Guerra hispano-estadounidense

De Hispanopedia
Guerra hispano-estadounidense
Revolución filipina
Guerra de Independencia cubana
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Fecha 25 de abril-12 de agosto de 1898
(3 meses y 17 días)
Lugar Mar Caribe y océano Pacífico
Resultado Tratado de París. Victoria de Estados Unidos
Consecuencias
Cambios territoriales
  • Ocupación de Cuba por EE.UU.
  • España es forzada a ceder Guam, Puerto Rico y las Filipinas a los Estados Unidos por 20 millones de dólares
  • Beligerantes
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg Estados Unidos

    Bandera de Cuba Independentistas cubanos

    Independentistas filipinos[1][2][3]
    Bandera de España España
    Comandantes
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg Nelson A. Miles

    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg William R. Shafter
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg George Dewey

    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg William T. Sampson

    Bandera de Cuba Máximo Gómez
    Bandera de Cuba Calixto García
    Bandera de Cuba Demetrio Castillo
    Emilio Aguinaldo

    Apolinario Mabini
    Bandera de España Patricio Montojo

    Bandera de España Pascual Cervera
    Bandera de España Arsenio Linares
    Bandera de España Manuel Macías
    Bandera de España Ramón Blanco
    Bandera de España Antero Rubín
    Bandera de España Valeriano Weyler

    Bandera de España Luis Pastor Landero
    Fuerzas en combate
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg 300 000[4] (regulares y voluntarios) Bandera de España 339 783[5] (regulares y voluntarios)
    —Cuba: 278 447
    —Puerto Rico: 10 005
    —Filipinas: 51 331
    Bajas
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg 3013 muertos[6]
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg Ejército
    281 muertos en combate[7]
    1577 heridos[7]
    Archivo:Flag of the United States (1896-1908).svg Armada
    16 muertos en combate[7]
    68 heridos[7]
    —Filipinas: 21 muertos y 145 heridos[8]
    —Puerto Rico: 7 muertos y 36 heridos[8]
    Bandera de España 16 000 muertos[6]
    Bandera de España Ejército de Tierra
    200 muertos en combate[9]
    400 heridos[9]
    Bandera de España Armada
    500-600 muertos en combate[9]
    300-400 heridos[9]
    11 cruceros hundidos
    2 destructores hundidos
    6 buques menores hundidos
    —Filipinas: 150 muertos y 300 heridos[8]
    —Puerto Rico: 28 muertos, 125 heridos, 324 capturados[8]
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    La Guerra hispano-estadounidense fue un conflicto bélico que enfrentó a España y a los Estados Unidos en 1898, como continuación de la intervención estadounidense en la Guerra de Independencia cubana.

    El conflicto terminó con la derrota española y sus principales consecuencias fueron la pérdida de la isla de Cuba (invadida por Estados Unidos), así como de la isla de Puerto Rico, de Filipinas y de Guam, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos.

    En Filipinas, la ocupación militar estadounidense degeneró en la guerra filipino-estadounidense de 1899-1902.

    El resto de posesiones españolas del Pacífico fueron vendidas al Imperio alemán mediante el tratado hispano-alemán del 12 de febrero de 1899, por el cual España cedió al Imperio alemán sus últimos archipiélagos —las Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas— a cambio de 25 millones de pesetas (17 millones de marcos), ya que se consideraban como indefendibles por España tras la pérdida de gran parte de su flora y las dificultades económicas de la posguerra.

    El siglo XIX representó un claro declive para el Imperio español, mientras que los Estados Unidos pasaron de convertirse en un país recién fundado a ser una potencia regional media. En el caso español la decadencia, se disparó primero con la Invasión Napoleónica de España, que a su vez incidiría sobre los movimientos independistas de gran parte de los virreinatos americanos, y posteriormente la inestabilidad política (pronunciamientos, revoluciones, guerras civiles, ...) que desangró al país social y económicamente.

    La difícil defensa española de los territoriod de ultramar se puso de manifiesto durante la Crisis de las Carolinas en 1885.[10] En cambio, a lo largo de ese siglo EE. UU. se expandió tanto por vía económica (compra de territorios como Luisiana, Alaska...), como militarmente (guerra contra México, lucha contra las tribus indígenas, ...), además de recibir una gran cantidad de inmigrantes. Ese proceso se interrumpió unos años por la guerra civil estadounidense y la Reconstrucción,[11] pero la aparición de EE. UU. como nueva potencia era incuestionable.

    Las tensiones por Cuba entre España y EE. UU. se habían incrementado desde los años 1870 debido a las ansias expansionistas de estos últimos (como demostró el incidente del Virginius). España se encontraba en una hipotética guerra contra EE.UU. en clara desventaja tanto en el aspecto militar (tamaño y capacidades de las flotas de guerra, además de que España llevaba años luchando contra guerrillas de independentistas), el demográfico (en 1890 EE.UU. tenía más de 62 millones de habitantes por unos 18 millones en España), el geográfico (EE.UU. luchaba cerca de su territorio, mientras que España tenía que mandar tropas al otro lado del planeta, a Cuba o Filipinas), el económico-industrial.

