Ramas de la ciencia

De Hispanopedia
Sistema del árbol del conocimiento de Gregg Henriques.

Las ramas de la ciencia, disciplinas científicas, o simplemente ciencias, se suelen dividir en tres grupos: ciencias formales, ciencias naturales, y ciencias humanas o ciencias sociales. Estas conforman las ciencias básicas, sobre las que se apoyan las ciencias aplicadas como la ingeniería, la medicina y la enfermería.

A lo largo de los siglos, se han propuesto y utilizado varias clasificaciones distintas de las ciencias. Algunas incluyen un componente de jerarquía entre las ciencias que da lugar a una estructura de árbol, de ahí la noción de ramas de la ciencia. Hasta el Renacimiento, todo el saber que no fuera técnico o artístico se situaba en el ámbito de la filosofía. El conocimiento de la naturaleza era sobre la totalidad: una ciencia universal. Con la revolución científica se impuso la separación entre ciencia y filosofía, y surgieron las principales ciencias modernas,[1] entre ellas la física, química, astronomía, geología y biología.

Grupos de ciencias

Ciencias formales

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Ciencias naturales

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Ciencias humanas

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Ciencias sociales

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Ciencias aplicadas

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Historia de las clasificaciones

Edad Antigua

Busto de Aristóteles en el Museo del Louvre.

Aristóteles usó los términos episteme y philosophia para clasificar las ciencias, pero con un significado y contenido muy diferente al de «ciencia» en la actualidad.[2] que considera tres categorías del saber:

  • Teoría, que busca la verdad de las ideas, como formas y como sustancias. Este saber está constituido por las ciencias cuyo conocimiento está basado en el saber por el saber: Matemáticas, Física y Metafísica.
  • Praxis o saber práctico encaminado al logro de un saber para guiar la conducta hacia una acción propiamente humana en cuanto racional: lo formaban la Ética, la Política, la Económica y la Retórica.
  • Poiesis o saber creador, saber poético, basado en la transformación técnica. Lo que hoy día se englobaría en la creación artística, artesanía y la producción de bienes materiales.

Edad Media

La clasificación aristotélica sirvió de fundamento para todas las clasificaciones que se hicieron en la Edad Media[3] hasta el Renacimiento, cuando las grandes transformaciones promovidas por los grandes adelantos técnicos[4] plantearon la necesidad de nuevas ciencias y sobre todo nuevos métodos de investigación que culminarán en la ciencia moderna del siglo XVII. Entonces aparece un concepto moderno de clasificación que supone la definitiva separación entre ciencia y filosofía.

Edad Moderna

En la Edad Moderna, Campanella, Comenio, Bacon, Hobbes y Locke propusieron diferentes clasificaciones.[2] El Systema Naturae (1735), de Linneo, estableció los criterios de clasificación que más influencia han tenido en el complejo sistema clasificatorio de las ciencias naturales.[2] André-Marie Ampère confeccionó una tabla con quinientas doce ciencias.[5]

En la Ilustración, D'Alembert escribió:

No hay sabios que gustosamente no colocaran la ciencia de la que se ocupan en el centro de todas las ciencias, casi en la misma forma que los hombres primitivos se colocaban en el centro del mundo, persuadidos de que el universo había sido creado por ellos. Las profesiones de muchos de estos sabios, examinándose filosóficamente, encontrarían, posiblemente, incluso, además del amor propio, causas de peso suficiente para su justificación.
D'Alembert[6]

siglo XIX

En el siglo XIX, Auguste Comte hizo una clasificación, mejorada después por Antoine Augustin Cournot en 1852 y por Pierre Naville en 1920.[5] Comte basó su clasificación jerárquica en el orden en que las ciencias habían entrado, según su percepción, en estado positivo, así como en su complejidad creciente y generalización decreciente.[7] De esta forma ordenó a las ciencias:[8]

Comte justifica la inclusión de la sociología en la clasificación, de la siguiente forma:

Poseemos ahora una física celeste, una física terrestre ya mecánica o química, una física vegetal y una física animal; todavía necesitamos una más y la última, la física social, para completar el sistema de nuestro conocimiento de la naturaleza.
Auguste Comte[9]

A partir del siglo XIX y con el importante crecimiento experimentado por el conocimiento científico surgieron numerosas disciplinas científicas nuevas con yuxtaposiciones de parcelas establecidas por ciencias anteriores: bioquímica, biogeoquímica, sociolingüística, bioética, etc.

La sistematización científica requiere el conocimiento de diversas conexiones, mediante leyes o principios teóricos, entre diferentes aspectos del mundo empírico que se caracterizan mediante conceptos científicos. Así los conceptos de la ciencia son nudos en una red de interrelaciones sistemáticas en la que las leyes y los principios teoréticos constituyen los hilos... Cuantos más hilos converjan o partan de un nudo conceptual, tanto más importante será su papel sistematizado o su alcance sistemático

siglo XX

Una clasificación general ampliamente utilizada, planteada por Rudolf Carnap en 1955, es la que agrupa las disciplinas científicas en tres grandes grupos:

Sin embargo, dicha clasificación ha sido discutida y requiere de cierta discusión complementaria. Así Wilhelm Dilthey considera inapropiado el modelo epistemológico de las «Naturwissenschaften» («ciencias naturales»). Es decir, considera inadecuado usar el método científico, pensado para la física, a disciplinas que tiene que ver el estudio del hombre y la sociedad; y propone un modelo completamente diferente para las «Geisteswissenschaften» («ciencias humanas» o «ciencias del espíritu»), e.g., la filosofía, la psicología, la historia, la filología, la sociología, etc. Si para las ciencias naturales el objetivo último es la explicación, basada en la relación causa/efecto y en la elaboración de teorías descriptivas de los fenómenos, para las ciencias humanas se trata de la comprensión de los fenómenos humanos y sociales.

