los sindicatos podían prosperar bajo un régimen benigno como el de Franco, pero su dependencia del gobierno los dejaba impotentes bajo los sucesores conservadores de Franco.[2]

Otro resultado de la revolución fue el inicio del uso oficial del guaraní paraguayo nativo. El guaraní era ampliamente hablado entre los soldados y se utilizó por orden de Estigarribia en las comunicaciones militares paraguayas durante la guerra del Chaco para dificultar su descifrado por los bolivianos.[4]

Colapso

El gobierno de Franco se definió como opuesto a la era liberal anterior, pero carecía de una visión unificada de lo que representaba y lo que quería lograr.

Para pacificar las huelgas revolucionarias, las tomas de tierras y los disturbios en el ejército, el 10 de marzo de 1936, Franco emitió el Decreto 152 por el cual prohibió todos los partidos políticos y proclamó que la revolución de febrero seguiría a los regímenes totalitarios de Europa. Esta ley del 10 de marzo de 1936 fue redactada por el ministro del Interior, Gomes Freire Esteves, quien era un simpatizante fascista y en 1915 había liderado una revuelta contra el presidente Eduardo Schaerer. La ley proponía establecer un estado corporativista. Esto alienó a muchos de los partidarios de Franco. El alboroto entre los partidarios políticos de Franco fue tan grande que se vio obligado a anular este decreto. La ineptitud política de Franco llevó a la retirada del Partido Colorado de su gobierno.

Mientras tanto, la Conferencia de Paz del Chaco continuaba y, en enero de 1937, Franco accedió a ceder ante algunas demandas territoriales bolivianas. Esto provocó el descontento del ejército y del comandante de las tropas en el Chaco, el coronel Ramón Paredes, partidario del Partido Liberal. El 13 de agosto de 1937, sus soldados ocuparon Asunción y derrocaron a Franco. Dos años después, los liberales lograron la elección de Estigarribia como presidente de la República.[2]

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 Lewis, Paul H. (1991). «Paraguay since 1930». En Bethell, Leslie, ed. The Cambridge History of Latin America. 8: Latin America since 1930: Spanish South America. Cambridge University Press. pp. 233-266. ISBN 978-0-521-26652-9. doi:10.1017/chol9780521266529.005. 
  2. 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 2,6 2,7 Bethell, Leslie (1984). The Cambridge History of Latin America (en English). Cambridge University Press. p. 236. ISBN 978-0-521-26652-9. 
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 Chesterton, 2013, p. 128
  4. 4,0 4,1 4,2 4,3 4,4 Chesterton, 2015, p. 213
  5. Chesterton, 2013, pp. 128-129.
  6. 6,0 6,1 Chesterton, 2013, p. 129
  7. Nickson, R. Andrew (2015). Historical Dictionary of Paraguay (en English). Rowman & Littlefield. p. 226. ISBN 979-8-2162-3946-8. «...and was led by Colonel Federico Wenman Smith». 
  8. 8,0 8,1 Marley, David F. (2008). Wars of the Americas: A Chronology of Armed Conflict in the Western Hemisphere, 2nd Edition [2 volumes]: A Chronology of Armed Conflict in the Western Hemisphere (en English). ABC-CLIO. p. 982. ISBN 978-1-59884-101-5. 
  9. Warren, Harris Gaylord (1950). «Political Aspects of the Paraguayan Revolution, 1936-1940». The Hispanic American Historical Review 30 (1): 2-25. ISSN 0018-2168. doi:10.2307/2508996. 
  10. Chesterton, 2015, p. 214 «The major philosopher of Febrerismo, Juan Stefanich...».

Fuentes