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Ramón Berenguer IV de Barcelona
| Ramón Berenguer IV de Barcelona | ||
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| Conde de Barcelona, Gerona, Osona, Cerdaña, y Príncipe de Aragón | ||
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Archivo:Ramón Berenguer IV.jpg Estatua de Ramón Berenguer IV en el Retiro de Madrid, España | ||
| Conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña | ||
| 1130/1131[1]-7 de agosto de 1162 | ||
| Predecesor | Ramón Berenguer III | |
| Sucesor | Alfonso II (Alfonso I como conde de Barcelona) | |
| Príncipe de Aragón | ||
| 13 de noviembre de 1137-7 de agosto de 1162 | ||
| Predecesor | Ramiro II, rey de Aragón | |
| Sucesor | Alfonso II, rey de Aragón | |
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1113 o 1114 ¿Barcelona? | |
| Fallecimiento |
7 de agosto de 1162 Borgo San Dalmazzo, Piamonte | |
| Sepultura | Monasterio de Santa María de Ripoll | |
| Familia | ||
| Dinastía | Casa de Barcelona | |
| Padre | Ramón Berenguer III de Barcelona | |
| Madre | Dulce de Provenza | |
| Consorte | Petronila de Aragón | |
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| Firma | Firma de Ramón Berenguer IV de Barcelona | |
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Archivo:Arms of Ramon Berenguer IV of Barcelona (Golden escarbuncle variant).svg Escudo de Ramón Berenguer IV de Barcelona
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Ramón Berenguer IV, conocido como el Santo[lower-alpha 1] (¿Barcelona?, 1113 o 1114-Borgo San Dalmazzo, 6 de agosto de 1162),[2][3] fue Conde de Barcelona, Gerona, Osona, Cerdaña, y Príncipe de Aragón.
Biografía
Orígenes familiares
Era hijo del Conde de Barcelona Ramón Berenguer III, llamado «el Gran», y de la Condesa Dulce de Provenza, y nieto por línea paterna de Ramón Berenguer II y de Mafalda de Apulia-Calabria.
En 1131 —o en 1130 según Josep-David Garrido Valls—[1] muere su padre Ramón Berenguer III —su última voluntad fue ingresar en la Orden del Templo de Salomón a la que cedió el castillo de Grañena y murió vistiendo el hábito de la orden—[4] y con diecisiete años recibe el Condado de Barcelona, mientras que su hermano Berenguer Ramón le sucede en el Condado de Provenza.[5] Durante estos primeros años uno de sus consejeros, que ya lo había sido de su padre,[6] fue el obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona Oleguer, que destacaba por sus virtudes (sería canonizado) y por sus dotes políticas.[7]
El primer acto de gobierno del joven conde del que se tiene constancia documental —lleva fecha del 21 de abril de 1131— fue con motivo de un incidente protagonizado por el veguer de la ciudad de Barcelona Berenguer Ramón de Castellet. Este pretendió apropiarse de un esclavo musulmán de las galeras y Ramón Berenguer IV se lo negó. El asunto acabó en un pleito ante un tribunal presidido por Oleguer, obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona. Finalmente se debió de resolver por un acuerdo entre las partes porque el veguer no fue destituido.[8]
Otro de sus primeros actos de gobierno fue la donación en enero de 1333 del castillo de Barberà de la Conca a los templarios, confirmando así la política iniciada por su padre Ramón Berenguer III de extender la orden del Temple por las tierras fronterizas catalanas. Uno de los testigos que aparece en el documento es Deudat de Tamarit, a quien en julio de 1335 Ramón Berenguer le encarga el cobro de las parias «de España» (que es el nombre que se suele dar en la documentación condal a Al-Ándalus) y a quien el conde le promete dotarlo de la suficiente tierra «ad partes Valencie» ('a las partes de Valencia') cuando sea conquistada, para que pueda mantener a cincuenta caballeros, además de concederle la décima parte de todo el dinero que recaude del gobernador almorávide de Balansiya (Valencia), quien desde la conquista de Zaragoza en 1118 por el rey de Aragón Alfonso I de Aragón gobernaba la Marca Superior andalusí, que incluía Tortosa y Lérida, también ambicionadas por «el Batallador» —de hecho, el pago de la paria era a cambio de la protección del conde de Barcelona frente al rey aragonés—.[9] El pacto y la reacción de Alfonso el Batallador lo recoge la crónica árabe Nazm al-juman de Ibn al-Qattan:[10]
Cuando el hijo de Ramiro [Alfonso I de Aragón] se apoderó de la Frontera Superior, al ver a al-Barxiluni [el barcelonés: Ramon Berenguer IV], que ocupaba una posición semejante en aquella marca, quiso conquistar Lérida, Fraga y otros lugares. Lo vieron los almorávides [a Ramon Berenguer IV] y, temerosos de ser atacados por él, hicieron las paces por doce mil dinares, que le entregarían cada año a cambio de la seguridad de la frontera vecina a él, con lo que se liberaban de tener dos guerras al mismo tiempo. Hicieron este pacto por mandato de [el emir almorávide] Alí ibn Yúsuf. Este acuerdo no pasó desapercibido al hijo de Ramiro [Alfonso I de Aragón], que se irritó y se indignó. Juró con los más graves juramentos que atacaría al país por el cual pagaban parias a al-Barxiluni.
A principios de septiembre de 1134 moría sin descendencia el rey de Aragón y de Pamplona Alfonso el Batallador y en su testamento cedía sus reinos a partes iguales al Santo Sepulcro, al Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén y al Templo de Jerusalén, no a las órdenes que los regentaban. Solo en el suplemento se las mencionaba: la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, la Orden del Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén y la Orden del Templo.[11][12] Ante este hecho insólito que era contrario a la tradición y que no tenía precedentes, los estamentos del Reino de Pamplona (unido a Aragón desde 1076), proclamaron rey a García Ramírez (bisnieto por línea bastarda de García Sánchez III de Pamplona) y se separaron definitivamente de Aragón —por este motivo García Ramírez será llamado el Restaurador—.[13] En este contexto[14] los nobles aragoneses tampoco aceptaron el testamento y reunidos en Jaca proclamaron rey a Ramiro, hermano del monarca difunto, un monje que acababa de ser nombrado obispo de Roda-Barbastro —más adelante declararía que había aceptado la sucesión de su hermano por el bien del pueblo y por la paz de la Iglesia (sola populi necesitate et ecclesiae tranquilitate). Por su parte el rey de Castilla y de León Alfonso VII reclamó sus derechos al trono de Aragón, como hijastro de Alfonso el Batallador (era hijo de Urraca I con quien estuvo casado Alfonso hasta que su matrimonio fue declarado nulo) y tataranieto de Sancho III el Mayor. La grave crisis sucesoria se complicó aún más cuando el papa Inocencio II reclamó el cumplimiento del testamento del Batallador y negó el reconocimiento como rey a Ramiro.[15][16]
El rey castellanoleonés Alfonso VII dejó claras sus intenciones cuando en diciembre de 1134 penetró con una expedición en Zaragoza y en sus diplomas comenzó a incluir el título de «rey de Zaragoza» (del Regnum Cesaragustanum).[17] Según José María Lacarra, debido a la crisis política que se estaba viviendo en Aragón provocada por «la imposibilidad de cumplir el extraño testamento del monarca [Alfonso el Batallador]» Alfonso VII es recibido en Zaragoza «como libertador».[18]
A principios de 1135 Ramiro, que a su condición de eclesiástico se une la circunstancia de que está en la cincuentena y no tiene ningún hijo que lo pueda suceder, intentó una solución que mantuviera la unión de los reinos de Aragón y de Pamplona: el «ahijamiento» de García Ramírez. Según el acuerdo firmado en Vadoluengo Ramiro se convertía en «padre» de García y mantenía el «principado» sobre los dos reinos —durante un breve tiempo se intitulará «rey de los aragoneses y de los pamploneses»— mientras que García Ramírez se convertía en su «hijo» y asumía el gobierno de la guerra. Y cuando muriera el «padre», el «hijo» lo sucedería en el conjunto de los dos reinos. Pero el acuerdo fracasa por la intervención de Alfonso VII —a quien se había dejado al margen— que en mayo consigue que García Ramírez le preste vasallaje a cambio de la tenencia del Regnum Cesaragustanum.[19]
Varios meses después Ramiro tuvo que hacer frente a una conjura nobiliaria para destronarle (en favor de García Ramírez, ahora aliado de Alfonso VII),[20] pero, tras refugiarse en octubre de 1135 en Besalú (cabeza del condado del mismo nombre anexionado al condado de Barcelona por Ramón Berenguer III), logró desbaratarla («Leyenda de la Campana de Huesca») para lo que contó con el apoyo de Ramón Berenguer IV (con el que se había entrevistado durante su estancia en Besalú). Para asegurar su posición Ramiro —fracasado el «ahijamiento» de García Ramírez— renunció a su condición de eclesiástico para poder casarse con Inés de Poitou y tener un descendiente que heredara el trono («tomé esposa no por deseo de la carne, sino por la restauración de la sangre y de la estirpe», declaró en noviembre de 1137). La boda se celebró en Jaca el 13 de noviembre de 1135 y el 11 de agosto del año siguiente nacía una niña, Petronila. Al no ser un varón Ramiro tuvo que planear rápidamente su futuro matrimonio, eligiendo entre la dinastía castellano-leonesa o la barcelonesa.[21][22][23][24][19][25]
