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Batalla de Marignano
| Batalla de Marignano | ||||
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| Parte de Guerra de la Liga de Cambrai | ||||
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Francisco I ordena a sus tropas perseguir a los suizos, por Alexandre-Évariste Fragonard, siglo XIX | ||||
| Fecha | 13-14 de septiembre de 1515 | |||
| Lugar | Melegnano, actual Italia | |||
| Resultado | Victoria francesa | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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La batalla de Marignano se libró los días 13 y 14 de septiembre de 1515, cerca de la localidad actual de Melegnano, 16 km al sur de Milán,[7] entre los ejércitos del Reino de Francia y la República de Venecia, por una parte, y los del Ducado de Milán y la Antigua Confederación Suiza, por la otra.
Antecedentes
Francisco I de Francia decidió continuar las guerras italianas de su predecesor, Luis XII, reclamando Milán para sí por ser nieto de la Duquesa de Orleans Valentina Visconti.[8] El ambicioso francés deseaba expandirse a costa de los débiles Estados italianos (los principales eran Milán, Venecia, Florencia, Roma y Nápoles).[9] Con esto esperaba evitar ser cercado por sus rivales españoles y austriacos, que ya tenían fuerte influencia en la península italiana.[10] El Papado había decidido aliarse con los suizos y aragoneses para resistir dicha expansión:[11] La expedición de Chiasso de 1510, que nunca se realizó, la invernal de noviembre de 1511 con 10 000 mercenarios[12] y la de mayo de 1512, con 20 000[13] a 24 000[12] hombres. Clave en esta alianza fue el cardenal suizo Schinner.[12] Los confederados habían ganado una fama de invencibles gracias a su recia infantería pesada, que durante los dos siglos anteriores había derrotado a poderosos ejércitos, como los borgoñones, austriacos y franceses.[14]
Esto motivó la formación de la Liga de Cambrai el 5 de octubre de 1511 entre los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Corona de Aragón y la Confederación Helvética. El 20 de diciembre se les unió el Reino de Inglaterra. El sacro emperador Maximiliano I de Habsburgo se mantuvo neutral, pero la aceptó.[15] Francisco I respondió invadiendo el ducado con 30 000 combatientes y aplastó a los españoles y pontificios en Rávena.[16] Tras esa primera victoria, Francisco I consiguió hacer la paz con el Emperador Maximiliano I, quien exigió la devolución de 4000 mercenarios alemanes que servían al Rey francés.[13] Tras esto, el papa Julio II pidió a los suizos que intervinieran. Al mando de Ulrich von Hohensax, tres columnas de 8000 confederados avanzaron precedidas por los enfants perdus de Ludwig von Erlach, famosos por su violencia.[12] En junio se hicieron con Pavía.[17] Después de eso restituyeron en el poder al Duque Maximiliano Sforza, se apoderaron de los pasos alpinos para encarar la previsible venganza francesa y dejaron 6000 hombres en Milán.[18]
El 23 de marzo de 1513, los venecianos se pasaron al bando francés, naciendo así la Liga de Blois, y en consecuencia el 5 de abril se formó la Santa Alianza de Mecheln, que incluía a los antiguos aliados (excepto Venecia) y al Sacro Imperio.[19] Francisco I envió a Louis II de la Trémoille con 20 000 hombres y 26 piezas de artillería, mientras que los confederados mandaron refuerzos a sus compatriotas, aunque solo los 6000 de Basilea, Friburgo, Berna y Soleura se unieron a los suyos en Novara al momento de arribar Trémoille (otros 4000 venían con Hohensax, pero no llegaron a tiempo). Decidieron presentar batalla y el 6 de junio se enfrentaron al enemigo. Los suizos aplastaron a sus adversarios, pero el Rey francés no se dio por vencido.[20]
