Albuñol

De Hispanopedia
Albuñol


Bandera

Escudo


Vista de la localidad
El parámetro , no es un valor válido de «latitud,longitud»
País  España
• Com. autónoma  Andalucía
• Provincia  Granada
• Comarca Costa Granadina
• Partido judicial Motril
• Mancomunidad Costa Tropical
Ubicación  
• Altitud 244 m
Superficie 63,09 km²
Población 6998 hab. (2017)
• Densidad 110,92 hab./km²
Gentilicio albuñolense o
albuñolero, -ra
Código postal 18700 (Albuñol, Los Castillas, Los Chaulines y La Ermita)
18770 (El Pozuelo)
18760 (La Rábita)
Patrón San Patricio
Sitio web Sitio web oficial
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Albuñol es una localidad y municipio español situado en el extremo oriental de la comarca de la Costa Granadina, en la provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía. Se encuentra a orillas del mar Mediterráneo y limita con los municipios granadinos de Sorvilán, Albondón, Murtas y Turón, y con el municipio almeriense de Adra. Por su término discurren las ramblas del Tranco y de Huarea.

El municipio albuñolense comprende los núcleos de población de Albuñol —capital municipal—, La Rábita, El Pozuelo, Los Castillas, La Ermita y Los Chaulines.

Símbolos

Albuñol cuenta con un escudo y bandera adoptados oficialmente el 17 de diciembre de 2007.[1]

Escudo

Su descripción heráldica es la siguiente:

Escudo cortado-recortado. 1.º cuartelado en cruz. 1.º y 3.º de gules (rojo) castillo de oro (amarillo) mazonado de sable (negro) y aclarado de azur (azul). 2.º y 4.º de oro tres bastos de gules puestos en faja, el central contrapuesto. 2.º de plata (blanco) busto de morisco al natural vestido de gules con turbante de sinople (verde). Al timbre corona real cerrada.[1]

Bandera

La enseña del municipio tiene la siguiente descripción:

Bandera rectangular de proporciones 2:3, formada por un paño rojo con una torre amarilla mazonada de negro y aclarada de rojo, con un triángulo isósceles al asta blanco con tres franjas ondadas azules.[1]

Historia

Prehistoria

El poblamiento más antiguo del término de Albuñol se remonta al Neolítico inicial, atestiguado por los hallazgos de la Cueva de los Murciélagos, que destaca por la conservación de materiales orgánicos (esparto, fibras vegetales y pieles).[2] Investigaciones recientes documentan la cestería más antigua del sur de Europa y evidencias tempranas de tecnología de arquería —incluidas cuerdas de arco de tendón y flechas con astiles de caña y puntas de madera de olivo adheridas con alquitrán de abedul—, consideradas la evidencia más antigua de cuerdas de arco conocida en Europa.[3] Estos materiales sugieren una economía mixta de caza-recolección y agricultura incipiente, el uso de cuevas y abrigos rocosos y prácticas simbólicas y funerarias propias de comunidades neolíticas.[2]

Época nazarí (hasta 1492)

Durante el Reino nazarí de Granada, el actual término de Albuñol se integró en la taha de Cehel (o Sehel), circunscripción de la Cora de Elvira en la franja litoral de la Contraviesa. Las compilaciones decimonónicas de fuentes andalusíes citan expresamente «Albonyul» en dicha taha y sitúan, «a cuatro leguas», el castillo de Júbiles (Xubiles), célebre por su industria sedera.[4][5] En el espacio local, la economía se articulaba en alquerías con regadíos y secanos de ladera, y la presencia de moreras vinculaba las vegas al circuito textil de la seda, mientras la costa ofrecía pesca y puntos de varada. Tras la conquista castellana, una relación fiscal de 1517 describía Albuñol como un enclave costero que «más veces se despobló [...] porque por allí salían los moriscos y porque era en la mar», poniendo de relieve la tensión demográfica y el papel del litoral como vía de escape.[6]

Transición al dominio castellano (1492–1530)

Tras la toma de Granada (1492), Albuñol —cabeza tradicional de la antigua taha costera— pasó al dominio castellano. La primera etapa conservó rasgos de la organización nazarí mientras se imponían nuevas políticas de poblamiento y defensa. Una orden de 4 de junio de 1492 delimitó la guardia «dende Buñol fasta Guadiaro», con visitas a guardas, atajos y estancias y salarios con cargo a los mudéjares, estableciendo penas por incumplimiento; la documentación también registra actividad económica y riesgo corsario en la franja de La Rábita —como un asalto a un transporte de sal en 1494—, y confirma, en 1497 y 1503, la continuidad del dispositivo de vigilancia litoral.[7] La presión fiscal y la reordenación territorial acompañaron a la despoblación: una memoria local cifra hacia 1500 la marcha de 145 personas, con solo 16 vecinos restantes.[8] En paralelo, la Corona impulsó la fortificación y repoblación del litoral: en 1505 se facultó «hacer una torre o fortaleza [...] y poblar y avecindar en él»,[9] mientras que la relación de 1517 insistía en Albuñol como punto de fuga hacia la mar,[6] y una provisión de 1519 lo eximió de las fardas de la mar por carecer de vecindario estable.[10] La misma relación identificaba la unidad litoral como «Suhayl» (equivalente a Cehel/Sehel) e incluía lugares como Alcázar, Alfaz, Fregenite, Lújar, Rubite y Ubrite.[11]