Pocos días después de que hubiera nacido Petronila[26] Ramiro se entrevistó en Alagón con Alfonso VII, quien le convenció para que le rindiera vasallaje por el «Regnum Caesaraugustanum» y a cambio le restituyó la ciudad de Zaragoza (aunque manteniendo la soberanía sobre ella) y la parte oriental del «Regnum», aunque se reservó la parte occidental fronteriza con Castilla, que abarcaba Calatayud, Alagón y Soria.[27][28] En esa reunión se habló también del futuro de Petronila y de su posible matrimonio con el heredero castellano-leonés Sancho.[19] «La idea de Alfonso era que Petronila fuese educada en la corte castellana y se prometiese más tarde con su heredero», ha señalado Percy Ernst Schramm.[29] Según Jerónimo Zurita, citado por Josep-David Garrido Valls, Alfonso VII tomó a la niña Petronila (a la que rebautizó Urraca, el nombre de su madre) como garantía del pacto.[30] La madre de Petronila Inés de Poitou volvió a Poitiers y acabó ingresando en la abadía de Fontevraud.[31]

Tras dejar Barbastro, Ramiro II y Ramón Berenguer IV comenzaron a recorrer el reino de Aragón y al parecer surgieron algunas discrepancias entre ellos al hacer Ramiro II algunas concesiones a terceros sin conocimiento del conde. Así que el 27 de agosto, dos semanas después de la de Barbastro, Ramiro firmaba en Ayerbe una nueva «donación» en la que tras confirmar la de su hija, el honor regio y sus hombres en homenaje, declaraba nula toda concesión hecha por él a otros y prometía a Ramón Berenguer que no haría ninguna más sin su consentimiento.[32][33][34]
Tres meses después, el 13 de noviembre, Ramiro II, ansioso por volver a la vida monástica, culminó el traspaso de poderes[35] ratificando nuevamente la donación de su hija con todo el reino y su honor a Ramón Berenguer y declaró «por libre voluntad» que a partir de aquel momento todos sus vasallos (homines), tanto los milites (nobles) como los clerici (clero) y los pedites (pueblo llano), tenían que obedecerle como a su rey (tanquam regi). Y para que no hubiera duda le donó todo lo que se había reservado en el documento de Barbastro. Eso y lo que le había donado antes lo había de tener Ramón Berenguer ad servicium meum et fidelitatem (sin mencionar en esta ocasión a su hija Petronila).[36][37] El historiador alemán Percy Ernst Schramm ha destacado la última última frase del documento (Supradicta omnia illi dono et firmiter laudo sicut melius unquam habuit frater meus Andefonsus et habeat ea omnia ad fidelitatem meam omni tempore: 'Todo esto a él doy y firmemente ratifico como mejor lo tuvo mi hermano Alfonso, y tenga todas estas cosas guardándome a mi fidelidad siempre') que considera que si la misma fue añadida personalmente por Ramiro II «se tiene que considerar como el documento de abdicación más antiguo hecho por propia mano de un soberano de Occidente».[38] Ya en 1836 Próspero de Bofarull había considerado el documento como «la abdicación absoluta de la corona y reino á favor del Conde».[39] Tras la que sería conocida como la «renuncia de Zaragoza», Ramiro II se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca, manteniendo la dignidad real.[40][41] «Allí vivió todavía diez años sin volver a intervenir en el curso de los acontecimientos».[38]{{Refn|group=lower-alpha|1147 es el año de la muerte de Ramiro II que dieron Jerónimo Zurita, Jerónimo Blancas y Francisco Diago.

Tras la abdicación de Ramiro II, la primera y principal preocupación de Ramón Berenguer fue mantener buenas relaciones con el rey castellanoleonés Alfonso VII, autoproclamado Imperator totius Hispaniae y que era su cuñado.[42] Sin embargo, antes de reunirse con él tuvo que ir a Cataluña para someter al conde de Empúries Ponç Hug I, vasallo suyo, que había desafiado su autoridad. En marzo de 1138 le obligó a renovar su juramento de fidelidad y a firmar una «pax et concordia», lo que además le sirvió para reafirmar la autoridad del conde de Barcelona sobre Cataluña. «Señor de Barcelona, Gerona, Osona, Besalú y la Cerdaña, Ramon Berenguer IV, con el sometimiento feudal definitivo del conde de Ampurias, unió una pieza más al incipiente principado de los condes de Barcelona, a capite de Crucibus usque ad portum Salodii ('del cabo de Creus hasta el puerto de Salou')... Así, durante el reinado de Ramon Berenguer IV, en la Cataluña oriental solo quedó sin sujeción al "príncipe" barcelonés el Rosellón», ha señalado Josep-David Garrido Valls.[43] En mayo ya había vuelto a Aragón, como lo atestigua un documento fechado en el castillo de Monzón en el que hace donación de una pardina (edificio en ruinas) en Barbastro al judío Zecri. Es el primer documento en el que se intitula princebs [sic] aragonensis ('príncipe de los aragoneses'), siempre después de comes barchinonensis ('conde de los barceloneses'), y en el que ya no figura Ramiro II. En el protocolo final se decía: regnante me Dei gracia in Aragone, in Ripagorza et in Suprarbe atque in Cesaragusta sive in Barchinona ('reinante yo por la gracia de Dios en Aragón, en Ribagorza y en Sobrarbe y en Zaragoza y también en Barcelona').[44] Es, pues, «la primera vez que ejerce como soberano del reino sin la presencia de Ramiro II», ha destacado Garrido Valls.[45]
La entrevista con Alfonso VII tuvo lugar en febrero de 1140 en Carrión de los Condes, pero se discute si existió un encuentro previo en 1138 en un lugar que se desconoce en el que Ramón Berenguer le habría prestado homenaje por el Regnum Caesaraugustanum, renovando de esta forma el que le había hecho Ramiro II dos años antes (en los documentos de Alfonso VII será mencionado como vasalli imperatoris, «vasallo del emperador», aunque en realidad no lo era por todo el reino de Aragón sino sólo por el Regnum Caesaraugustum, es decir, por el territorio conquistado por Alfonso I el Batallador). Pero al prestar homenaje por todo el Regnum Caesaraugustum recuperó los territorios occidentales que Ramiro II había tenido que ceder, por lo que la frontera con Castilla quedó fijada en la línea Tarazona-Calatayud (que todavía continúa actualmente).[46][47] Según Ferran Soldevila, el reconocimiento vasallático de Alfonso VII como su señor fue la condición que le impuso el rey castellano-leonés para cederle las ciudades por él ocupadas, con Zaragoza al frente.[48] Sin embargo, documentalmente solo consta una entrevista entre Alfonso VII y Ramón Berenguer —la de Carrión de los Condes de febrero de 1140— por lo que habría sido entonces cuando el conde-príncipe le habría prestado homenaje por el Regnum Caesaraugustum, resolviendo así el contencioso.[49] De lo que no existe ninguna duda es de que allí se firmó el tratado de Carrión por el que ambos soberanos acordaron apoderarse del reino de Pamplona de García Ramírez.[50][51][52] Se desconoce si trataron sobre el destino de Petronila —Urraca—, que seguía en la corte castellana, ¿con el consentimiento de Ramón Berenguer IV porque allí se encontraba su hermana Berenguela, casada con Alfonso VII?, se pregunta Josep-David Garrido Valls.[53]
Lo que sí se sabe es que el proyectado reparto del reino de Pamplona no llegó a realizarse porque en el otoño de ese mismo año de 1140 Alfonso VII firmó paces con García Ramírez y prometió a su hijo primogénito, el infante Sancho, con la infanta Blanca, hija del rey pamplonés.[54] El pacto fue confirmado en 1144 por el matrimonio de García Ramírez, cuya primera esposa había fallecido en 1141, con Urraca, hija bastarda de Alfonso VII. La paz alcanzada con Alfonso VII le permitió a García Ramírez centrarse en las incursiones en el reino de Aragón, lo que acabará obligando a Ramón Berenguer IV a llegar a un acuerdo de paz con García Ramírez en julio de 1149, que supone el reconocimiento de la independencia del reino de Pamplona, y la devolución de los castillos aragoneses que García Ramírez había ocupado y del único pamplonés que Ramón Berenguer había tomado. El pacto incluye el compromiso matrimonial de Ramón Berenguer con la infanta Blanca, enlace que nunca llegaría a celebrarse —Ramón Berenguer se casaría al año siguiente con Petronila; y Blanca con Sancho de Castilla—. Lo cierto es que el matrimonio no era una condición imprescindible para que «la amistad y la concordia permanezcan firmes e indisolubles a perpetuidad» (amicicia et concordia firma maneat et indissoluble in perpetuum) y que el acuerdo no fue nunca ratificado por los dos monarcas —ni siquiera fue firmado por ninguno de los cinco negociadores, a pesar de haber un espacio para hacerlo; «solo» lo juran—. De hecho ninguna de las cláusulas del acuerdo se acabó cumpliendo —el intercambio de castillos tampoco se produjo— excepto la pacificación de la frontera ese año y el siguiente.[55]
Tras la «donación» del rey Ramiro a Ramón Berenguer, quedaba pendiente la cuestión de los derechos sobre Aragón estipulados en el testamento del rey Alfonso I de Aragón, quien había dado el reino a las órdenes del Santo Sepulcro, los caballeros Templarios y los Hospitalarios y que el papa Inocencio II insistía en que se cumpliera. La iniciativa, sin embargo, no la tomó este sino el patriarca de Jerusalén, de quien dependían las tres órdenes jerosolimitanas. Envió a Raymond du Puy, Gran Maestre de la Orden de los Hospitalarios, para que negociara con Ramón Berenguer el cumplimiento del testamento.[56][57] Llegaron a un acuerdo el 16 de septiembre de 1140,[58] «un tratado que por su precisión y finura diplomática hace honor a ambas partes», según Percy Ernst Schramm.[59]
