Ibn Yahhaf

De Hispanopedia

Ibn Yahhaf (?, p. ṭ. s. XI – Valencia, 1095) fue cadí de la Taifa de Valencia a finales del siglo XI. Alfaquí de gran presṭigio y renombre, perṭenecía a una familia de la ṭribu de Ma ‘ā fir según las fuenṭes árabes, y desṭacó como maestro ṭanṭo de la escuela malikí en derecho como de literatura y ciencias de la lengua.

Cadí de la Taifa de Valencia

Tras alzarse con el poder en Valencia, el 28 de octubre de 1092 Ibn Yahhaf mandó asesinar al emir, se apoderó de la mayor parte de las riquezas del difunto, y admitió en la ciudad un pequeño contingente almorávide.

El 1 de noviembre de ese mismo año el Cid Campeador comenzó la guerra contra la ciudad. El ataque del Cid causó una división entre los valencianos: a la facción encabezada por Ibn Yahhaf, que sólo deseaba conservar el poder, se opusieron los partidarios del anterior monarca, Al-Qadir, que estaban conformes con el régimen de parias con tal de conservar sus patrimonios y un grupo, encabezado por el linaje de los Banu Wayib, que veían como única salvación la toma de la ciudad por los almorávides.

Ante esta situación Ibn Yahhaf accedió a retirar la guarnición almorávide de la ciudad, lo que le valió el reconocimiento de su soberanía por parte del Cid en julio de 1093. Pero en el otoño de 1093 la facción de los Banu Wayib cobró fuerza e Ibn Yahhaf se vio obligado a entregarles el gobierno de la ciudad. La llegada de los almorávides en noviembre de aquel año no bastó para conseguir que el Cid levantase el cerco a Valencia, ya que los magrebíes, con el pretexto de la falta de víveres, se habían retirado sin prestar auxilio a la ciudad.

Los habitantes de Valencia, tras el fracaso de la facción pro-almorávide, volvieron a entregar el poder a Ibn Yahhaf para que éste pactara de nuevo con el Cid. Las negociaciones entre ambos tuvieron lugar en enero de 1094 y el resultado fue que Ibn Yahhaf se negó a aceptar las condiciones impuestas por el Campeador, y pidió ayuda a al-Mustasin de Zaragoza, pero éste estaba ocupado en su intento de frenar el expansionismo aragonés de Sancho Ramírez y no acudió en socorro de su correligionario.

Tras un largo y penoso asedio, el Cid entró en Valencia el jueves 15 de junio de 1094 e Ibn Yahhaf capituló, lo que dio lugar al fin de la taifa valenciana.

La muerte de Ibn Yahhaf según las crónicas musulmanas

Me contó una persona que le vio en este sitio, que se cavó en tierra un hoyo y se le metió (hasta la cintura para que pudiese) elevar sus manos al cielo, que se encendió la hoguera a su alrededor, y que él se aproximaba los tizones que le rodeaban, con el fin de acelerar el suplicio. ¡Quiera Dios escribir este sufrimiento en la hoja de sus buenas acciones, y olvide por ella sus anteriores pecados, y nos libre de semejantes males por él merecidos, y nos impulse hacia lo que se aproxima su gracia! También pensó (Rodrigo), al que Dios maldiga, en quemar a su mujer y a sus hijos; pero le habló por ellos uno de sus parciales, y después de algunas dificultades, no desoyó su consejo de las manos de su fatal destino.

Ibn Bassam

Cuando el Campeador -¡Dios lo maldiga!- se hizo dueño de Valencia, comenzó a manifestar su tiranía, encarcelando al cadí de la ciudad así como a los miembros de su familia y a sus parientes, y, todos en sus calabozos, fueron sometidos a tortura. Lo que les pedía era que le entregaran las riquezas de al-Qadir ibn Di-l-Nun, y no cesó de irles sacando cuanto poseían, hasta que no les dejó nada de sus bienes ni de sus fortunas. Una vez que no les quedó nada, ni patente no oculto, mandó encender una hoguera. El cadí Ibn Yahhaf, que sufría en sus cadenas, fue hecho comparecer, rodeado de su familia y de sus hijos, en presencia de una multitud de musulmanes y cristianos, que se había congregado al efecto. El Campeador preguntó a un grupo de musulmanes:”¿Cuál es el castigo que, conforme a vuestras leyes, debe darse a quien mata a su príncipe?”. Como nadie contestara añadió: “Entre nosotros, la ley dice que su castigo ha de ser quemarlo vivo”. Y dio orden de que se acercara a Ibn Yahhaf y a los suyos a la hoguera, cuyas llamas, a pesar de la considerable distancia, calentaban sus rostros. Un rumor se esparció entre musulmanes y cristianos, que suplicaron todos al Campeador que perdonara a los niños y a las mujeres, que no tenían culpa ni sabían nada de aquel asunto. No sin tiempo ni esfuerzo accedió el Campeador a sus súplicas de sus súbditos, y amnistió a las mujeres y a los niños. En cuanto al cadí, cavaron un hoyo en el que lo metieron hasta medio cuerpo, allanando la tierra alrededor, y luego le rodearon de tizones encendidos. Cuando el fuego le llegó a abrasar el rostro, exclamó:”¡En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso!”. Y comenzó a arrimar él mismo los leños ardiendo a su cuerpo, hasta que quedó carbonizado.

Ibn Idari: al-Bayan al-Mugrib

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