Siglos XVI y XVII

A mediados del siglo XVI, los apeos y deslindes sitúan a Albuñol como núcleo principal del Estado de Çéhel, con control del corredor hacia la Contraviesa y salida al mar por La Rábita. Entre 1559 y 1565, Luis Zapata de Chaves adquirió a la Corona la jurisdicción civil y criminal, junto con alcabalas y diezmos, y transformó el señorío de solariego a jurisdiccional, con derechos añadidos de pesquerías y de control de fortificaciones litorales.[12] La Guerra de las Alpujarras (1568–1571) provocó despoblación y daños en acequias y bancales, con repercusiones en rentas y circuitos productivos; el litoral reforzó su vigilancia en un contexto de mayor inseguridad.[12] Con el restablecimiento del orden, la recomposición demográfica culminó con la carta de población de 22 de mayo de 1588, cuando Francisco Zapata Portocarrero fundó Villanueva de Çéhel (Torvizcón) como nueva capital del señorío, mientras Albuñol conservaba su papel económico y estratégico como cabecera del valle y acceso al mar.[12] En esos años iniciales de la repoblación se documentan intentos de asentamiento de familias gitanas, frustrados por redadas de 1571–1573 y por la política represiva posterior a Lepanto, con detenciones y envíos a galeras registrados en la zona.[13][14] Durante el siglo XVII se estabilizó el entramado institucional del señorío: el gobernador y los oficiales de justicia tutelaban la vida municipal, el Cabildo actuaba bajo jurisdicción señorial y se mantenían estancos y arrendamientos de servicios (hornos, molinos, tabernas y carnicerías), así como derechos de pesca y aprovechamientos en la franja entre La Rábita y Castel de Ferro.[12][15] La economía combinó secanos cerealistas con viñas, higueras y almendros, pequeños regadíos en vegas y ramblas y aprovechamientos de monte (leñas, esparto y pastos) para ganadería menor; en lo eclesiástico, Albuñol actuó como cabecera parroquial con anexos, lo que reflejó su centralidad funcional.[15]

siglo XVIII

Durante el Setecientos, Albuñol consolidó su papel de cabecera funcional del litoral de la Contraviesa, heredero del marco de la antigua taha de Çéhel. Las descripciones de época sitúan el núcleo «metido en un barranco», con la desembocadura de la rambla defendida por el Castillo de la Rábita, lo que explica su función de articulación entre interior serrano y costa.[15]

Mapa de Albuñol y su costa (1751–1752), del catastro del marqués de la Ensenada.

Los recuentos seriados muestran un crecimiento sostenido: unas 1646 personas hacia 1750–1754 (Catastro de Ensenada), 2317 en 1768 (censo de Aranda) y 2669 en 1786 (censo de Floridablanca), con un aumento global cercano al 62 % en el periodo.[15]

Mapa histórico del Estado de Çéhel en la Alpujarra (Granada), s. XVIII.

En el régimen del conde de Cifuentes, la fiscalidad ordinaria (censos, alcabalas, tercios de diezmos y zacatigual) ofrece la medida del peso económico local,[15] a la que se sumó la contribución extraordinaria del diez por ciento (1741–1743), recaudada por repartimiento, en la que Albuñol aportó 5092 reales —alrededor del 9,6 % del total del partido de Torvizcón—.[16] La base productiva fue agraria, con pluriactividad litoral y una viticultura de orientación comercial creciente a fines de siglo, con salida por Motril hacia Gibraltar y Málaga; el Catastro (c. 1752) refleja un predominio de jornaleros y labradores y un tejido artesanal y de servicios diversificado.[15] En el equipamiento y el tránsito, el Catastro consigna un mesón arrendado y subarrendado —un caso excepcional en el Reino— y una densidad muy baja de hospederías en el partido.[17] La posición estratégica del municipio alimentó, además, una tradición de vigilancia y defensa del litoral, con milicias vecinales y red de avisos; en 1716 se reconoció a las compañías de milicias del partido de las Alpujarras y de la costa de Granada el fuero militar en lo criminal, y se documentan movilizaciones puntuales hacia Murcia (1706) y Ceuta (1719).[18] Para 1785 se mencionan obras de riego en los pagos de Ahijón y Esperante y, en noticias locales, la apertura de surgencias conocidas como «Nacimiento del Río».

siglo XIX

La reorganización liberal situó a Albuñol en un nuevo marco administrativo y funcional. La división provincial de 1833 y el decreto de 21 de abril de 1834 la establecieron como cabeza de partido judicial en la costa de la Contraviesa, reforzando su papel de articulación entre la franja litoral y los pueblos de sierra y concentrando servicios administrativos y de registro.[15] En las décadas finales del siglo, como cabecera de partido, inventariaba numerosos caminos vecinales y celebraba ferias anuales —del 17 al 19 de octubre—; el Registro de la Propiedad, de tercera clase, daba servicio a Albuñol, Albondón, Polopos, Sorvilán y Torvizcón, y los presupuestos municipales acusaban ligeros déficits, comunes en las haciendas locales de la época.[19] En el plano económico, la segunda mitad del siglo conoció un ciclo expansivo apoyado en el viñedo (vino de costa) y la pasa, con comercialización a través de Motril y de los embarcaderos litorales —entre ellos La Rábita—. Los vinos de Albuñol y Albondón se enviaban a plazas como Gibraltar y Málaga, y se documentan además remesas de corcho hacia Cataluña; la pluriactividad fue la norma, combinando labores agrarias con faenas de mar.[15] En la costa granadina, el ciclo de la caña de azúcar aportó empleos estacionales y fletes que incidieron en la movilidad y los mercados de la franja Albuñol–La Rábita, aunque su rentabilidad se resintió a fines de siglo por la competencia y los cambios arancelarios.[20] La difusión de la filoxera desde Málaga (1878) hacia la Alpujarra y la Sierra de la Contraviesa en los años siguientes supuso una conmoción: se perdieron masivamente las cepas de ladera y cayeron los circuitos de vino y pasa. La respuesta combinó reinjertos con portainjertos americanos cuando fue viable, diversificación hacia almendro e higuera y recursos habituales de las economías campesinas (pluriactividades y migraciones estacionales); aun así, la superficie vitícola no recuperó los niveles prefiloxéricos.[21][20] El paisaje productivo siguió dominado por el secano de ladera —viña, cereal, olivo, almendro e higuera— apoyado por pequeños regadíos en vegas y ramblas. Hacia 1883, para el distrito se estimaban 5700–5800 ha de secano frente a unas 780 ha de regadío, con alrededor de 6500 ha destinadas a «cereales y semillas», un reparto coherente con la topografía en terrazgos y bancales y con la limitación hídrica de los fondos de valle; los informes técnicos proponían reforestaciones en cabeceras y obras de encauzamiento para mitigar avenidas y erosión y proteger tierras de riego y acequias.[22] La dimensión social del siglo quedó marcada por episodios de vulnerabilidad: la epidemia de cólera de 1855 activó juntas de sanidad, controles de tránsito y derivaciones al Hospital General de Granada, y el invierno excepcionalmente duro de 1887–1888 agravó la escasez y los jornales, como reflejó la prensa provincial en cartas remitidas desde Albuñol.[23][24] En lo institucional y religioso, Albuñol actuó como cabecera de arciprestazgo y concentró servicios públicos y educativos: hacia 1879–1880 se registraban nueve escuelas municipales —cinco de niños y cuatro de niñas— y dos particulares de niñas, con un conjunto de varios centenares de escolares, indicador del peso comarcal de la villa en el tramo final del Ochocientos.[19]

