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Embajada a Tamorlán
| Embajada a Tamorlán | ||
|---|---|---|
| de Ruy González de Clavijo | ||
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Archivo:Manuscrito de la Embajada a Tamorlán.png Manuscrito de la Embajada a Tamorlán. | ||
| Género | Narrativo | |
| Subgénero | Literatura de viajes | |
| País | España | |
| Fecha de publicación | 1406 | |
Embajada a Tamorlán, cuyo nombre original completo era Historia del Gran Tamorlan, e itinerario y enarracion del viage, y relacion de la embajada que Ruy Gonzalez de Clavijo le hizo por mandado del rey Enrique III de Castilla, es un libro de viaje narrado en primera persona por Ruy González de Clavijo que da cuenta de la experiencia vivida por los Embajadores en su viaje a Samarcanda (en el actual Uzbekistán). Este libro es la crónica del viaje que, entre los años 1403 y 1406, realizaron los diplomáticos del Rey Enrique III de Castilla hasta la lejana corte de Tamorlán, heredero del imperio de Gengis Kan.
En Embajada a Tamorlán se describe la vida asiática, la flora y la fauna, las ciudades visitadas, como Constantinopla y Samarcanda, y las gentes del lugar. Por tanto, es una obra veraz en cuanto a las fechas y lugares que describe. Es un texto poco conocido, pero clave en el ámbito de los libros de viajes y aventuras. Se redactó el mismo año en que finalizó el viaje (1406).
Los libros de viajes conformaron un género de mucho éxito entre el público español, y esta es la obra más importante de la vertiente diplomática dentro de los libros de viajes, muy destacada en este grupo de obras dentro de la literatura medieval de España.
Antecedentes de la Embajada a Tamorlán
Desde Europa se hicieron a Asia numerosos viajes en los siglos XIII y XIV, que son los precedentes cercanos de la Embajada de Tamorlán, sobre todo los viajes emprendidos por el efecto de la aparición en Asia del poder político que impulsó al pueblo mongol y sus descendientes. En la compleja historia de este continente, el pueblo mongol intervino con ocasión del poderío de Gengis Kan (h. 1155-1227), y luego por el que tuvo su descendiente, el llamado Tamorlán. Los mongoles, acaudillados por Gengis Kan, se organizaron en un extenso ejército que alcanzó desde China hasta Irán y el Turquestán, llegando a alcanzar los bordes de Europa a través de la estepa rusa. Creció entonces la alarma entre los pueblos cristianos de Europa.
Aparte del afán de defender las tierras cristianas de estos pueblos ‘’tártaros’’ también se quiso saber de aquellas gentes, de su poder y sus costumbres. Esto hizo que se escribieran narraciones y relatos sobre el pueblo mongol y tártaro, volviendo a la cuestión literaria, que obtuvieron una cierta difusión. La importancia de esta diversidad de relatos fue grande, pues aportaron un caudal de informaciones recogidas a través de la experiencia de los viajeros. Por tanto, la Embajada a Tamorlán debe considerarse dentro del marco general de las relaciones de Europa con Oriente. Cabe destacar, además, que las embajadas entre Enrique III y Tamorlán constituyen el episodio más importante de la diplomacia medieval castellana.
La Embajada de Enrique III
Enrique III (1379-1406) fue Rey de la dinastía de los Trastámara, y ocupó el trono de Castilla durante dieciséis años, desde 1390 hasta su muerte. La política de expansión territorial propia de Tamorlán condujo a sus ejércitos hacia la parte del Asia Menor cercana a la Europa oriental, a lo que respondió Enrique III enviando una embajada. Su misión diplomática pretendía estrechar relaciones con otras naciones que pudieran neutralizar la amenaza otomana. En el año 1403 parte su comitiva, con destino a Samarcanda.

Enrique III estaba pendiente de las novedades que le llegaban de estos lugares orientales, tal y como testimonia una Compilación de Crónicas de España. El rey castellano procuró que la elección de los embajadores fuese digna en representación de su reino. Entre ellos, destacan Ruy González de Clavijo en primer lugar, autor de la obra, además de Fray Alfonso Páez de Santa María, entre otros. Los elegidos del rey Enrique III fueron:
- Ruy González de Clavijo fue elegido por el rey como cabeza de la expedición, y el cumplimiento de esta embajada constituyó el episodio más importante de su vida, y por él es recordado y elogiado. Se desconoce los años que tenía cuando viajó a Samarcanda, pero parece que se encontraba ya en una edad madura. Durante este viaje, González de Clavijo escribió una canción a su mujer Mayor Arias, y ella le respondió enviándole otra. Ambas poesías son del orden cancioneril, y representan un buen testimonio lírico de la conmoción humana que supuso la expedición.
