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Pedro de Osma y de Xaray Zejo
Pedro de Osma y de Xaray Zejo fue un soldado español destinado en el Perú durante el siglo XVI, quien escribió al médico español Nicolás Monardes, explicándole diversos métodos medicinales usados en America por los indígenas, como quedó relatado en la "Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales".
Pedro de Osma escribió a Monardes diciéndole que, habiendo leído su tratado sobre el bezoar, emprendió su búsqueda entre los animales de la zona peruana. Allí descubrió el denominado bezoar occidental que para Monardes era más efectivo que el oriental. Podían tomarse pulverizados y mezclados con vino.
En su carta escribe que:
"Contraveneno y todo género de ponzoña. Y es cosa de considerar, que en todas las partes de las Indias, no se han hallado estos animales, sino es en las sierras y montañas de este Reino del Perú, porque yo he andado en todos los Reinos de México, y por todas las provincias y Reinos del Perú, y por las provincias e Islas del Marañón, y por la Florida, y por muchas partes de estas Indias Occidentales, y nunca he visto estos animales, sino en estas sierras del Perú. Señor, lo que yo he podido con toda la diligencia del mundo alcanzar y saber de indios amigos, de estas piedras que se sacan de estos animales es, que son maravillosas contra todo veneno, y contra todo género de ponzoña, comidas o en otra cualquier manera. Y en males de corazón. Y en expeler y matar lombrices. En heridas (en)venenadas, hechas con hierba mortal, de que usan los Caribes, es el polvo de esta piedra echado en ellas, gran remedio. Y así dicen los indios, que esta piedra es contra hierba, de la hierba mortal que ellos mismos usan para matarse unos a otros, y para matarnos a nosotros que hartos de nuestros españoles han muerto de ella, rabiado(s), y con grandes accidentes, sin hallar ni saber ningún remedio, verdad es que Solimán han hallado algunos remedios, poniéndolo en la herida, pero si es fresca la hierba y recién puesta, aprovecha poco y mueren sin remedio."
Los tricobezoares parece ser que eran antídotos y actuaban como esponjas para absorber sustancias tóxicas que se habían ingerido. Pero también los bezoares de pequeño tamaño se engarzaban enjoyas y se llevaban, dentro de cajas de oro y plata, como amuletos que inmunizaban contra malas influencias y envenenamientos.
Felipe II tenía en su poder bezoares, todos occidentales menos uno oriental, y Carlos II hizo acopio de estas piedras. En la mesa real de la corte de España se ubicaba un bezoar para evitar los posibles envenenamientos de la comida. En 1700 se documentaron en el Real Alcázar de Madrid, abundan-tes bezoares, sueltos o metidos en redecillas de plata, integradas en una Wunderkammem. En la actualidad, en la Real Farmacia del Palacio Real de Madrid se conservan bezoares y polvo de bezoar oriental preparado para ser disuelto en líquidos.