Terremoto de 1804 y reorganización administrativa

Durante los primeros años del siglo, Albuñol sufrió una intensa actividad sísmica. En agosto de 1804 culminó una serie de temblores que venía registrándose desde enero. El 22 de agosto se produjo una sacudida de unos cincuenta segundos, seguida de numerosas réplicas y ruidos subterráneos; el día 25 tuvo lugar otro terremoto descrito como «violentísimo». Las dos torres de la iglesia quedaron agrietadas, numerosos edificios resultaron dañados o amenazados de ruina y buena parte del vecindario abandonó temporalmente la población para refugiarse en el campo. Solo se documentaron dos menores heridos por la caída de escombros. También se observaron grietas y hundimientos en algunas laderas y alteraciones en el caudal y la turbidez de varios manantiales.[25]

La implantación del régimen liberal modificó la organización territorial e institucional. Tras la división provincial de 1833 y la creación de los partidos judiciales en 1834, Albuñol quedó constituido en cabecera de un distrito que comprendía distintos municipios de la Contraviesa, la Alpujarra y el litoral. Esta condición favoreció la concentración progresiva de servicios judiciales, notariales, fiscales y administrativos y reforzó su función de enlace entre los pueblos del interior y la costa.[26]

Expansión económica, comercial y demográfica

Durante buena parte del siglo, la agricultura experimentó una fase de expansión basada principalmente en el cultivo de la vid. Los viñedos se extendieron por las laderas de la Contraviesa y proporcionaron vino, pasas y materia prima para la elaboración de aguardientes y alcoholes. Junto a la viticultura continuaron cultivándose cereales, higueras, almendros y productos de pequeñas vegas y regadíos. El predominio del secano, la fragmentación de las parcelas y la abundancia de pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros caracterizaron la estructura agraria del municipio.[27]

La producción agrícola generó actividades de transformación como lagares, destilerías de aguardiente, prensas, molinos harineros y almacenes. No se trató de una industrialización moderna, sino de un tejido artesanal y protoindustrial estrechamente vinculado a la agricultura. La prosperidad se repartía de forma desigual: un grupo reducido de propietarios, comerciantes y exportadores concentraba una parte importante de los recursos, mientras la mayoría de la población dependía de pequeñas explotaciones o del trabajo jornalero y estacional.[27]

La Rábita actuó como principal salida marítima de la producción de Albuñol y de otros municipios del distrito. Desde comienzos del siglo se documentan contratos de transporte de vino, pasas y otros productos hacia Málaga, Cádiz, Algeciras y distintos puertos peninsulares. Durante la segunda mitad del siglo aumentó el tráfico de cabotaje y la entrada y salida de mercancías, de manera que el embarcadero desempeñó una función comercial de ámbito comarcal. La actividad marítima se complementaba con el transporte de los arrieros, que comunicaban el litoral con Granada y con los pueblos de la Alpujarra.[28]

El crecimiento económico estuvo acompañado de un fuerte aumento de población durante buena parte del siglo. En torno a 1861, la documentación parroquial contabilizaba unos 7975 habitantes: aproximadamente 4275 en el casco urbano, 1618 en los cortijos de la rambla y La Rábita y unos 2100 en las cortijadas situadas a levante y poniente. Estas cifras muestran el carácter disperso del poblamiento, repartido entre el núcleo principal, las localidades costeras, las ramblas y numerosos cortijos de la Contraviesa.[29]

La dispersión territorial dificultaba el mantenimiento de caminos, escuelas, asistencia sanitaria y otros servicios públicos. A ello se sumaba la precariedad de las comunicaciones terrestres. Los caminos hacia Órgiva, Granada, Adra y los pueblos de la Contraviesa eran lentos y costosos, por lo que la prensa y las autoridades reclamaron reiteradamente la construcción de carreteras. A comienzos de la década de 1880 se denunciaba que la carretera entre Órgiva y Albuñol llevaba aproximadamente diez años adjudicada y apenas había avanzado unos kilómetros. Las obras públicas se reclamaban tanto para facilitar el comercio como para proporcionar empleo a los jornaleros.[30]

Consolidación administrativa y judicial

La centralidad institucional se reforzó con la apertura del Registro de la Propiedad. Su primer libro diario fue legalizado el 31 de diciembre de 1862 y la oficina comenzó a funcionar el 1 de enero de 1863. El Registro recibía documentos procedentes tanto de Albuñol como de otros municipios del distrito, lo que confirma la importancia de la localidad como centro notarial, registral y administrativo.[31]

Durante el Sexenio Democrático, las actas municipales de 1870 reflejan la reorganización del Ayuntamiento tras la implantación del sufragio universal masculino. La corporación creó comisiones encargadas de instrucción pública, seguridad, sanidad y beneficencia, correos, abastos, limpieza, alumbrado y contabilidad. Las actas documentan asimismo el retraso en el pago a los maestros, la regulación del peso y calidad del pan, el mantenimiento de los faroles, la limpieza de las calles y la vigilancia nocturna mediante un sereno. En La Rábita, la escasez de agua potable llevó a solicitar la participación personal de los vecinos en la reparación de las conducciones.[32]

