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Sofonisba Anguissola
| Sofonisba Anguissola | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
circa 1535 Cremona | |
| Fallecimiento | Palermo | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Pintora | |
| Cargos ocupados | Dama de compañía de Isabel de Valois | |
Sofonisba Anguissola (Cremona, c. 1535-Palermo, 1625) fue una pintora italiana considerada la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento.[1] Cultivó el retrato y el autorretrato, estableciendo nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino.[2]
A los 27 años se estableció en España, en la corte del rey Felipe II. Se le adjudica un importante papel como eslabón entre el retrato italiano y el español en el siglo XVI, además de notable influencia en el desarrollo posterior de este género en Italia.[2] Su trayectoria resultó un precedente para varias mujeres artistas que habían sido excluidas de la enseñanza académica, de gremios, talleres, y del mecenazgo papal, pero que sí encontraron respaldo en algunas cortes europeas entre los siglos XVI y XVIII.[2][3]
Biografía


Sofonisba Anguissola (también escrito Anguisciola o Anquissola) nació en Cremona (actual Italia) hacia 1535. Era la mayor de siete hermanos, seis de los cuales eran niñas. Su padre, Amilcare Anguissola, era miembro de la baja nobleza genovesa. Su madre era Bianca Ponzone. Durante las cuatro generaciones anteriores, la familia tuvo una estrecha conexión con la historia antigua de Cartago, por lo que nombraron a su progenie en honor del gran general Aníbal, llamando a su hija mayor como la trágica protagonista cartaginesa Sofonisba.
Amilcare animó a sus hijas (Sofonisba, Elena, Lucia, Europa, Minerva y Ana María) a cultivarse y perfeccionar sus talentos. Como Sofonisba, cuatro de sus hermanas también fueron pintoras, aunque Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió y la más renombrada. Elena, la segunda hermana, se hizo monja (existe un retrato de ella pintado por Sofonisba) y tuvo que dejar de pintar. También dejaron la pintura Ana María y Europa, con motivo de contraer matrimonio, mientras que Lucía, la mejor pintora de las hermanas, murió joven. La otra hermana, Minerva, se hizo escritora y latinista. Asdrubale, el hermano varón, estudió música y latín, pero no pintaba. Su aristocrático padre se aseguró de que tanto Sofonisba como sus hermanas recibieran una buena educación en la que estaban incluidas las bellas artes.

A la edad de catorce años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti (conocido como «El Sojaro»). El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte. No se sabe con certeza, pero probablemente continuó sus estudios junto a Gatti durante tres años. Su trabajo más importante de aquella época es su obra Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola, fechado en 1550 y que se encuentra en la Pinacoteca Nacional de Siena.
Viaje a Roma
En 1554, Sofonisba viajó a Roma, donde conoció a Miguel Ángel por mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser instruida informalmente por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo (Nápoles, Museo de Capodimonte) y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante al menos dos años, Sofonisba continuó este estudio informal, recibiendo una sólida orientación del mismo Miguel Ángel.
El gran historiador del arte Giorgio Vasari escribió sobre ella: «Anguissola ha mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar; por eso ha triunfado no sólo dibujando, coloreando y pintando de la naturaleza, y copiando excelentemente de otros, sino por ella misma que ha creado excelentes y muy bellas pinturas».
No obstante, no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con coraje y apoyo, más que el resto de las mujeres de su época, su clase social no le permitía ir más allá de los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una señora que viera cuerpos desnudos —esta situación se repetiría un siglo después con Elisabetta Sirani, quien tampoco pudo acceder a una formación artística completa por ser mujer—. En su lugar, Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes con poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro fueron los protagonistas más frecuentes de sus obras, como se puede ver en Autorretrato (1554; en el Kunsthistorisches Museum de Viena), El juego de ajedrez (1555; Museo Nacional, Poznan), en el que pinta a sus hermanas Lucía, Minerva y Europa, y el Retrato de Amílcar, Minerva y Asdrúbal Anguissola (1557-1558; Nivågårds Malerisambling, Niva, Dinamarca).