Mario Bunge (1972) considera el criterio de clasificación de la ciencia en función del enfoque que se da al conocimiento científico: por un lado, el estudio de los procesos naturales o sociales (el estudio de los hechos) y, por el otro, el estudio de procesos puramente lógicos (el estudio de las formas generales del pensar humano racional); es decir, postuló la existencia de una ciencia factual (o ciencia fáctica) y una ciencia formal. Las ciencias factuales se encargan de estudiar hechos auxiliándose de la observación y la experimentación. La física, la psicología y la sociología son ciencias factuales porque se refieren a hechos que se supone ocurren en la realidad y, por consiguiente, tienen que apelar al examen de pruebas empíricas.[11]

  • Las ciencias experimentales se ocupa del estudio del mundo natural. Por mundo natural se ha de entender todo lo que pueda ser supuesto, detectado o medido a partir de la experiencia. En su trabajo de investigación, los científicos se ajustan a un cierto método, un método científico general y un método específico al campo concreto y a los medios de investigación.
  • Las ciencias aplicadas consiste en la aplicación del conocimiento científico teórico (la llamada ciencia «básica» o «teórica») a las necesidades humanas y al desarrollo tecnológico. Por eso es muy común encontrar, como término, la expresión «ciencia y tecnología».
  • Las ciencias formales, en cambio, crean su propio objeto de estudio; su método de trabajo es puro juego de la lógica, en cuanto formas del pensar racional humano, en sus variantes: la lógica y las matemáticas. En la tabla que sigue se establecen algunos criterios para su distinción:[12]
Caracterización de las ciencias según el esquema de Bunge
Formales Fácticas
Objeto de estudio
  • Estudian entes formales, ideales o conceptuales
  • Dichos entes son postulados hipotéticamente (construidos, propuestos, presupuestos o definidos) por los científicos que los estudian.
  • Estudia el mundo de los hechos (Desde las galaxias a las partículas subatómicas).
  • Tales hechos se asumen que tienen existencia con independencia de los científicos y de las comunidades que los estudian, aunque puedan tener interacciones con ellos.
Modo de validación
  • Parten de axiomas o postulados y a partir de ellos demuestran teoremas
  • Los axiomas son relativos al contexto en el cual se opera.[13]
  • No requieren de cotejo empírico o experimentación.
  • Sus conclusiones adquieren grado de certeza
  • Se trabaja a partir de las consecuencias observacionales que se derivan de las conjeturas o hipótesis propuestas.
  • Juzgan sobre su adecuación al trozo de realidad que pretenden describir o explicar.
  • El resultado favorable es provisional sujeto a corrección y revisión.
Objetivo que persigue
  • Buscan la coherencia interna.
  • Busca la verdad lógica y necesaria.

El Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine, propone superar la dicotomía entre la cultura de las ciencias humanísticas por un lado y el de las ciencias exactas por el otro porque el ideal de la ciencia es el de un esquema universal e intemporal, mientras que las ciencias humanas se basan en un esquema histórico ligado al concepto de situaciones nuevas que se superponen.[14][15]

Véase también

Referencias

  1. Juan Arana. «Cuando la ciencia se separó de la filosofía». Investigacion y ciencia. Consultado el 26 de octubre de 2021. 
  2. 2,0 2,1 2,2 Perelló, Javier Gimeno. «De las clasificaciones ilustradas al paradigma de la transdisciplinariedad». El catoblepas (116). ISSN 1579-3974. 
  3. Véase trivium y quadrivium
  4. La pólvora, la brújula, las técnicas de navegación y los descubrimientos geográficos, el nuevo arte de la guerra, la contabilidad en los negocios, las sociedades por acciones, etc.
  5. 5,0 5,1 Gran Enciclopedia Larousse. Barcelona: Planeta. 1977. ISBN 978-84-320-2030-8. 
  6. Discours préliminaire de l'Encyclopedie, París 1929, pág. 61
  7. Velasco, Adriana Figueroa (1997). Conociendo a los grandes filosófos. Santiago: Universitaria. p. 198. ISBN 9789561113138. Consultado el 3 de febrero de 2015. 
  8. Álvarez, F. Javier (2006). Historia del pensamiento y cristianismo: filosofía contemporánea (1ra edición). Andamio. ISBN 9788496551121. Consultado el 3 de febrero de 2015. 
  9. Comte, Auguste. «Antropologia, Psicologia y Sociologia. Profesores de Enseñanza Secundaria. Temario para la Preparación de Oposiciones.». Filosofía 2. MAD-Eduforma. p. 351. ISBN 9788466505376. Consultado el 3 de febrero de 2015. 
  10. Hempel, Carl (1976 [1966]). Filosofía de la Ciencia Natural. Alianza. p. 138. 
  11. Prigogine, Ilya; Stengers, Isabelle (1983). La nueva alianza: metamorfosis de la ciencia. Alianza. ISBN 8420623687. OCLC 636988060. Consultado el 28 de febrero de 2019. 
  12. Cha Larrieu, Alberto (2002). Elementos de epistemología. Montevideo: Trilce. 
  13. Los axiomas de un sistema pueden ser teoremas de otro sistema y no tienen carácter de «verdad evidente» como suponía la lógica clásica
  14. Prigogine, Ilya (1996). El fin de las certidumbres. Andrés Bello. ISBN 9789561314306. 
  15. Prigogine, Ilya (2011). El nacimiento del tiempo. Buenos Aires: Fábula Tusquets. ISBN 978-987-670-087-0.