El 7 de febrero de 1515 se fundó otra Liga Santa entre germanos, aragoneses, suizos y milaneses, a la que se sumaron el 17 de julio los pontificios.[21] Mientras tanto, las fuerzas francesas empezaban a ejercer una presión insostenible sobre Milán[22] y sus enemigos reaccionaron: los helvéticos enviaron 12 000 a 15 000 infantes a los que se unieron 1500 jinetes pontificios al mando de Prospero Colonna.[23]
El ejército francés invasor dependía principalmente de la caballería pesada, una reminiscencia feudal.[7] Eran voluntarios y se agrupaban en las compagnies d'ordonnances o gendarmerie; cada uno de ellos formaba una unidad llamada lances con sus dos arqueros y un número variable de auxiliares que les daban protección. Cada caballero llevaba cuatro caballos y cada arquero, dos.[24] También había numerosos nobles menores y combatientes mal armados como infantería pesada, deseosos de botín. Esa hueste medieval iba acompañada de sesenta[25] a ciento cuarenta[7] cañones de bronce de diferentes calibres[25] (la mejor artillería de la época, aunque ralentizaba los movimientos del ejército) y algunas unidades bien entrenadas y armadas con pistolas y arcabuces.[7] Algunas fuentes elevan la cifra a setenta y dos cañones pesados y sesenta ligeros (dos compañías de artilleros)[2][26] que necesitarían treinta mil libras de pólvora, más de dos mil caballos y trescientos carros y mil operadores.[27] Las unidades se basaban en las mesnadas de los condes y duques (otra herencia feudal).[7] Su poder de fuego superior fue decisivo en su victoriosa campaña.[26] Francisco I iba acompañado de su guardia de doscientos escoceses o Cent gentilshommes, que habían cambiado sus antiguos arcos por armas de fuego.[28] La caballería ligera y la infantería provenían principalmente de las levas.[24]
El ejército de Francisco I avanzó sin problemas con ayuda del Duque Renato de Saboya y el 31 de agosto cruzó el río Tesino.[29] El Monarca francés intentó ganarse a los locales manteniendo una estricta disciplina entre sus hombres para impedir abusos contra los campesinos. En una ocasión, persiguiendo a un grupo de desertores, cayó de su caballo y uno de los fugitivos se detuvo, lo ayudó a volver a montar y después siguió huyendo. El Rey quiso recompensar el noble gesto, pero jamás encontró al hombre y sus compañeros.[30] El Monarca amenazó pronto con sus movimientos las rutas que unían Milán con los pasos alpinos, lo que impediría a los suizos retirarse a sus hogares, por lo que estos negociaron en Gallarate. También mantuvieron contactos con Bartolomeo d'Alviano, Comandante de los venecianos, que estaba en Lodi.[31]
La batalla

Los franceses empiezan rápidamente a rodear la ciudad, mientras buscan pactar con los suizos. El 9 de septiembre[31] el rey Francisco I y los capitanes de tres cantones suizos firman la paz, y 10 000 a 12 000 suizos vuelven a sus hogares a cambio de oro.[32] También se comprometió a asistirlos con caballería y artillería en caso de guerra.[29] Los confederados aceptaron la anexión francesa de todo el ducado excepto Bellinzona.[33] Así, muchos de ellos se marcharon a casa felices de poder disfrutar sin luchar los frutos de sus victorias de 1512 y 1513.[34] La habilidad diplomática francesa da sus frutos, los suizos demuestran tanta desunión como los milaneses. Los cantones de Berna, Friburgo y Soleura acordaron la paz, pero como cada unidad tenía su propio mando, sus hermanos centrales y orientales prefirieron quedarse.[29] Eso equivalía a 20 000 enemigos en el ducado, incluyendo al joven Ulrico Zuinglio, los que deciden salir de la Porta Romana de la ciudad y marchar a entablar combate.[35] Al parecer, la decisión fue tomada después de que su jefe, el Cardenal Mateo Schinner de Sion y los jinetes pontificios tuvieran una escaramuza a las afueras de Milán con avanzadillas francesas.[36] Entre tanto, dos ejércitos (venecianos y españoles) de 12 000 hombres cada uno se enfrentan alrededor de Lodi.[1]