El acuerdo, en el que no había ninguna referencia ni a Petronila ni a Ramiro II, constaba de dos documentos casi idénticos, uno que Raymond firmó en nombre de los hospitalarios, y otro un borrador que debería firmar el patriarca de Jerusalén en nombre de los caballeros del Santo Sepulcro (lo que hizo casi un año después, en agosto de 1141, junto con el prior de la Orden del Santo Sepulcro). El acuerdo se basaba en una «ficción jurídica» según la cual el testamento se había cumplido, pero Raymond, al hacerse cargo de los dos tercios de la herencia que le correspondían a sus representados, había considerado que el conde de Barcelona (venerande Barchinonensium comes) era «el más útil y necesario para la administración y defensa del país» y por eso le había confiado esos dos tercios. Que Raymond no se proponía obtener una soberanía se desprende claramente de la forma como se estableció la concesión de lo que, según el testamento, pertenecía a las órdenes: «Te lo concedemos de nuestro derecho a tu poder, desligamos a los vasallos del juramento que nos han prestado y te los cedemos en fidelidad y servicio». Como ha señalado Schramm, Ramón Berenguer aceptó esta «ficción legal», «que para la Iglesia representaba una cuestión de prestigio importante», porque «en la práctica no le hacía perder nada: lo mismo a través del rey-monje que, más tarde, a través de la concesión de Raymond, él era y sería el dueño de Aragón», y le «ayudó a legitimar ulteriormente un reinado que a ojos de la Iglesia era ilegal».[60][61] Además, el segundo documento —firmado por el patriarca de Jerusalén y el prior de la Orden del Santo Sepulcro en agosto de 1141—[62] contenía una frase que no existía en el primero, según la cual el patriarca le otorgaba al conde Ramón Berenguer plenos poderes para aceptar la dignidad real y utilizar a partir de entonces el título de rey (lo que acababa de hacer por iniciativa propia el conde Alfonso Henríquez al proclamarse rey de Portugal, aunque de momento nadie lo había reconocido como tal).[63][64]
El acuerdo con la Orden del Templo se alcanzó en noviembre de 1143. Esta vez fue el conde el que presentó un documento en el que no se mencionaba el testamento del Batallador sino que las concesiones que hacía Ramón Berenguer parecían estar otorgadas por su propia iniciativa y eran tan importantes que los templarios no podrían rechazar la oferta. A cambio de renunciar al tercio que les correspondía del reino de Aragón —algo imposible de conseguir en la práctica tras el acuerdo alcanzado con las otras dos órdenes— Ramón Berenguer les ofrecía además de bienes alodiales, el diezmo de todo el reino y otros derechos, una quinta parte de las futuras conquistas. En el documento se resaltó la presencia del legado pontificio Guido (¿Guido de Crema?) con lo que se hacía patente la conformidad de facto de la curia romana, desapareciendo así el antiguo desacuerdo con el Papado a causa del incumplimiento del testamento de Alfonso el Batallador (sin embargo, el reconocimiento de iure como sucesor inmediato de Alfonso el Batallador no llegaría hasta quince años más tarde, en 1158, cuando el papa Adriano IV dio validez definitivamente a los tres convenios de Ramón Berenguer con las tres órdenes militares, pero sin mencionar a Ramiro II —no importaba que ya hubiera muerto— ni su abdicación del trono en favor del conde de Barcelona
Matrimonio con Petronila (1150)
La boda con Petronila tuvo lugar en Lérida, recién conquistada, en el otoño de 1150 —se desconoce la fecha exacta del enlace—, tras cumplir esta los catorce años edad (Ramón Berenguer tenía entonces treinta y siete años). Sin embargo, el año anterior pareció que no llegaría a realizarse el enlace porque los representantes de Ramón Berenguer firmaron en Pamplona el 1 de julio un documento por el que este se comprometía a casarse con Blanca, la hija mayor de rey de Pamplona García VI, antes del 29 de septiembre de 1150.[65][66] Según Percy Ernst Schramm, «es evidente que se trataba de un programa que partía de la parte contraria, ya que procuraba evitar la unión de Aragón y Barcelona y dirigía su punta contra Castilla. Ramon Berenguer no se dejó engañar —o sólo lo hizo en apariencia—; quizás esto le pareció oportuno momentáneamente frente a Alfonso VII para hacerle ver que Ramon Berenguer no dependía exclusivamente de él».[66] Una interpretación parecida ya la propuso Próspero de Bofarull en 1836 cuando en sus Los condes de Barcelona vindicados escribió que «el rey de Navarra D. García» «intentó estorbar esta dichosa unión durante la menor edad de la Princesa [Petronila] arrancando a nuestro Conde la promesa de casarse con su hija Dª Blanca como lo justifica el convenio que celebraron ambos el dia [sic] 1º de julio de 1149». Según Bofarull Ramón Berenguer aceptó «sin duda por hallarse agriado el Conde con el Emperador su cuñado [Alfonso VII] por haberse llevado á Castilla á su prometida Dª Petronila, con idea de casarla con su hijo D. Sancho el Deseado».[67]
Aunque la donación de 1137 establecía que si Petronila moría antes que Ramón Berenguer este heredaría el reino de Aragón, se quiso disipar cualquier duda y cuando tuvo su primer embarazo (iacens et in partu laborans apud Barchinonam: 'encamada y con dolores de parto en Barcelona') Petronila hizo un testamento en abril de 1152 que preveía todas las posibilidades. En caso de que diera a luz a un varón, le dejaba el regnum Aragonense pero solo lo heredaría después de que su marido muriese, y le reservaba a este el imperio y la donatio. Si el niño moría sin sucesión directa el regnum pasaría a Ramón Berenguer. Sin embargo no hubo necesidad de estas previsiones porque en 1154 (o en 1158) Petronila dio a luz a un niño, al que siguieron dos hijos varones más.[68][69][70] El hijo o la hija nacida en 1152 vivió muy poco tiempo.[69]
Ramón Berenguer y Petronila, que tuvieron siete hijos (por lo que Petronila se pasó embarazada la mayor parte de su vida conyugal),[71] residieron con frecuencia en el palacio condal de San Pedro de Vilamajor, situado a unos kilómetros al norte Barcelona, trasladándose Petronila a menudo a la cercana San Celoni.[72][73] Había sido hecho construir por los condes de Barcelona, Ramón Berenguer y Berenguer Ramón, en el siglo XI. Actualmente del palacio condal solo queda la «Torre Roja», torre de 25 m de altura, situada delante de la iglesia, de la que se cree que fue parte inferior de la torre de homenaje del antiguo castillo-palacio condal. Aquí se crio el futuro rey de Aragón y conde de Barcelona Alfonso II[74] e incluso se creyó que había nacido en este lugar, aunque según el historiador aragonés Antonio Ubieto Arteta seguramente nació en Huesca.[75]
Después de su matrimonio con Ramón Berenguer Petronila se intituló, además de condesa de Barcelona, reina de Aragón y como tal acompañó a su marido en algunas estancias en tierras aragonesas. Sin embargo, según Josep-David Garrido Valls, solo se conoce un único documento firmado por ella, junto a su esposo, con fecha de 1157. Se trata de la donación a la orden de los hospitalarios de los lugares de Remolinos, Sena y Sigena y el castillo de Algava, y cuando se conquisten de Cervera del Maestrat y de Cullera. Al final del documento, junto a la firma de Ramón Berenguer aparece: Signum + Peronelle, aragonenssium regine et comitisse barchinonensis.[76] Este hecho ya lo destacó Próspero de Bofarull en 1836 cuando escribió que Ramón Berenguer «gobernó antes y despues [sic] de su matrimonio sin intervención alguna de Dª Petronila, por más que nunca se tituló sino Príncipe y Dominador de Aragón».[77]
Política peninsular
La primera modificación de la frontera con Al-Ándalus, entonces integrado en el norteafricano imperio almorávide,[78] fue obra de las milicias aragonesas que en 1141 tomaron Alcolea de Cinca y Chalamera. Al año siguiente Ramón Berenguer concedió a Daroca unos fueros propios con el fin de convertirla en la «fuerza principal de la frontera contra los moros», como indicó Jerónimo Zurita.[79] Como ha señalado José María Lacarra, «en tiempo de Ramón Berenguer se ocupó la cuenca del río Martín y las tierras del Bajo Aragón» (Alcañiz, la capital bajoaragonesa, sería repoblada en 1157).[80] Según este mismo historiador, «la defensa y repoblación de la frontera plantearían una serie de cuestiones cuya resolución daría lugar a la formación de un grupo humano con una mentalidad nueva y una organización administrativa peculiar. Es la que podríamos llamar la nueva Extremadura aragonesa... A mediados del siglo XII la defensa de la frontera aparece encomendada a Daroca, Belchite, Monforte y Alcañiz».[81]
La recuperación de la iniciativa militar, tras la derrota de Fraga de 1134, se vio favorecida por la creciente debilidad del poder almorávide, que tenía que hacer frente a los almohades que le disputaban el dominio del Magreb, hasta que en marzo de 1147 conquistaron Marrakech, la capital almorávide, y constituyeron su propio imperio almohade. En Al-Ándalus algunos territorios también se rebelaron contra los almorávides constituyendo las llamadas segundas taifas. De hecho entre 1145 y 1147 el poder almorávide desapareció completamente del este de la península, mientras que los almohades cruzaban el estrecho de Gibraltar y enero de 1147 conquistaban Sevilla, dos meses antes de la toma de Marrakech.[79]
La primera gran expedición de Ramón Berenguer contra Al-Ándalus fue su participación en la conquista de Almería campaña a la que acudió en ayuda del rey castellano-leonés Alfonso VII, aunque fue una iniciativa de la República de Génova —apoyada por el papa Eugenio III— que quería apoderarse del puerto principal de la piratería y del corso musulmanes que asolaba el Mediterráneo Occidental —«sede de ladrones marineros, nido de piratas», lo denominaba la crónica de Alfonso VII—. Acudió personalmente con una comitiva y fuerzas terrestres. Almería fue tomada en 17 de octubre de 1147, aunque la conquista castellana no duraría mucho tiempo (en 1157 fue reconquistada por los almohades).[82][83] La Gesta comitum barchinonensium le atribuyó la iniciativa y toda la gloria de la conquista.[84][85]
