Masacre de Manila

De Hispanopedia
Masacre de Manila

Vista aérea de Manila en 1945
Lugar Bandera de Filipinas Manila, Filipinas
Blanco(s) Población civil de Manila
Fecha Febrero de 1945 (CET (UTC+8))
Tipo de ataque Asesinato masivo
Arma(s) Armas de fuego, bombas
Muertos Mínimo 100,000 personas
Heridos Número desconocido
Perpetrador(es)

Armada Imperial Japonesa

Motivación Derrota japonesa en la Batalla de Manila
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La Masacre de Manila hace referencia a las atrocidades cometidas en la ciudad de Manila en febrero de 1945 contra civiles filipinos por tropas japonesas en retirada finalizando la Segunda Guerra Mundial. Diversas fuentes cifran el número de víctimas en al menos 100.000 personas.[1]

Se trata de uno de los mayores crímenes de guerra cometidos por el Ejército Imperial Japonés desde la invasión de Manchuria en 1931 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Contexto histórico

En febrero de 1945, quizá tomando como modelo el ejemplo de Stalingrado, unidades japonesas, en especial marineros, bajo el mando del Contraalmirante Sanji Iwabuchi fortificaron la parte sur de la ciudad, superpoblada, y decidieron atrincherarse ante la llegada de tres divisiones norteamericanas.

Los soldados y marinos japoneses atacaron a los refugiados filipinos que, desde el sur del río Pásig, huían sin control ante la inminencia de la batalla y que se colocaban además a tiro de la artillería aliada. Esta, sin ahorrar potencia de fuego, utilizando artillería y aviación para abrirse paso, arrojaría cerca de dieciséis mil bombas, produciendo así numerosas víctimas civiles.

Los japoneses luchaban en primera línea desde cada casa o incluso desde las alcantarillas, de donde eran sacados con lanzallamas o granadas. Los norteamericanos iban paso a paso, liberando edificio a edificio. Atrás, en algunas zonas de la ciudad, en cierto momento los japoneses perdieron la cabeza al dirigir atrozmente sus ataques contra los propios civiles. Hacia el final un grupo de japoneses tomó a tres mil rehenes, los condujo a un lugar apartado y asesinó a un tercio de ellos. La batalla duró cerca de un mes, hasta que MacArthur entró en la ciudad el 27 de febrero.

La batalla

La batalla comenzó con un ataque sorpresa norteamericano por el norte para liberar a los detenidos en el campo de internamiento de la Universidad de Santo Tomás. Fue un éxito que condujo a Douglas MacArthur a anunciar la liberación de Manila; incluso llegó a pensar en hacer una marcha victoriosa por la ciudad. Finalmente, esta marcha no llegó a realizarse, para fortuna de MacArthur, ya que las masacres del resto de la ciudad automáticamente habrían relacionado su nombre con un innecesario derramamiento de sangre.

Tras haber tomado el barrio de España, los norteamericanos se ralentizaron por la creciente resistencia nipona, aumentada por un caos cada vez mayor. La violencia y las matanzas comenzaron por los prisioneros políticos en Fuerte Santiago el mismo día de la liberación; además, siguió con asesinatos indiscriminados a lo largo del mes entero que tardó la ciudad en liberarse de los soldados japoneses. La tan ansiada noticia de la liberación llegó el día 3 de marzo, un mes después del primero de los ataques, pero el final de la guerra tardó un tiempo en llegar.

Manila se convirtió en la segunda ciudad más bombardeada de esos años, detrás de Varsovia, y la liberación fue mucho más amarga de lo que nadie se esperaba, ya que los daños a la población civil fueron inconmensurables. En este fragmento de historia se cuenta con la importante declaración de un hombre que lo vivió en primera persona. El padre Juan Labrador, director del colegio San Juan Letrán, comentó que: "Se temían actos de barbarie, pero no matanzas al por mayor".

La colonia española

La colonia española resultó especialmente afectada por la batalla, debido a que gran parte de ella residía en la zona más afectada por las muertes, Malate, pero también porque muy pocos habían dejado la ciudad. Las razones de ello fueron el miedo a los saqueos, a una posible retirada nipona, y a la dificultad para viajar a casas de familiares en otras provincias.

