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Batalla de San Jacinto (1836)
| Batalla de San Jacinto | ||||
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| Independencia de Texas | ||||
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Archivo:Sam Houston at San Jacinto.jpg "Sam Houston en la batalla de San Jacinto", cuadro en el Capitolio Estadual de Texas | ||||
| Fecha | 21 de abril de 1836 | |||
| Lugar | Llanuras de San Jacinto cerca de La Porte, Texas | |||
| Resultado | Victoria texana | |||
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La Batalla de San Jacinto, conocida también con cierta ironía histórica como la Emboscada de San Jacinto o la Siesta de San Jacinto, fue un enfrentamiento armado decisivo librado el 21 de abril de 1836 en el marco de la independencia de Texas.
En una acción audaz y sorpresiva, el ejército texano al mando del general Samuel Houston logró diezmar a las fuerzas del Ejército Mexicano comandadas por el general Antonio López de Santa Anna, quien fue capturado al término del combate. La victoria texana, de apenas dieciocho minutos de duración, selló el destino de la región y forzó la retirada de las tropas mexicanas.[1]
Antecedentes
El origen del conflicto se remonta a la política de colonización de México, que permitió el asentamiento de ciudadanos estadounidenses en Texas bajo ciertas condiciones. Sin embargo, el creciente descontento de los colonos, agravado por la transición de México a un estado centralista y la abolición de la esclavitud en 1829, generó tensiones insostenibles. Los colonos texanos, en su mayoría esclavistas, se rebelaron contra el gobierno mexicano, buscando la independencia y una eventual anexión a los Estados Unidos.[2]
Tras el triunfo mexicano en la Batalla de El Álamo el 6 de marzo de 1836 y la posterior ejecución de los prisioneros texanos en Goliad el 27 de marzo, las fuerzas rebeldes, comandadas por Sam Houston, se vieron obligadas a replegarse hacia el este. Santa Anna, confiado en la victoria, dividió sus fuerzas para perseguir a los rebeldes. Mientras el general José de Urrea aseguraba la costa, Santa Anna se adelantó con una columna de élite, conocida como la Brigada de la Vanguardia, con la intención de capturar a Houston y acabar la guerra.[1]
Posiciones previas
Tras una agotadora persecución, Santa Anna llegó a las llanuras de San Jacinto el 19 de abril de 1836 con aproximadamente 700 hombres.[2] Al día siguiente, recibió refuerzos al mando del general Martín Perfecto de Cos, elevando su contingente a unos 1200 soldados. Santa Anna, creyendo que Houston continuaría su huida, estableció su campamento en una posición tácticamente deficiente: entre el río San Jacinto y el Buffalo Bayou, sin posibilidad de una retirada fácil y con un terreno pantanoso en su retaguardia.
El general mexicano, confiado y con sus tropas exhaustas, descuidó las medidas de seguridad básicas, no desplegó exploradores y ordenó a sus hombres descansar.[3]
Mientras tanto, Houston cesó su retirada el 19 de abril y, tras un consejo de guerra, decidió atacar. Sus fuerzas, de unos 900 hombres, se ocultaron en un bosque cercano. En la tarde del 20 de abril hubo una escaramuza de caballería, pero Houston pospuso el ataque principal. A la mañana siguiente, el 21 de abril, Santa Anna, aún sin percibir el peligro, permitió que sus soldados, muchos de ellos reclutas, se desprendieran de su equipo y durmieran la siesta bajo el calor sofocante. Incluso el propio Santa Anna se retiró a descansar a su tienda.[1]
El combate de San Jacinto
A las 15:30 horas del 21 de abril, Houston ordenó a sus tropas desplegarse en formación de combate. A las 16:30 horas, protegidos por un ligero bosque y por una ligera elevación del terreno, los texanos avanzaron en silencio. Su grito de guerra, "¡Recuerda El Álamo! ¡Recuerda Goliad!", resonó mientras lanzaban su primera descarga de fusilería.[3]
El ataque fue una completa sorpresa. La mayoría de los soldados mexicanos dormían o descansaban, con las armas apiladas y sin centinelas. El general Manuel Fernández Castrillón fue de los pocos que intentó organizar la resistencia, cayendo abatido en los primeros minutos. La caballería mexicana no pudo montar, y la infantería fue incapaz de formar sus filas. La "batalla" degeneró rápidamente en una desbandada y una masacre. Los texanos, cegados por la venganza, no hicieron prisioneros en un primer momento.[1]
El combate principal duró apenas dieciocho minutos. El resultado fue catastrófico para México: aproximadamente 630 soldados murieron, 200 resultaron heridos y 730 fueron hechos prisioneros. Las bajas texanas fueron mínimas: 9 muertos y 30 heridos, entre ellos el propio Sam Houston, alcanzado por una bala en el tobillo. El caos fue total entre los mexicanos; muchos intentaron huir cruzando el río o los pantanos, ahogándose o siendo abatidos en la fuga.[4]
El general Santa Anna, despertado por el estruendo, logró huir disfrazado con una chaqueta de soldado raso, pero fue capturado al día siguiente, 22 de abril, mientras se escondía en la maleza. Al ser reconocido y saludado como "el presidente", los texanos comprendieron el valor incalculable de su presa.
