Mi último adiós

De Hispanopedia
Primer verso de "Mi último adiós".

Mi último adiós es un poema atribuido al escritor filipino José Rizal supuestamente redactado en la víspera de su ejecución el 30 de diciembre de 1896.

El manuscrito original, enviado semanas después a Mariano Ponce (miembro destacado del Movimiento de la Propaganda) que se encontraba en Hong Kong, era una copia mal hecha "por un inexperto escribiente", y no tenía título ni firma (algo insólito en las obras de Rizal). Fue el propio Ponce el que se encargó de darle el título de "Mi último adiós", insertar la firma de Rizal, imprimirlo todo en forma de galerada, y distribuir copias a los filipinos residentes de la colonia británica, quienes se encargaron de enviar la nueva versión corregida de vuelta a Manila[1].

El texto del "Adiós" fue también reproducido en Madrid, en julio de 1897, por la revista republicana Germinal, con el texto alterado, y con pretensiones de edición crítica, algo que también contribuyó a la propagación de diferentes versiones del manuscrito.

Por otra parte, los periódicos filipinos La Independencia y La República filipina también cambiaron los textos y añadieron el subtítulo "Poesía que, estando en capilla, escribió Rizal". Este sub-epígrafe ha dado lugar a la general creencia de que el poema fue realmente escrito en la víspera del fusilamiento.

Para acabar de enturbiar el tema, en 1908 se descubre otro supuesto original del poema de Rizal (diferente del que obraba en poder del Gobierno, que había abonado Pl,OOO al que se lo había presentado), y este se proclama como el auténtico. Al parecer, según una comunicación del Buró de Asuntos Insulares de Estados Unidos, un americano que había estado viajando por Oriente, había encontrado un documento que parecía ser el autógrafo del poema de Rizal. Dicho individuo estaba dispuesto a desprenderse de él, si se le abonaba la suma de $500 dólares o mil pesos filipinos, algo a lo que el gobierno títere filipino accedió. Este es el documento que hoy día se considera como el texto genuino del célebre poema, que según la historiografía filipina "puede consultarse para el restablecimiento de la verdad desnuda, pura e indubitable"[2].

Contenido

"Mi Último Adiós"

Adiós, patria adorada, región del sol querida,
Perla del mar de oriente, nuestro perdido Edén!
A darte voy alegre la triste mustia vida,
Y fuera más brillante, más fresca, más florida,
También por ti la diera, la diera por tu bien.

En campos de batalla, luchando con delirio,
Otros te dan sus vidas sin dudas, sin pesar;
El sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio,
Cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,
Lo mismo es si lo piden la patria y el hogar.

Yo muero cuando veo que el cielo se colora
Y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;
si grana necesitas para teñir tu aurora,
Vierte la sangre mía, derrámala en buen hora
Y dórela un reflejo de su naciente luz.

Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente,
Mis sueños cuando joven ya lleno de vigor,
Fueron el verte un día, joya del mar de oriente,
Secos los negros ojos, alta la tersa frente,
Sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor

Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo,
¡Salud te grita el alma que pronto va a partir!
¡Salud! Ah, que es hermoso caer por darte vuelo,
Morir por darte vida, morir bajo tu cielo,
Y en tu encantada tierra la eternidad dormir.

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día
Entre la espesa yerba sencilla, humilde flor,
Acércala a tus labios y besa al alma mía,
Y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría,
De tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

Deja a la luna verme con luz tranquila y suave,
Deja que el alba envíe su resplandor fugaz,
Deja gemir al viento con su murmullo grave,
Y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,
Deja que el ave entone su cántico de paz.

Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore
Y al cielo tornen puras, con mi clamor en pos;
Deja que un ser amigo mi fin temprano llore
Y en las serenas tardes cuando por mí alguien ore,
¡Ora también, oh Patria, por mi descanso a Dios!

Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
Por cuantos padecieron tormentos sin igual,
Por nuestras pobres madres que gimen su amargura;
Por huérfanos y viudas, por presos en tortura
Y ora por ti que veas tu redención final.

Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio
Y solos sólo muertos queden velando allí,
No turbes su reposo, no turbes el misterio,
Tal vez acordes oigas de cítara o salterio,
Soy yo, querida Patria, yo que te canto a ti.

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
No tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
Deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
Y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
El polvo de tu alfombra que vayan a formar.

Entonces nada importa me pongas en olvido.
Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré.
Vibrante y limpia nota seré para tu oído,
Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
Constante repitiendo la esencia de mi fe.

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.
Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,
Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,
Amigos de la infancia en el perdido hogar,
Dad gracias que descanso del fatigoso día;
Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría,
Adiós, queridos seres, morir es descansar.

Bibliografía

  • Mauro García (1961). «Translations of Mi Último Adiós», Historical Bulletin Manila, Philippine Historical Association.
  • Multiple Authorship (1990). Mi Último Adiós in Foreign and Local Translations (2 vol), National Historical Institute.

Referencias

  1. EL "ÚLTIMO ADIÓS" DE RIZAL ESTUDIO CRíTICO-EXPOSITIVO EN DOS PARTES POR JAIME C. DE VEYRA - Miembro Correspondiente de la Real Academia Española. Pág. 23
  2. EL "ÚLTIMO ADIÓS" DE RIZAL ESTUDIO CRíTICO-EXPOSITIVO EN DOS PARTES POR JAIME C. DE VEYRA - Miembro Correspondiente de la Real Academia Española. Pág. 30

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