Toscana

De Hispanopedia
Toscana
Región


Bandera

Escudo


Localización de Toscana en Italia.
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Capital Florencia
Idioma oficial Italiano
Entidad Región
 • País Italia
 • Zona Italia central
 • Municipios 276
Subdivisiones

Arezzo Florencia Grosseto Livorno Lucca Massa y Carrara Pisa Pistoya Prato

Siena
Superficie  
 • Total 22994 km²
Población (2024)  
 • Total 3,662,079 hab.
 • Densidad 162,20 hab./km²
Gentilicio

toscano (masculino)

toscana (femenino)
PIB (nominal) Puesto 6
 • Total (2018) Crecimiento USD 138 942 millones
 • PIB per cápita Crecimiento USD 37 253 dólares
IDH (2018) 0.900 (5.º) – Muy Alto
Sitio web oficial
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Toscana es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. Su capital y ciudad más poblada es Florencia. Está ubicada en la Italia central, limitando al norte con Emilia-Romaña, al este con Marcas, al sureste con Umbría, al sur con Lacio, al oeste con los mares Tirreno y de Liguria y al noroeste con Liguria. Contaba con 3.662.079 habitantes en 2024. Con 22 994 km² es la quinta región más extensa del país, por detrás de Sicilia, Piamonte, Cerdeña y Lombardía.

Los 633 km de costas (397 km continentales y 236 km insulares) están bañados por el mar de Liguria en el tramo centro-septentrional entre Carrara (junto a la desembocadura del torrente Parmignola, limítrofe con Liguria) y el golfo de Baratti y el mar Tirreno baña a su vez el tramo costero meridional entre el promontorio de Piombino y la desembocadura del Chiarone, en el territorio conocido como Maremma grossetana, que marca el límite con Lacio.

La región de Toscana es una de las mayores y más importantes regiones italianas por su patrimonio artístico, histórico, económico, cultural y geográfico. Se halla en la zona central de Italia y es uno de los principales destinos turísticos del país. A lo largo de los siglos mantuvo una profunda relación con el mundo hispánico, marcada por alianzas geopolíticas, control territorial directo de la Corona española y un constante intercambio cultural y dinástico.

Etimología

El nombre es antiquísimo y deriva del epónimo usado por los griegos y los latinos para definir la tierra habitada por los etruscos: «Etruria», que evolucionó luego a «Tuscia» y de ahí a «Toscana». Incluso los confines de la actual Toscana se corresponden con la línea máxima de la Etruria antigua, que comprendían incluso partes de las actuales regiones del Lacio y de Umbría, hasta el río Tíber.

Geografía física

De forma más bien triangular y situada entre la parte septentrional del mar Tirreno y los Apeninos centrales, la Toscana tiene una superficie de aproximadamente 22 994 kilómetros cuadrados. Aunque rodeada y cruzada por las principales cadenas montañosas, dejando entre sí algunas escasas llanuras caracterizadas por ser muy fértiles, en la región abunda un relieve dominado por el paisaje ondulado que conforman las colinas. El territorio toscano está poblado de colinas y montes: el Apenino está surcado por las cuencas de la Lunigiana, la Garfagnana, el Mugello y el Casentino. Las llanuras son escasas, costeras como la Versilia y la Maremma o aluviales como la llanura del río Arno. En la costa se alternan largas playas (Versilia, zona de Cecina) y promontorios (Piombino, Argentario); las islas del archipiélago toscano pueden considerarse una prolongación de los relieves costeros.

Mientras que las montañas se extienden por el 25 % del área total y las pocas llanuras solo un 8,4 % de su superficie, casi todas coincidiendo con el valle del río Arno, el conjunto suma un total de 1930 kilómetros cuadrados, de los que las colinas suponen dos tercios (66,5 %) de la superficie total de la región, que se extiende por 15 292 kilómetros cuadrados.

El monte más alto de Toscana es el Monte Prado (2054 m s. n. m.), ubicado en Sillano Giuncugnano, provincia de Lucca. Hay volcanes como el Monte Amiata (1738 m s. n. m.). El principal río es el Arno (241 km); otros son el Ombrone, el Serchio y el Cecina. El lago costero más extenso es la laguna de Orbetello con una superficie de 26,2 km². Los 633 km en total de costa son 397 km continentales y 230 km insulares. Limitan con la Toscana el mar de Liguria y el mar Tirreno; dos accidentes destacados el canal de Piombino y el canal de Córcega. Las islas principales de la costa toscana son Elba, Giglio, Capraia, Montecristo y Pianosa.

