Revuelta de los sangleyes (1603)

De Hispanopedia
Revuelta de los sangleyes
Fecha Octubre de 1603
Lugar Manila, isla de Luzón
Casus belli Acto de rebelión contra el imperio español
Conflicto Batalla terrestre entre españoles y un numeroso contingente chino
Resultado Victoria española y de sus aliados
Beligerantes
Bandera de España Capitanía General de Filipinas
Milicianos filipinos
Mercenarios japoneses
Rebeldes chinos
Comandantes
Luis Pérez das Mariñas  En Kang
Fuerzas en combate
Desconocido Desconocido
Bajas
128 españoles, filipinos y otros combatientes de origen desconocido Varios miles
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La rebelión de los sangleyes de 1603 fue un levantamiento de la comunidad china de Manila contra la Capitanía General de Filipinas, con objeto de capturar la ciudad.

Desencadenada por afanes pro-imperialistas de la comunidad china en Filipinas, fue sofocada con dureza por un contingente español ayudado por mercenarios japoneses y aliados filipinos.[1][2]

Antecedentes

La población china estaba legalmente limitada a 6000 ciudadanos en un distrito fuera de la ciudad, aunque ya hacía tiempo que habían doblado esa cifra sin que hubiera respuestas oficiales. Su gran número e influencia sobre el mercado de la ciudad eran un caldo de cultivo para la desconfianza.

La situación no mejoró después de que el gobernador Gómez Pérez das Mariñas, que había permitido a los chinos conservar sus celebraciones religiosas, resultase muerto en una rebelión de remeros chinos durante una expedición contra los musulmanes en octubre de 1593. El hijo del fallecido, Luis, solicitó a los gobernantes de la dinastía Ming que se encargasen de sus compatriotas, pero la flota que los Ming enviaron sólo levantó sospechas de que los chinos planeaban invadir Filipinas, probablemente con ayuda de los pobladores locales.

Para terminar de enturbiar la situación, en 1603 se produjo la visita de una nave imperial china que venía a corroborar la existencia de una supuesta montaña de oro en Luzón descrita por un carpintero chino que había vuelto a Fujian desde Manila.[3]

Preparativos

El gobernadorcillo de la comunidad china, un supuesto cristiano llamado Juan Bautista de Vera, comenzó a organizar la rebelión. Calculaba que una insurrección podía triunfar, ya que un inicio exitoso probablemente atraería fuerzas imperiales chinas para conquistar las islas, y que en última instancia el sería proclamado "rey" de las islas. Vera, aprovechando su posición, reclutó secretamente hombres y construyó un fuerte en un pantano en una ubicación oculta cerca de Manila. Para coordinar sus efectivos utilizó un sistema de "señas" (señales) que los rebeldes entregaban para confirmar su participación y sincronizar el ataque. Cada sangley debía llevar una seña a un lugar designado, lo que permitía a Bautista verificar el número de involucrados sin comunicaciones escritas riesgosas. Sin embargo, Bravo de Acuña, sospechando de él, lo hizo arrestar y posteriormente ejecutar tras ser interrogado.

Rebelión

El plan original era atacar el día de San Francisco, aprovechando la festividad para infiltrarse en Manila, pero temiendo que el plan había sido descubierto, se adelantó al 3 de octubre de 1603. Ese día, 2.000 hombres se reunieron en el fuerte. Según relata de Antonio de Morga en "Sucesos de las Islas Filipinas" (1609), los sangleyes, disfrazados como mercaderes, artesanos y barberos, entrarían en la ciudad con carimas ocultas. Cada grupo de cuatro sangleyes atacaría una casa española, matando a los hombres y capturando a las mujeres (las jóvenes se usarían para "regalos" y las mayores para servicio doméstico). El objetivo era tomar Intramuros, el centro de la administración española. Un escuadrón de hasta 500 sangleyes debía atacar el Monasterio de San Francisco, asegurando que ningún español sobreviviera.