La administración municipal fue organizando servicios hasta entonces irregulares. En 1877 se reguló mediante subasta el alumbrado público, compuesto por decenas de faroles y farolas cuyo encendido, limpieza y conservación correspondían al adjudicatario. Ese mismo año se preparó un bando específico para La Rábita que regulaba la higiene, el tránsito de carros y caballerías, los baños, las embarcaciones, los establecimientos de bebidas y el descanso nocturno, reflejo del crecimiento estacional y comercial de la población costera. Al final del siglo, sin embargo, la falta de recursos obligó a reducir el número de faroles y limitar el alumbrado a las principales calles y a las noches sin luna.[33]

La reforma judicial de 1882 estableció en Albuñol una Audiencia de lo Criminal, cuya demarcación comprendía los partidos judiciales de Albuñol, Motril, Órgiva y Ugíjar. La documentación conservada acredita su funcionamiento, al menos, entre 1883 y 1891, sin que se conozca con exactitud la fecha de su supresión. En 1887, la prensa provincial estimaba que el tribunal podía tramitar cerca de setecientas causas anuales y celebrar entre 120 y 150 juicios orales, y reclamaba un aumento de su personal debido al volumen de trabajo.[34]

Albuñol contaba igualmente con un Juzgado de Instrucción y una cárcel de partido, cuyo mantenimiento debía ser sufragado por los municipios de la demarcación. En abril de 1897, las cantidades que distintos ayuntamientos adeudaban por atenciones carcelarias ascendían a 23 050,52 pesetas. La imposibilidad de cobrar estas aportaciones agravó la situación financiera municipal y dificultó el sostenimiento de los presos y de los servicios vinculados a la administración de justicia.[34]

En reconocimiento al aumento de población y al progreso de la agricultura, la industria y el comercio, Alfonso XII concedió a Albuñol el título de ciudad mediante real decreto publicado el 20 de noviembre de 1883.[35]

Sociedad, educación y vida política

La población activa estaba formada principalmente por jornaleros, labradores, pequeños propietarios, arrendatarios, pescadores, arrieros y artesanos. Junto a ellos existía un sector de funcionarios, comerciantes, notarios, registradores, jueces, abogados, médicos y maestros vinculado a la condición de cabecera administrativa. La sociedad local presentaba importantes desigualdades y una parte considerable de las familias dependía de trabajos agrícolas eventuales.[36]

Los niveles de alfabetización continuaron siendo bajos, especialmente entre las mujeres, los jornaleros y la población de los cortijos. Aunque durante el último tercio del siglo se ampliaron las escuelas, la dispersión del término, la pobreza de muchas familias, el trabajo infantil y los retrasos en el pago al profesorado dificultaban la escolarización. Hacia 1879-1880 existían varias escuelas municipales y particulares para niños y niñas, pero su número seguía siendo insuficiente para una población próxima a los nueve mil habitantes.[36]

El Ayuntamiento solicitó en 1870 la creación de una biblioteca popular. La iniciativa fue concedida formalmente por la Dirección General de Instrucción Pública en 1882, aunque la documentación consultada indica que no llegó a ponerse en funcionamiento. El episodio refleja tanto el interés municipal por mejorar la instrucción como las dificultades económicas para ejecutar los proyectos aprobados.[30]

La política local durante la Restauración estuvo marcada por la competencia entre liberales, conservadores y republicanos, así como por las redes de influencia de las principales familias. Las elecciones provinciales y municipales de comienzos de la década de 1880 dieron lugar a impugnaciones, disputas sobre el censo y acusaciones cruzadas de coacción y manipulación. Estas denuncias procedían de periódicos y grupos políticos enfrentados y no siempre desembocaron en resoluciones judiciales, pero ilustran el clima de caciquismo y conflictividad electoral característico de la época.[30]

Crisis de la filoxera

La dependencia del viñedo hizo especialmente vulnerable a la economía local. La presencia de la filoxera fue reconocida oficialmente en el término durante la primavera de 1883, después de que propietarios y autoridades comunicaran la aparición de cepas sospechosas. Las inspecciones técnicas realizadas a comienzos de junio confirmaron la presencia del insecto y localizaron distintos focos en Albuñol y otros lugares de la costa y la Contraviesa.[37]

Las primeras medidas consistieron en arrancar y quemar las cepas afectadas, excavar y desinfectar los terrenos, aplicar sulfuro de carbono y controlar el traslado de plantas y materiales. Sin embargo, el descubrimiento de focos separados, la extensión montañosa del término, la falta de fondos, la escasez de personal técnico y las discrepancias entre las distintas comisiones dificultaron la contención. La insuficiencia de las indemnizaciones provocó además resistencia entre propietarios que temían perder sus viñas sin recibir compensación.[37]

La actuación de las autoridades generó una intensa polémica. Propietarios, ingenieros, comisiones provinciales y representantes políticos discutieron sobre la extensión real de la plaga, la eficacia de los métodos empleados, la financiación de las operaciones y la responsabilidad por los retrasos. La documentación muestra que se pasó rápidamente de considerar posible la extinción de unos pocos focos a admitir que la infección se encontraba ampliamente difundida por el distrito.[37]

Durante los años siguientes, la pérdida de los viñedos redujo la producción de vino y aguardiente, dejó sin empleo a numerosos jornaleros y empobreció a pequeños propietarios y comerciantes. La crisis provocó el abandono de tierras, el descenso de los ingresos municipales y una importante emigración. Parte de las antiguas superficies vitícolas fue ocupada por almendros, higueras, cereales y otros cultivos de secano, transformando el paisaje agrario de la Contraviesa.[38]

A finales de siglo, las consecuencias sociales eran todavía evidentes. El Ayuntamiento relacionaba la disminución de población y la reducción de escuelas y servicios con la emigración ocasionada por la crisis. En 1896 reconocía que la pobreza del vecindario impedía contribuir a la reparación de la iglesia y de la casa rectoral, mientras que en 1899 la escasez presupuestaria obligó a reducir el alumbrado público.[33]