De Milán a España
Cuando ya era conocida, Sofonisba se desplazó a Milán, hacia 1558, en donde pintó al duque de Alba. Unos meses más tarde, durante el verano de 1559, el duque de Alba prepara en París los esponsales entre Felipe II e Isabel de Valois, tercera esposa del rey. Entre otras cuestiones, se ocupa de las damas que va a llevar consigo la joven reina a España. El duque decide incluir a Sofonisba entre dichas damas, sabedor de la afición de la reina por el dibujo. Alba cursa una invitación a Amilcare Anguissola, quien en septiembre accede a dejar partir a su hija a España. Desde febrero de 1560 hasta el verano de 1573, Anguissola vivirá en la corte española, primero como dama de Isabel de Valois y, tras la muerte de la reina, como tutora de las infantas, especialmente de Isabel Clara Eugenia.
Con solo veinticinco años, Sofonisba llega a Madrid en el invierno de 1560 para convertirse en dama de corte de la nueva reina y pintar sus retratos, como Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II, y los de otros miembros de la corte.[5] De este momento es la primera anécdota documentada de la estancia de Sofonisba en la corte española, narrada por el embajador Girolamo Negri en una carta de 8 de febrero de 1560 al Duque de Mantua, en la que cuenta que durante una de las jornadas de las celebraciones de la boda habiendo dicho el monarca que se bailase "a la gallarda" nadie se atrevía a iniciar el baile, hasta que “Ferrante Gonzaga sacó a bailar a la cremonesa que pinta, que ha venido a estar con la reina” tras lo cual el resto se fue animando. También cuenta como la pintora sacó a bailar a su vez al propio Felipe II, lo que indica el alto grado de confianza que le otorgaba su elevada posición en la nueva casa de la reina.
Sofonisba también se ganó la estima y confianza de Isabel de Valois. Durante este tiempo, trabajó estrechamente con Alonso Sánchez Coello; se aproximó tanto a su estilo, que inicialmente el famoso retrato de Felipe II en edad mediana (Madrid, Museo del Prado) fue atribuido a Coello. Ha sido recientemente cuando se ha reconocido a Anguissola como la autora del mismo. También las historiadoras Carmen Bermis y María Kusche consideran que La dama de armiño, uno de los más famosos retratos tradicionalmente asignados al Greco, podría haber sido pintado por ella.[6]
Durante dieciséis meses el matrimonio real se instala con su corte en el Alcázar de Toledo, en los que serían los dos últimos años de la capitalidad toledana. Allí Sofonisba comienza a dar sus lecciones de pintura a la reina de la que dicen que tiene buena mano para el dibujo. En una de sus cartas el mismo embajador Negri dice al duque de Mantua: “La reina ha comenzado a pintar y dice Sofonisba la cremonesa, que es quien la enseña, y es una de sus damas preferidas, que retrata del natural con un carboncillo, de tal forma que enseguida se sabe quien es la persona retratada”.
En mayo de 1561 Felipe II decide trasladar la corte a Madrid, una decisión en la que parece haber influido en gran medida los gustos personales de la reina, quien afirmaba que los bosques que rodeaban la nueva capital le recordaban a los de Fontainebleau. Sofonisba ya formaba parte del círculo de confianza de la reina, que ya cuenta con 16 años, en el que ocupa un lugar privilegiado en razón de su misión artística entre el selecto grupo de damas que habitualmente la rodean, formado en su mayoría por damas francesas. También forma parte del grupo otra italiana, Marta Tana de Santena, hija de una noble familia de la ciudad de Chieri, en el Piamonte al norte de Italia..
En Madrid, en torno a Isabel confluye un animado grupo de jóvenes de la nobleza que se educan en la corte y cumplen la función de pajes del heredero Carlos, que realizaban excursiones, representaban farsas, danzan y van de cacería. Además la reina entretenía su ocio con la música, el baile, la pintura y el dibujo que aprendía con su maestra Sofonisba con la que a pesar de existir una diferencia de 14 años, se establece una estrecha relación, no solo por la enseñanza de la pintura, sino también por su formación más acorde con la de la propia Isabel, muy diferente del de las damas castellanas con las que confesaba que le costaba mucho congeniar y entenderse. La reina gustaba de alternar la modas francesa, italiana y española, usando las mejores sedas y terciopelos, sin repetir nunca el mismo vestido, y ademas contaba con su madre que le enviaba periódicas remesas con los mejores perfumes franceses e italianos.
