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Tratado Secreto de Verona
El Tratado Secreto de Verona o Pacto Secreto de Verona fue un acuerdo entre las monarquías absolutistas del Imperio austríaco, Reino de Prusia, Imperio ruso y Reino de Francia, en el marco del Congreso de Verona.
Este tratado se inscribió en el contexto de la Santa Alianza, una coalición creada tras la derrota de Napoleón Bonaparte, con el objetivo de mantener el orden monárquico y contrarrestar las fuerzas liberales y nacionalistas que amenazaban con cambiar el mapa político de Europa.[1]
Antecedentes
Las cuatro grandes potencias vencedoras de las guerras napoleónicas (Imperio austríaco, Reino de Prusia, Imperio ruso y Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda) se consideraron legitimadas para establecer el nuevo orden europeo basado en el equilibrio entre ellas y este quedó establecido en el Congreso de Viena.[2] Para asegurarlo se estableció un doble sistema de garantías. Por un lado la Santa Alianza, integrada por las tres monarquías absolutas vencedoras de Napoleón (Rusia, Prusia y Austria) ―la «monarquía limitada» de Gran Bretaña no se sumó, aunque el príncipe regente en una carta personal mostró su simpatía hacia sus objetivos―,[3] y por otro la Cuádruple Alianza que estaba formada por las tres monarquías absolutas y la monarquía británica. Mientras que la Santa Alianza había sido una iniciativa del zar de Rusia Alejandro I, la Cuádruple Alianza fue una propuesta del secretario del Foreign Office, el tory vizconde de Castlereagh. En el Tratado de la Cuádruple Alianza se estableció el compromiso de las cuatro monarquías firmantes de unirse de nuevo si Francia intentaba romper los acuerdos de paz y además se acordó «un sistema de congresos» para el mantenimiento del «Concierto Europeo». En 1818 se incorporó a la Cuádruple Alianza el reino de Francia, dando nacimiento a una Quíntuple Alianza de facto.[4]
Tras la Revolución de 1820, las potencias de la Quíntuple Alianza se reunieron en el Congreso de Troppau celebrado en octubre de 1820 y en él Austria, Rusia y Prusia firmaron el que sería conocido como Protocolo de Troppau, según el cual esas tres monarquías absolutas se arrogaban el derecho a intervenir en aquellos «Estados que hayan experimentado un cambio de Gobierno a causa de una revolución y como resultado de ello amenacen a otros Estados». Partiendo de este principio se acordó «autorizar» al imperio de Austria a intervenir en Nápoles, donde en julio de 1820 había triunfado una revolución siguiendo el ejemplo de la revolución española de marzo (hasta el punto que habían adoptado su Constitución, aprobada por las Cortes de Cádiz ocho años antes). En el mismo mes de marzo de 1821 en que las tropas austríacas entraban en Nápoles poniendo fin a la revolución, se iniciaba otra en el reino del Piamonte, que como la napolitana también adoptó la Constitución de Cádiz. Asimismo sería aplastada por los austríacos.[5][6]
En cuanto las revoluciones italianas fueron sofocadas toda la atención de las potencias absolutistas de la Santa Alianza se centró España. En mayo de 1821 el gobierno del Imperio ruso enviaba una nota a sus embajadores en la que se manifestaba la «aflicción» y el «dolor» de los soberanos europeos y su desaprobación por «los medios revolucionarios puestos en práctica para dar a España nuevas instituciones».[7] Por su parte, el canciller Metternich, el principal artífice del nuevo orden europeo posterior a Napoleón, llegó a considerar más peligrosa la Revolución española de 1820 que la Revolución francesa de 1789, porque la primera había sido «local» mientras que la española era «europea».[8][9] Metternich en el Congreso de Laibach, donde finalmente se dio vía libre a la intervención austríaca en Nápoles, ya había presionado al representante del Reino de Francia para que interviniera en España —«Es necesario quitarse de encima ese peligro que tenéis a las puertas; es una amenaza para vuestro Gobierno», le había dicho— pero este respondió: «España no es una amenaza; la constitución se debilitará por sí misma y se verá obligada a modificarla».[10]
Objetivos del Tratado
El Tratado Secreto de Verona tuvo como objetivos principales contrarrestar la expansión de las ideas liberales y nacionalistas que estaban ganando terreno en Europa, especialmente en países como España, Italia y las regiones germanas.
Las potencias firmantes se comprometieron a intervenir militarmente en cualquier país donde los movimientos liberales amenazaran el poder monárquico. Esto significaba una resistencia activa contra las revoluciones liberales y la defensa de la legitimidad de las monarquías absolutas.
Un aspecto clave del tratado fue la decisión de intervenir en España para restaurar el absolutismo de Fernando VII, quien había sido obligado a aceptar la constitución liberal en 1820. La intervención francesa en España en 1823, conocida como la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue una consecuencia directa de este tratado, logrando restaurar el poder absoluto de Fernando VII.
El pacto simbolizó la oposición de las grandes potencias conservadoras a las fuerzas del liberalismo y el nacionalismo en Europa. Aunque tuvo éxito a corto plazo, especialmente en España, no logró detener el avance de estas ideas a largo plazo. Las revoluciones de 1830 y 1848, así como los movimientos de unificación en Italia y Alemania, eventualmente cambiaron el paisaje político de Europa, llevando al fin de muchas monarquías absolutas.
Controversias
Debido a su naturaleza secreta y a sus objetivos antidemocráticos, el Tratado Secreto de Verona ha sido objeto de numerosas teorías, con numerosos historiadores asegurando que nunca existió tal pacto, y que todo se originó en la invención de un periódico londinense.[11] En cualquier caso, el hecho de que un periódico haya publicado un determinado artículo no puede ser de ninguna manera relevante para determinar si existió o no tal pacto, ya que de lo que no cabe ninguna duda es que la invasión contaba con la aprobación más o menos explícita de las potencias de la Quíntuple Alianza, algo que con toda seguridad debió ser discutido y aprobado durante el Congreso de Verona, ya que Francia nunca se hubiera atrevido a dar ese paso sin el permiso tácito de los Países signatarios (Imperio austríaco, Reino de Prusia, Imperio ruso y especialmente el Reino Unido), aunque lógicamente hubiera sido una indiscreción desvelar sus intenciones sobre el papel, sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de un tratado "secreto".[12]
Véase también
Referencias
- ↑ Los acuerdos de Verona, Nieves Consotrina.
- ↑ Torre del Río, 2020, p. 515-516.
- ↑ Torre del Río, 2020, p. 520.
- ↑ Torre del Río, 2020, p. 516-517.
- ↑ Gil Novales, 2020, p. 27.
- ↑ Rújula y Chust, 2020, p. 157-158.
- ↑ Rújula y Chust, 2020, p. 158-159.
- ↑ Fuentes, 2007, p. 69.
- ↑ Fontana, 2006, p. 16.
- ↑ Rújula y Chust, 2020, p. 159.
- ↑ De la Torre del Río, Rosario (2011). «El falso tratado secreto de Verona». En Universidad Complutense, ed. Revista de Historia Contemporánea. Consultado el 23 de diciembre de 2011.
- ↑ Torre del Río, 2020, p. 534-536. ”Con el zar Alejandro neutralizado por el rechazo generalizado a que sus ejércitos cruzaran el continente; con Metternich que, sin el apoyo británico, había optado por permitir la intervención de Francia; y con Canning dispuesto a permanecer neutral si Francia no cruzaba determinadas ‘líneas rojas’, el Gobierno de París, bajo el poderoso impulso de Chateaubriand, contaba con la seguridad de que su intervención militar en España no provocaría ningún conflicto internacional"