    La guerra fue relativamente breve. La explosión del acorazado Maine el 15 de febrero de 1898 fue el casus belli de esta guerra. Aún hoy se sigue discutiendo si fue un ataque de «bandera falsa» de los propios estadounidenses, por el que la opinión pública estadounidense, convenientemente agitada por sus medios de comunicación (como la prensa amarilla), clamó venganza. Tras las derrotas en la Batalla de El Caney, la Batalla de las Colinas de San Juan, la Batalla naval de Santiago de Cuba y la Batalla naval de Cavite en Filipinas, el gobierno español no tuvo más remedio que negociar la paz, que por intermediación de Francia, se plasmaría en el Tratado de París el 10 de diciembre. Las últimas islas en el Océano Pacífico se venderían al año siguiente al Imperio alemán por ser indefendibles.

    La derrota y pérdida de los últimos vestigios del Imperio español (salvo posesiones africanas) fue un profundo shock para la psique nacional de España y provocó una profunda revaluación filosófica y artística de la sociedad española conocidos como el Regeneracionismo y la Generación del 98.[12][13] Estados Unidos ganó varias posesiones insulares en todo el mundo, lo que provocó un polémico debate sobre un país que oscilaba entre el aislacionismo y el expansionismo.[14] Poco tiempo después, en febrero de 1899, estalló la guerra filipino-estadounidense, en la que los filipinos se enfrentaron a las fuerzas estadounidenses que pasaron a tomar posesión del archipiélago.

    Antecedentes y causas de la guerra

    Los Estados Unidos, que no participaron en el reparto de África, ni de Asia, y que desde principios del siglo XIX estaban llevando a cabo una política expansionista, fijaron su área de expansión inicial en la región del Caribe y, en menor medida, en el Pacífico, donde su influencia ya se había dejado sentir en Hawái y Japón. Tanto en una zona como en otra se encontraban valiosos territorios bajo dominio español (Cuba y Puerto Rico en el Caribe, Filipinas, Islas Carolinas, Islas Marianas y Palaos en el Pacífico), que resultaron ser presas fáciles, debido a la fuerte crisis política que sacudía su metrópoli desde el final del reinado de Isabel II.[cita requerida]

    En el caso de Cuba, su fuerte valor económico, agrícola y estratégico ya había provocado numerosas ofertas de compra de la isla por parte de varios presidentes estadounidenses (John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulysses S. Grant), que el gobierno español siempre rechazó.[15] Cuba no solo era una cuestión de prestigio para España, sino que se trataba de uno de sus territorios más ricos y el tráfico comercial de su capital, La Habana, era comparable al que registraba en la misma época Barcelona.[cita requerida]

    A esto se añade el nacimiento del sentimiento nacional en Cuba, que desde la Revolución de 1868 había ido ganando adeptos, el nacimiento de una burguesía local y las limitaciones políticas y comerciales impuestas por España que no permitía el libre intercambio de productos, fundamentalmente azúcar de caña, con los EE. UU. y otras potencias.[cita requerida] Los beneficios de la burguesía industrial y comercial de Cuba se veían seriamente afectados por la legislación española. Las presiones de la burguesía textil catalana habían llevado a la promulgación de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1882) y el Arancel Cánovas (1891),[16] que garantizaban el monopolio del textil barcelonés gravando los productos extranjeros con aranceles de entre el 40 y 46 %, y obligando a absorber los excedentes de producción.[17][18] La extensión de estos privilegios en el mercado cubano asentó la industrialización de la región catalana durante la crisis del sector en la década de 1880, anulando sus problemas de competitividad,[19] a costa de los intereses de la industria cubana, lo que fue un estímulo esencial de la revuelta.[20]

    La primera sublevación desembocaría en la Guerra de los Diez Años (1868-1878) bajo la dirección de Carlos Manuel de Céspedes, un hacendado del oriente de Cuba. La guerra culminó con la firma de la Paz de Zanjón, que no sería más que una tregua. Si bien este pacto hacía algunas concesiones en materia de autonomía política y pese a que en 1880 se logró la abolición de la esclavitud en Cuba, la situación no contentaba completamente a los cubanos debido a su limitado alcance. Por ello los rebeldes volvieron a sublevarse de 1879 a 1880 en la llamada Guerra Chiquita.

    Dibujo satírico publicado en 1896 en el diario catalán La Campana de Gràcia, criticando la actitud de EE. UU. hacia Cuba.

    Por otra parte, José Martí, escritor, pensador y líder independentista cubano, fue desterrado a España en 1871 a causa de sus actividades políticas. Martí en un principio tiene una posición pacifista, pero con el pasar de los años su posición se radicaliza. Es por esto que convoca a los cubanos a la «guerra necesaria» por la independencia de Cuba. Con tal fin, crea el Partido Revolucionario Cubano bajo el cual se organiza la Guerra del 95.