El plan siguió adelante y una parte de la población china se alzó en armas, abatió a Luis Pérez y a sus soldados en un primer encuentro y sitió la ciudad con torres de asedio. Una fuerza hispana, japonesa y filipina salió entonces de la ciudad, derrotó a los sitiadores y les persiguió hasta una zona muy lejos de la urbe, infligiendo un gran castigo.

Pedro Bravo de Acuña organizó una respuesta militar inmediata, trabajando junto al sargento mayor Juan Suárez Gallinato para proveer los recursos necesarios y coordinar las fuerzas. Cuatro días después de que los rebeldes se fortificaran en San Pablo, el capitán Luis de Velasco lideró una fuerza de 60 soldados españoles contra el enemigo. Aunque inicialmente logró hacer retroceder a los sangleyes, fue emboscado y murió junto a varios de sus hombres, que se retiraron por un monte cercano.

Informado de la derrota, Bravo de Acuña ordenó al sargento mayor Gallinato salir en busca de los rebeldes con una fuerza combinada de 220 arcabuceros españoles, 400 japoneses, 2,000 indios pampangos (1,500 de ellos arcabuceros y mosqueteros, armados con espadas, flechas y otras armas), 200 "monos" (probablemente un término para otra etnia aliada) y 300 negros que se unieron a la campaña. A siete leguas de Manila, las fuerzas españolas encontraron al enemigo. Tras dos días de descanso y reconocimiento del terreno, atacaron el campamento sangley, matando a más de 400 rebeldes. Al día siguiente, persiguieron a 300 sangleyes que se habían escondido, eliminándolos por completo. Esta victoria se logró con la pérdida de solo doce indios pampangos.

El ejército descansó dos días antes de marchar hacia Batangas, en la costa, donde encontraron a 2,500 sangleyes construyendo embarcaciones para huir. Tras tres días de marcha, Gallinato organizó sus fuerzas y, al amanecer, lanzó un ataque feroz, matando a 1,102 sangleyes y obligando a los sobrevivientes, malheridos, a refugiarse en los montes. Exhaustos tras seis horas de combate y con algunos heridos, los españoles no persiguieron inmediatamente a los fugitivos. Gallinato delegó la persecución a un líder pampango, Ventura de Mendoza, con 200 indios, quienes en pocos días acabaron con los rebeldes restantes. En total, se reportaron doce indios pampangos y un japonés muertos, y diecisiete españoles heridos, entre ellos el capitán de la guardia Martín de Herrera, quien resultó gravemente herido por dos lanzadas.

Se ha mantenido tradicionalmente que durante la rebelión murieron de 15.000 a 30.000 chinos, pero autores posteriores han puesto tales cifras en duda, notando que la población china al completo no debía de superar por gran margen los 12.000.[3]

Consecuencias

El importante comercio con China no se interrumpió por este incidente, aunque una nueva rebelión de sangleyes se daría en 1639, también sofocada, tras la cual los chinos fueron llevados a San Nicolás y a Binondo.[4]

Las autoridades chinas se interesaron por la muerte de chinos en Manila, pero no hicieron nada al respecto después de que Pedro Bravo de Acuña justificara la represión.[5]

Referencias

  1. C. R. Boxer (1993). The Christian Century in Japan, 1549–1650. Carcanet. ISBN 1857540352. 
  2. John E. Willis Jr (1998). The Cambridge History of China. 
  3. 3,0 3,1 Birgit Tremml-Werner (2015). Spain, China, and Japan in Manila, 1571-1644: local comparisons and global connections. Amsterdam University Press. ISBN 9789048526819. 
  4. Civil, Françoise Moulin; Orovio, Consuelo Naranjo; Lemps, Xavier Huetz de (2010). De la isla al archipiélago en el mundo hispano. Editorial CSIC - CSIC Press. ISBN 978-84-00-08931-3. Consultado el 11 de diciembre de 2022. 
  5. Bravo de Acuña, Pedro (1603). Traslado de una carta del gobernador de Filipinas al visitador general sobre la muerte de los chinos que llevaron a cabo la rebelión en Luzón.  Parámetro desconocido |archivo= ignorado (ayuda); Parámetro desconocido |descripción= ignorado (ayuda); Parámetro desconocido |signatura= ignorado (ayuda)

Biografía