El clima, que es bastante suave en las zonas costeras, es más lluvioso y severo en el interior, con considerables fluctuaciones de temperatura entre el invierno y el verano, lo que da a la región un suelo que construye ciclo de helada-deshielo activo. Las reservas naturales cubren un total de 227 000 hectáreas, casi el 10 % del territorio toscano. En la región se encuentran tres parques nacionales italianos, uno de ellos, el parque nacional del Archipiélago Toscano, se encuentra totalmente dentro del territorio toscano, mientras que los otros dos se sitúan entre Toscana y la región de Emilia-Romaña: el parque nacional delle Foreste Casentinesi, Monte Falterona y Campigna y el parque nacional de los Apeninos tosco-emilianos.

Historia

Prehistoria y protohistoria

El territorio de la actual Toscana ha estado habitado desde tiempos prehistóricos. Numerosos hallazgos arqueológicos documentan la presencia humana desde el Paleolítico, especialmente en las zonas costeras y en los valles del Arno y del Ombrone. Durante el Neolítico se desarrollaron comunidades agrícolas estables que introdujeron la ganadería y el cultivo sistemático de cereales.

Durante la Edad del Bronce surgieron diversos asentamientos vinculados a las culturas apenínicas y tirrénicas. Posteriormente, entre los siglos X y VIII a. C., la región estuvo dominada por la cultura villanoviana, considerada generalmente como el antecedente directo de la civilización etrusca. Sus pobladores practicaban la metalurgia del hierro y mantenían contactos comerciales con otros pueblos del Mediterráneo central.

La riqueza minera de Toscana, especialmente en las Colinas Metalíferas y en la isla de Elba, favoreció el desarrollo de sociedades complejas que sentaron las bases para el posterior florecimiento etrusco.[1]

Civilización etrusca

Entre los siglos VIII y III a. C., Toscana constituyó el núcleo principal de la civilización de los etruscos, una de las culturas más avanzadas de la Italia prerromana. Los etruscos organizaron una red de ciudades-estado independientes, entre las que destacaron Volterra, Vetulonia, Roselle, Populonia, Cortona, Chiusi y Arezzo.

La prosperidad etrusca se basó en el comercio marítimo, la explotación de recursos mineros y una agricultura altamente desarrollada. Los puertos de la costa tirrénica mantenían relaciones comerciales con Fenicia, Cartago, las colonias griegas del Mediterráneo occidental y diversas regiones del Próximo Oriente.

Durante los siglos VII y VI a. C., los etruscos extendieron su influencia sobre amplias zonas de la Llanura Padana, Campania y Córcega, convirtiéndose en una de las principales potencias del Mediterráneo occidental. Su legado artístico, religioso y urbanístico ejerció una profunda influencia sobre la naciente civilización romana.[2]

A partir del siglo V a. C. comenzó su declive debido a la presión de los pueblos galos, las colonias griegas y la expansión de Roma. Tras una larga serie de guerras, las ciudades etruscas fueron incorporadas progresivamente a la República romana entre los siglos IV y III a. C.

Dominación romana

La incorporación de Etruria a la República romana transformó profundamente la región. Las antiguas ciudades etruscas fueron romanizadas y se integraron en la estructura política, económica y militar de Roma.

Durante la época republicana e imperial se fundaron o desarrollaron ciudades como Florencia (Florentia), Pisa (Pisae) y Lucca (Luca). La construcción de importantes vías de comunicación, entre ellas la Vía Aurelia, la Vía Cassia y la Vía Clodia, facilitó la integración del territorio y favoreció el comercio y la movilidad de tropas.

Bajo el emperador Augusto, Toscana quedó integrada en la Regio VII Etruria, una de las once regiones administrativas de la Italia romana. Durante varios siglos la región disfrutó de estabilidad política y prosperidad económica gracias a la agricultura, la minería y el comercio marítimo.