    La escalada de recelos entre los gobiernos de Estados Unidos y España fue en aumento, mientras en la prensa de ambos países se daban fuertes campañas de desprestigio contra el adversario.[cita requerida] En América, el aparato propagandístico mediante historietas inventadas o manipuladas, se insistía una y otra vez en la valentía de los héroes cubanos, a los que se mostraba como unos libertadores luchando por liberarse del yugo de un gobierno y un país que era descrito como tiránico, corrupto, analfabeto y caótico. Por su parte, los españoles, que no tenían ninguna duda de la intención de Estados Unidos por anexionarse la isla, dibujaban a unos hacendados avariciosos y arrogantes, sostenidos por una nación de ladrones indisciplinados, sin historia ni tradición militar.

    Los líderes estadounidenses vieron en la disminuida protección de las territorios españoles, la ocasión propicia de presentarse ante el mundo como la nueva potencia mundial, con una acción espectacular. De hecho esta guerra fue el punto de inflexión en el gran ascenso de la nación estadounidense como poder mundial, pero para su antagonista significó la acentuación de una crisis que tocaría fondo con una guerra civil en el siguiente siglo y no se resolvería hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando España finalmente logra recomponerse.

    Ninguno de ambos bandos tenía gran experiencia militar reciente. Las últimas campañas bélicas de EE. UU. se remontaban a su guerra civil (1861-65) y las campañas contra los indígenas de los Estados Unidos (en torno a 1870-90). En el caso español, además del conflicto independentista de Cuba y Filipinas, sus últimas experiencias bélicas fueron la Tercera Guerra Carlista (1872-76) y la Guerra de Margallo en Marruecos (1893-94).

    Prolegómenos de la guerra

    Archivo:World 1898 empires colonies territory.png
    Mapa político del mundo en 1898, mostrando en amarillo España y en azul claro Estados Unidos.

    El de Cuba no era el primer conflicto internacional desatado por el control de los territorios españoles. En 1885, el Imperio alemán intentó extender su dominio sobre el noreste de Papúa a las islas Carolinas, donde se preveía establecer un protectorado debido a su valor estratégico. La intentona dio lugar a la Crisis de las Carolinas y fue duramente combatida por España, que estaba presente en el archipiélago desde 1521 y había reclamado su soberanía por primera vez en 1667. No obstante, los alemanes (al igual que en otras ocasiones habían hecho los británicos) argüían que España las había abandonado al eliminar la presencia militar en 1787, si bien la actividad misionera y comercial se había reanudado posteriormente y mantenido durante todo el siglo XIX. La mediación del papa León XIII terminó, al igual que en otras ocasiones, con el reconocimiento de la soberanía española, aunque se permitió a los alemanes establecer una estación naval y un depósito de carbón en una de las Carolinas.

    En Cuba la situación militar española era harto complicada. Los mambises, dirigidos por Antonio Maceo y Máximo Gómez, controlaban el campo cubano quedando solo bajo control español las zonas fortificadas y las principales poblaciones.[cita requerida] El capitán general español Weyler, designado para la isla, decidió recurrir a una política de reconcentración, consistente en concentrar a los campesinos en «reservas vigiladas». Con esta política pretendía aislar a los rebeldes y dejarlos sin suministros.

    Esta situación hizo que se radicalizara aún más el proceso independentista. En La Habana, se sucedían manifestaciones y enfrentamientos entre los sectores independentistas y españolistas. Por otra parte, muchos cubanos influyentes reclamaban insistentemente en Washington la intervención estadounidense, creyendo que de esa manera salvaguardarían sus intereses. El gobierno de los Estados Unidos, viendo la posibilidad de que con su ayuda el ejército independentista en Cuba lograra derrocar finalmente al español, se decide a intervenir con falsas promesas de colaborar altruísticamente a conseguir la independencia de la isla.[21]

    El hundimiento del Maine e inicio de la guerra

    Archivo:Cuban soldiers, 1898.jpg
    Soldados insurrectos cubanos, que ya llevaban luchando contra España desde 1895.
    Archivo:USS Maine entering Havana harbor HD-SN-99-01929.JPEG
    El acorazado Maine entrando en la bahía de La Habana.

    El gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado de segunda clase Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico. El 25 de enero de 1898, el Maine entró en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales. En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York.

    A pesar de lo inoportuno de la visita, la población habanera permanecía tranquila y expectante y parecía que el capitán general, Ramón Blanco, controlaba perfectamente la situación. Por otra parte, a pesar de que el Maine tuvo un gélido recibimiento por parte de las autoridades españolas, Ramón Blanco y el capitán del navío, Charles Dwight Sigsbee, simpatizaron desde el primer momento y se hicieron amigos.[22]

    Sin embargo, a las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una explosión iluminó el puerto de La Habana: el Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 254 marineros (la mayoría de raza negra) y dos oficiales. El resto de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un baile dado en su honor por las autoridades españolas.

    Archivo:USSMaine.jpg
    El pecio del USS Maine en 1898

    Sin esperar el resultado de una investigación, la prensa de William Randolph Hearst publicó al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo».