Los logros principales de la política peninsular de Ramón Berenguer fueron las conquistas de Tortosa el 31 de diciembre de 1148 y de Lérida y Fraga el mismo día, el 24 de octubre de 1149 —el rey de Aragón Alfonso I el Batallador había fracaso en su intento de conquistar estas dos ciudades andalusíes; de hecho murió en septiembre de 1134 mes y medio después de su derrota por los almorávides en la batalla de Fraga—.[86][87] De esta forma Ramón Berenguer aseguraba el paso del Bajo Ebro y el traspaís de Tarragona.[88][89] La conquista de Tortosa, que según el historiador árabe Al-Idrisi estaba defendida por fuertes murallas y por el castillo de la Suda, no hubiera sido posible sin la intervención de la escuadra genovesa —que Ramón Berenguer había pactado antes de la conquista de Almería, a cambio de la tercera parte de todas las conquistas—[90] ya que impidió que la ciudad recibiera auxilio por ningún lado. Ramón Berenguer también pudo contar con la colaboración de señores occitanos, como Guillermo VI de Montpellier.[86][91] Y el papa Eugenio III le otorgó el carácter de cruzada por los que intervinieran en la conquista tendrían los mismos privilegios que los que iban a luchar a Tierra Santa.[92] Los términos de la capitulación, como pidieron los vencidos, fueron los mismos que los acordados por el rey aragonés Alfonso I el Batallador para Zaragoza: se preservaban la práctica de su religión, los derechos y las propiedades de los andalusíes que decidieran quedarse —se les daba un plazo de un año para instalarse en los arrabales— pero pocos lo hicieron.[93] En noviembre de 1149 Ramón Berenguer otorgó una carta puebla para los nuevos habitantes cristianos de Tortosa y se proclamó uictor Hispaniae ('vencedor de Hispania').[94]
La toma de Tortosa hizo prácticamente imposible que Lérida y Fraga pudieran recibir ningún tipo de auxilio andalusí. Fueron sitiadas al mismo tiempo a partir de abril de 1149 para evitar que una de ellas ayudara a la otra y capitularon seis meses después el mismo día, el 24 de octubre.[95][96] A diferencia de Tortosa, en la conquista de Lérida y de Fraga participó un importante contingente aragonés, y tuvieron también un papel destacado las huestes del conde Ermengol VI de Urgel, a quien Ramón Berenguer le había concedido la posesión de Lérida lo que lo convertía en vasallo suyo, así como las de algunos señores occitanos. En la conquista aparecieron por primera vez los temidos almogávares.[97][98] Poco tiempo después caería Mequinenza y años más tarde Miravet, las montañas de Prades y el castillo de Siurana, últimos reductos de la Marca Superior de Al-Ándalus.[99][100] De las conquistas de Tortosa, Lérida y Fraga José María Lacarra ha destacado que «con ello se establecía más cómoda comunicación entre Barcelona y Aragón, que favorecería la más estrecha unión entre los distintos territorios que obedecían al mismo príncipe».[80]
El 27 de enero de 1151 Ramón Berenguer y Alfonso VII firmaron un acuerdo en Tudilén por el que se repartían los territorios de Al-Ándalus todavía por conquistar. Al «conde-príncipe» le corresponderían las taifas de Valencia y de Murcia (en ciertas condiciones de vasallaje respecto de Alfonso VII), mientras que el resto serían para el «rey-emperador». También acordaron repartirse de nuevo el reino de Pamplona —el rey García VI acababa de morir— como once años antes, pero que tampoco se llevaría a efecto, en esta ocasión porque el nuevo rey pamplonés Sancho VI, que fue el primer monarca que comenzó a intitularse «rey de Navarra», le juró fidelidad a Alfonso VII el 30 de enero y ese mismo día el heredero castellanoleonés Sancho se casó con Blanca de Navarra, hermana del nuevo rey.[102][103][104][105]
A pesar de que el «reparto» del reino de Pamplona no se produjo, Ferran Soldevila ha valorado el Tratado de Tudilén como un gran éxito de Ramón Berenguer IV porque salvó el peligro de que los castellano-leoneses se apoderaran de las tierras de las taifas valenciana y murciana impidiendo así la expansión peninsular de aragoneses y catalanes.[106] Sobre el vasallaje respecto de Alfonso VII, Soldevila considera que Ramón Berenguer se vio «en la necesidad de aceptarlo», pero resta importancia a este hecho por «el carácter mismo de estos vasallajes, la facilidad con que eran desconocidos por los hombres e invalidados por los hechos». «La extensión de los territorios que le eran adjudicados justificaba en parte esta vaga sumisión... Él quizá no podría deshacer el vínculo, pero algún sucesor podría, ciertamente», concluye Soldevila (y advierte que el hijo de Ramón Berenguer Alfonso el Casto fue quien lo hizo en el Tratado de Cazola de 1179, aunque a costa de renunciar a Murcia).[107] Soldevila destaca que tras la firma del Tratado de Tudilén Ramón Berenguer comenzó a cobrar parias a los reyes musulmanes de Valencia y de Murcia.[103] «La entrada de estos dineros resultó imprescindible a Ramon Berenguer IV para financiar su política exterior y pagar sus deudas», añade Josep-David Garrido Valls, aunque advierte que ya había comenzado a cobrarlas después de la tregua de cuatro años que acordó con Muhámmad ibn Mardanís, rey de la taifa de Murcia, tras la conquista de Lérida en octubre de 1149. De hecho Ramón Berenguer había acudido en su ayuda cuando la ciudad de Balansiya se rebeló contra él en 1152 y cuando los almohades intentaron conquistar Almería un año antes.[108]
Tres años después del acuerdo de Tudilén, Ramón Berenguer viajó hasta Toledo, acompañado por un gran séquito (qui in magno et honorabili apparatu erat, según contó Rodrigo Jiménez de Rada), para asistir a la fiesta que dio Alfonso VII en honor del rey de Francia Luis VII el Joven, casado con una hija de Alfonso VII y de Berenguela de Barcelona, hermana de Ramón Berenguer. También acudió el rey Sancho VI de Navarra. Luis VII se encontraba en Toledo después de haber hecho la peregrinación a Santiago de Compostela, acompañado por el propio Alfonso VII desde Burgos, a mitad del Camino de Santiago. De vuelta a Francia Ramón Berenguer fue con él hasta Jaca donde se celebró una fiesta de despedida (enero de 1155).[109][110] «No hay ninguna mención en ninguna fuente de ninguna vinculación feudal que someta al conde de Barcelona al rey de Francia.
En Toledo Ramón Berenguer y Alfonso VII negociaron un nuevo reparto del reino de Pamplona, acuerdo que fue ratificado en Lérida en mayo de 1157. En este tratado de Lérida se mencionaba explícitamente el Tratado de Tudilén, y lo pactado allí sobre que el reparto se haría por mitades. Además se comprometían mutuamente a no aliarse con el rey Sancho VI de Navarra ni a defenderlo en contra de la voluntad de la otra parte. El pacto se selló con el compromiso del futuro matrimonio de una hija de Alfonso VII con un hijo de Ramón Berenguer. Sin embargo, este nuevo reparto tampoco tuvo recorrido porque en agosto de 1157 muere Alfonso VII y sus dominios son divididos entre sus dos hijos: en su testamento dejó el reino de León a su segundo hijo Fernando y el reino de Castilla a su primogénito Sancho.[111][112]
Al conocer la noticia de la muerte de Alfonso VII Ramón Berenguer marchó rápidamente a Castilla, acompañado por un importante séquito (su sobrino Ramón Berenguer III de Provenza, los condes de Urgel y de Pallars, y los obispos de Barcelona, Urgel, Zaragoza y Tarazona, junto con importantes barones de Aragón y de Cataluña), para entrevistarse con Sancho, que ahora volvía a reivindicar Zaragoza y Calatayud. Se vieron en Serón de Nágima y allí Ramón Berenguer consiguió que Sancho reconociera las tierras aragonesas en disputa sin ninguna vinculación con Castilla, a cambio de renovarle el homenaje que le había hecho a su padre (Acuerdo de Serón de Nágima (1158)).[112] Según José María Lacarra, «tal homenaje quedó reducido al acto de tener la espada en la solemne coronación del emperador, y aun este simbólico reconocimiento de soberanía era anulado en 1177 [por Alfonso el Casto]».[113] A su vuelta Ramón Berenguer se llevó consigo a la segunda esposa y viuda de Alfonso VII Riquilda, a la que casaría con su sobrino Ramón Berenguer III de Provenza.[112]
Al hacer balance de la política peninsular de Ramón Berenguer IV, el historiador alemán Percy E. Schramm ha destacado que «el [doble] reino de Ramon Berenguer provocó un desplazamiento del equilibrio en toda la Península. La separación de Portugal, que se produjo en aquella misma época (1139-1140), y la división de la herencia de Alfonso VII en los regna de Castilla y de León (1157), que había de durar dos generaciones, dejó sentir todavía más este desplazamiento. En el momento en que Ramon Berenguer había sucedido a su padre, las potencias principales de la Península eran el reino navarro-aragonés del Batallador y "el Imperium" de Alfonso VII... Cuando Ramon Berenguer murió, él era la figura más poderosa del juego de fuerzas de España» —una valoración que es compartida por Josep-David Garrido Valls—[114]. Aquel sucesor suyo que «no soló supiese pretender el lugar de señor poderoso que se había ganado el conde-príncipe, sino que lo supiese desarrollar debidamente, sería digno de la corona real que Ramon Berenguer había ganado para su casa», concluye Schramm.[115]
Política religiosa: Ripoll y Poblet
