Discurso sobre la conquista de México (1848)

De Hispanopedia
Discurso de John C. Calhoun sobre la guerra con México
Localización
Lugar Senado de los Estados Unidos, Washington
Datos generales
Suceso Intervención estadounidense en México
Histórico
Fecha 4 de enero de 1848

El 4 de enero de 1848, el Senador John C. Calhoun, de Carolina del Sur, pronunció en el Senado de los Estados Unidos un discurso ("Speech of Mr. Calhoun, of South Carolina, on His Resolutions in Reference to the War with Mexico") en defensa de dos resoluciones contra la conquista de México y contra su incorporación a la Unión, ya fuera como provincia o como Estado.

El texto se publicó en el Congressional Globe (publicación oficial del Congreso) y en folleto impreso en Washington ese mismo año.Calhoun, John C. (1848). Speech of Mr. Calhoun, of South Carolina, on his resolutions in reference to the war with Mexico (en English). Washington: J. T. Towers. Congressional Globe (en English). 30th Congress, 1st Session. 1848. pp. 96-100. 

Contexto

Batalla de Chapultepec

El discurso se pronunció en el contexto de la Intervención estadounidense en México, cuando el Ejército de los Estados Unidos ocupaba ya la Ciudad de México y circulaba el llamado Movimiento ''All of Mexico'', que pretendía anexar la República mexicana entera.

Calhoun había votado contra la declaración de guerra de 1846 y proponía, en su lugar, una línea defensiva y una indemnización territorial limitada.[1]

Resoluciones

Las resoluciones presentadas por Calhoun decían:

  • Resuelto, Que conquistar México y retenerlo, ya como provincia, ya para incorporarlo a la Unión, sería incompatible con el objeto declarado con que se ha proseguido la guerra; una desviación de la política asentada del Gobierno; un conflicto con su carácter y su genio; y, al cabo, subversivo de nuestras instituciones libres y populares.
  • Resuelto, Que no debe adoptarse en la ulterior prosecución de la guerra línea alguna de política que pueda conducir a consecuencias tan desastrosas.

Pasajes principales

Al ofrecer, Senadores, estas resoluciones a vuestra consideración, me rigen las mismas razones que me indujeron a oponerme a la guerra, y por las cuales me he guiado desde que el Congreso la sancionó. Al aludir a mi oposición a la guerra, no pretendo tocar las razones que entonces me gobernaron más allá de lo preciso para explicar mis motivos actuales. Me opuse entonces a la guerra no solo porque podía haberse evitado con facilidad; no solo porque el Presidente carecía de autoridad para ordenar que se ocupara con nuestras tropas una parte del territorio disputado que se hallaba en poder de los mexicanos; no solo porque creí infundadas las alegaciones con que el Congreso la sancionó; sino por altas consideraciones de política, porque creí que acarrearía males grandes y graves al país y pondría en grave peligro sus instituciones libres.

Victoria tras victoria se sucedieron sin un solo revés. Santa Anna fue rechazado y derrotado con todas sus fuerzas en Buena Vista; Veracruz, con su castillo, capturada; las alturas de Cerro Gordo tomadas con triunfo; Jalapa, Perote y Puebla ocupadas; y, tras muchas victorias triunfales a las puertas de México, sus puertas se nos abrieron y quedamos dueños de la capital. Pero ¿qué han logrado todas estas hazañas espléndidas? ¿Se ha alcanzado el objeto declarado de la guerra? ¿Hemos conquistado la paz? ¿Hemos obligado a México a firmar un tratado? ¿Hemos obtenido indemnización? No. Ni un solo objeto contemplado por la campaña se ha efectuado; y lo que es peor, nuestras dificultades son hoy mayores que al comenzar, y los objetos buscados más difíciles de conseguir.

Llegamos ahora a la consideración solemne que proponen las resoluciones. He mostrado el rumbo que propone el Presidente. Es borrar la nacionalidad de México y echaros encima siete u ocho millones de almas, ya como provincia, ya incorporadas a nuestra Unión. ¿Haremos lo uno o lo otro? No, señor Presidente, ni lo uno ni lo otro.