El 10 de septiembre Francisco I marcha a Melegnano mientras envía al marqués Louis d'Ars hacia Pavía.[36] Los franceses establecen su campamento a 5 kilómetros al norte de la ciudad, en la villa de San Juliano. Al oeste estaba el camino de Milán a Lodi y al este el río Lambro, el terreno era pantanoso y se había reforzado con zanjas.[37] La vanguardia era la más cercana a Milán, estaba defendida por una zanja apoyada por la artillería y una línea de tiradores flanqueados por 10 000 infantes franceses armados con alabardas, picas y arcabuces. En segunda línea había 10 000 lansquenetes y 950 hombres de armas. El centro o batalla lo formaban 9000 lansquenetes y los caballeros franceses bajo el mando personal de su monarca (apoyados por hombres de armas, lanceros a caballo y ballesteros).[38] Entre las tropas francesas había 6000 infantes gascones y vascos.[2] Finalmente, un pequeño cuerpo de caballería a las órdenes de Carlos IV de Alençon estaba 3 kilómetros al sur como retaguardia;[39] 6000[2][40] de los lansquenetes eran mercenarios alemanes de la Banda Negra, rivales profesionales de los suizos,[41] al mando del Duque Carlos de Egmond.[40]
Primer día

El 13 de septiembre, el cardenal Mateo Schinner con un ejército suizo llegó al campamento francés en Marignano.[42] Eran 12 000 nombres armados con picas, 2000 con arcabuces, 2000 con mandobles[43] (zweihänder schlachtschwert),[44] y 800[44] a 1000[41] con alabardas. Su caballería la formaban apenas 200[45] a 700[2] jinetes pontificios y 8 cañones de bronce,[36] aunque otras fuentes hablan solo de 9 a 10 culebrinas.[26] La mayoría de sus hombres llevaban ropa andrajosa y tenían pocas armaduras y protecciones.[46] Ambos ejércitos usaban cruces blancas como distintivos, la única diferencia era una marca blanca que llevaban los suizos en los escudos.[47] Otro rasgo llamativo, común en las batallas del Renacimiento, era que las huestes iban al combate tocando música religiosa.[48]
La vanguardia de los franceses estaba formada por 9000 lansquenetes en el centro de su línea y detrás 10 000 franceses, algunos armados con ballestas (un arma que estaba siendo desplazada por los arcabuces).[49] Los confederados formaron tres escuadrones o Haufen,[50] cada uno de 6000[51] a 8000[52] hombres, probablemente 7000,[53] con los piqueros al frente y los alabarderos y ballesteros en retaguardia, trotando al unísono contra la posición enemiga.[6] Eran las 4 de la tarde aproximadamente.[52] La caballería francesa fue dispersada sin luchar ante el avance veloz de las picas.[54] Tanto la caballería pesada como ligera no tenían posibilidades de ganar frente a los piqueros suizos, sólo podían prevalecer si se coordinaban con la infantería.[55] Impulsados por el momentum y su número, los veteranos suizos avanzaron con cadencia hasta tropezar con los fosos, lo que les hizo romper su línea. Lograron sobrepasar el obstáculo y reorganizarse, pero disminuyeron su velocidad y con ello su efectividad ofensiva. Chocaron con los alemanes, que se mantuvieron firmes, dándose un feroz combate con pistolas, espadas, lanzas, hachas y ballestas que causó muchos muertos en ambos bandos.[54]
