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La culpa fue del marido
| La culpa fue del marido | ||
|---|---|---|
| de José del Río del Val y Rafael Martínez Pérez | ||
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| Género | Sainete dramático | |
| Subgénero | Teatro en tres actos y en prosa | |
| Editorial | Sociedad de Autores Españoles | |
| Ciudad | Madrid | |
| Fecha de publicación | 1925 | |
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La culpa fue del marido, es un sainete dramático de ambiente madrileño en tres actos y en prosa escrito por José del Río del Val y Rafael Martínez Pérez, que pertenece al Tomo I de la colección de obras teatrales de ambos autores.[1]
La obra retrata la vida de las clases populares madrileñas de los años 1920, con un lenguaje lleno de modismos y giros castizos («¡anda su madre!», «¡miá!», «soguilla», «gorri», «morapio»). Combina el sainete tradicional (con personajes como la portera chismosa, el bebedor político, el cajista enamorado, la chulapona) con un drama de honor y maltrato que anticipa los «sainetes de ambiente madrileño» de tono más sombrío.[2]
La crítica social se dirige contra el machismo (representado por Andrés que pega y explota a su esposa), la corrupción política (el «Partío de Avance» como parodia de la demagogia), la especulación de los traperos y la precariedad del trabajo. La figura de Pinocho, el trabajador honrado que se refugia en la bebida al perder su ilusión, es uno de los personajes más logrados.[3]
Fue publicado en Madrid por la Sociedad de Autores Españoles e impresa por la imprenta L. Rubio de Madrid en 1925.
Argumento
La obra es un sainete dramático de ambiente madrileño ambientado en el patio de una casa de vecinos. La escena representa el patio típico, con columnas de madera que sujetan un corredor en el primer piso, donde se abren varias puertas numeradas. En el corredor hay cuerdas para tender la ropa, con prendas viejas pero limpias. En la planta baja se encuentran la portería, la entrada a la calle y una cocina. Hay también una tina para lavar ropa y una jaula con un pájaro.
Al levantarse el telón, están en escena la señá Petra, portera y madre de Leonor, que remienda ropa vieja, y la señá Eduvigis, que tiende ropa frente a su cuarto (el número 7). Desde dentro del cuarto de Eduvigis, su marido comienza a cantar una copla —«No llores, madre, a tu hija, porque Dios se la llevó... ¡Un hombre la deshonró y la abandonó en seguía!»— que resonará irónicamente a lo largo de toda la obra. La conversación entre Petra y Eduvigis revela la dureza de la vida y las habladurías del vecindario. Eduvigis sugiere con malicia que la hija de Petra, Leonor, tiene relaciones con un tal Andrés, a lo que Petra responde contrariada.
Entra entonces en escena el señor Eleuterio, un mozo de cuerda algo bebido y marido de la señá Mónica. Eleuterio presume de su oficio y relata cómo se ha peleado con la portera de una casa porque no le dejaba meter un baúl en el ascensor. Como paga recibió dos pesetas, que liquidó «en blanco» en una taberna. Eleuterio alardea de ser miembro del «Partío de Avance», una parodia de las organizaciones políticas y sindicales que, en realidad, es una excusa para reunirse a beber. Explica con sorna cómo toman un «bote» (vaso de vino) y luego discuten proclamas absurdas como «mueran los burgueses» y acto seguido «mueran los trabajadores». Llega la señá Mónica con su hija María Luisa. Mónica se muestra orgullosa de que su marido sea «presidente del partío de la tajá», mientras Eleuterio defiende con su verborrea incoherente sus ideas «avanzadas». Finalmente, Mónica y María Luisa empujan a Eleuterio escaleras arriba.
Entra en escena Pinocho, un joven cajista de imprenta de veinticinco años, recogido por la señá Petra y su esposo desde niño. Pinocho se muestra preocupado por el desempleo («el oficio no está bueno») y, sobre todo, por Leonor, la hija de Petra. Confiesa a la señá Petra que Leonor ya no le dirige la palabra y que la nota «algo raro, avergonzada, como si algo malo se temiera». Petra teme lo peor y prefiere no saber la verdad. Deciden que Pinocho hable con Leonor.