Desde los primeros momentos se propuso reconstruir los viñedos mediante portainjertos americanos resistentes. Los ensayos iniciales obtuvieron resultados desiguales debido a la falta de conocimientos técnicos y a la utilización de variedades poco adaptadas a los suelos locales. Durante la década de 1890 se generalizó progresivamente el empleo de portainjertos seleccionados, aunque la recuperación fue lenta y la superficie vitícola no volvió de inmediato a alcanzar su extensión anterior.[38]

Terremoto de 1884, epidemias e inundaciones

En la noche del 25 de diciembre de 1884 se sintió en Albuñol el terremoto que causó una gran destrucción en distintos municipios de las provincias de Granada y Málaga. El movimiento provocó alarma y llevó a numerosos vecinos a abandonar sus viviendas y permanecer en espacios abiertos. En el municipio, sin embargo, los daños materiales fueron limitados a grietas, desprendimientos y caída de tejas, y no se registraron víctimas. Una crónica local relacionó el seísmo con un aumento temporal del caudal del nacimiento de Aldáyar, aunque esta asociación no ha sido confirmada mediante estudios geológicos.[39]

El terremoto coincidió con un invierno de frío intenso, lluvias y nevadas en cotas inusualmente bajas. Las adversas condiciones meteorológicas dificultaron los caminos y dañaron cultivos, agravando la situación de una población que ya sufría las consecuencias de la filoxera y de la falta de empleo.[39]

Durante la epidemia de cólera de 1885, el Ayuntamiento y la Junta Municipal de Sanidad adoptaron medidas de vigilancia, limpieza, desinfección y control de alimentos. Se prestó especial atención al puerto de La Rábita como posible vía de entrada de personas o mercancías procedentes de lugares afectados. La documentación menciona un director de Sanidad del puerto encargado de inspeccionar las llegadas y hacer cumplir las disposiciones sanitarias.[39]

Una estadística de la época contabilizó en Albuñol doce personas afectadas por el cólera y seis fallecimientos entre una población de 8923 habitantes. La incidencia fue comparativamente baja, aunque la mitad de los casos registrados terminó en fallecimiento. La fuente atribuye la limitada propagación al aislamiento del municipio y a las medidas preventivas, si bien esa relación no puede considerarse demostrada únicamente con los datos disponibles.[39]

La intervención municipal en materia sanitaria continuó durante los años siguientes. En noviembre de 1896 se declaró un brote de viruela en La Rábita. El Ayuntamiento acordó investigar el número de casos, convocar a la Junta Local de Sanidad, solicitar vacunas, distribuir desinfectantes y cerrar temporalmente las escuelas. En 1899, ante las noticias sobre una epidemia de peste bubónica en Portugal, se dispusieron medidas preventivas de saneamiento, compra de desinfectantes y preparación de un lazareto, aunque no consta que la enfermedad llegara a Albuñol.[33]

Los riesgos naturales afectaron también a los núcleos situados junto a las ramblas. En 1896, vecinos de Huarea solicitaron autorización para construir un muro que protegiera sus propiedades de las avenidas. Los habitantes de El Pozuelo advirtieron de que la obra podía desviar las aguas hacia su población, por lo que el Ayuntamiento terminó planteando defensas para ambos márgenes. El episodio documenta tanto la recurrencia histórica de las inundaciones como la dificultad de ejecutar obras que no trasladaran el riesgo de un núcleo a otro.[33]

siglo XX

En el otoño de 1918, Albuñol fue uno de los focos destacados de la epidemia de gripe en la Alpujarra: hacia el 21 de octubre se estimaban unos 1500 enfermos encamados en un municipio de alrededor de 8000 habitantes, con picos de 8–10 defunciones diarias y clínica predominantemente respiratoria; en el contexto provincial, los hospitales de Granada registraron un notable aumento de mortalidad en el último trimestre del año.[40][41][42] Durante la huida masiva conocida como Desbandá (febrero de 1937), la columna de refugiados que escapaba de Málaga hacia Almería recorrió la carretera litoral que atraviesa el término de Albuñol, con paso por la Cuesta del Marroquín y La Rábita, en un contexto de ataques intermitentes por mar y aire descritos por diversos testimonios.[43][44] En el plano institucional, el 2 de noviembre de 1951 el pleno municipal acordó solicitar para el Ayuntamiento el tratamiento de «Excelentísimo»; la petición, cursada el 11 de diciembre, fue resuelta favorablemente por el Ministerio de la Gobernación el 19 de enero de 1952.[18] Finalmente, la madrugada del 19 al 20 de octubre de 1973 una tormenta muy intensa y estacionaria sobre las cabeceras de la rambla de Albuñol–Huarea provocó una riada catastrófica. El taponamiento por arrastres del puente de la N-340 actuó como presa accidental y la rotura de los muros de contención desencadenó una avenida súbita que afectó gravemente a los barrios bajos; las crónicas periodísticas hablan de decenas de fallecidos y desaparecidos, con estimaciones superiores a cuarenta víctimas mortales confirmadas, y recuerdan rescates vecinales, auxilios por mar y carretera e incluso la visita de los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía.[45][46][47]

Crisis económica y modernización (1900–1925)

Albuñol inició el siglo XX sin haberse recuperado plenamente de la crisis económica y demográfica provocada por la filoxera en las décadas anteriores. La pérdida de buena parte del viñedo, las sucesivas sequías, la emigración y la escasez de trabajo afectaron especialmente a jornaleros y pequeños agricultores y redujeron los ingresos municipales. Las actas del Ayuntamiento reflejan durante los primeros años del siglo atrasos en el pago de empleados y servicios públicos, dificultades para atender las obligaciones con Hacienda y una continua búsqueda de recursos para aliviar la situación del vecindario.[48]