Tras la crisis del siglo III y las invasiones bárbaras de los siglos IV y V, las ciudades toscanas experimentaron una progresiva decadencia. La caída del Imperio romano de Occidente en 476 marcó el inicio de una nueva etapa histórica.[3]

Alta Edad Media

Después de la caída del Imperio romano, Toscana fue disputada por diversos pueblos germánicos y por el Imperio bizantino. Durante el siglo VI pasó sucesivamente por manos de ostrogodos y bizantinos, hasta que fue conquistada por los longobardos.

Los longobardos establecieron el Ducado de Tuscia, con capital en Lucca, que se convirtió en uno de los principales centros políticos de la Italia altomedieval. Bajo su dominio se reorganizó la administración territorial y se fortalecieron numerosas fortificaciones.

Tras la conquista del reino lombardo por Carlomagno en 774, Toscana quedó integrada en el Imperio carolingio. Durante los siglos IX y X surgió el Marquesado de Toscana, uno de los territorios más importantes de la Italia medieval.

La figura más destacada de este período fue Matilde de Canossa, quien gobernó extensos territorios en el centro y norte de Italia y desempeñó un papel fundamental durante la Querella de las Investiduras, apoyando activamente al Papado frente al Sacro Imperio.[4]

Las repúblicas comunales

A partir del siglo XI, el debilitamiento del poder feudal favoreció el desarrollo de las ciudades comunales. Toscana experimentó un extraordinario crecimiento económico impulsado por el comercio, la manufactura textil y las actividades financieras.

Pisa se convirtió en una poderosa república marítima con posesiones y factorías comerciales repartidas por el Mediterráneo. Florencia, Siena, Lucca y Arezzo consolidaron instituciones comunales relativamente autónomas y desarrollaron importantes actividades mercantiles.

La Vía Francígena, principal ruta de peregrinación entre el norte de Europa y Roma, contribuyó decisivamente a la prosperidad económica regional.

Durante los siglos XII y XIII la vida política estuvo marcada por los enfrentamientos entre güelfos y gibelinos, partidarios respectivamente del Papado y del Sacro Imperio Romano Germánico. Estos conflictos determinaron buena parte de la evolución política de las ciudades toscanas y favorecieron el surgimiento de nuevas élites urbanas.

En esta época aparecieron importantes instituciones bancarias florentinas y sienesas que financiaron a monarcas, nobles y comerciantes de toda Europa.[5]

Renacimiento y ascenso de los Médici

Durante los siglos XIV y XV, Florencia emergió como el principal centro político, financiero y cultural de Toscana. A pesar de los efectos devastadores de la Peste Negra de 1348 y de diversas crisis económicas, la ciudad logró consolidar una posición dominante sobre gran parte de la región.

En 1434 la familia Médici alcanzó el control efectivo del gobierno florentino. Bajo Cosme de Médici y posteriormente Lorenzo el Magnífico, Florencia se convirtió en la capital intelectual del Renacimiento italiano.

Los Médici promovieron el mecenazgo de artistas, arquitectos y humanistas. Figuras como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Sandro Botticelli, Donatello, Filippo Brunelleschi y Marsilio Ficino desarrollaron gran parte de su actividad bajo la protección de las élites florentinas.

El Renacimiento transformó no solo el arte, sino también la ciencia, la filosofía, la literatura y la organización política de Toscana, proyectando la influencia de Florencia sobre toda Europa.[6]

El Gran Ducado de Toscana

Durante el siglo XVI, los Médici consolidaron su poder territorial. Tras la Batalla de Marciano de 1554 y la derrota definitiva de la República de Siena, Cosme I de Médici logró unificar casi toda Toscana bajo una única autoridad política.

En 1569 el papa Pío V le concedió el título de Gran Duque de Toscana, elevando oficialmente el rango del Estado toscano.

El nuevo Gran Ducado desarrolló una administración centralizada, impulsó obras públicas, fortaleció las infraestructuras portuarias y fomentó el comercio internacional. Bajo los Médici se fundaron instituciones científicas y culturales de gran prestigio, mientras que ciudades como Livorno experimentaron un notable crecimiento gracias a políticas favorables al comercio y a la inmigración de mercaderes extranjeros.

Durante los siglos XVII y principios del XVIII, Toscana mantuvo una posición relativamente estable dentro del complejo panorama político italiano, aunque su influencia internacional disminuyó progresivamente en comparación con las grandes potencias europeas.[7]

Relaciones con la Monarquía Hispánica

Las relaciones entre Toscana y la Monarquía Hispánica constituyeron uno de los elementos fundamentales de la política italiana durante los siglos XVI y XVII.