    Archivo:FOTOGRAFIA. GRUPO DE JEFES TAGALOS EN FILIPINAS.jpg
    Grupo de jefes tagalos revolucionarios filipinos.

    A fin de determinar las causas del hundimiento, se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra estadounidense, puesto que estos últimos se negaron a una comisión conjunta.[23] Los estadounidenses sostuvieron desde el primer momento que la explosión había sido provocada y externa. La conclusión española fue que la explosión era debida a causas internas. Los españoles argumentaron que no podía ser una mina como pretendían hacer creer los estadounidenses, pues no se vio ninguna columna de agua y, además, si la causa de la explosión hubiera sido una mina, no tendrían que haber estallado los pañoles de munición. En el mismo sentido, hicieron notar que tampoco había peces muertos en el puerto, lo que sería normal en una explosión externa.

    La opinión más extendida entre numerosos historiadores, tanto cubanos, españoles, como estadounidenses, es que la explosión fue provocada por los propios militares estadounidenses para utilizarla como excusa para su entrada en la guerra, en una operación de bandera falsa.[24][25] Algunos estudios desde la década de 1970 hasta la actualidad apuntan a una explosión accidental de la santabárbara, motivada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo.[26][27]

    Otros estudios recientes han señalado que, dados los desperfectos causados por la explosión, si la misma hubiera sido provocada por algún artefacto externo, esta habría hecho al barco saltar (literalmente) del agua. Algunos de los documentos desclasificados por el gobierno de EE. UU. sobre la Operación Mangosta (proyecto para la invasión de Cuba posterior al fracaso de la Invasión de Bahía de Cochinos) avalan la hipótesis de que la explosión fue causada en realidad por el propio gobierno de EE. UU. con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España.[24][25]

    En 1975, el almirante estadounidense Hyman G. Rickover, al frente de un equipo de investigadores, reunió todos los documentos e informes de las comisiones encargadas de la investigación en 1898, las de 1912, cuando se extrajeron los restos del buque, y cuantas declaraciones, publicaciones y fotografías pudo obtener. Después de un exhaustivo análisis de todo el material dictaminó sin lugar a dudas «que una fuente interna fue la causa de la explosión del Maine».[28]

    Archivo:WHI.2014.29 (13967827581).jpg
    Marineros estadounidenses en el USS Olympia.

    Aunque España negó desde el principio y presentó numerosas evidencias que probaban que huniera tenido algo que ver con la explosión del Maine, la campaña mediática realizada desde los periódicos de William Randolph Hearst, convencieron a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España, a pesar de las críticas de numerosos miembros de la propia sociedad estadounidense, como el poeta Edgar Lee Masters.

    Archivo:RETRATO DE TROPAS Y OFICIALES EN FILIPINAS (1898).jpg
    Infantería española; tropas y oficiales en Filipinas.

    Ajeno a las pruebas, el gobierno de Estados Unidos acusó a España del hundimiento, y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, y comenzó a movilizar voluntarios antes incluso de recibir alguna respuesta.[29] Por su parte, el gobierno español rechazó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y se negó a plegarse al ultimátum estadounidense, avisando de que en caso de invasión de sus territorios, equivaldria a una declaracion de guerra.

    Comenzó así la Guerra hispano-estadounidense, que con posterioridad se extendió a otros territorios españoles como Puerto Rico, Filipinas y Guam.

    Desarrollo del conflicto

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    Teatro de operaciones en el Pacífico.
    Archivo:Spanish Fleet, Suez Canal 1898.jpg
    Flota española del Almirante Cámara anclada en el canal de Suez, formada entre otros por el acorazado Pelayo o el crucero Carlos V y que finalmente no intervino en la guerra.

    Con anterioridad a los hechos del Maine, Estados Unidos ya había ordenado a su flota del Pacífico que se dirigiera a Hong Kong e hiciera allí ejercicios de tiro hasta que recibiera la orden de dirigirse a las Filipinas y a la isla de Guam.[21]

    Tres meses antes también se había decretado bloqueo naval a la isla de Cuba sin que mediara declaración de guerra alguna, y cuando finalmente se declaró esta, se hizo con efectos retroactivos al comienzo del bloqueo.[21]

    Las tropas de Estados Unidos rápidamente arribaron a Cuba. La Armada de los Estados Unidos destruyó dos flotas españolas, una en la Batalla de Cavite, en Filipinas, y otra en la Batalla naval de Santiago de Cuba cuando la flota española intentaba sin casi esperanza lograr alcanzar mar abierto. Sin embargo, los españoles solo habían logrado hundir un barco estadounidense en toda la guerra: el USS Merrimac.

    Inexplicablemente, algunas de las mejores unidades de la armada como el Acorazado Pelayo o el Crucero Carlos V no intervinieron en la guerra[30] a pesar de ser superiores a sus contrapartes estadounidenses, aumentado la sensación entre algunos de que se estaba asistiendo a una traicionera «demolición controlada» por parte del gobierno español de los territorios de ultramar.