Ramón Berenguer se ocupó en engrandecer, sostener y proteger el monasterio de Ripoll donde estaba enterrado su padre Ramón Berenguer III y ese fue el lugar que él mismo escogería para ser sepultado después de su muerte.[117][118] Precisamente durante su «reinado» fue cuando se inició (y probablement se terminó) el cuerpo esculpido que enmarca la puerta de entrada, que, según Concepció Peig, «habría sido diseñada con su visto bueno, para mantener la memoria y presencia de su padre, Ramon Bereguer III, y de él mismo» —«su programa iconográfico establece paralelismos entre las gestas del pueblo de Dios y las de los dos último condes»—, ya que siguiendo las costumbres funerarias del siglo XII en Occidente padre e hijo habrían sido enterrados en la puerta de la iglesia y no dentro (las fuentes documentales confirman la existencia de cinco sepulcros a los pies de la portada, que todavía eran visibles a principios del siglo XIX). Peig plantea como hipótesis que el lugar exacto donde habría sido enterrado inicialmente Ramón Berenguer IV (tras la reformas llevadas a cabo después del terremoto de 1428 el sepulcro habría pasado al interior de la iglesia) fue a los pies del lado derecho de la portada, donde aparecen tres personajes no identificados, pero que Peig cree que se trata de él mismo (izquierda), del obispo Oleguer (centro) y de su padre (derecha).[119]
También se propuso fundar otro gran monasterio en la Cataluña Nueva que él había conquistado.[120] Para regentarlo escogió a la Orden del Císter y en 1148 escribió a Bernardo de Claraval, su fundador medio siglo antes. Este le confió la misión de dotar de monjes al proyectado monasterio al abad de Fontfroide, que era la abadía cisterciense más cercana a Cataluña. Así, Ramón Berenguer le hizo donación a este abad «del lugar que se llama Hort de Poblet, para construir allí un monasterio a servicio de Dios y para la salvación del alma de mi padre y de mi madre y para remedio de mi alma». Y seguía diciendo la donación: «Y quiero que tenga tanto espacio de tierra, que cómodamente se puedan levantar allí el claustro, el dormitorio, el refectorio y todas las oficinas pertenecientes al dicho monasterio, y, en la inmediación, el cementerio competente. Y doy al dicho monasterio, en el dicho lugar, toda la tierra de cultivo que sea necesaria para los trabajos propios del monasterio y para el sostenimiento de todos los religiosos que allí sirvan a Dios...». El abab de Fontfroide envió al Hort de Poblet a trece monjes, incluyendo al abad, y Ramón Berenguer hizo construir los edificios necesarios para alojarlos. Así nació el monasterio de Poblet, del latín populetum, que quiere decir tanto alameda como chopera. Su fecha oficial de fundación es la de 7 de diciembre de 1153.[121] Sobre el lugar elegido por Ramón Berenguer existió una leyenda según la cual fueron unas luces milagrosas aparecidas varios sábados consecutivos y el día de la Virgen las que le indicaron el sitio donde debía erigir su monasterio y que debía ser dedicado a la Virgen.[122]
Poco tiempo antes Guillermo Ramón I de Moncada había fundado el monasterio de Santes Creus, también de la Orden del Císter y no muy lejos del lugar donde se levantó el de Poblet. Ramón Berenguer no solo aumentó las donaciones hechas por Guillermo Ramón de Moncada y otro nobles con la concesión de regalías e inmunidades que solo correspondían al conde de Barcelona, sino que le donó la Espluga de Ancosa, donde residieron los monjes hasta que se acabó de construir el monasterio, a cuyos gastos también contribuyó en acción de gracias, al parecer, por el nacimiento de su primer hijo varón, el futuro Alfonso el Casto.[123]
Política ultrapirenaica
Ramón Berenguer renovó la antigua relación vasallática del reino de Aragón sobre el Bearne —en 1131 Alfonso I el Batallador había acudido en ayuda de Gaston IV contra el duque Guillermo X de Aquitania—[124] por lo que cuando en 1154 murió el vizconde Pedro III los obispos y los nobles lo eligieron dominum et rectorem para que rigiera el vizcondado durante la minoría de edad de Gastón V.[66][125] El acto del juramento tuvo lugar en Canfranc con la presencia del conde de Bigorra.[126]
También protegió los intereses de la Casa de Barcelona al otro lado de los Pirineos.[127] En 1143 acudió en ayuda de su aliado Guillermo VI de Montpellier que había sido expulsado dos años antes de su ciudad por una revuelta instigada por el conde de Tolosa, Alfonso Jordán, enfrentado a la Casa de Barcelona por el dominio de la Provenza. Sitió Montpellier y la tomó, con la ayuda de la República de Génova, y repuso a Guillermo VI al frente del señorío de Montpellier.[128]
Cuando al año siguiente, 1144, murió su hermano Berenguer Ramón I de Provenza, Ramón Berenguer defendió los derechos al condado de Provenza de su sobrino Ramón Berenguer, de siete años de edad, a quien puso bajo su tutela, frente a las pretensiones de los señores de Baux, que contaban con el apoyo del conde de Tolosa Alfonso Jordán, y también de Conrado III, soberano del Sacro Imperio Romano Germánico (aunque no llegó a ser coronado), al que pertenecía Provenza.[129][130] Consiguió que su sobrino fuera jurado como conde de Provenza por la mayor parte de los señores provenzales y que a él se le reconociera el título de marqués (como Ramón Berenguer II de Provenza, de ahí que su sobrino fuera proclamado finalmente como Ramón Berenguer III de Provenza). Los señores de Baux en principio no se sometieron pero su causa quedó tan dañada, reducidos a su castillo de Trencatalha, que tras la muerte de Alfonso Jordá en Tierra Santa en 1148, sí lo hicieron.[131]
Sin embargo, en 1155 los señores de Baux volvieron a reclamar sus derechos sobre el condado de Provenza, contando esta vez con el reconocimiento del nuevo emperador Federico I Barbarroja y de nuevo con el apoyo del conde de Tolosa, Raimundo V de Tolosa, hijo de Alfonso Jordán, que también reclamaba el vizcondado de Narbona, vinculado a los condes de Barcelona. Comenzó así la llamada «segunda guerra bausenca».[132] Ramón Berenguer selló entonces una alianza con Enrique II, rey de Inglaterra y duque de Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania, también enfrentado a Raimundo V y juntos emprendieron el asedio de Tolosa en el verano de 1159. Pero Enrique II optó por retirarse cuando llegaron a Tolosa las tropas enviadas por el rey francés Luis VII, del que Enrique era vasallo. Ello no fue obstáculo en la relación personal que mantenían Ramón Berenguer y Enrique (se llegó a proyectar el matrimonio de la hija de Ramón Berenguer, Elionor, con Ricardo, hijo del monarca inglés, ambos dos niños pequeños, pero el enlace nunca se celebró).[129][133][134][135] También se aliaron con Ramón Berenguer algunos señores occitanos, como el vizconde de Carcasona y de Besiers, que se reconoció vasallo suyo en 1150; la de Ermengarda, vizcondesa de Narbona, que ya había participado en la conquista de Tortosa; o la del señor de Montpelier Guillermo VI, que también participó en la toma de Tortosa.[125]
Neutralizado el conde de Tolosa, Ramón Berenguer asedió la ciudad de Arles, uno de los bastiones de los señores de Baux, y la tomó, quedando arrasada. A continuación conquistó el castillo de Trentacalha, último reducto de los Baux, así como el de Les Baux, que daba nombre al linaje, y otras treinta fortalezas. De esta forma Provenza quedó pacificada. A pesar de ello Hugo II de Baux siguió insistiendo en pedir auxilio al emperador Federico I Barbarroja, pero este decidió negociar directamente con Ramón Berenguer, y en junio de 1162 unos delegados suyos se entrevistaron con él y reconocieron la posesión de Provenza para su sobrino, a cambio del pago de un censo anual. También dieron el visto bueno al matrimonio de este con Riquilda, la viuda de Alfonso VII, que era prima de Barbarroja (y a la que la cancillería imperial todavía la consideraba Spaniarum regina).[136][137][138]
Poco después emprendió viaje a Turín acompañado de su sobrino, para asistir a la Asamblea de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico y tratar allí personalmente el asunto del reconocimiento definitivo de los derechos del Casal de Barcelona sobre el condado de Provenza por Federico I Barbarroja. Por su parte, el emperador esperaba que tío y sobrino apoyaran al papa Victor IV que él había hecho elegir frente a Alejandro III, con el que estaba enfrentado (a pesar de que Ramón Berenguer no se había pronunciado claramente).[137][138][139] Pero el encuentro nunca se produjo porque cuando llegó a Borgo San Dalmazzo, tras desembarcar probablemente en Génova, enfermó y murió el 6 de agosto de 1162. Eso no impidió, sin embargo, que Ramón Berenguer III fuera reconocido como conde de Provenza por el emperador después de jurarle fidelidad.[140][141][142] Tras conocer la muerte de «nuestro carísimo Ramon Berenguer, conde de Barcelona y príncipe ilustrísimo», Federico I Barbarroja hizo de él una encendida alabanza en una carta dirigida a Ramón Berenguer III de Provenza:[143]
Y en verdad sus magníficos servicios y sus preclaras obras subsiguientes más abiertamente habrían declarado cuanta había sido su fe y su devoción hacia nuestra persona, si por la divina gracia vacante, que quita el espíritu de los príncipes, no hubiese sido sacado del medio. De la muerte cruel de la que no podemos dejar de dolernos perpetuamente. Esto sucede porque nuestra precordial afección hacia tan y tal amigo no puede quedar de ninguna manera ociosa, especialmente como su amor sincero y su interés acerca de la persona y el honor de nuestra carísima sobrina Riquilda, reina de las Españas, con fidelidad manifiesta hayamos visto claramente y, por el efecto mismo de estas cosas, hayamos experimentado que era verdadero.