Tras la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559, el Rey Felipe II de España reorganizó el sistema defensivo español en Italia mediante la creación del Estado de los Presidios, un territorio costero dependiente directamente de la Corona española. Este enclave incluía plazas estratégicas como Orbetello, Porto Ercole, Porto Santo Stefano, Talamone, el Monte Argentario y posteriormente Porto Longone en la isla de Elba.[8]

La función principal del Estado de los Presidios era proteger las comunicaciones marítimas entre los dominios españoles de Milán, Nápoles, Sicilia y la Península Ibérica. Gracias a su posición estratégica, los presidios se convirtieron en una pieza clave del llamado «Camino Español marítimo», utilizado para el transporte de tropas, suministros y correspondencia oficial.

Las relaciones dinásticas entre Florencia y Madrid fueron igualmente estrechas. El matrimonio de Cosme I de Médici con Leonor de Toledo, hija del Virrey español de Nápoles Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, fortaleció notablemente los vínculos políticos entre ambas cortes. Leonor introdujo numerosas costumbres de origen español en la corte florentina y desempeñó un papel decisivo en la adquisición y transformación del Palacio Pitti en residencia ducal.

La influencia española también se dejó sentir en la arquitectura militar. Ingenieros procedentes de los territorios de la Monarquía Hispánica participaron en la construcción y modernización de fortificaciones costeras, baluartes y sistemas defensivos tanto en los Presidios como en diversos puertos toscanos.

Durante los siglos XVI y XVII, Toscana colaboró estrechamente con España en la defensa del Mediterráneo frente al Imperio otomano y los corsarios berberiscos. En este contexto destacó la Orden de San Esteban Papa y Mártir, fundada por Cosme I en 1561. Esta orden militar y naval, inspirada parcialmente en las órdenes militares hispánicas, desarrolló una intensa actividad corsaria contra embarcaciones musulmanas y participó junto a las fuerzas españolas en diversas campañas navales.

Naves de la Orden de San Esteban colaboraron con la armada española en operaciones contra los corsarios de Argel, Túnez y otras bases norteafricanas. Asimismo, contingentes toscanos participaron en la Batalla de Lepanto de 1571, una de las mayores victorias navales de la Liga Santa frente al Imperio otomano.[9]

Las guarniciones españolas permanecieron en el Estado de los Presidios durante casi dos siglos, convirtiéndose en un elemento habitual del paisaje político y social del sur de Toscana. El comercio, la movilidad de militares, funcionarios y mercaderes, así como los intercambios culturales, favorecieron una intensa relación entre ambas orillas del Mediterráneo occidental.

Los Habsburgo-Lorena

La muerte sin descendencia de Juan Gastón de Médici en 1737 puso fin a la dinastía medicea. Conforme a los acuerdos internacionales derivados de la Guerra de Sucesión Polaca, Toscana pasó a la Casa de Habsburgo-Lorena.

Bajo el gobierno de Francisco Esteban de Lorena y, especialmente, de Leopoldo I de Toscana, la región se convirtió en uno de los Estados más reformistas de Europa. Se impulsaron reformas administrativas, fiscales y judiciales inspiradas por las ideas de la Ilustración.

En 1786 Toscana se convirtió en el primer Estado moderno en abolir oficialmente la pena de muerte y la tortura judicial, una medida que tuvo gran repercusión internacional.[10]

La época napoleónica

La expansión de la Francia revolucionaria y posteriormente del Primer Imperio Francés alteró profundamente la situación política de Toscana.

En 1801 se creó el Reino de Etruria, gobernado por una rama de los Borbones, aunque bajo estrecha influencia francesa. En 1807 Napoleón incorporó directamente Toscana al Imperio francés, introduciendo importantes reformas administrativas y jurídicas.

La presencia francesa favoreció la modernización de numerosas instituciones, aunque también provocó una fuerte presión fiscal y militar sobre la población.

La unificación italiana

Tras el Congreso de Viena de 1815, Toscana fue restaurada bajo los Habsburgo-Lorena. Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX crecieron los movimientos nacionalistas vinculados al Risorgimento.