    Archivo:San Juan Hill by Kurz and Allison.JPG
    Batalla de las Colinas de San Juan, 1 de julio de 1898.

    A pesar de su superioridad numérica las tropas de los EE. UU. se atascaron en la Batalla de las Colinas de San Juan, donde sufrieron más bajas que las tropas españolas debido, entre otros motivos, que estas tenían más experiencia y un fusil, el Mauser Modelo 1893, superior a los fusiles Springfield yankis. No obstante, al final Santiago de Cuba se rindió el 16 de julio. Algunas cifras estiman los fallecidos en la campaña, que culminó con la toma de Santiago, en alrededor de 600 por la parte española, 250 por la estadounidense y 100 por la cubana. A pesar de que la guerra fue ganada principalmente por el apoyo de los mambises, el general Shafter impidió la entrada victoriosa de los cubanos en Santiago de Cuba, bajo el pretexto de «posibles represalias».[21]

    El 25 de julio, el general Nelson A. Miles, con 3300 soldados, desembarcó en Guánica comenzando la ofensiva terrestre en Puerto Rico. Las tropas de EE. UU. encontraron resistencia a comienzos de la invasión. La primera escaramuza entre los estadounidenses y las tropas españolas y portorriqueñas tuvo lugar en Guánica, y la primera resistencia armada se produjo en Yauco, en lo que se conoce como el Combate de Yauco. Este encuentro fue seguido por los combates de Fajardo, Guayama, Coamo y por el del Asomante. Toda una serie de operaciones navales como el bloqueo de las costas de Cuba y el bombardeo de las fortificaciones españolas en San Juan de Puerto Rico, por el acorazado USS Iowa, el crucero acorazado USS New York y otros buques de guerra, el apoyo proveniente de los cañones de la armada estadounidense contra las costas y los desembarcos del ejército en Cuba y Puerto Rico llevaron al rápido final de la contienda. Estados Unidos nunca pudo apropiarse de Puerto Rico ni ocupar la isla, como terminó pasando tras la rendición de España en Filipinas y Cuba.[31]

    El 13 de agosto tuvo lugar la Batalla de Manila, la última de la guerra. Tropas estadounidenses capturan Manila (capital de Filipinas) en una batalla que en realidad fue pactada con los españoles para evitar que cayera en manos de los insurgentes filipinos, y poder así anexionarse el archipiélago, traicionando las promesas hechas previamente en Hong-Kong a Emilio Aguinaldo, a quien habían hecho crear que acudian en la ayuda de los independentistas filipinos de una manera desinteresada.

    Versión contradictoria del Ministro de Marina

    Los diarios de Ramón Auñón, ministro de Marina en 1898, ofrecieron una versión completamente diferente sobre cómo se desarrollaron aquellos acontecimientos históricos. Esta obra estuvo prohibida por el gobierno de la época, ya que apuntaba a una versión totalmente opuesta a la divulgada oficialmente, y que algunos historiadores no han dudado en calificar como "La traición del 98"[32].

    Durante 130 años los diarios permanecieron ocultos, hasta que fueron rescatados por un grupo de historiadores. En ellos se relata la confusión y el retraso en la salida de la escuadra española durante la Guerra-Hispanoamericana, incluyendo desobediencias fragrantes, oportunidades perdidas, y falta de acción que condujeron a la derrota en la Batalla de Santiago. También se expone la negativa del almirante Cervera a disponer de carbón en Martinica, así como la decisión de dirigirse a Santiago de Cuba, en lo que parece un esfuerzo deliberado de los mandos para asegurar la victoria estadounidense.

    Archivo:Cristobal-colon h63229.jpg
    El crucero acorazado español Cristóbal Colón fue enviado a la batalla sin su artillería principal, y destruido en la Batalla de Santiago el 3 de julio de 1898.

    Los diarios del Ministro de Marina de 1898 también revelan nuevos detalles sobre el comportamiento del Almirante Cámara y los acontecimientos de Filipinas, arrojando luz sobre las contradicciones de los relatos históricos y el impacto de la guerra[33].

    En una linea similar se exponen estas tesis en 1898 Crónica De una derrota Pactada, obra del historiador Federico Miguel Santaella Pascual, donde afirma que:

    "Si bien, a finales del siglo XIX, España era una potencia decadente; poseía un Ejército infinitamente superior al estadounidense, y una flota como mínimo equiparable a la norteamericana y tecnológicamente superior, como creo haber podido demostrar. España no perdió sus últimas posesiones en el Caribe y el Pacífico porque se hubiese de enfrentar a una fuerza militar superior. España perdió los últimos restos de su Imperio porque nuestros gobernantes habían pactado en secreto la entrega de los referidos territorios a la emergente potencia norteamericana, y para poder justificar esa vileza planificaron una parodia de guerra que, en ningún momento tenían intención de ganar, aun a costa del derramamiento de sangre española en las tierras de ultramar"[34]

    .

