Milicia

De Hispanopedia
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Bandera que regaló Diego Muñoz Torrero a la Milicia Nacional de Cabeza del Buey durante el Trienio Liberal.

Una milicia, en un sentido amplio del idioma español puede referirse a hacer la guerra y disciplinar a los soldados para ella, al servicio o profesión militar o a un conjunto de tropa o gente de guerra.[1]

Sin embargo, el término milicia se ha utilizado también, en un sentido más restringido, para referirse a una fuerza militar compuesta de ciudadanos, los cuales se dedican a la defensa de su pueblo o nación, la aplicación de la ley de emergencia, o para servicios militares, en momentos de emergencia, y que no reciben ningún salario regular ni se han comprometido a un plazo fijo de servicio. Se trata de una polisemia con múltiples significados distintos pero relacionados.

En general, una milicia es el grupo formado por la unión de civiles normales que se organizan para proporcionar defensa o servicios paramilitares a una causa o región, sin recibir paga de forma regular o estar adscritos a la misma por un período prefijado (a diferencia de un soldado regular), y de forma voluntaria (a diferencia de los miembros de una leva o reemplazo obligatorio). El miembro de uno de estos grupos es, por extensión, un miliciano.

La milicia puede comportarse ocasionalmente como ejército regular o como guerrilla, según la relación de fuerzas que tenga con cada oponente en concreto.

Etimología

El término milicia proviene de raíces latinas 

Tipos de milicias

Se pueden distinguir los siguientes tipos de milicias:

  • Milicia auxiliar: Se llamaba así a la que en determinados casos acudía al socorro de los romanos y cuya disciplina era poco severa.
  • Milicia estacionaria o presidial: La destinada especialmente entre los romanos a guarnecer los puntos militares, pero que no se excluía por esto de salir a campaña. Tenía las mismas prerrogativas que la legítima
  • Milicia nacional: Conjunto de cuerpos sedentarios de organización militar, compuestos de individuos del orden civil e instituidos por diversas leyes políticas de la monarquía española para defensa del sistema constitucional. Tambien conocida como Milicia urbana en algunas épocas.
  • Milicia provincial: Cuerpos de infantería de reserva organizados con reclutas sorteados en las ciudades, villas y otros lugares.
  • Milicia tumultuaria. Milicia local que venía a ser una especie de ejército de reserva entre los romanos. 
  • Milicias provinciales: Se denominaban así a las reservas de soldados que, habiendo cesado en el servicio activo, permanecían en sus hogares mientras no se les llamaba para tomar nuevamente las armas. En algunos países se les llamaba milicias territoriales por ser su misión principal la defensa del territorio en que se hallan, en caso de invasión enemiga.[5]

Títulos relacionados

  • Conde de la milicia: Oficial de los emperadores griegos y latinos ministro de la Guerra.
  • Maestre de la milicia: Título que llevaron los magistrados anuales de Venecia desde el año 737 al 741. Después de aquella época tomaron el nombre de dux
  • Maestre general de la milicia: Cargo militar creado por Constantino. Había dos maestres generales de la milicia, cada uno de los cuales tenía a sus órdenes a dos maestres de caballería y dos de la infantería.[5]

Historia

El concepto de milicia ciudadana existió en varias civilizaciones antiguas. La idea de que los ciudadanos defendieran su propia comunidad era una práctica común antes del surgimiento de ejércitos profesionales y permanentes.

Antigua Grecia

En la Antigua Grecia, la milicia era la columna vertebral del poder militar de las ciudades-estado, especialmente en el periodo clásico. Los ciudadanos libres, conocidos como hoplitas, servían como soldados en una formación conocida como falange.

En las Ciudades-Estado (Polis) la milicia no era una fuerza separada, sino una parte integral de la vida del ciudadano. Se esperaba que los hombres participaran en la defensa de su polis y se equiparan con su propia armadura y armamento. En Atenas todos los ciudadanos entre 18 y 60 años eran elegibles para el servicio militar y se entrenaban en la Efebía durante dos años. Este sistema garantizaba una fuerza de reserva de ciudadanos siempre lista para la guerra. En Esparta, si bien su ejército era altamente profesional y rigurosamente entrenado desde la niñez, su origen también reside en la milicia ciudadana, aunque evolucionó hacia una fuerza de soldados a tiempo completo.