En 1859 el Gran Duque Leopoldo II de Toscana abandonó Florencia y se estableció un gobierno provisional favorable a la unificación italiana. Un plebiscito celebrado en 1860 aprobó la incorporación de Toscana al Reino de Cerdeña.

En 1861 la región pasó a formar parte del nuevo Reino de Italia. Entre 1865 y 1871, Florencia ejerció como capital del reino antes de que dicho papel fuese transferido a Roma.[11]

Siglos XX y XXI

Durante el siglo XX, Toscana participó activamente en los grandes acontecimientos de la historia italiana. Miles de toscanos combatieron durante la Primera Guerra Mundial, mientras que la región sufrió importantes daños durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente durante la retirada alemana de 1944.

Tras la proclamación de la República Italiana en 1946, Toscana experimentó una profunda transformación económica. La industrialización de ciudades como Prato, Livorno y Pisa se combinó con la modernización agrícola y el crecimiento del sector servicios.

Desde la segunda mitad del siglo XX, el turismo se ha convertido en uno de los principales motores económicos regionales. El extraordinario patrimonio artístico acumulado desde la época etrusca, romana y renacentista ha convertido a Toscana en uno de los destinos culturales más visitados del mundo.

En la actualidad, Toscana es una de las regiones más prósperas y reconocidas de Italia. Su economía combina industria avanzada, agricultura de calidad, producción vinícola, investigación científica y turismo internacional. Ciudades como Florencia, Pisa, Siena, Lucca y Arezzo continúan desempeñando un papel destacado en la vida cultural y económica europea, mientras numerosos lugares de la región forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Geografía humana

Demografía

Toscana tiene 3.662.079 habitantes en 2024, con una densidad de población de alrededor de 162 hab./km², por debajo de la media nacional. Esto se debe principalmente a la baja densidad de población de las provincias de Arezzo, Siena y, sobre todo, Grosseto. La densidad más alta es la de la provincia de Prato seguida por las provincias de Pistoia, Livorno, la Ciudad metropolitana de Florencia y la provincia de Lucca, principalmente en las ciudades de Florencia, Livorno, Prato, Viareggio, Forte dei Marmi y Montecatini Terme.

La capital de la Toscana, Florencia, es la localidad más poblada. Otras ciudades importantes superan los 50.000 habitantes.

Divisiones administrativas

Toscana está dividida administrativamente en una ciudad metropolitana y nueve provincias, todas ellas nombradas de la misma forma que la capital de la provincia. La más grande de ellas es la provincia de Grosseto, mientras que la más poblada es la Ciudad metropolitana de Florencia y la de mayor densidad de población es la provincia de Prato. (Mantener o actualizar la tabla de divisiones administrativas del original si se desea detalle tabular.)

Economía

Agricultura

Aunque su importancia decae, la agricultura aún contribuye a la economía de la región. En las zonas de tierra adentro de la región se cultivan los cereales, las patatas, las aceitunas y las uvas usadas para elaborar vino.

La región es reconocida mundialmente por la producción de vinos de alta calidad en zonas como Chianti. Además, el cultivo de olivos y la producción de aceite de oliva forman una parte importante de la economía y la gastronomía tradicional toscana.

Industria

El sector industrial está dominado por la minería, dada la abundancia de recursos subterráneos. También tienen cierta importancia la industria química y farmacéutica, la industria del metal y del acero, el vidrio y la cerámica, así como el sector editorial. La industria textil y de la moda son pilares de la economía florentina.

Turismo

Casi sin excepción, cada ciudad y pueblo de Toscana tiene una considerable belleza natural y arquitectónica. Hay una corriente continua de visitantes a lo largo del año.

Cultura

Dialecto

El toscano es el dialecto italiano que menos se ha distanciado del latín y ha evolucionado de forma lineal y homogénea. El toscano es la base de la lengua italiana, adoptado por ser el dialecto en el que escribieron sus obras grandes autores italianos como Dante Alighieri, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio o Nicolás Maquiavelo.

Arte

Toscana es conocida a nivel mundial por su gran riqueza de monumentos y obras de arte, así como por los conjuntos históricos de las ciudades de Florencia, Pisa, Siena y Lucca.

Civilizaciones como los etruscos y estilos artísticos como el Renacimiento tuvieron su origen en tierras toscanas.

