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Milicias Canarias
| Milicias Canarias | ||
|---|---|---|
| Milicias Provinciales de Canarias | ||
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Bandera Coronela de 1758 | ||
| Activa | Siglos XV - XIX (aproximadamente) | |
| País |
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| Fidelidad | Corona de Castilla / Reino de España | |
| Rama/s | Ejército de Tierra | |
| Tipo | Milicia / Infantería / Artillería (unidades variadas) | |
| Función | Defensa local, mantenimiento del orden, guarnición. | |
| Especialización | Defensa costera, combate en terreno insular. | |
| Tamaño | Variable, según la necesidad y la isla (miles de hombres en momentos clave). | |
| Parte de | Liderazgo por capitanes y comandantes locales, bajo la autoridad del Capitán General de Canarias. | |
| Acuartelamiento | Diversas guarniciones y castillos en las Islas Canarias. | |
| Disolución | Transformadas o disueltas a lo largo del siglo XIX. | |
| Alto mando | ||
| Comandantes notables | Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana | |
| Cultura e historia | ||
| Aniversarios | 25 de julio (Batalla de Santa Cruz de Tenerife) | |
| Honores de batalla | Batalla de Santa Cruz de Tenerife (1797) | |
| Historia | Las Milicias Canarias fueron cuerpos de defensa territorial formados por los propios habitantes de las Islas Canarias desde los primeros tiempos de la Conquista. Su organización y función evolucionaron a lo largo de los siglos, convirtiéndose en la principal fuerza defensiva del archipiélago. Estaban compuestas por vecinos alistados de forma voluntaria o por leva obligatoria, organizados por islas y localidades. | |
| Guerras y batallas | ||
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Las Milicias Canarias fueron cuerpos militares de carácter territorial que desempeñaron un papel fundamental en la defensa de las Islas Canarias desde la Conquista de Canarias hasta el siglo XIX.
Compuestas por los propios habitantes de las islas, su organización y funcionamiento variaron a lo largo del tiempo, pero su propósito principal fue siempre la protección del archipiélago frente a ataques externos, principalmente de piratas y potencias extranjeras.
Orígenes y organización
Las Milicias Canarias tienen sus raíces en los sistemas defensivos establecidos tras la incorporación de las islas a la Corona de Castilla. Ante la constante amenaza de incursiones piráticas y ataques de potencias rivales (ingleses, holandeses, franceses), se hizo necesario organizar a la población civil para la defensa.
Se estructuraban en compañías de infantería y, en menor medida, artillería, con efectivos variables según las necesidades y la población de cada isla. Los cargos de oficiales solían recaer en miembros de la nobleza local o familias influyentes. Su armamento consistía principalmente en mosquetes, picas y algunas piezas de artillería ligera en las zonas costeras.
Según las investigaciones, la organización de las Milicias Canarias se inicia en 1551 bajo el regidor Pedro Cerón, quien distribuyó las compañías y nombró capitanes y alféreces a los más adiestrados en asuntos de guerra. Tres años después, en 1554, Rodrigo Manrique de Acuña fue nombrado Visitador para asuntos de guerra, periodo al que corresponde la organización de las antiguas ordenanzas de las milicias canarias. En 1558, Alonso Pacheco fue nombrado Inspector de milicias y, según Millares Torres, en este momento ya estaban organizadas de forma similar a las de Castilla, incluyendo artilleros y algunas piezas de campaña.
En el periodo entre 1554 y 1589, Gran Canaria estaba dividida en tres "coronelías": la de Las Palmas y sus aledaños; la de Guía-Gáldar; y la de Telde-Agüimes. Cada una contaba con su coronel y un número indeterminado y variable de compañías de infantería. En Las Palmas se guarecían cuatro compañías, además de una en la Vega; en la zona de Guía-Gáldar, cuatro: una en Guía, otra en Gáldar, la tercera en Arucas y la cuarta en Teror. De esta época se conoce la presencia de Hernando de Pineda como alcalde mayor y capitán de las villas de Guía y Gáldar por designación del gobernador Rodrigo Manrique de Acuña. Pineda fue asesinado en mayo de 1556 por Bernardino Carbajal y Maciot de Bethencourt en el camino real hacia el norte, poco más abajo de Arucas. Este homicidio, una venganza por la muerte de Miguel de Trejo (hijo de Bernardino Carvajal) a manos de parientes de la esposa de Pineda, dio origen al topónimo "La Cruz de Pineda", por la cruz que se colocó para perpetuar el lugar del suceso.