La reconstrucción agraria fue lenta. En 1904 el Ayuntamiento autorizó la adquisición de plantas de riparia para reponer viñedos destruidos por la filoxera, después de examinar muestras de los terrenos donde debían plantarse. La vid siguió compartiendo las laderas de secano con almendros, higueras y cereales, mientras las pequeñas vegas y ramblas mantenían cultivos de regadío. Sin embargo, las sequías volvieron a provocar graves crisis de empleo: en 1905 la corporación describía a numerosos jornaleros en «forzosa huelga» por falta de trabajo y acordó solicitar al Gobierno obras públicas urgentes como medio de proporcionar jornales.[48]

Entre las actuaciones reclamadas figuraban las defensas de La Rábita, la continuación de la carretera de Tablate a Albuñol, su conexión con la carretera general de Almería a Málaga y nuevos caminos hacia Sorvilán, Murtas y Albondón. En 1906 se anunció el próximo comienzo de las obras de la carretera Almería-Málaga, consideradas especialmente importantes para comunicar el municipio con el litoral y los principales mercados. En las fases de mayor escasez, el Ayuntamiento combinó estas peticiones de empleo con medidas asistenciales: en 1905 y nuevamente en 1907 se acordó repartir centenares de piezas de pan entre las familias más necesitadas, y en 1906 se concedieron ayudas a los pescadores pobres de La Rábita.[48]

Paralelamente comenzó una lenta modernización urbana y administrativa. En 1902 se estableció un mercado semanal los domingos en la plaza de la Constitución y se inició la construcción de un nuevo cementerio. La Rábita y El Pozuelo, cuyo crecimiento hacía cada vez más difícil depender exclusivamente de los servicios situados en Albuñol, solicitaron una plaza médica propia, creada en 1904. Ese mismo año se amplió el alumbrado de La Rábita con nuevos faroles y farolas.[49]

Los avances en las comunicaciones fueron particularmente visibles durante la década de 1900. En 1903 se autorizó en La Rábita la colocación de postes y soportes para un tendido eléctrico y en 1909 el Gobierno Civil autorizó al Ayuntamiento la instalación del alumbrado público. Ese mismo año se concedió una línea telefónica entre Albuñol y La Rábita, donde posteriormente funcionó un teléfono de uso público. También se decidió numerar las calles para mejorar el servicio de Correos y Telégrafos.[49]

La Rábita fue consolidándose así como el principal núcleo costero del municipio. A la pesca y al tráfico marítimo se añadieron servicios sanitarios, alumbrado, teléfono y nuevas infraestructuras. En 1908 comenzaron las gestiones para construir una iglesia en la localidad; parte de los propietarios cedieron gratuitamente terrenos de la plaza y, en enero de 1909, la prensa informó de que Segismundo Moret había conseguido del Gobierno un crédito de 50 000 pesetas para la obra, después de una visita a la Alpujarra en la que estuvo acompañado, entre otros, por Natalio Rivas Santiago.[49]

La mejora de los servicios no eliminó las dificultades financieras. Albuñol seguía soportando los gastos derivados de su condición de cabecera judicial, mientras varios municipios acumulaban deudas por el mantenimiento de la cárcel del partido. En 1906 se calculaba que estas cantidades pendientes rondaban las 40 000 pesetas. La propia corporación mantenía a su vez importantes descubiertos con Hacienda y la Diputación, situación que desembocó en embargos de ingresos municipales y frecuentes conflictos con los organismos recaudadores.[50]

La sanidad y la educación constituyeron otros dos problemas centrales. Se documentaron brotes de viruela en El Pozuelo en 1901 y en Albuñol en 1905, y a comienzos de 1919 se declaró una epidemia de tifus en La Rábita. Ese mismo año el Ayuntamiento reconocía la escasez de escuelas y maestros en las cortijadas y la elevada extensión del analfabetismo, por lo que solicitó la creación de nueve escuelas mixtas distribuidas por núcleos rurales como Los Rivas, La Herradura, El Pozuelo, Los Pelados, El Saltadero, la rambla de Huarea y La Balsilla. La autorización llegó en 1920, condicionada a que el municipio proporcionara locales y material escolar. Se propuso igualmente establecer una colonia escolar de verano en la playa de La Rábita destinada a menores con problemas de alimentación o desarrollo físico.[50]

A finales de 1921 la deuda municipal ascendía, según las actas reproducidas por Manzano Camarena y Vargas Lorente, a 485 755,55 pesetas, y se intentó alcanzar un acuerdo con Hacienda para fraccionar su pago. La inestabilidad administrativa provocó dimisiones frecuentes y sesiones municipales que no podían celebrarse por falta de concejales. Tras el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera de 1923, la administración local quedó sometida a la intervención de delegados gubernativos. En enero de 1924 uno de estos delegados supervisó la formación de una nueva corporación y la revisión de las cuentas municipales; en 1925 continuaron los cambios de alcaldía y la reorganización administrativa conforme al nuevo Estatuto Municipal.[50]

Segunda República y Guerra Civil (1931–1939)

La proclamación de la Segunda República en 1931 abrió una etapa de intensificación de la vida política y social también en los municipios de la Alpujarra. En Albuñol, como en buena parte de la comarca, las tensiones relacionadas con la propiedad agraria, las condiciones de los jornaleros y la polarización política nacional se superpusieron a una economía rural todavía frágil.

La Guerra Civil situó al municipio en una posición estratégica por su proximidad a la carretera costera entre Málaga y Almería. Albuñol permaneció en territorio republicano durante la mayor parte de la contienda y, aunque el núcleo urbano no fue escenario de grandes batallas, el término estuvo condicionado por el tránsito de tropas, la escasez, los desplazamientos de población y la proximidad del frente.