Consecuencias
La captura de Santa Anna fue el factor determinante. Consciente de su posición, Houston lo obligó a firmar el Tratado de Velasco el 14 de mayo de 1836. En él, Santa Anna, como Presidente de México (aunque su mandato estaba en entredicho), reconocía la "independencia" de la República de Texas y se comprometía a ordenar la retirada de todas las tropas mexicanas más allá del río Bravo, un límite mucho más meridional que el histórico río Nueces.[2]
Aunque el gobierno mexicano, encabezado por José Justo Corro, desconoció el tratado por haber sido firmado bajo coacción, el daño estaba hecho. El general Vicente Filisola, que comandaba el grueso del ejército mexicano, obedeció la orden de Santa Anna y emprendió una penosa retirada hacia Matamoros, perdiendo a muchos soldados por enfermedades y deserción. El general José de Urrea se opuso vehementemente, argumentando que aún disponía de unos 3000 soldados para aplastar a los texanos, pero Filisola se impuso. La oportunidad de reconquistar Texas se perdió para siempre.[4]
Santa Anna permaneció prisionero varios meses y fue enviado a Washington D. C. para entrevistarse con el presidente Andrew Jackson, alimentando las aspiraciones anexionistas de Estados Unidos. La República de Texas existió como nación independiente hasta 1845, fecha en que fue anexada a los Estados Unidos, lo que provocó la Intervención estadounidense en México (1846-1848).
Finalmente, México cedió formalmente Texas y otros vastos territorios mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo. La derrota de San Jacinto sigue siendo un hito de profundo pesar en la memoria histórica mexicana.[3]
En el lugar donde se libró la batalla, en la actual La Porte (Texas), se erige el Monumento de San Jacinto, la columna de mampostería más alta del mundo. El monumento conmemora la victoria texana y alberga un museo dedicado a la historia de la región. El episodio ha pasado a la cultura popular como "la Siesta de San Jacinto", un sinónimo de la derrota causada por la negligencia y la sobreconfianza.
Véase también
Bibliografía
- VALADÉS, José C. et al (1994) Orígenes de la República Mexicana: la aurora constitucional, México, ed. Universidad Nacional Autónoma de México, ISBN 978-968-36-3320-0
- Luis A. Salmerón Sanginé: Relatos e Historias de México junio de 2015 año VII número 81 pag 46, ISSN 2007-0616
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 «La «siesta» de San Jacinto (1836): la vergüenza mexicana que le costó la mitad de su territorio». ABC (España). 26 de mayo de 2018. Consultado el 21 de abril de 2026.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 «San Jacinto: la batalla de los 18 minutos que cambió América del Norte». El Mundo (España). 21 de abril de 2015. Consultado el 21 de abril de 2026.
- ↑ 3,0 3,1 3,2 «La 'Siesta de San Jacinto', la derrota militar más vergonzosa en la historia de México». Libertad Digital. 21 de abril de 2016. Consultado el 21 de abril de 2026.
- ↑ 4,0 4,1 «La batalla de San Jacinto: el fin del sueño mexicano». Muy Historia (España). 21 de abril de 2021. Consultado el 21 de abril de 2026.
Enlaces externos
Portal:Texas. Contenido relacionado con Texas.- "Las grandes mentiras de nuestra historia" por Francisco Bulnes
- Evacuación de Texas traducción del informe de Vicente Filisola