Anguissola pasó los años siguientes pintando sobre todo retratos oficiales de la Corte, incluyendo los de la reina y otros miembros de la familia real, como la hermana de Felipe II, Juana, y su hijo, Don Carlos. Sus pinturas de Isabel de Valois y de Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II, son vibrantes y llenas de vida.
En general, se puede afirmar que desde 1560, discípulos de Moro como Alonso Sánchez Coello o Sofonisba Anguissola, aplican sin mayores innovaciones el modelo de retrato de estado articulado durante las décadas anteriores. En España, Juan Pantoja de la Cruz prolongará el modelo, continuado después por Velázquez, quien sí introducirá —aun marginalmente— una nueva fórmula para el retrato femenino, con sus retratos ecuestres.[7]
El eco de su fama llega al Vaticano hasta el punto que el mismo Papa Pío IV le pidió que realizara para él un retrato de la Reina de España. En los archivos vaticanos se conservan las cartas entre el pontífice y la pintora:
Santo Padre, he conocido por su Nuncio que desea un retrato de mi real Señora realizado por mi mano. Considero un favor singular que se me permita la posibilidad de servir a V.S. y he pedido el permiso de Su Majestad, que ha sido concedido rápidamente, sabiendo el afecto paternal qué su santidad le profesa. Aprovecho la oportunidad de enviárselo por este caballero. Será un gran placer para mí si he gratificado el deseo de su Santidad, debo añadir que, si el pincel pudiera representar la belleza del alma de la reina a sus ojos, sería maravilloso, yo, por mi parte, he utilizado la máxima diligencia para presentar lo que el arte puede mostrar...
Madrid, 16 de septiembre de 1561. La más humilde sierva de Su Santidad.
Sofonisba Anguisciola.
Aunque el Papa no realizó pago alguno por el retrato, si le envió diversos regalos y objetos devocionales además de una carta de agradecimiento:
Dilecta hija en Cristo. Hemos recibido el retrato de nuestra querida hija de la Reina de España que nos ha enviado. Nos ha dado la máxima satisfacción tanto por la persona representada, a quien amamos como un padre por la piedad y las buenas cualidades de su mente, y porque está bien ejecutado y con diligencia por su mano. Agradecemos y le aseguramos que vamos a conservarlo como un tesoro entre nuestras posesiones más selectas, y elogiamos su maravilloso talento que es la menor de sus cualidades. Y por ello le enviamos de nuevo nuestra bendición.
Que Dios la guarde.
Roma, día XV de octubre de 1561.
Ese primer retrato de la reina que Sofonisba realizó para el Papa fue una de las obras más copiadas en su tiempo, destacando entre los "copistas" el propio Rubens y Pantoja de la Cruz. Desgraciadamente el retrato desapareció en algún momento de las colecciones del Papa.
En 1565 Catalina de Médicis, madre de la reina, organizó una reunión con los reyes de España buscando causar buena impresión a su yerno Felipe II y con el deseo de volver a ver a su hija Isabel después de seis años desde su separación. Para ello organizó grandes festejos en Bayona. Sofonisba Anguissola formaba parte del séquito español. Había pintado un retrato de la reina para la ocasión en el que la representaba con los símbolos de la realeza y con una pequeña imagen del rey en su mano derecha.
Durante la estancia en Bayona Sofonisba realiza un segundo retrato de la reina acompañada de una niña, probablemente procedente de la nobleza francesa. El retrato se encuentra en el Musée Basque et de l'Histoire de Bayonne donde es tenido sin duda por obra de Sofonisba pero donde se identifica al personaje con una dama francesa llamada Corisande de Andoins.
Durante los años siguientes sus obras comienzan a ser solicitadas por otros miembros de la familia y otros personajes cercanos de la corte. Aunque ella pinta todos sus retratos esta actividad no la puede realizar por oficio, ya que sería incompatible con su posición de dama de honor. Es por ello que nunca firmaba ni cobraba por sus obras, aunque si aceptaba valiosos regalos.