El episodio de mayor repercusión se produjo en febrero de 1937, tras la caída de Málaga. La huida masiva de civiles hacia Almería por la carretera litoral, conocida como La Desbandá, atravesó la costa granadina y pasó por el entorno de La Rábita en condiciones extremas. Miles de refugiados continuaron hacia el este mientras eran perseguidos y atacados a lo largo de la carretera.[51]

En aquellos días se desplegaron también unidades republicanas e internacionales destinadas a contener el avance por la costa. El batallón Tschapaiev, integrado en la XIII Brigada Internacional, llegó a Albuñol el 13 de febrero de 1937 y participó posteriormente en la estabilización del frente en el sector de Castell de Ferro.[52]

El conflicto produjo también una profunda fractura social y episodios de violencia política y religiosa. Tras la victoria franquista en 1939 comenzaron detenciones, depuraciones y procedimientos militares contra personas relacionadas con las organizaciones republicanas, dentro del proceso represivo desarrollado en la provincia durante la primera posguerra.[53]

Franquismo, emigración y economía local (1939–1975)

La posguerra estuvo caracterizada por la escasez, la intervención económica y la lenta recuperación de una sociedad todavía fundamentalmente agraria. La agricultura continuó apoyándose en pequeñas explotaciones de secano —almendros, higueras, cereales y una viticultura parcialmente reconstruida— y en los regadíos de vegas y ramblas. Los jornales agrícolas, la pesca en La Rábita y El Pozuelo y los oficios tradicionales siguieron constituyendo las principales fuentes de subsistencia.

Junto a estas actividades existió un reducido tejido industrial y artesanal. La memoria local conserva referencias a la denominada «fábrica de la luz», a una pequeña fábrica de gaseosas y a diferentes talleres y establecimientos comerciales. Especial importancia adquirió una destilería de alcohol conocida popularmente por su vinculación con «Don Fernando», dedicada a la fermentación y destilación de productos vitícolas. Durante determinadas campañas recibía uva procedente tanto del término como de otras zonas productoras y proporcionaba un empleo industrial poco habitual en una economía predominantemente agrícola.[54]

En educación, la construcción de nuevas instalaciones escolares formó parte de la política de equipamientos de la posguerra. Entre ellas destacó el grupo escolar dedicado a Natalio Rivas, personalidad estrechamente vinculada durante décadas al distrito de Albuñol.[55]

A partir de las décadas de 1950 y 1960 se intensificó la emigración. Numerosos vecinos abandonaron el municipio hacia Cataluña, Madrid, el País Vasco y otras zonas industriales españolas, mientras otros se dirigieron a Francia, Alemania, Suiza y distintos países americanos. El éxodo afectó especialmente a la población joven, provocó el abandono o pérdida de habitantes en numerosas cortijadas y redujo el peso de las actividades tradicionales.[56]

Durante la década de 1960 se ampliaron progresivamente las comunicaciones por carretera y los servicios básicos, mientras los núcleos costeros adquirían mayor importancia demográfica. En 1963, durante un recorrido oficial por la costa y la Alpujarra, Francisco Franco pasó por La Rábita y Albuñol, donde fue recibido por autoridades y vecinos según la prensa de la época.[57]

Riada de 1973

La madrugada del 18 al 19 de octubre de 1973 se produjo uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia contemporánea del municipio. Una tormenta extraordinariamente intensa provocó violentas avenidas en las ramblas y barrancos del litoral y afectó especialmente a La Rábita. La riada, conocida popularmente como «La Nube», arrasó viviendas, vehículos, explotaciones agrícolas e infraestructuras y transformó numerosos sectores del núcleo costero.[58]

El balance humano fue elevado, aunque las cifras difieren según las fuentes debido al número de desaparecidos y a las dificultades para cerrar el recuento en cortijadas y diseminados. La catástrofe dejó varias decenas de víctimas mortales y desaparecidos y obligó posteriormente a reconstruir viviendas, accesos y obras de defensa frente a las ramblas.[58]

La riada tuvo además consecuencias económicas duraderas. Destruyó instalaciones y explotaciones de la costa y aceleró la desaparición de algunas actividades tradicionales. Los testimonios locales relacionan también los daños sufridos aquel año con el final de la antigua destilería de alcohol de Albuñol.[54]

Transición democrática y transformación agraria (1975–2000)

Tras la muerte de Franco en 1975, el municipio participó en el proceso general de transición democrática. Las elecciones municipales de 1979 restablecieron la elección democrática del Ayuntamiento y abrieron una nueva etapa de ampliación de infraestructuras, equipamientos y servicios públicos.

El principal cambio económico del último cuarto del siglo se produjo, sin embargo, en el litoral. La agricultura tradicional de secano continuó en las laderas interiores, pero las vegas, ramblas y terrenos próximos a La Rábita y El Pozuelo se incorporaron progresivamente al modelo de horticultura intensiva que se estaba desarrollando en el sureste peninsular. Técnicas como el enarenado y, sobre todo, la extensión de los cultivos protegidos bajo plástico permitieron aumentar considerablemente los rendimientos y producir hortalizas fuera de las temporadas tradicionales.[59]

Durante las décadas de 1980 y 1990 los invernaderos se extendieron especialmente por la franja costera y las ramblas del término. La nueva agricultura generó empleo y estimuló actividades complementarias como almacenes de manipulado y comercialización, transporte, suministro de semillas y fertilizantes, construcción de invernaderos y otros servicios agrícolas. El municipio quedó integrado progresivamente en las redes comerciales de la horticultura intensiva del litoral de Granada y Almería.[59]

Esta transformación modificó también el paisaje y la distribución de la actividad económica. Frente a las laderas interiores, donde continuaron los cultivos tradicionales y el poblamiento disperso, las zonas bajas y costeras desarrollaron un paisaje dominado por los cultivos bajo plástico. El incremento de la actividad agraria contribuyó a frenar parcialmente la pérdida de población que había caracterizado las décadas anteriores y convirtió a La Rábita y El Pozuelo en núcleos cada vez más vinculados a la horticultura intensiva y a sus actividades auxiliares.[59]

Al finalizar el siglo XX, Albuñol presentaba así una estructura económica y territorial muy distinta de la existente a comienzos de la centuria: la agricultura tradicional de secano y la pesca continuaban formando parte de la identidad municipal, pero convivían ya con una agricultura intensiva orientada a mercados exteriores, una mayor concentración de población en los núcleos urbanos y costeros y un tejido de servicios relacionado con la nueva actividad agrícola.