Los lugares toscanos inscritos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO son varios, entre ellos el Centro histórico de Florencia, la Plaza de los Milagros de Pisa y el Valle de Orcia.

Gastronomía

La simplicidad es un elemento central de la cocina toscana. Se usan legumbres, pan, queso, hortalizas, champiñones y fruta fresca. Se elabora aceite de oliva virgen extra con aceitunas de Moraiolo, Leccino y Frantoiano. La trufa blanca de San Miniato aparece en octubre y noviembre. También se recoge en esta región el hongo funghi porcini.

Hay embutidos como la finocchiona, una especie de salchichón aromatizado con hinojo, y también prosciutto toscano.[12]

Carne de la mejor calidad procede del valle de Chiana, específicamente una ganadería conocida como Chianina usada para el bistec a la florentina (bistecca alla fiorentina), carne magra con hueso. La carne a la parrilla procede de Valdarno y del Mugello. También se produce carne de cerdo. Otras carnes destacadas son la trippa alla fiorentina, estofado en vino y el lampredotto, o el filetto alla griglia.

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Colección de Bolgheri Sassicaia 1981-1990

En la tradición gastronómica toscana destacan sus vinos. El más famoso de ellos es, sin duda alguna, el Chianti, el más conocido internacionalmente. Actualmente, los vinos de Toscana se dividen en DOCG y 34 DOC, además de numerosas IGT, entre los que destacan algunas producciones de altísimo nivel, conocidas en el mundo enológico con el apelativo de supertoscanos.

Mientras las zonas de la Toscana central (Ciudad metropolitana de Florencia y Provincia de Siena) son destacadas en todo el mundo desde hace décadas por la producción del Chianti Classico, del Brunello di Montalcino y del Vino Nobile di Montepulciano, en los últimos años van siempre afirmándose en la escena internacional y los vinos producidos en las zonas costeras (provincia de Livorno y Grosseto), favorecidos principalmente por el clima más suave, seco y soleado, entre los cuales destaca la excelencia del Bolgheri Sassicaia o del tignanello, la estructura y el equilibrio de los vinos tintos de la Maremma (Morellino di Scansano, Montecucco y Monteregio di Massa Marittima) y la armonía de los blancos (Ansonica). Paralelamente al gran éxito de las producciones enológicas de las zonas costeras, deben señalarse también los siempre notables vinos tintos y blancos de la provincia de Arezzo. Entre los demás vinos de la Toscana, deben mencionarse el Carmignano, uno de los más antiguos de la Toscana producido en la comuna homónima en la provincia de Prato, la célebre Vernaccia di San Gimignano, el Pitigliano, el Montescudaio y el Vin Santo.

Deporte

El equipo de fútbol más exitoso de la Toscana es la Fiorentina.

El Autódromo Internacional del Mugello es sede de importantes eventos de motociclismo y ha albergado la Fórmula 1.

La Strade Bianche es una carrera de ciclismo de un día que se corre alrededor de Siena desde el año 2007 como parte del UCI WorldTour.

Véase también

Referencias

  1. Barker, Graeme (1998). The Etruscans. Blackwell. 
  2. Cristofani, Mauro (1983). Gli Etruschi. Bompiani. 
  3. Haynes, Sybille (2000). Etruscan Civilization. Getty Publications. 
  4. Golinelli, Paolo (2004). Matilde di Canossa. Mursia. 
  5. Stopani, Renato (2007). La Via Francigena. Le Lettere. 
  6. Hibbert, Christopher (1979). The House of Medici. Penguin. 
  7. Diaz, Furio (1976). Il Granducato di Toscana. UTET. 
  8. Maffi, Davide (2010). La cittadella in armi. Esercito, società e finanza nella Lombardia di Filippo II. FrancoAngeli. 
  9. Angiolini, Franco (1996). I Cavalieri e il Principe. L'Ordine di Santo Stefano e la società toscana in età moderna. Edifir. 
  10. Venturi, Franco (1969). Settecento riformatore. Einaudi. 
  11. Riall, Lucy (1994). The Italian Risorgimento. Routledge. 
  12. «Toscana, gastronomía». Archivado desde el original el 11 de agosto de 2010. Consultado el 28 de noviembre de 2010. 

Enlaces externos