Muerte y testamento
La enfermedad que le llevaría a la muerte le sobrevino tan de repente que Ramón Berenguer solo pudo comunicar su última voluntad de palabra el 4 de agosto de 1162, dos días antes de morir, de lo que fueron testigos el senescal Guillermo Ramón de Montcada, el noble Albert de Castellvell y el capellán del conde, mestre Guillem. En su testamento legaba el condado de Barcelona y el reino de Aragón a su primogénito Ramón, el futuro Alfonso el Casto, mientras que su hermano Pere, el futuro Ramón Berenguer IV de Provenza, recibía el condado de Cerdaña y los derechos sobre el vizcondado de Narbona y el vizcondado de Carcasona, reconociéndose vasallo del primogénito y al tercer hijo, Sancho se le asignaba el papel de posible heredero de sus otros dos hermanos sin morían sin descendencia.[144][145][146][147] A su esposa Petronila le dejó el condado de Besalú y el castillo de Ribas, para que viviera allí.[148][146] Finalmente, dejó a sus hijos, todos ellos menores de edad, bajo la tutela de Enrique II, rey de Inglaterra, gran amigo suyo (Dimisit omnem suum honorem ac filios in bajulia, tuicione, defensione domini Enrici, Regis Angliae, dice el testamento (Dejó todos su honores y sus hijos al cuidado, protección y defensa de señor Enrique, rey de Inglaterra).[148][146]

En octubre se reunió una asamblea en Huesca para dar a conocer públicamente el testamento sacramental de Ramón Berenguer.[149] En el acta de la asamblea aparecen un total de 43 firmas (signa) y entre ellas la de Petronila. Anaïs Waag ha destacado que Petronila es la única que además valida el documento con su confirmación. En su signum se lee: «Signum Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, mujer del dicho conde, que [esto] apruebo y confirmo y corroboro con mi propia mano». Waag interpreta este hecho como una prueba de que Petronila «tuvo un papel crucial en la validación de esta sucesión» de Ramón Berenguer por su hijo primogénito al trono aragonés.[150]
Ahora bien, Ramón Berenguer no especificó quién había de gobernar durante la minoría de edad de su primogénito Ramón, de ocho años de edad. Según la Gesta comitum barchinonensium quien ejerció la regencia durante los dos primeros años fue Ramón Berenguer III de Provenza, sobrino de Ramón Berenguer («lo qual comte R. Berenguer governà los ditos regne e comtats molt bé e profitosament II anys»: 'el cual conde R. Berenguer gobernó los dichos reino y condados muy bien y provechosamente dos años').[151][lower-alpha 2] Sin embargo, según Joan-Ferran Cabestany, la tutela del conde de Provenza fue más bien honoraria y «en realidad la tutoría efectiva estaba en manos de la curia y de sus personajes más eminentes, es decir, Guillermo Ramón I de Moncada y Guillermo de Torroja. Son los que figuran en los documentos hasta las fechas de las muertes respectivas, 1173 y 1175».[152]
En 1164, dos años después de la muerte Ramón Berenguer, en una asamblea celebrada en Barcelona el 18 de junio Petronila hizo donación formal a su hijo primogénito ―ahora llamado por primera vez Alfonso; el nombre de Ramón pasaría a su hermano Pere― de todo lo que el testamento de su marido le había otorgado.[153][154] Según Percy Ernst Schramm, «por razones legales, este acto no habría sido necesario, ya que su marido había dejado su reino directamente a los hijos y a ella solo le había asignado la viudedad... Es evidente que los aragoneses lo aprovecharon para dejar asentado el hecho de que, desde que Ramiro II volvió al monasterio, la soberana de Aragón había sido Petronila, y por eso ella, y no su marido, traspasaba el reino al hijo».[155] Anaïs Waas, sin embargo, no lo considera una simple formalidad y destaca en que en la donación a su hijo del reino de Aragón añade la frase «sin que yo retenga ninguna voz ni ningún otro poder», lo que según Waas «da a entender que hasta aquel momento esta reina propietaria de Aragón sí que tenía voz y poder».[70] Lo cierto fue que a partir de entonces Petronila viviría apartada de la vida política hasta que el 13 de octubre de 1173 hizo testamento, en el que volvió a confirmar la donación de Aragón a su hijo Alfonso, y murió poco después. Pidió ser enterrada en la catedral de Barcelona.[156]
Entierro en el Monasterio de Ripoll
En el testamento Ramón Berenguer especificó que quería ser enterrado en el Monasterio de Ripoll, donde reposaban los restos de su padre, y legó sus joyas y ornamentos a la iglesia de Lérida, aunque su corona sería llevada por su hijo al Monasterio de Poblet, fundado en 1153 por el propio Ramón Berenguer.[144][157]
Su muerte fue calificada de «peligro para la patria, satisfacción para sus enemigos, motivo de lamento para los pobres y de lloros para los fieles». Algunos describieron su vida como la de un santo, pero no llegó a ser canonizado.[158] De hecho algunas crónicas cuentan que durante el traslado del cadáver desde Borgo San Dalmazzo al monasterio de Ripoll se produjeron milagros y también tras ser sepultado allí. Sin embargo, según relató Próspero de Bofarull en 1836, los monjes de Ripoll no lo veneraban como tal, sino que cada 6 de agosto celebraban el aniversario de su muerte mediante una procesión claustral que se detenía delante de su sepulcro y los monjes cantaban un responso en sufragio por la salvación de su alma. «Esta es una prueba evidente de que el monasterio no le ha dedicado nunca culto, pues ha rezado por él como por los otros fieles, si bien con una distinción muy particular y muy debida a tan ilustre benefactor», afirmaba Bofarull.[159]
La Gesta Comitum Barcinonensium y otros textos antiguos dicen que el sarcófago —que estuvo siempre dentro de la iglesia, aunque cambió de sitio a causa de unas obras— era una gran caja de madera recubierta de muchas planchas de plata, y estaba sostenido por cuatro columnas, también de plata, que más tarde fueron sustituidas por ocho columnas de piedra. Dentro de esta gran caja había otra de madera que contenía el cadáver de Ramón Berenguer que se conservaba incorrupto por lo que en ocasiones era mostrado a ciertas personas distinguidas. Sobre la caja de madera más grande estaban pintadas sus arma, los palos de oro y gules, y la efigie del conde-príncipe, sentado, con espada y cetro, y con un epitafio que por el tipo de letra se considera que fue escrito en el siglo XIV o en el XV, aunque es probable que fuera anterior.[160][161] Decía lo siguiente:[162][163]
En 1794, durante la guerra de la Convención, las tropas francesas saquearon el monasterio de Ripoll y robaron las placas de plata y removieron el cadáver para coger la espada de plata muy larga con la que habían sido enterrado, por lo que los restos de Ramón Berenguer quedaron deshechos. Cuarenta años después, el 9 de agosto de 1835, en el curso de la primera guerra carlista, unos indisciplinados migueletes isabelinos saquearon e incendiaron el monasterio de Ripoll y profanaron todas las tumbas, incluida la de Ramón Berenguer IV.[164][163][165] Los migueletes sacaron el cuerpo momificado de su tumba para «llamarlo a juicio» y «condenarlo» a la hoguera por haber impuesto el catolicismo en Cataluña.[163][166] Desapareció cualquier tipo de restos del cadáver.[167] Como desagravio, en 1893, el capítulo de Barcelona de la orden del Santo Sepulcro de Jerusalén costeó un cenotafio que recordase por qué se llamó El Santo y la cesión que le hicieron en 1140-1143 las Órdenes militares del Santo Sepulcro, del Hospital y del Temple del derecho que les perteneciera de poseer el reino de Aragón en virtud del testamento de Alfonso I el Batallador.[166][168] El obispo de Vic, del que dependía Ripoll, fue el que dio el permiso a la Orden del Santo Sepulcro para que instalase el cenotafio que recordara que allí había sido enterrado Ramón Berenguer IV. Se situó en el brazo norte del transepto y el texto fue redactado en latín.[169]
Ramón Berenguer IV fue el último conde de Barcelona enterrado en Ripoll —el primero había sido el fundador de la dinastía condal barcelonesa Wifredo el Velloso—,[166][170] puesto que su hijo Alfonso, escogió el Monasterio de Poblet fundado por su padre.[170]
Memoria histórica
En el sepulcro había, colgando de una maderita, fuera de la caja exterior, un pergamino con un elogio fúnebre de Ramón Berenguer en latín (Epitafium serenissimi ac victoriosissimi domini Raymundi Berengarii, comitis barchinonensis, regis Aragonum et ducis Privinciae) que entre otras cosas decía:[171]
Ínclitos del pueblo cristiano, llorad, porque ha caído vuestro guía. Suene un clamor por Cataluña y Aragón, por la ausencia de un Señor tan grande; llore piadosamente la Iglesia. [...] Ay, Serenísimo Rey y Victoriosísimo Príncipe Ramon Berenguer, báculo de nuestro sustento: ¿Dónde estás? ¿Dónde yaces? Ciertamente, Victoriosísimo Príncipe, en el monasterio de Ripoll. ¡Oh feliz y entre todas villa de Ripoll muy ennoblecida, que no sirves al menor de los Príncipes del Mundo!
[...] Adiós, pues. Adiós y salve, Serenísimo Rey y Victoriosísimo Príncipe, glorioso Ramon Berenguer; acuérdate siempre de nosotros, a fin de que, con tu muy piadosa intercesión, conseguimos, ahora, ser protegidos contra todos los enemigos, y, en el porvenir, ser favorecidos por los gozos que tu, según piadosamente creemos, ya posees. Amén.