Leonor entra en escena. Es una chica lindísima de veinte años, pero se muestra distante y esquiva. Pinocho le recuerda su infancia: cómo ella le puso el mote de Pinocho, cómo él aprendió el oficio de impresor para poder mantenerla, cómo componía su nombre en letras de imprenta y se sentía orgulloso. Pinocho confiesa que siempre la ha querido «como no se puede querer a una hermana». Leonor le responde que ella le ha tenido por hermano, pero Pinocho rechaza esa idea y denuncia la indiferencia de Leonor, que él cree debida a su relación con Andrés. Leonor, entre lágrimas, confiesa que está embarazada de Andrés y que, aunque sabe que él es malo, no puede vivir sin él.
Llegan el padre de Leonor, el señor Paco, un hombre débil y bebedor, junto con Andrés. Andrés pide la mano de Leonor pero deja claro que no piensa trabajar; pretende que sea Leonor quien lo mantenga, insinuando incluso que se dedique al cuplé. La señá Petra, indignada, los echa de casa. Sin embargo, Leonor, vencida por su dependencia afectiva, corre detrás de Andrés, abandonando a su madre, que cae desmayada. La señá Petra muere poco después de disgusto.
El segundo acto transcurre en la taberna «Malacatí», en la calle de la Ruda, punto de encuentro de traperos, vendedores ambulantes y parroquianos de diversa condición. Pinocho, destruido por la pérdida de Leonor, se ha refugiado en la bebida y pasa las horas en la taberna. Aparece Leonor, herida en la frente: Andrés le ha pegado porque no quiso comprar con un billete falso. Explica que él ha metido a su hijo en un asilo, que la obliga a trabajar de tanguista para mantenerlo y que vive rodeado de ladrones. El señor Julián, dueño de la taberna, la acoge, pero cuando llega Andrés reclamando «sus derechos», un comisario le recuerda a Leonor: «Es tu marido y es el que manda». Leonor vuelve con él.
En el tercer acto, ya en el café, Pinocho rompe su promesa de no entrar y se enfrenta a Leonor. Andrés había acabado en prisión, pero acababa de haber sido puesto en libertad, y ya está alardeando de que el café es suyo. Andrés irrumpe, exige dinero y amenaza con llevarse al hijo de Leonor, amparado por el Código. Al negarse ella, Andrés saca una navaja, y en la pelea que sigue, Leonor, acorralada, consigue arrebatarle la navaja y lo mata. Pinocho, al presenciar la escena, se adelanta, le quita el arma ensangrentada de la mano y asume la culpa ante todos: «Me defendí, y con su misma navaja le he dado una puñalada y lo he matao». Sabe que irá a la cárcel, pero lo hace por amor, para que Leonor sea libre y pueda criar a su hijo.
Zacarías comenta dando la mano a Pinocho: «¡Qué corazón de este chico! ¡Tas portado como un hombre!». Leonor, al comprender el sacrificio, solo atina a preguntarle: «¿Y vas a ir a presidio por mí?». Y Pinocho responde: «Y si fueras tú, ¿pa qué quería yo la libertá?».
Obra teatral
La obra teatral del mismo nombre fue estrenada en el Teatro Pavón de la misma ciudad, durante la noche del 25 de junio de 1925 por la Compañía Dramática de Manrique Gil, con buena acogida de público, aunque con críticas teatrales de diversa índole. El Teatro Pavón, inaugurado dos meses antes, en abril de 1925, se convirtió rápidamente en uno de los principales espacios del teatro popular madrileño, acogiendo sainetes, revistas y comedias de éxito comercial.[4]
Entre el reparto de la obra teatral se encontraban A. Cantos como Leonor, A. Sánchez Ramírez como Petra, María del Carmen Gil como Felisa, Rafael Gallegos como Andrés, Pedro Abad como Pinocho, y el propio Manrique Gil como Eleuterio.
Referencias
- ↑ Del Río del Val, José; Martínez Pérez, Rafael. La culpa fue del marido. Madrid: Sociedad de Autores Españoles, 1925.
- ↑ Huerta Calvo, Javier. Historia del teatro español. Siglo XX. Madrid: Gredos, 2003.
- ↑ Oliva, César; Torres Monreal, Francisco. Historia básica del arte escénico. Madrid: Cátedra, 2004.
- ↑ Historia del Teatro Pavón, Madrid, 1925.
Enlaces externos
- La culpa fue del marido Obra digitalizada en Internet Archive.