    Consecuencias

    Archivo:Sunken Reina Mercedes HD-SN-99-01947.JPEG
    El crucero español Reina Mercedes, hundido en la entrada de la bahía de Santiago de Cuba.
    Jules Cambon, embajador de Francia en Estados Unidos, firmando el Tratado de París.

    Tras conocerse el hundimiento de las dos flotas, el gobierno de Sagasta pidió la mediación de Francia para entablar negociaciones de paz con Estados Unidos que tras la firma del protocolo de Washington el 12 de agosto, comenzaron el 1 de octubre de 1898 y que culminaron con la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre.[35] «Calificada como absurda e inútil por gran parte de la historiografía, la guerra contra EE.UU. se sostuvo por una lógica interna, en la idea de que no era posible mantener el régimen monárquico si no era a partir de una derrota militar más que previsible», afirma Suárez Cortina.[36] Un punto de vista que es compartido por Carlos Dardé: «Una vez planteada la guerra, el gobierno español creyó que no tenía otra solución que luchar, y perder. Pensaron que la derrota —segura— era preferible a la revolución —también segura—». Conceder «la independencia a Cuba, sin ser derrotado militarmente… hubiera implicado en España, más que probablemente, un golpe de Estado militar con amplio apoyo popular, y la caída de la monarquía; es decir, la revolución».[37] Como dijo el jefe de la delegación española en las negociaciones de paz de París, el liberal Eugenio Montero Ríos: «Todo se ha perdido, menos la Monarquía». O como dijo el embajador norteamericano en Madrid: los políticos de los partidos dinásticos preferían «las probabilidades de una guerra, con la seguridad de perder Cuba, al destronamiento de la monarquía».[38] Hubo oficiales españoles en Cuba que manifestaron «el convencimiento de que el gobierno de Madrid tenía el deliberado propósito de que la escuadra fuera destruida lo antes posible, para llegar rápidamente a la paz».[35]

    Mediante los acuerdos de París del 10 de diciembre de 1898, se concuerda la futura independencia de Cuba, que se concretará en 1902, y España cede Filipinas, Puerto Rico y Guam.[39]

    • Art. 1°. España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impuso el derecho internacional (...)
    • Art 2°. España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones.
    • Art. 3°. España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las islas Filipinas (...).
    • Art. 5°. Los Estados Unidos (...) transportarán a España, a su costa, a los soldados españoles que hicieron prisioneros de guerra las fuerzas estadounidenses al ser capturada Manila.
    Tratado de París del 10-12-1898

    Tras un breve debate, la delegación estadounidense ofreció veinte millones de dólares el 21 de noviembre y exigió una respuesta en un plazo de 48 horas. Eugenio Montero Ríos se sintió insultado y dijo airadamente que él podría responder de inmediato, pero la delegación estadounidense abandonó la mesa de conferencias. Cuando las dos partes se reunieron de nuevo, la reina María Cristina había telegrafiado ya su aceptación de los términos. Montero Ríos recitó la respuesta oficial:

    El Gobierno de Su Majestad, movido por razones nobles de patriotismo y de humanidad, no asumirá la responsabilidad de volver a traer a España todos los horrores de la guerra. Para evitarlos, se resigna a la penosa tarea de someterse a la ley del vencedor, por dura que sea, y como España carece de los medios materiales para defender los derechos que cree que son suyos, se aceptan los únicos términos que los Estados Unidos le ofrecen para la conclusión del tratado de paz.[40]

    Las restantes posesiones españolas en Oceanía (islas Marianas, Carolinas y Palaos), incapaces de ser defendidas debido a su lejanía y la destrucción de buena parte de la flota española, fueron vendidas a Alemania en 1899 por 25 millones de pesetas, por el tratado germano-español.

    En España el resultado de la guerra se vivió como una tragedia, principalmente sentida entre la clase intelectual, lo que dará lugar al Regeneracionismo y a la Generación del 98. El desastre no tuvo nada de excepcional en el contexto de la época: ese mismo año los franceses habían tenido que retirarse vergonzosamente ante los británicos en el incidente de Fachoda, los portugueses también habían tenido que ceder ante ellos en 1890, los italianos fueron humillados por nativos en Abisinia en 1896, los griegos sufrieron una dura derrota ante los turcos, China era un Estado dominado por los extranjeros y los rusos fueron severamente derrotados por los japoneses en 1905, entre otros ejemplos.

    Al terminar la guerra surgió una polémica interna en los Estados Unidos al respecto del destino de los territorios recientemente invadidos. Hubo quien sostuvo el argumento de preparar a las naciones subdesarrolladas para la democracia y quienes defendían el principio de autodeterminación nacional que figura en la Declaración de Independencia estadounidense.