Geografía

Extensión del municipio en la provincia de Granada

Situación

Integrado en la comarca de la Costa Granadina, se encuentra situado a 102 kilómetros de la capital provincial. El término municipal está atravesado por la autovía A-7 y por la N-340 o carretera del Mediterráneo, entre las ciudades de Motril y Almería.

El relieve del municipio es el típico de esta zona de la costa, caracterizado por un descenso brusco y abrupto desde la sierra de la Contraviesa hasta el mar Mediterráneo, por lo que abundan los barrancos y las ramblas, como la del Tranco, la de las Angosturas o la de Huarea. La altitud oscila entre los 950 m, en el límite nororiental, hasta el nivel del mar en La Rábita. El pueblo se alza a 244 m sobre el nivel del mar, entre dos ramblas y al pie del cerro de las Yeseras.

Playas

Albuñol cuenta con siete playas, que de oeste a este son: El Gaiterillo, El Cuervo, Cala Chilches (o Cala Chílchez), El Ruso, La Playiya, La Rábita y El Pozuelo.

Demografía

Cuenta con una población de 7388 habitantes (INE, 2025),[60] que se distribuyen de la siguiente manera:

Unidad poblacional Hab.
Albuñol 4015
La Rábita 2112
El Pozuelo 680
Los Castillas 534
La Ermita 27
Los Chaulines 23
Total 7391

Evolución de la población

Gráfica de evolución demográfica de Albuñol[61] entre 1842 y 2021

     Población de derecho según los censos de población del INE     Población de hecho según los censos de población del INE

Nacionalidad en Albuñol (2022)[62]
Nacionalidad Hombres Mujeres Total % Proporción
Española 2497 2408 4905 66.1 %
Extranjera 1621 894 2515 33.8 %

Economía

Evolución de la deuda viva municipal

Gráfica de evolución de la deuda viva del Ayuntamiento de Albuñol entre 2008 y 2019

     Deuda viva del Ayuntamiento de Albuñol en miles de euros según datos del Ministerio de Hacienda y Función Pública.[63]

Comunicaciones

Carreteras

Las principales vías de comunicación que transcurren por el municipio son:

Identificador Denominación Itinerario
 A-7  Autovía del Mediterráneo Algeciras - Barcelona
 N-340  Carretera del Mediterráneo Cádiz - Barcelona
 A-345  Carretera de Cádiar a La Rábita Cádiar - La Rábita
 A-4131  De A-348 a Albuñol Los Tablones - Albuñol

Algunas distancias entre Albuñol y otras ciudades:

Ciudades Distancia (km)
Motril 43
Almería 75
Granada 101
Jaén 193
Murcia 293

Servicios públicos

Sanidad

El municipio cuenta con un centro de salud —con servicio de urgencias— en la carretera de Órgiva s/n, y con tres consultorios médicos de atención primaria situados uno en la calle Castillo s/n, de La Rábita; otro en la calle del Barrio n.º 17, de El Pozuelo; y el otro en la plaza s/n de Los Castillas, dependientes todos ellos del Área de Gestión Sanitaria Sur de Granada. El área hospitalaria de referencia es el Hospital Santa Ana de Motril.

Educación

Los centros educativos que hay en el municipio son:

Denominación genérica Nombre del centro Naturaleza Dirección
Centro de educación permanente CEPER Cehel Público Ctra. de Almería, 5
Colegio de educación infantil y primaria CEIP Natalio Rivas Público Ctra. del Visillo, 8
Colegio de educación infantil y primaria CEIP Virgen del Mar Público C/ Cerro, s/n. La Rábita
Colegio público rural CPR Las Ramblas Público C/ del Barrio, s/n. El Pozuelo
Escuela infantil EI La Alpujarra Público Barrio de Pijiros, s/n
Escuela infantil EI La Rábita Público C/ La Torre, s/n. La Rábita
Instituto de educación secundaria IES La Contraviesa Público C/ Instituto, s/n

Cultura

Entre las tradiciones del municipio se encuentran las actividades artesanales muy arraigadas en la zona como la manufactura con esparto o con otros materiales. También es conocido la gran tradición vinícola de la zona, muy peculiar por su sabor y graduación.

Entre los monumentos del municipio, uno de los fundamentales es la parroquia de San Patricio cuyo origen se encuentra en el siglo XV. Fue construida en 1616 en estilo dórico y consagrada por el párroco Pedro Mercado. Posteriormente, fue reconstruida en 1803 por el arquitecto Juan de Mata Velasco. Tiene tres naves en cruz latina, doce altares, dos torres y una bóveda en el presbiterio.

Durante los años cincuenta del pasado siglo, la oferta cultural y de ocio era escasa y sólo una tienda ponía a la venta periódicos, revistas y tebeos, sobre todo de la Editorial Maga.[64]

Fiestas

Imagen de San Patricio, patrón de Albuñol

A pesar de ser un pueblo pequeño, Albuñol tiene diversas festividades a lo largo de todo el año. Se celebra cada año sus fiestas patronales el 17 de marzo en honor a San Patricio, con una procesión por las calles del pueblo en la que se saca la imagen del patrón junto con la de San José.

Otras fiestas destacadas son el 25 de abril, día de San Marcos, protector del ganado; el primer fin de semana de agosto se celebra la feria de verano; y del 30 de octubre al 1 de noviembre se celebra la Feria del Ganado.

En 1986 tuvo lugar, en esta población, el V Festival de Música Tradicional de la Alpujarra.

Personas notables

Hermanamientos

Véase también

Referencias

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  11. ↑ Galán Sánchez, Ángel (2005). «La consolidación de una fiscalidad diferencial: los servicios moriscos al inicio del reinado de Carlos V». Chronica Nova 31: 144. 
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  13. ↑ Martínez Martínez, Manuel (2003–2004). «Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556–1598). El fracaso de una integración». Chronica Nova 30: 419. 
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Enlaces externos

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