Una razón adicional va ligada a la política, ya que algunos españoles, alemanes e italianos pensaron que serían respetados debido a las relaciones de Japón con su país, pero en febrero del año 1945, cuando ya no había futuro para los japoneses, ya no respetaban ni las alianzas ni los lazos de amistad. Sus víctimas fueron tanto filipinos, como chinos, alemanes, suizos, o españoles. El Club Alemán sufrió la mayor masacre de toda la batalla, porque en los aproximadamente 4000 metros cuadrados de un edificio de dos plantas, donde se calcula que estaban concentradas unas 800 personas, sólo sobrevivieron cinco.

Intramuros, último cobijo japonés ante el avance americano, fue el escenario de numerosas muertes que incluyeron a misioneros, ya que allí estaban los conventos-madre de las órdenes religiosas. Al poco de comenzar el acoso contra el recinto amurallado, un centenar de religiosos españoles y filipinos refugiados en la antigua Universidad de Santo Tomás (que habían salvado la vida días antes, tras ser devueltos vivos de su estancia en la prisión de Fuerte Santiago), recibieron nuevas órdenes para salir. Fueron conminados a abandonar el recinto en dos filas y después obligados a entrar los que cabían en dos refugios antibombas junto al antiguo palacio del Gobernador, uno casi exclusivo para los misioneros, mientras que el resto siguieron andando. Todos sufrieron el mismo destino tras ser encerrados e impedidos sus movimientos; en el caso de los enclaustrados en el refugio, les ametrallaron y les arrojaron granadas de mano por los tubos de la ventilación y los demás, tras ser atados de manos, fueron ametrallados. Tan sólo salió un misionero vivo de todo el grupo, el palentino Bernardino de Celis.

También los que se refugiaron en el consulado de España fueron cruelmente atacados. El edificio había acogido a un buen número de familias filipinas y españolas que confiaban en que las banderas del Eje les garantizarían protección. Sin embargo, el grupo de soldados que protagonizaba la masacre debió verse más atraído por tal concentración de gente a la que matar que por tales banderas. El primer asesinado fue el vigilante falangista Ricardo García Buch. Después asaltaron el edificio y lo quemaron. En el incendio murieron las 50 personas que allí se refugiaban, salvándose solo la niña Anna María Aguilella de seis años, que se hizo pasar por muerta entre los cadáveres de su familia. El periodista Ramón Vilaró dirigió un documental sobre ella titulado De aliados a masacrados, donde relataba: "Cuando entraron los soldados los japoneses [al Consulado de España], hicieron que nos pusiéramos todos en fila india, y uno a uno nos fueron clavando las bayonetas a todos. Sobreviví porque me hice la muerta; yo en realidad he vivido dos vidas, porque ese día volví a nacer. Aquello fue terrible". Tras la Guerra el gobierno franquista repatrió a los sobrevivientes, y a Anna María se la trató como una heroína.

Del total de 50.000 filipinos civiles fallecidos, un buen número eran súbditos españoles, así como filipinos hispanos, tal y como indica la gran cantidad de relatos escritos en castellano por los supervivientes.

Reacciones

En pocos días las atrocidades cometidas por las tropas japonesas llegaron a la opinión pública a través de los medios de comunicación, que expresaron la gravedad de la situación de Filipinas, tanto en sus páginas como a través del NO-DO.

Un conmocionado Franco quiso declarar la guerra a Japón, pero los Aliados se opusieron a ello. En este contexto, tiene lugar la visita del embajador Armour a José Félix de Lequerica, nombrado entonces embajador español en Washington, en la que en una cena privada le indicó claramente el rechazo de su gobierno a que España entrase en la guerra, ya que eso hubiera implicado un posible despliegue de tropas españolas en el archipiélago, y aunque la decisión española de endurecer la postura hacia Japón ya estaba tomada, todo quedó en una ruptura de relaciones diplomáticas.

Referencias

  1. Bloodiest Battles of the 20th Century (Las batallas más sangrientas del siglo XX) Gilbert, History of the Twentieth Century: 100,000 Filipinos k.; William Manchester, American Caesar (1978): "nearly 100,000 Filipinos were murdered by the Japanese"; PBS: "100,000 of its citizens died."; World War II Database: 100,000.

Bibliografía

  • «Franco y el imperio japonés.Imágenes y propaganda en tiempos de guerra». Florentino Rodao García. Editorial Plaza y Janés. Barcelona 2002. 669 pp.

ISBN 84.01.53054.7

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