De la descripción de las cualidades de Ramón Berenguer que hizo la Gesta comitum barchinonensium, cuya primera versión es de finales del siglo XII, el historiador Ferran Soldevila ha destacado la frase «hom qui esguardava per a enant» ('hombre que miraba hacia delante') ya que señalaba «al mismo tiempo dos de las cualidades primordiales del conde: el sentido de previsión y el avance constante hacia sus objetivos». «Así, fuerza para la lucha, cordura [seny] y sutileza para la política, previsión y firmeza en las decisiones, altura de corazón, simplicidad en las maneras, gallardía y simpatía personales, son las cualidades personales que se desprenden de la semblanza», añade Soldevila.[172] El pasaje que hablaba de su muerte decía lo siguiente:[173]
Deixà gran plor a tot son poble, perill a sa terra, goig a sarraïns, gran crits a pobres, grans sospirs a hòmens de religió. Aprés la sua mort, exiren lladres e robadors, e pobres e desapoderats s'amagaven; e en clergues e en llecs, e en aquells de la terra e de fora, fo gran mal vengut e gran destrucció entrò venc N'Amfós, son fill...Dejó gran llanto a todo su pueblo, peligro a su tierra, alegría a sarracenos, grandes gritos a pobres, grandes suspiros a hombres de religión. Después de su muerte, salieron ladrones y robadores, y podres y humildes se escondían; y en clérigos y en laicos, en aquellos de la tierra y de fuera, fue gran mal venido y gran destrucción, hasta que llegó don Alfons, su hijo...
Descendientes
Del matrimonio con Petronila tuvo a:
- Una hija o un hijo nacido en 1152 y que moriría poco después. Se sabe de su existencia por el testamento dado por Petronila el 4 de abril de 1152 jacens et in partu laborans apud Barchinonam ('encamada y con dolores de parto, en Barcelona').[174][175][176][177]
- Ramón Berenguer, quien después de la muerte de su padre, al que sucedería como conde de Barcelona y rey de Aragón, se le cambió el nombre por el de Alfonso. Según el Chronicon Dertusense II, citado por Ferran Soldevila, habría nacido en 1154,[178] pero Antonio Ubieto Arteta ha retrasado la fecha de nacimiento a 1158.[174][69]
- Pedro (1158-1181), quien en 1173 será nombrado conde de Provenza por su hermano Alfonso, como Ramón Berenguer IV de Provenza.
- Dulce (1160-1198), casada en 1175 con el rey Sancho I de Portugal.
- Sancho (1161-1223), conde de Cerdaña desde 1168, y de Provenza entre 1181 y 1184.
Ferran Soldevila menciona la existencia de una segunda hija llamada Elionor que estuvo prometida al príncipe Ricardo de Inglaterra, «pero con quien no llegó a casarse, posiblemente porque murió».[178]
Tuvo también un hijo natural:
- Berenguer, muerto en 1212 y de madre desconocida, fue abad de Montearagón[179] y arzobispo de Narbona.
| Predecesor: Ramón Berenguer III |
Conde de Barcelona 1131-1162 |
Sucesor: Alfonso el Casto |
| Predecesor: Ramiro II (como rey de Aragón) |
Príncipe de Aragón 1137-1162 |
Sucesor: Alfonso el Casto (como rey de Aragón) |
| Predecesor: Berenguer Ramón I |
Conde de Provenza regente 1144-1162 |
Sucesor: Ramón Berenguer III |
Notas
- ↑ Aunque nunca fue canonizado.
- ↑ Al parecer se vio obligado a volver a su condado de Provenza tras tener un choque violento con el señor de la baronía de Mur que era vasallo del conde de Pallars Jussá.[151]
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 Garrido Valls, 2014, p. 45. «Tradicionalmente, se ha señalado que Ramon Berenguer III murió en 1131, datación que se hace a partir del año indicado por los Gesta comitum barcinonensium y recogido por la necrológica y los cronicones de Ripoll, que aparentemente entran en contradicción con la fecha del testamento, 8 de julio de 1130, y de la publicación sacramental de la última voluntad de Ramon Berenguer III, el 10 de agosto de 1130. Por otro lado, si Ramon Berenguer III falleció en julio de 1131, sería imposible que su hijo reinara el 21 de abril de 1131, como sí que lo tenemos documentado... Esto no pasó desapercibido a Francisco Diago, Historia de los victoriosísimos antiguos condes de Barcelona, Barcelona, 1603, f. 187-188, que indica que la muerte se produjo en 1130».
- ↑ Ubieto Arteta, 1987, p. 188.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 62-64.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 6.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 67.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 6-7.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 84-86.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 87-93.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 93-94.
- ↑ Schramm, 1960, pp. 9-10. «El documento no podía ser más extraño. Ya que el difunto deshacía de esta forma todo lo que su abuelo Ramiro I, su padre Sancho Ramírez y él mismo habían conseguido con el esfuerzo de sus vidas, y borraba del mapa aquel "regnum"... Alfonso dejaba su reino, no a las Órdenes, sino al Sepulcro, al Hospital y al Templo, o sea, no a las comunidades, sino a los lugares a los que servían; sólo en el suplemento se mencionaban los caballeros de las Órdenes. De esta forma se sorteaba la dificultad de que estas Órdenes se disolvieran, abandonaran la lucha religiosa o se desentendieran en alguna otra forma de aquella obligación que constituye la razón de ser de la donación: la solución que debía adoptarse y que consistía en hacer heredero a un santo, no era posible tratándose de Jesucristo».
- ↑ Lacarra, 1972, p. 58-59. «Ningún rey de Aragón estuvo inflamado de un espíritu tan auténticamente religioso y de Cruzada como el rey Batallador. Este es el ideal que le llevará... a dejar, finalmente, el reino a las tres Órdenes que se habían acreditado en la defensa de los Santos Lugares, para que puedan llevar a cabo su grandioso programa de liberación de toda la Cristiandad peninsular».
- ↑ Vela Aulesa, 2024, pp. 76-77.
- ↑ Sesma Muñoz, 2000, p. 31-35; 38.
- ↑ Schramm, 1960, pp. 11-14. «En 1135 el papa Inocencio II había escrito a Alfonso VII que se encargara, juntamente con sus príncipes, de que el testamento del Batallador se cumpliera, es decir, que Aragón fuese repartido entre las tres Órdenes. Eso equivalía a condenar a condenar a Ramiro».
- ↑ Schramm, 1960, p. 13.
- ↑ Lacarra, 1972, p. 59.
- ↑ 19,0 19,1 19,2 Vela Aulesa, 2024, p. 77.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 74-75.
- ↑ Ubieto Arteta, 1987, pp. 128-132.
- ↑ Sesma Muñoz, 2000, p. 36-38.
- ↑ Schramm, 1960, p. 14.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 76-77.
- ↑ Lapeña Paúl, 2008, p. 184; 191-192. «Nació una niña [Petronila] y ello variaba sustancialmente las soluciones que debían buscarse. Era la primera vez que la sucesión aragonesa quedaba solo en manos femeninas. No había leyes escritas al respecto, pero sí existían lo que pueden considerarse unas pautas para resolver la situación. Las había fijado [en 1059] el primer rey de Aragón [Ramiro I] en el primero de los dos testamentos que otorgó. [...] Solo en el caso de que se agotara la estirpe, y esto era lo que sucedía en este momento, se contaba con la mujer para transmitir la potestas regia, pero sin que la ejerciera, ya que esta pasaba al marido que se le eligiese, por ello era necesario buscarle consorte».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 79.
- ↑ Schramm, 1960, pp. 14-15.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 79-80.
- ↑ Schramm, 1960, pp. 14-15. «Este convenio ofrecía la perspectiva de realizar bajo la hegemonía castellana aquella unión de los dos países que en 1109 había fallado bajo la hegemonía aragonesa».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 80.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 82.
- ↑ Palomo, 2018, p. 29.
- ↑ Schramm, 1960, p. 17-18.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 104-106.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 107.
- ↑ Palomo, 2018, p. 31. «Parece que en este tiempo de cogobierno conjunto, la relación entre el rey y el conde se hizo más estrecha, ya que el rey, con libre voluntad y firme afecto, ordenó a todos los aragoneses que los castillos, las fortalezas y todos los honores que tenían como vasallos de Ramiro, los habían de tener y mantener para el conde de Barcelona, a quien tenían que obedecer y ser fieles en todo como rey. A continuación dona a Ramon todo aquello que se había reservado en el primer documento —en relación con los honores y los castillos, se entiende— y añade que, ahora que ha donado todo lo que tenía a Ramón, el conde lo ha de tener todo siempre con fidelidad y al servicio de Ramiro (esta vez sin mencionar a Petronila)».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 107-.
- ↑ 38,0 38,1 Schramm, 1960, p. 18.
- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, p. 184.
- ↑ Palomo, 2018, p. 31. «Aunque, según Jerónimo Zurita, hasta su muerte vistió como un rey, y no como un monje, no intervino más en la esfera política»
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 109.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 57-59. «Ramon Berenguer III, inquieto por los movimientos del rey aragonés [Alfonso I el Batallador], buscó la alianza castellana y la consiguió con el matrimonio de su hija [de doce años], Berenguela, con el rey Alfonso VII de León y Castilla, a quien Alfonso I había disputado el derecho a reinar en el pasado. [...] Una vez casado [en 1128], el rey castellanoleonés, que entonces tenía veintitrés años, tuvo que esperar a que Berenguela cumpliera los catorce años para tener relaciones sexuales».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 123-125.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 126-128.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 128.
- ↑ Schramm, 1960, p. 18-19.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 131.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 9.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 131-136.
- ↑ Schramm, 1960, p. 28.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 136-138.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 138.
- ↑ Vela Aulesa, 2024, pp. 78-79.
- ↑ Vela Aulesa, 2024, pp. 79-81.
- ↑ Schramm, 1960, pp. 20-21.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 147-148.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 148; 150. «[En el documento] no se especifica el lugar de Aragón donde tuvo lugar la firma, pero por el nombre de los confirmantes, todos aragoneses, bien podría haber sido alguna localidad del norte: ¿Huesca? Recordemos que entonces todavía vivía Ramiro II, enclaustrado en San Pedro el Viejo, y por la trascedencia del acto, quizás fue consultado».