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    Filipinos muertos en la Guerra filipino-estadounidense (1899-1902) que surgió inmediatamente, cuando estos lucharon contra los estadounidenses, que se habían convertido en sus nuevos dueños. Murieron entre uno a tres millones de personas (la gran mayoría civiles) que representaban el 10%-20% de la población filipina de la época. Fue la primera guerra de liberación nacional del siglo XX, conocida como el Genocidio Filipino (en algunos lugares el ejército estadounidense recibió ordenes de no tomar prisioneros y asesinar a todos los mayores de diez años).[41]

    En Filipinas, los insurgentes que habían peleado contra el gobierno español, comenzaron a luchar contra las tropas de Estados Unidos en una guerra que se extendió durante varios años y provocó la muerte de entre el 10% - 20% de la poblacion civil filipina. Muchos intelectuales, como el filósofo William James, o el presidente de la Universidad Harvard, Charles Eliot, denunciaron estas acciones como una traición a los valores estadounidenses.[42]

    Pese a las críticas antiimperialistas, Estados Unidos comenzó a gravitar cada vez con más fuerza en toda el área del Caribe. El presidente Theodore Roosevelt propuso construir un canal interoceánico en Centroamérica, y en 1903 ofreció al gobierno colombiano comprar una franja de tierra de lo que hoy es Panamá.

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    El crucero protegido estadounidense 'USS Olympia', el único que se conserva en la actualidad de ese conflicto.

    Al mismo tiempo que Colombia rechazaba la oferta de Roosevelt, se desató una rebelión en el área designada para la ubicación del canal. Roosevelt apoyó la revuelta y rápidamente emancipación de Panamá frente a Colombia. Unos días después, el francés Philippe-Jean Bunau-Varilla, quien viajó a Washington como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la naciente República de Panamá, vendió a Estados Unidos la zona del canal. En 1914, el canal de Panamá se abrió al tráfico marítimo.

    Las tropas estadounidenses abandonaron Cuba en 1902, pero se exigió a la nueva nueva república que otorgara bases navales a Estados Unidos. Asimismo se prohibió a Cuba suscribir tratados que pudieran atraerla a la órbita de otra potencia extranjera. También se garantizó la capacidad de intervención de Estados Unidos en el nuevo estado a través de la Enmienda Platt, vigente hasta 1934. A Filipinas se le concedió un autogobierno limitado en 1907 e independencia absoluta en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial. En 1952 el Congreso de los Estados Unidos aprueba para el territorio no incorporado de Puerto Rico un gobierno propio limitado.

    Económicamente la guerra cambió el transcurso de la economía en España, ya que después de la guerra grandes cantidades de capital en poder de los españoles en Cuba y los Estados Unidos fueron devueltos a la península e invertidos en España. Este flujo masivo de capital (equivalente al 25% del producto interno bruto de un año) ayudó a desarrollar las grandes empresas modernas en España en las industrias del acero, química, financiera, mecánica, textil, astilleros, y energía eléctrica.[43] Sin embargo, las consecuencias políticas fueron serias. La derrota en la guerra comenzó el debilitamiento de la frágil estabilidad del régimen político conocido como «la Restauración» que había sido establecida anteriormente por el gobierno de Alfonso XII. No obstante este régimen aguantaría treinta años más, incluyendo la neutralidad en la Primera Guerra Mundial, hasta la proclamación de la Segunda República en 1931. De hecho, la pérdida de los últimos territorios de ultramar en América y en Oceanía fue un factor que ayudó a España a mantener la neutralidad en las dos guerras mundiales del siguiente siglo.

    Pocos años después de la guerra, durante el reinado de Alfonso XIII, España mejoró su posición comercial y mantuvo estrechas relaciones con Estados Unidos, lo que provocó la firma de tratados comerciales entre ambos países en 1902, 1906 y 1910. España giraría su punto de atención hacia sus posesiones en África (especialmente el norte de Marruecos) y se empezaría a rehabilitar internacionalmente tras la Conferencia de Algeciras de 1906.[44]

    En el arte

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    Avante España, Nuevo Mundo, 20.4.1898, portada por Mariano Pedrero.

    La novela El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, relata la estancia de un estudiante universitario de medicina en Madrid durante la Guerra hispano-estadounidense.