Entre el grupo de jóvenes nobles que coinciden en tiempo y lugar con Isabel de Valois se encuentran el hijo del rey, el príncipe heredero Carlos, su hermano Juan de Austria, y su sobrino Alejandro Farnesio, hijo de Margarita de Parma, así como un numeroso grupo de jóvenes hijos de la nobleza italiana y española, que en aquella época se educaban como pajes en la corte madrileña.
Muchos de ellos pasaron por delante del caballete de Sofonisba Anguissola, aunque algunas obras no se hayan conservado, en parte porque pudieran haber desaparecido en el incendio del Palacio Real que tuvo lugar en 1734, o porque se encuentren en algún museo atribuidas a otros pintores. Muchos de los cuadros de Sofonisba, al no haber sido firmados y poseer una su gran calidad, han sido adjudicados a lo largo del tiempo, a los principales pintores de la época, aunque en los últimos tiempos se han venido produciendo diversas y a veces sorprendentes re-atribuciones de obras a la pintora cremonense.
En enero de 1568 el rey hizo detener a su hijo el príncipe Carlos acusado de traición, encerrándolo en el Alcázar. Estando en cautiverio fallece el 28 de julio en extrañas circunstancias que alimentaron la «leyenda negra» en torno a Felipe II, ya que se le acusó infundadamente de haber dado orden de asesinarlo. Todo ello debió afectar seriamente a la reina, que estaba embarazada, y vio agravada su ya muy frágil salud, resentida desde el parto anterior. Tres meses después, tras el parto prematuro de una niña de cinco meses de gestación, murió con tan sólo veintidós años de una pielonefritis gravídica.
A pesar de todo este cúmulo de desgracias, Sofonisba permaneció en Madrid a petición del rey otros cinco años más, ocupándose de la educación de las niñas. El hecho de que ella fuese la única de las damas de Isabel de Valois que permaneció en la corte tras su fallecimiento, indica que seguramente la reina en su lecho de muerte, le debió pedir personalmente que cuidara de las niñas.
Regreso y vejez en Italia
En 1570 aún continuaba soltera. No obstante, su edad hace aconsejable buscar un matrimonio adecuado, proceso del cual se hace responsable el rey, como era usual con las damas de la reina. Ella pide un partido italiano, que finalmente se le encuentra: don Fabrizio Moncada, hijo del príncipe de Paterno, virrey de Sicilia, noble siciliano de ascendencia aragonesa. Tras la boda, celebrada con gran pompa y por la que recibió una dote por parte del rey de España, se trasladó a Sicilia en el verano de 1573. Allí residirá en Palermo hasta 1579, tras la muerte temprana del marido el año anterior, muerte que la coloca en una difícil situación, aunque recibirá una vez más el apoyo de Felipe II.

Viajando hacia Cremona, Sofonisba conoció al noble genovés Orazio Lomellino, considerablemente más joven que ella, el capitán del barco en el que viajaba. Se casaron en 1579 en Pisa, en contra de los deseos de Felipe II, quien no autorizaba la boda. En una carta, ella argumentó que el matrimonio se había consumado antes de recibirse la negativa del rey español. La nueva pareja se estableció en Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para pintar y dibujar. La generosa pensión que le otorgó Felipe II, además de la fortuna personal de Orazio permitió a Sofonisba pintar y vivir libre y cómodamente. Bastante famosa entonces, recibió la visita de muchos de sus colegas. Varios de éstos eran más jóvenes que ella y aprendían e imitaban el estilo distintivo de Anguissola. Desde 1581 hasta 1615 reside en Génova, donde mantiene una posición de prestigio tanto por su cultura y su talento artístico como por sus privilegiados contactos con la corte española. Sus últimos diez años los pasa en Palermo, en sus posesiones sicilianas.[8]
En 1623, la visitó el pintor flamenco Anton van Dyck, quien hizo alusiones a sus visitas a Sofonisba en su hoy famoso cuaderno de bocetos del Museo Británico de Londres. Van Dyck dijo: «Aunque su vista está debilitada, se mantiene aún muy alerta mentalmente». En contra de lo que algunos biógrafos reclaman, ella nunca se llegó a quedar ciega; quizá tuvo cataratas.[cita requerida] Murió en Palermo en 1625. Fue internacionalmente aclamada y respetada a lo largo de su vida.
Siete años después, en lo que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía, en parte: «A Sofonisba, mi mujer [...] quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre [...] Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer».