- Fray Alfonso Páez de Santa María, otro de los viajeros, fue un religioso del que solo sabemos lo que testimonia la Embajada: pertenecía a la Orden de los Predicadores y era maestro en teología. Aun siendo una embajada civil, convenía que en ella fuese un fraile de esta Orden y con experiencia en el trato con los pertenecientes a otras creencias no cristianas. Se dice que Alfonso Páez pudo haber intervenido en el relato, y su autoría fue propuesta en el año 1961 por Cirac Estopañán.
- En cuanto al resto de embajadores, en un momento del viaje de ida se menciona que son catorce. Entre ellos, Gómez de Salazar cuentan que murió durante el viaje y probablemente Alfonso Fernández de Mesa estuviese en el viaje, lo cual se conoce por una mención de Pedro Tafur en su libro Andanzas y viajes.
En conclusión, la elección de embajadores que realizó Enrique III fue todo un éxito, cada uno de ellos llevó a cabo de manera satisfactoria su misión y crearon un grupo coordinado que consiguió el objetivo propuesto. Además, los embajadores castellanos habían sido acompañados de los mongoles responsables de llevar las cartas de Tamorlán. En el puesto de líder se puede ver a Mahomad Alcaxi que presta ayuda a los castellanos a lo largo del viaje, incluso arriesgando su vida.
Autoría de la obra
Existe la hipótesis de que el deseo de que este viaje tan singular y único se escribiese, pudiese provenir del mismo Enrique III. El proceso que siguieron seguramente fuese muy distinto al habitual que se utilizaba para las novelas en prosa.
En cuanto a la ubicación de la redacción del texto en el tiempo, se especula que ocurriese entre el 24 de marzo de 1406, fecha en que los embajadores llegan a Alcalá de Henares (donde estaba el rey) y el 25 de diciembre del mismo año, cuando el monarca muere.
El rey envió a la embajada en 1403, sin embargo, conservamos una carta al arzobispo de Sevilla donde declara que aún en 1405 está a la espera del regreso de sus miembros. En 1406, cuando estos volvieron con las deseadas noticias se dio paso a la redacción que muestra conciencia del tiempo narrativo. Este proceso narrativo fue basado en la experiencia de los embajadores, sin embargo, esto plantea un problemas de autoría pues no se sabe si alguno de ellos destacó en la redacción.
Se sabe que Ruy González de Clavijo fue un hombre cultivado en el ámbito de las letras puesto que él y su mujer escribieron lírica cancioneril sobre esta aventura. Esta opinión sobre su autoría fue dada por Argote de Molina que explicaba lo anteriormente dicho y que además parecía ser de los protagonistas principales. En la portada del libro aparece “la relación de la Embajada”, tarea que le fue encomendada a Ruy González por obra del rey. Dicha concepción de la autoría de la obra es la más extendida.
Cabe destacar que en la versión original el primer embajador nombrado es Fray Alonso Páez de Santa María. Es posible que sea el primer nombrado de acuerdo con el prestigio de la Iglesia puesto que era fraile de una orden. Sin embargo, era el mejor preparado para escribir una obra así y para poder relacionarse con la gente durante el camino. Debido a su formación como teólogo era probablemente conocedor del latín aparte del castellano, pero se baraja además la posibilidad de que conociese italiano y árabe. Dicha formación le hubiese facilitado la recogida de datos sobre los ritos bizantinos y armenios; y su conocimiento cultural le hace recopilar información sobre el mundo clásico. Cuando se encuentran ante Tamorlán, alega que su carta solo hubiese sido capaz de leerla él. Esta propuesta fue apoyada por S. Cirac Estupiñan quien mostró la sobriedad del texto, lo cual es particular de los frailes.
Composición de la obra

Teniendo en cuenta la intencionalidad de la obra, es difícil atribuirle su autoría a una determinada persona, así como es difícil creer que solo contarán con la experiencia del viaje para su creación (gran abundancia de datos). Hay géneros que por sus aspectos comunes pudieron haber intervenido en su composición.