Antigua Roma

En la Antigua Roma, el término militia se refería al servicio militar activo, en contraste con el tiempo de paz (domus). Inicialmente, el ejército romano no era un ejército profesional, sino una milicia de ciudadanos. Los terratenientes y ciudadanos que podían permitirse equiparse a sí mismos con armamento estaban obligados a prestar servicio militar. Este modelo, basado en el sentido del deber cívico, fue fundamental para las primeras conquistas de la República.

Con la expansión del imperio, el modelo de milicia ciudadana fue evolucionando. Las largas campañas y la necesidad de un ejército permanente llevaron a la profesionalización de las tropas con las reformas de Cayo Mario en el siglo I a.C. A partir de entonces, el ejército romano se convirtió en una fuerza profesional, aunque la milicia ciudadana (militiatumultuaria) continuó existiendo para emergencias.

Imperio español

Durante el Imperio español las milicias desempeñaron un papel crucial en diversos conflictos. A menudo compuestas por civiles organizados, estas fuerzas de voluntarios defendieron sus ciudades y territorios frente a invasiones y ataques de ejércitos regulares.

Batalla de Santa Cruz de Tenerife (1797)

En 1797, una flota británica, comandada por el almirante Horatio Nelson, intentó invadir la isla de Tenerife. La defensa de la isla recayó en gran medida en las milicias canarias, que, aunque se veían ampliamente superadas en armamento y experiencia por la Royal Navy, estaban eficientemente organizadas y contaban con la ventaja de conocer el terreno.

Bajo el mando del general Antonio Gutiérrez de Otero, las milicias de Santa Cruz de Tenerife se enfrentaron a las tropas de desembarco. Los canarios se atrincheraron y, con una férrea resistencia, lograron repeler el ataque británico, causando graves bajas e hiriendo de gravedad a Nelson, quien perdió su brazo derecho en el combate y tuvo que rendirse con grandes perdidas.[6]

Invasiones Inglesas al Río de la Plata (1806-1807)

Otro ejemplo destacado fue el de las Invasiones Inglesas al Virreinato del Río de la Plata. En 1806, las tropas británicas, bajo el mando del general William Béresford, tomaron Buenos Aires. La respuesta no provino del ejército regular, sino de una milicia de ciudadanos locales, organizada y liderada por Santiago de Liniers. Estos voluntarios, sin formación militar formal pero motivados por la defensa de su ciudad, derrotaron al ejército británico y forzaron su rendición.

Al año siguiente, en 1807, durante la Segunda Invasión Inglesa, las milicias de Buenos Aires volvieron a tener un papel decisivo. Bajo el mando de Liniers, repelieron un segundo ataque británico, obligándolos a retirarse definitivamente de la región.

Invasión Napoleónica de España (1808-1814)

Durante la invasión francesa, la milicia y la guerrilla se convirtieron en la principal forma de resistencia popular contra la Grande Armée de Napoleón Bonaparte. La invasión y el colapso del ejército regular español al inicio del conflicto llevaron a que la población civil tomara las armas. Surgieron numerosas milicias y cuerpos de voluntarios en ciudades y pueblos, que combatieron junto a las guerrillas.

Estos grupos, compuestos por campesinos, artesanos, clérigos y otros ciudadanos, desempeñaron un papel vital. Sus tácticas de ataque y huida causaron un desgaste constante en las líneas de suministro y las comunicaciones francesas. Al ser locales, conocían a la perfección las zonas rurales y montañosas, lo que les permitía emboscar a las tropas napoleónicas de manera efectiva.

La resistencia de la milicia elevó la moral de la población y mantuvo viva la llama de la lucha, impidiendo que el control francés fuera total, lo que fue clave para la victoria final, ya que obligó a Napoleón a mantener un gran número de tropas en España, desgastando sus recursos y su capacidad militar.

Véase también

Referencias

  1. Real Academia Española. «milicia». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). 
  2. 2,0 2,1 Charlton T. Lewis, An Elementary Latin Dictionary, p. 505, Oxford U. Pr., 1997.
  3. Noun Formation, Class Notes in Latin, U. Idaho
  4. John B. Van Sickle, Roots of Style: A Guide to Latin & Greek Elements in English, Brooklyn College, City University of New York.
  5. 5,0 5,1 Diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat (1906-1914)
  6. Crespo-Francés, José Antonio. «Nelson y la derrota de Santa Cruz de Tenerife: Una victoria de las Milicias Canarias». Revista Ejército, n.º 948, 2021. Consultado el 12 de agosto de 2025.

Enlaces externos