Estética
Con palabras de Sofonisba Anguissola, tomadas de la carta que envió al papa Pío IV junto al retrato de Isabel de Valois,[9] la artista valora que el arte busque la verdad, entendida esta como la apariencia física, ya que no puede penetrar en el alma humana.
Se col pennello si potesse così rappresentare agli occhi di Vostra Beatitudine le bellezze dell'animo di questa serenissima reina, non potria veder cosa piü maravigliosa. Ma in quelle parti, le quali con l'arte si sono potute figurare, non ho mancato di usare tutta quella diligenza che ho saputo maggiore, per rappresentare alla Santitá Vostra il vero.Sofonisba Anguissola. Cremona, c. 1561.[10]
Legado
Un total de cincuenta obras han sido atribuidas con seguridad a Sofonisba. Sus cuadros pueden ser vistos en las galerías en Bérgamo, Budapest, Madrid (Museo del Prado y Museo Lázaro Galdiano), Milán (Pinacoteca de Brera), Nápoles, Siena y Florencia (Galería Uffizi). Su obra ha tenido enorme influencia en las generaciones de artistas posteriores. Su retrato de la reina Isabel de Valois con una piel de marta cibelina fue el retrato más copiado en España. Entre estos copistas se incluyen muchos de los mejores artistas del momento, como Pedro Pablo Rubens.
Un precedente para otras mujeres artistas
La trayectoria de Sofonisba es un referente en la historia. Pese a vivir en una época donde las mujeres estaban ausentes de las artes visuales, su éxito abrió el camino a otras mujeres para desarrollar sus carreras artísticas.[2] Entre sus nombres se encuentran Lavinia Fontana, Bárbara Longhi, Fede Galizia y Artemisa Gentileschi. El Museo del Prado celebró su segundo centenario en 2020 con, entre otras, una exposición antológica sobre Anguissola y Fontana.[11]
Referencias
- ↑ Boullosa, Carmen (2 de agosto de 2008). «¿Ser o no ser un Goya, o un Anguissola?». El País. Consultado el 29 de junio de 2016.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 «Sofonisba Anguissola, el naturalismo innovador». Más de Arte. Consultado el 29 de junio de 2016.
- ↑ Etiqueta «Sofonisba Anguissola» en Dialnet, Universidad de La Rioja, consultada el 6 de julio de 2018.
- ↑ «Felipe II», ficha de la obra en la colección del Museo del Prado.
- ↑ Boullosa, Carmen (2 de agosto de 2008). «¿Ser o no ser un Goya, o un Anguissola?». El País. Consultado el 29 de junio de 2016.
- ↑ «La dama del armiño: cuestionada autoría del Greco». ArtyCultura. 23 de octubre de 2014. Consultado el 8 de noviembre de 2019.
- ↑ Jorge Sebastián Lozano; tesis doctoral dirigida por Carmen García Beneyto (2005). Imágenes femeninas en el arte de corte español del siglo XVI. Universidad de Valencia. p. 82.
- ↑ Jorge Sebastián Lozano; tesis doctoral dirigida por Carmen García Beneyto (2005). Imágenes femeninas en el arte de corte español del siglo XVI. Universidad de Valencia. p. 253.
- ↑ Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II (c. 1561 - 1565). Óleo sobre lienzo, 206 x 123 cm. Museo del Prado.
- ↑ Jorge Sebastián Lozano; tesis doctoral dirigida por Carmen García Beneyto (2005). Imágenes femeninas en el arte de corte español del siglo XVI. Universidad de Valencia. p. 92.
- ↑ Natividad Pulido (23 de octubre de 2019). «Las pintoras se reivindican en el Prado». Diario ABC. Consultado el 21 de septiembre de 2021.
Bibliografía
- Pizzagalli, Daniela: La señora de la pintura. Vida de Sofonisba Anguissola, una pintora en la corte de Felipe II. Editorial Bercimuel, 2018, ISBN 9788494681738.
- Porqueres, Bea (2003). Sofonisba Anguissola (c. 1535-1625). Del Orto. ISBN 9788479233112.
- Boullosa, Carmen (2008). La virgen y el violín. Siruela. ISBN 9788498411898.
Enlaces externos
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