Para entonces, la caballería pesada francesa se había reorganizado y cargó contra los flancos suizos, primero dispararon las pistolas en una formación de caracole (carga en caracol) y después atacaron con sus lanzas con ayuda del fuego continuo de los ballesteros,[56] absolutamente mortífero a tan poca distancia.[57] La artillería francesa estaba principalmente en la línea de los lansquenetes y no podía moverse, disparaba contra los confederados, intentando hacer huecos en sus líneas, pero dañando a sus propios hombres.[56] La mayoría de los infantes franceses se habían dispersado, dejando solos a los artilleros.[52] La línea de gascones y lansquenetes alemanes al servicio de Francia pudo colapsar. Tan sólo la llegada de la noche les salvó.[58] Los hombres, agrupados en pequeños grupos en torno a sus comandantes, se retiraron dejando en el campo a mutilados cadáveres y gimientes moribundos, tanto seres humanos como caballos.[59] Muchos de los heridos habían sido aplastados durante el combate.[57] El Rey decidió reorganizar sus fuerzas esa noche, uniendo los restos de su vanguardia al cuerpo principal para formar una sola línea.[60]
Segundo día

Durante la penumbra, los franceses cavaron fosos y fortalecieron las defensas,[61] a pesar de las escaramuzas,[62] principalmente por los flancos para evitar ser envueltos.[63] Al amanecer del 14 de septiembre, entre las 4 y las 5 de la madrugada,[64] el Cardenal Schinner hizo caso omiso a las cartas del virrey de Nápoles, Bernardo de Villamarín, que le dijo que esperada su pronta llegada.[61] La infantería de ambos bandos estaba agotada y diezmada, pero de todas maneras formaron en orden de batalla. Los suizos tocaron los Harsthöner, grandes cuernos de guerra, y cargaron.[6] El fuego de los arcabuces y cañones al mando de Gian Giacomo Trivulzio crearon huecos en las líneas de los confederados, que contaban con muy pocos arcabuces como para hacer estragos. A pesar de esto, con las picas abajo los suizos lograron hacer retroceder al ala izquierda francesa.[65] En la derecha, Borbón conseguía rechazarlos y en el centro los lansquenetes empezaban a retroceder. A las 8 de la mañana, el ala izquierda francesa estaba hundiéndose pero se lanzaron gritos de «¡San Marco, San Marco!» anunciando la llegada de refuerzos.[64] Bartolomeo d'Alviano se acercaba con 10 000 jinetes pesados y veteranos del ejército veneciano.[3] A las 11, los franco-venecianos contraatacaron y rompieron la línea suiza.[63] Cuatrocientos soldados del cantón de Zúrich se sacrificaron protegiendo la retaguardia del grueso del ejército en su retirada. Tras esto, los confederados abandonan Milán en desorden.[66]
Por el tamaño de los ejércitos, Marignano fue una batalla gigantesca, decisiva y excepcional, ya que la mayoría de los combates entre los Estados italianos no involucraban más de mil o dos mil efectivos.[55]
Consecuencias
Muchos hombres morirían en los días siguientes por sus heridas y otros quedarían mutilados, sin piernas o brazos.[67] Tras la batalla, los únicos confederados que quedaron en Milán eran una guardia en el castillo de Porta Giovia. El Duque se entrevistó con el Rey francés en Pavía el 8 de octubre y aceptó renunciar a sus derechos.[61] Militarmente, fue un enfrentamiento entre lansquenetes y suizos equivalentes en número, prevaleciendo los primeros gracias a la artillería francesa.[44] Los confedrados firmaron la paz con los franceses en Ginebra el 6 de noviembre de 1516 con la oposición de los cantones favorables a los Habsburgo, renegociaron y la Paz Perpetua de Friburgo se sellaría el 29 de noviembre, la cual se renovó y modificó con los años.[68]