La razón siguiente que asignan mis resoluciones es que no hay ejemplo ni precedente, ni de retener a México como provincia, ni de incorporarla a nuestra Unión. No se halla ejemplo de semejante línea de política. Hemos conquistado muchas de las tribus indias vecinas, pero nunca hemos pensado en tenerlas sujetas, ni en incorporarlas a nuestra Unión. O se las ha dejado como pueblo independiente entre nosotros, o se las ha empujado a los bosques.

Sé además, señor, que nunca hemos soñado con incorporar a nuestra Unión sino a la raza caucásica, la raza blanca libre. Incorporar a México sería el primer caso de incorporar una raza india; pues más de la mitad de los mexicanos son indios, y el resto se compone principalmente de tribus mezcladas. ¡Protesto contra una unión semejante! El nuestro, señor, es el Gobierno de una raza blanca. Las mayores desgracias de la América española se rastrean hasta el error fatal de poner a estas razas de color en igualdad con la raza blanca. Ese error destruyó el arreglo social que formaba la base de la sociedad.

¿Hemos de asociarnos como iguales, compañeros y conciudadanos a los indios y a la raza mezclada de México? Señor Presidente, consideraría tal cosa fatal para nuestras instituciones.

Cometemos un gran error, señor, cuando suponemos que todos los pueblos son capaces de gobernarse a sí mismos. Estamos ansiosos de imponer el gobierno libre a todos; y veo que se ha urdido en un cuarto muy respetable que la misión de este país es difundir la libertad civil y religiosa por todo el mundo, y especialmente por este continente. Es un gran error. Solo los pueblos llegados a un estado muy alto de mejora moral e intelectual son capaces, en estado civilizado, de mantener un gobierno libre.

Quien conoce bien la Constitución americana; quien ha estudiado debidamente su carácter; quien ha mirado la historia y sabe cuál ha sido invariablemente el efecto de las conquistas de los Estados libres, no necesitará prueba alguna de mi parte para mostrar que sería enteramente hostil a las instituciones del país retener a México como provincia. No hay ejemplo registrado de que Estado libre alguno haya intentado siquiera la conquista de un territorio que se acerque a la extensión de México sin consecuencias desastrosas. La nación conquistada ha acabado, con el tiempo, por conquistar a los conquistadores, destruyendo su libertad. Ese será nuestro caso, señor. La conquista de México añadiría tan vasta cantidad al patronazgo de este Gobierno que absorbería todo el poder de los Estados de la Unión. Esta Unión se volvería imperial, y los Estados meras corporaciones subordinadas.

Por tanto, me opongo a la política de retener a México por derecho de conquista y de anexarlo, ya como provincia, ya como Territorios, ya como Estados de este Gobierno.[2]

Contexto y alcance

El discurso se inscribe en el debate sobre el llamado All Mexico Movement, sostenido por algunos demócratas expansionistas tras las victorias de 1847. Calhoun, defensor de la esclavitud y de la preeminencia de los Estados del Sur, temía que la incorporación de una población mayoritariamente india y mestiza alterara el equilibrio racial y político de la Unión, y que el patronazgo federal derivado de una provincia tan vasta erosionara el poder de los Estados.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, no anexó el conjunto de México. Cedió Texas, Alta California y Nuevo México, y dejó en pie la nacionalidad mexicana, lo que coincidía parcialmente con los deseos de Calhoun de evitar una absorción total, aunque la cesión territorial fue masiva.

El discurso de Calhoun quedó registrado en la historia como uno de los ejemplos más claros de cómo el racismo sistémico y el aislacionismo político de la época jugaron un papel paradójico en la preservación de la soberanía de una parte de México, al frenar los deseos de los expansionistas más radicales del norte.

Véase también

Referencias

  1. ↑ Vilches, Jorge (27 de septiembre de 2024). «Cuando EE UU desechó quedarse México». La Razón. Consultado el 25 de septiembre de 2026. 
  2. ↑ «Speech of John C. Calhoun, on the Mexican War». The North Star (en English). 14 de enero de 1848. Consultado el 25 de septiembre de 2026. 

Enlaces externos