    Véase también

    Referencias

    1. Estados Unidos estaba informalmente aliado con las fuerzas filipinas encabezadas por Emilio Aguinaldo desde que este había regresado a Manila el 19 de mayo de 1898 hasta que estas fuerzas fueron absorbidas en un gobierno proclamado el 24 de mayo del mismo año y continuaron informalmente aliados hasta el fin de la guerra.
    2. Guevara, Sulpico, ed. (2005), «Philippine Declaration of Independence», The laws of the first Philippine Republic (the laws of Malolos) 1898–1899, Ann Arbor, Michigan: University of Michigan Library (publicado el 1972), consultado el 26 de marzo de 2008. .
    3. Guevara, Sulpico, ed. (2005), «Facsimile of the Proclamation of the Philippine Independence at Kawit, Cavite, June 12, 1898», The laws of the first Philippine Republic (the laws of Malolos) 1898–1899, Ann Arbor, Michigan: University of Michigan Library (publicado el 1972), consultado el 26 de marzo de 2008. .
    4. Dyal, 1996: 22.
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    6. 6,0 6,1 Tucker, 2009, p. 105.
    7. 7,0 7,1 7,2 7,3 Keenan, 2001, p. 69.
    8. 8,0 8,1 8,2 8,3 Clodfelter, 2017, p. 254.
    9. 9,0 9,1 9,2 9,3 Keenan, 2001, p. 70.
    10. ver Crisis_de_las_Carolinas#La_reacción
    11. Thomas B. Alexander, «Persistent Whiggery in the Confederate South, 1860–1877», Journal of Southern History (1961), 27#3, pp. 305–329 JSTOR 2205211 .
    12. De la Granja, Beramendi y Anguera, 2001, p. 51. «El regeneracionismo no fue ni una teoría política sistemática ni una ideología coherente, sino un conjunto de actitudes e ideas, a veces contradictorias entre sí, que impregnaron en las décadas siguientes los análisis y los programas propiamente políticos».
    13. Shaw, Donald L.; Hierro, Carmen (1 de enero de 1977). La generación del 98. ISBN 8437601150. Consultado el 8 de enero de 2017. 
    14. George C. Herring, From Colony to Superpower: US Foreign relations since 1777 (2008) ch. 8
    15. «Los fallidos intentos de EEUU por comprar Cuba». mundo.sputniknews.com. Consultado el 14 de julio de 2020. 
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    18. Tena Junguito, Antonio, «¿Por qué fue España un país con alta protección industrial? Evidencias desde la protección efectiva 1870-1930». Universidad Carlos III, Documento de Trabajo 02-03, 2001.
    19. Prat, M., «La exportación de la industria algodonera catalana en el primer tercio del siglo XX. La importancia de las redes comerciales». X Simposio de Historia Económica, Universidad de Santiago de Compostela, 2005.
    20. Izard, M. (1974): «Comercio libre, guerras coloniales y mercado americano», en J. Nadal y G. Tortella (eds.), Agricultura, comercio colonial y crecimiento económico en la España contemporánea, Barcelona 1974, Ariel, pp. 295-321.
    21. 21,0 21,1 21,2 21,3 *Bosch, Juan (1983). De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. 
    22. Guillermo G. Calleja, «La voladura del Maine», Historia 16, p. 12.
    23. Guillermo G. Calleja, «La voladura del Maine», Historia 16, p. 18. El secretario de Marina, John Long, denegó el permiso debido a que era contrario a la creación de una comisión investigadora española.
    24. 24,0 24,1 Redacción (15 de febrero de 2017). «119 años de la explosión del Maine en el puerto de La Habana». Telesur. 
    25. 25,0 25,1 Valera, D. (9 de diciembre de 2012). «La explosión del 'Maine', ¿accidente o conspiración?». La Verdad. 
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    29. Crompton, Samuel Willard (2008). The Sinking of the USS Maine: Declaring War Against Spain (en inglés). Infobase Publishing. ISBN 978-1604130492. 
    30. El «Pelayo», el acorazado español que aterrorizó a los Estados Unidos, ABC (23/11/2011) Archivado el 28 de enero de 2016 en Wayback Machine.
    31. Breve relato de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico, 5 de diciembre de 2008.
    32. 1898. Un hito en la gran traición Cesáreo Jarabo Jordán, Héroes de Cavite
    33. Manuscrito inédito y proscrito por Ramon Auñón, ministro de Marina
    34. 1898 Crónica De una derrota Pactada Federico Miguel Santaella Pascual, isbn=8412305655
    35. 35,0 35,1 Dardé, 1996, p. 121.
    36. Suárez Cortina, 2006, p. 145-146. «La supervivencia del régimen monárquico… llevó a liberales y a conservadores a optar por la derrota como garantía de que de ese modo era posible salvaguardar la Corona. […] La lógica de la guerra estuvo, pues, sometida a un cometido básico: preservar la integridad del patrimonio heredado y salvaguardar el trono del rey-niño».
    37. Dardé, 1996, p. 116.
    38. Suárez Cortina, 2006, p. 146-147.
    39. «Mapa militar, isla de Puerto Rico». World Digital Library. 1898. Consultado el 22 de octubre de 2013. 
    40. Op. cit.Wolff, 2006, p. 172
    41. Miller, Stuart Creighton (1984). Benevolent Assimilation: The American Conquest of the Philippines, 1899-1903 (en inglés). Yale University Press. ISBN 978-0300030815. 
    42. Weishan, Michael. ««The End of a Dream»: Harvard, Imperialism, and the Spanish American War (Fall 2018)». The Franklin Delano Roosevelt Foundation (en inglés). Archivado desde el original el 2 de marzo de 2018. Consultado el 1 de marzo de 2018. 
    43. Albert Carreras y Xavier Tafunell:Historia Económica de la España contemporánea, p. 200-208 ISBN 84-8432-502-4.
    44. Antonio Ñíguez Bernal Las relaciones políticas, económicas y culturales entre España y los Estados Unidos en los siglos XIX y XX Pág 94

    Bibliografía

    Enlaces externos