Gracias a esto, los confederados proveyeron a los franceses de mercenarios durante décadas: 20 000 sirvieron con Odet de Cominges en Lombardía en 1521,[68] 15 000 lucharon en Bicoca en 1522,[69] 10 000 en la campaña de Cominges contra Nápoles en 1528,[44] 18 000 en la invasión de Artois de 1536, 6000 en la primera campaña de Piamonte de 1537, 8000 en la segunda de 1542, 5000 en la tercera de 1543 y 10 000 en Cerisoles en 1544.[70]
El 3 de diciembre de 1516 se firmó la paz en Bruselas, donde Francisco I también se anexaba la Lombardía.[6] Esa Navidad, Francisco I entraba en Milán y el 8 de enero siguiente presidió el Senado local, donde liberó a los rehenes, retornó las propiedades y permitió a los exiliados volver a sus hogares, mostrándose clemente con los agradecidos ciudadanos milaneses. Tras esto regresó a Francia y dejó a Borbón a cargo del ducado.[71]
Aunque los suizos siguieron destacando como mercenarios, jamás participaron nuevamente como Estado en una guerra internacional de gran escala.[6][72] La victoria francesa motivaría una serie de reformas en sus enemigos, especialmente los españoles, que crearían sus famosos Tercios.[67]
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 Tucker, 2009: 484
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 2,6 Clodfelter, 2017: 11
- ↑ 3,0 3,1 Nolan, 2006: 575; Nolan, 2017: 68
- ↑ Jonas, 2017: 65; Potter, 2008: 134
- ↑ Clodfelter, 2017: 11; Nolan, 2006: 575; Tucker, 2009: 484
- ↑ 6,0 6,1 6,2 6,3 6,4 Nolan, 2006: 575
- ↑ 7,0 7,1 7,2 7,3 7,4 Nolan, 2006: 573
- ↑ Knecht, 1996: 62
- ↑ Knecht, 1996: 62; Nolan, 2017: 62
- ↑ Nolan, 2017: 62
- ↑ Knecht, 1996: 63
- ↑ 12,0 12,1 12,2 12,3 McCormack, 1993: 48
- ↑ 13,0 13,1 Durant, 2011
- ↑ Nolan, 2017: 64
- ↑ Cadenas, 1978: 232-233
- ↑ Cadenas, 1978: 233
- ↑ McCormack, 1993: 48-49
- ↑ Cadenas, 1978: 234; Nolan, 2006: 573
- ↑ Cadenas, 1978: 234
- ↑ Cadenas, 1978: 234; McCormack, 1993: 49-50
- ↑ Cadenas, 1978: 235; Knecht, 1996: 72
- ↑ Cadenas, 1978: 235
- ↑ Knecht, 1996: 72
- ↑ 24,0 24,1 Knecht, 1996: 69
- ↑ 25,0 25,1 Nolan, 2017: 65
- ↑ 26,0 26,1 26,2 Potter, 2008: 204
- ↑ Potter, 2008: 204-205
- ↑ Knecht, 1996: 69; Nolan, 2006: 573
- ↑ 29,0 29,1 29,2 Knecht, 1996: 73
- ↑ Knecht, 1984: 43
- ↑ 31,0 31,1 Knecht, 1984: 43; Knecht, 1996: 73
- ↑ Nolan, 2006: 574; Tucker, 2009: 484
- ↑ Knecht, 1984: 43-44
- ↑ Knecht, 1984: 44
- ↑ Nolan, 2006: 574; Nolan, 2017: 65-66
- ↑ 36,0 36,1 36,2 Knecht, 1984: 44; Knecht, 1996: 73
- ↑ Knecht, 1984: 44-45; Knecht, 1996: 73
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- ↑ 40,0 40,1 Potter, 2008: 133
- ↑ 41,0 41,1 Jonas, 2017: 65
- ↑ Cadenas, 1978: 235; Knecht, 1984: 44
- ↑ Jonas, 2017: 65; Potter, 2008: 133-134
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- ↑ Cadenas, 1978: 236; Nolan, 2006: 575
- ↑ Cadenas, 1978: 236; Nolan, 2006: 575; Nolan, 2017: 68
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- ↑ Claramunt, 2014
Bibliografía
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- Nolan, Cathal J. (2017). The Allure of Battle: A History of How Wars Have Been Won and Lost. Oxford University Press. En inglés. ISBN 9780199874651.
- Potter, David (2008). Renaissance France at War: Armies, Culture and Society, C.1480-1560. Boydell & Brewer. ISBN 9781843834052.
- Traxino, Mario (2014). La battaglia di Marignano (13-14 settembre 1515). Edición de Roberto Mastriani e Isabella Pigato. En italiano.
- Tucker, Spencer C. (2009). A Global Chronology of Conflict: From the Ancient World to the Modern Middle East. Santa Bárbara: ABC-CLIO. En inglés. ISBN 9781851096671.
Fuentes
- Claramunt, Àlex. "La última batalla entre españoles y suizos" Archivado el 21 de marzo de 2017 en Wayback Machine.. Camino a Rocroi. Los ejércitos españoles en el siglo XVII. Publicado el 29 de agosto de 2014. Consultado el 20 de marzo de 2017.