Los diarios son relatos temporales sobre el presente del que se desea dejar un testimonio por escrito. En la Embajada se puede ver cómo cuentan los hechos cronológicamente mediante menciones como: al amanecer, mediodía, horas de la noche… Es posible que Enrique III enviase a un escriba con habilidad para recoger información en poco espacio de los sucesos diarios.
Los itinerarios es otra clase de libros a los que puede pertenecer la Embajada. Sin embargo, se trataría de un itinerario peculiar, no el habitual que explicaba el camino hacia Tierra Santa. Los embajadores no pretendían mostrar una guía del viaje sino simplemente mostrar que éste sería irrepetible y nadie más podría emprenderlo. El rasgo de esta obra de itinerario consiste en la apreciación de las distancias, que son aproximadas.
En cuanto a las descripciones del libro, se puede ver como cuenta aquello que se distingue más de Castilla. Para que esto diese un resultado exitoso entre los lectores, se necesita un conocimiento de la descripción retórica. Las descripciones de las ciudades eran veraces y por ello no podía introducir elementos irreales. Además, dichas descripciones eran más o menos extensas y minuciosas en función de la relevancia de las ciudades, siendo las más importantes Constantinopla y Samarcanda. De la misma forma se describe la flora (centrándose en lo que se cultivaba) y la fauna (centrándose en la descripción real, por ejemplo, de lo que era una jirafa).
Es también un uso retórico la forma en que usa la comparaciones entre lo que está viviendo y lo que había escuchado de otros viajeros. Comenta la novedad, comparándola con la vida cotidiana de Castilla, por ejemplo, asemeja la jirafa a un caballo. En Sevilla fue preparado este viaje y, por ello, las ciudades son comparadas con algunas de allí. Este recurso es el responsable de que esta obra deje de ser únicamente un documento diplomático para convertirse también en un libro de viajes capaz de hacer partícipe a sus lectores de la aventura, puesto que los costes para viajar a Oriente eran altos.
Aquello que en literatura medieval se denomina “maravilla”, en esta obra se pone de manifiesto cuando el narrador deposita su confianza en Dios, siendo el milagro una vía de esta “maravilla”. Se resume a hechos religiosos y otros percibidos desde la condición humana. En este relato, dicho concepto es definido como la verdad que quieren contar.
Embajada a Tamorlán tiene además un sentido cronístico dado que relata acontecimientos históricos de actualidad en esa época, por ejemplo, relata los sucesos de los caballeros de la Orden de Rodas en relación con la guerra de Alejandría. La parte de la obra más relevante en la época es la historia de Tamorlán, de nuevo, porque los habitantes de Castilla recibirían noticias históricas privilegiadas, sin embargo, corrían el riesgo de recibir noticias falsas. Aún así, existió la posibilidad de cotejar versiones entre los distintos relatos que aportaban los viajeros. La difusión de la información sobre la vida de Tamorlán dio lugar en el territorio castellano a especulaciones y creencias.
Contenidos
Al ser una crónica de viaje que sigue un recorrido lineal, los capítulos suelen corresponderse con las etapas geográficas y los eventos significativos de la embajada.
Viaje de ida (De España a Samarcanda)
- Capítulo I: Salida de la corte del Rey don Enrique de Castilla (Madrid o Sevilla) y viaje a lo largo de la costa española y portuguesa.
- Capítulo II: Travesía por el Estrecho de Gibraltar y llegada a las islas del Mediterráneo (Sicilia, Rodas).
- Capítulo III: Navegación por el Mar Egeo y llegada a Constantinopla (actual Estambul).
- Capítulo IV: Descripción de Constantinopla, sus iglesias, palacios y costumbres. Encuentro con el emperador bizantino.
- Capítulo V: Continuación del viaje por el Mar Negro, bordeando la costa de Anatolia.
- Capítulo VI: Llegada a Trabzon (Trebisonda) y descripción de la ciudad y su comercio.
- Capítulo VII: Inicio del viaje terrestre hacia el interior de Anatolia y Armenia. Descripción de montañas, valles y pueblos.
- Capítulo VIII: Paso por Erzurum y otras ciudades de la actual Turquía. Dificultades del camino y encuentros con poblaciones locales.