- ↑ Schramm, 1960, pp. 20-21. «Sólo hay que comparar esta fórmula refinada con las frases chapuceras del documento, justo unos años más antiguo, con el que Ramiro II cedía sus vasallos a su yerno, para hacerse cargo de como era diferene el tereno en que se realizaron las negociaciones entre Raymund y Ramon Berenguer».
- ↑ Schramm, 1960, pp. 21-22.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 148-149.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 150-151.
- ↑ Schramm, 1960, p. 22. «Es difícil que, desde la lejana Jerusalén, al patriarca se le ocurriera espontáneamente la idea de otorgar aquella gracia; de esta frase se ha de deducir que Raymond le había presentado aquel favor como un secreto deseo de Ramon Berenguer; por otro lado, quizás también alagaba su vanidad el hecho de poder crear un rey».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 152.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 236-237; 239. «Para el conde-príncipe, casarse con la hija de García VI ofrecía la posibilidad de solucionar de momento el pleito territorial [por fijar definitivamente la frontera entre los reinos de Aragón y de Pamplona] y al mismo tiempo mantener las ambiciones sobre el reino pamplonés».
- ↑ 66,0 66,1 66,2 Schramm, 1960, p. 31.
- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, p. 186.
- ↑ Schramm, 1960, p. 32.
- ↑ 69,0 69,1 69,2 Garrido Valls, 2014, p. 242.
- ↑ 70,0 70,1 Waag, 2024, p. 59.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 243. «No nos ha de extrañar: el principal y quizás único deber de una princesa, o de una reina, era procrear, aportar hijos a la dinastía».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 244-245.
- ↑ L'Enciclopèdia: Sant Pere de Vilamajor
- ↑ Carles Albesa, Postals del Montseny/2, Ediciones de la Abadía de Montserrat, 1990, pág. 16.
- ↑ Ubieto Arteta, 1987, pp. 177 y ss.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 245.
- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, p. 187.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 179-180. «El país musulmán, que todavía se extendía por la mitad del territorio peninsular, vivía entonces sometido al imperio norteafricano de los almorávides, hermanos de fe —¡sí!— pero extranjeros e intolerantes... Al-Ándalus se había convertido en una provincia marroquí... Sin embargo, por primera vez, en casi un siglo de derrotas y humillaciones, loa musulmanes tomaban la iniciativa militar en Al-Ándalus».
- ↑ 79,0 79,1 Garrido Valls, 2014, pp. 181-184; 186.
- ↑ 80,0 80,1 Lacarra, 1972, p. 60.
- ↑ Lacarra, 1972, p. 69-70. «A cada una de las ciudades de esta Extremadura se señala un extenso territorio para su vigilancia y defensa, que suele constar de una parte aún en poder del enemigo, y que sin duda se le asigna como zona de influencia y de expansión de futuras cabalgadas».
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 9-10.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 197-217.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 27.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 197.
- ↑ 86,0 86,1 Soldevila, 1955, pp. 10; 12; 27-28.
- ↑ Lacarra, 1972, p. 58. «Varias veces intentó Alfonso llegar hasta el mar, eliminando esta peligrosa penetración enemiga [el curso inferior del Ebro, donde los musulmanes se adentraban por Tortosa hasta Lérida y Fraga], pero tropezó con la oposición del conde de Barcelona, quien aspiraba a someter en provecho propio los territorios sitos entre el Cinca y el Ebro».
- ↑ Schramm, 1960, p. 26.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 10.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 202.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 219-223.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 35.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 225-228.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 228-230.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 28.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 229.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 230-231.
- ↑ Lacarra, 1972, p. 72.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 10-11; 28-29.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 230-232.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 285.
- ↑ Schramm, 1960, p. 29.
- ↑ 103,0 103,1 Soldevila, 1955, p. 11.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 246-247; 252-253.
- ↑ Vela Aulesa, 2024, pp. 81-82.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 23-24.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 32-33.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 248-250.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 14-15.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 255-256.
- ↑ Vela Aulesa, 2024, p. 82.
- ↑ 112,0 112,1 112,2 Garrido Valls, 2014, pp. 259-260.
- ↑ Lacarra, 1972, pp. 74-75.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 179. «Las grandes empresas, siempre militares, acabarían conviritiéndolo en el gobernante más poderoso de la península ibérica cuando le llegó la muerte en 1162».
- ↑ Schramm, 1960, p. 41.
- ↑ Peig, 2024, pp. 134-135. «¿Por qué se debían haber juntado estos tres personajes en este lugar del pórtico? Nuestra justificación radica en un paralelismo o referencia más de las tantas empleadas en su programa iconográfico, y que Ramon Berenguer III y Ramon Berenguer IV pudieran ser identificados como el apoyo necesario para llevar a cabo los planes de Dios... Ramon Berenguer III y Ramon Berenguer IV fueron el apoyo de la Iglesia —en este caso representada a través del obispo Oleguer, que fue obispo de Tarragona una vez conquistad—, por defenderla contra las "gens Maurorum", según declaró el mismo Ramon Berenguer IV en Gerona antes un legado pontificio en noviembre de 1143».
- ↑ Soldevila, 1955, p. 37.
- ↑ Peig, 2024, pp. 122-123.
- ↑ Peig, 2024, p. 122; 124; 126; 132-136.
- ↑ Salas Merino, Vicente. La GenealogÍa de Los Reyes de España. Editorial Visión Libros. p. 85. ISBN 8498217679.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 38.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 51.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 39.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 71-72; 262.
- ↑ 125,0 125,1 Soldevila, 1955, p. 13.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 262.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 29. «El ideal íntegro de Ramon Berenguer IV era, indudablemente, la formación del gran reino pirenaico occitano-peninsular».
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 188-190. «El señor de Montpellier era un importante peón para afirmar el liderazgo barcelonés en Occitania».
- ↑ 129,0 129,1 Schramm, 1960, pp. 30-32.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 187-188; 191.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 192-194.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 261-264.
- ↑ Suárez Fernández, 1976, pp. 597–599.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 13-14.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 264-265.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 267-268; 273-274.
- ↑ 137,0 137,1 Schramm, 1960, pp. 32-34.
- ↑ 138,0 138,1 Soldevila, 1955, pp. 15-16.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 268-270. «La Iglesia padecía un cisma provocado por el emperador, empeñado en ejercer su autoridad directa sobre Italia. La elección el 7 de septiembre de 1159 del sienés Rollando Bandinelli, Alejandro III, no gustó a Barbarroja, que tenía su candidato en Ottaviano dei Crescenzi Ottaviani di Monticelli, Víctor IV... Un concilio convocado por el emperador en Pavía (febrero de 1160) ratificó la elección de Víctor IV, pero eso no restó partidarios a Alejandro III».
- ↑ Schramm, 1960, p. 34.
- ↑ Soldevila, 1955, pp. 16-17.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 273.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 15; 45.
- ↑ 144,0 144,1 Schramm, 1960, p. 35.
- ↑ Ubieto Arteta, 1987, pp. 184–200.
- ↑ 146,0 146,1 146,2 Soldevila, 1955, p. 17.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 271-.
- ↑ 148,0 148,1 Bofarull y Mascaró, 1836, pp. 195–198.
- ↑ Garrido Valls, 2014, pp. 280.
- ↑ Waag, 2024, p. 61. «El hecho de que Petronila confirmara el testamento, y el hecho de que lo hiciera en Huesca, la tradicional sede del poder real aragonés, deja claras dos coas: en primer lugar, que esta confirmación se aplicaba específicamente a la sucesión de Alfonso [Ramon en el testamento de Ramon Berenguer] al trono aragonés (independientemente de su sucesión al condado de Barcelona); y en segundo lugar, que Petronila, como reina propietaria de Aragón, tuvo un papel crucial en la validación de esta sucesión —sus acciones se consideraron necesarias para validar legalmente la sucesión de Alfonso al trono aragonés, aunque fuese Ramon Berenguer quien dictara la sucesión en su testamento».
- ↑ 151,0 151,1 Garrido Valls, 2014, pp. 282-283.
- ↑ Cabestany, 1960, pp. 62-63.
- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, p. 214.
- ↑ Cfr. Alfonso II, «el Casto» Archivado el 4 de agosto de 2008 en Wayback Machine., Gran Enciclopedia Aragonesa
- ↑ Schramm, 1960, p. 35-36.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 284-285.
- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, p. 199.
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- ↑ Soldevila, 1955, p. 40-41.
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- ↑ Bofarull y Mascaró, 1836, pp. 199-205.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 42.
- ↑ 163,0 163,1 163,2 Garrido Valls, 2014, p. 275.
- ↑ Soldevila, 1955, p. 42-43.
- ↑ Peig, 2024, pp. 129-131.
- ↑ 166,0 166,1 166,2 José Morgades y Gili, «El sepulcro de D. Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona» Archivado el 24 de septiembre de 2015 en Wayback Machine., Boletín de la Real Academia de la Historia, vol. 26, 1895, págs. 477-486.
- ↑ Peig, 2024, p. 131.
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- ↑ Peig, 2024, pp. 131-132.
- ↑ 170,0 170,1 Joan Carreres, Clara Fernández-Ladreda Aguade María Jesús Ibiricu Jesús Arraiza, Juan José Cebrián Franco, Clara Fernández-Ladreda (1988). Encuentro, ed. María en los pueblos de España. ISBN 9788474902129.
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- ↑ 174,0 174,1 Ubieto Arteta, 1987, p. 178.
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- ↑ Soldevila, 1955, pp. 43-44.
- ↑ Garrido Valls, 2014, p. 242. «El hijo primogénito de la pareja que nació en aquel momento fue Pere, que murió, todavía en vida del padre, en Huesca».
- ↑ 178,0 178,1 Soldevila, 1955, p. 44.
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Bibliografía
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