- Capítulo IX: Entrada en los territorios persas. Descripción de la geografía y las ciudades que atraviesan.
- Capítulo X: Viaje por el actual Irán, con descripciones de paisajes y ciudades como Tabriz o Teherán (aunque no necesariamente por esos nombres).
- Capítulo XI: Encuentros con gobernadores locales y caravanas. Aspectos de la vida y las costumbres persas.
- Capítulo XII: Llegada a la región de Jorasan y aproximación a Asia Central.
- Capítulo XIII: Travesía del desierto y las estepas. Dificultades del clima y la escasez de provisiones.
- Capítulo XIV: Entrada en Transoxiana y aproximación a Samarcanda. Primeros contactos con la esfera de influencia de Tamerlán.
Estancia en Samarcanda y la Corte de Tamerlán
- Capítulo XV: Llegada a Samarcanda y descripción de la ciudad, sus edificios, jardines y la actividad comercial.
- Capítulo XVI: Primer recibimiento por parte de Tamerlán en su tienda o palacio. Ceremonial y protocolo de la corte.
- Capítulo XVII: Presentación de las cartas del Rey Enrique III y exposición del mensaje de la embajada.
- Capítulo XVIII: Descripciones detalladas de los festejos, banquetes y eventos organizados por Tamerlán en honor a los embajadores.
- Capítulo XIX: Observaciones sobre las costumbres, vestimentas y jerarquías de la corte de Tamerlán y de los pueblos bajo su dominio.
- Capítulo XX: Notas sobre la vida cotidiana en Samarcanda, el mercado, la gente y sus religiones.
- Capítulo XXI: Descripción de la personalidad de Tamerlán, sus acciones y decisiones.
- Capítulo XXII: Reflexiones sobre el poderío del imperio de Tamerlán y su organización militar y civil.
Viaje de regreso
- Capítulo XXIII: Despedida de Tamerlán y comienzo del viaje de retorno por una ruta similar o ligeramente diferente.
- Capítulo XXIV: Reencuentro con dificultades en el camino de regreso.
- Capítulo XXV: Pasos por las mismas regiones o por otras adyacentes, con nuevas observaciones.
- Capítulo XXVI: Regreso a Trebisonda y la ruta marítima por el Mar Negro.
- Capítulo XXVII: Nuevamente en Constantinopla y el trayecto por el Mediterráneo.
Conclusiones
- Capítulo XXVIII: Llegada a España y el fin de la embajada.
- Capítulo XXIX: Resumen de lo vivido, aprendizajes y la entrega del informe al Rey Enrique III.
Legado

Como reconocimiento hacia sus visitantes, Tamerlán puso el nombre de Madrid a un pueblo a las afueras de Samarcanda, que hoy día se ha convertido en un barrio de la ciudad de Samarcanda.
En 2004 una avenida de la ciudad recibió el nombre de Ruy González de Clavijo ("Rui Gonsales de Klavixo" ko´chasi).
En el museo del Observatorio de Ulugh Beg existe un mural que recuerda la visita de los embajadores castellanos[1]
Véase también
Notas
- ↑ Samarcanda, entre la realidad y el mito En busca de los nómadas
Bibliografía
- Deyermond, Alan D., Historia de la literatura española, vol. 1: La Edad Media, Barcelona, Ariel, 2001 (1ª ed. 1973), pág. 276. ISBN 84-344-8305-X
- González de Clavijo, Ruy, Embajada a Tamorlán, Francisco López Estrada (ed.), Madrid, Castalia (col. Clásicos Castalia, 242), 1999. ISBN 84-7039-831-8
Enlaces externos
- Alianza contra la amenaza turca: la embajada de Enrique III de Castilla frente a Tamerlán
- Ruy González de Clavijo, Vida y hazañas del Gran Tamorlán, con la descripción de las tierras de su imperio y señorío
- La prosa en época de Juan II
- Ruy González de Clavijo: Embajada a Tamorlán
- Los libros de viajes de la Edad Media española
- Embajada a Tamorlán. Edición digital a partir de Miguel Ángel Pérez Priego (ed. lit.), Viajes medievales. Tomo 2, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 2006, pp. 1-210.
- Ruy González de Clavijo, el ‘Marco Polo madrileño’ Álvaro Anula