Las tres coronelías de Gran Canaria funcionaron hasta 1568, momento en el que se convirtieron en Tercios, manteniéndose en las mismas tres zonas de la isla con sus maestres de campo al frente. Sin embargo, en 1589, el capitán general Luis de la Cueva realizó reformas que suprimieron los Tercios de la capital y del norte de la isla, creándose a partir de este momento cinco compañías establecidas en La Vega, Teror, Arucas, Guía y Gáldar. En mayo de 1595, el gobernador Alonso de Alvarado concentró en la Ciudad las fuerzas guarnecidas en toda la isla para pasar revista, estando las de Guía y Gáldar comandadas por los capitanes Melchor de Aguilar y Francisco de Carvajal, respectivamente. Como Tercios, y en número de tres, se mantuvieron sin variación hasta principios del siglo XVIII, cuando en 1708 fueron transformados por el capitán general Agustín de Robles en Regimientos, y los hasta entonces Maestres de Campo se convirtieron en Coroneles.
La defensa militar de la isla de Gran Canaria se mantuvo en las tres zonas geográficas mencionadas hasta 1803, cuando se creó el "Reglamento de nueva planta y constitución de los regimientos provinciales de milicias de canarias", que reducía a una tercera parte las unidades guarnecidas en esta isla. Sin embargo, un año más tarde este reglamento quedó en suspenso, por lo que seguía vigente la organización de 1771 realizada por el coronel Nicolás de Mazía Dávalos, con los tres regimientos de la capital, Telde y Guía. En 1808, las milicias canarias estaban formadas por las siguientes unidades distribuidas en el Archipiélago: en Tenerife, cinco regimientos de Infantería (La Laguna, La Orotava, Garachico, Güimar y Abona) y seis compañías de artillería; en Gran Canaria, tres regimientos de infantería (Las Palmas, Telde y Guía), y dos compañías de artillería; en La Palma un regimiento de infantería y dos unidades de artillería; y en el resto de las islas un regimiento de infantería por cada una de Fuerteventura, La Gomera, Lanzarote y El Hierro.
Será en 1844 cuando se produce una nueva reorganización militar con una reducción de las tropas de milicias de las islas para ser sustituidas por unidades "regladas" o de sueldo fijo procedentes de la Península. En ese mismo año se publica otro "Reglamento provisional para las Milicias Provinciales de Canarias", que supuso una importante reducción de sus unidades. En su preámbulo se alude al decaimiento del que fuera "brillante estado en que se vieron en tiempos de glorioso recuerdo a causa de no haberse atendido a su reorganización y fomento", según recoge Antonio Rodríguez Batllori. Los conocidos regimientos de milicias canarias se convierten entonces en ocho Batallones provinciales, tres en Tenerife (el primero en La Laguna, el segundo en La Orotava y el tercero en Garachico), dos en Gran Canaria (el cuarto en Las Palmas y el quinto en Guía, que toma el nombre de la localidad), y uno en cada una de las islas de La Palma, Lanzarote y Fuerteventura. El regimiento de Guía en esta fecha estaba formado por ocho compañías al mando de un comandante y, sucesivamente, fueron quedando guarnecidas en la localidad norteña varias unidades con distinta denominación, pasando a ser primero Batallón número 4 y en 1904 como Regimiento de Infantería número 67 que, al desaparecer como tal en 1918, se crea el denominado Regimiento de Reserva de Guía. Posteriormente, hasta la década de los años cuarenta del siglo pasado quedó allí guarnecido el Tercer Batallón del Regimiento número 39.
Al desaparecer la denominación de milicias en 1844 y convertirse en batallones, el último coronel de aquellas antiguas fuerzas fue Juan Gregorio Jaques de Mesa, ilustre militar de su época. [1]
Batalla de Santa Cruz de Tenerife (1797)
El momento de mayor gloria para las Milicias Canarias fue, sin duda, su decisiva participación en la Batalla de Santa Cruz de Tenerife (1797). El 25 de julio de 1797, una flota británica comandada por el almirante Horacio Nelson, con el objetivo de apoderarse de la isla y, en última instancia, del archipiélago canario, intentó tomar la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.
Bajo el mando del Capitán General de Canarias, Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana, las fuerzas de defensa de la ciudad estaban compuestas mayoritariamente por las Milicias Canarias, apoyadas por algunos efectivos del Regimiento de Infantería de Canarias, artilleros y voluntarios. A pesar de la superioridad naval y numérica inicial de los británicos, la organización, el conocimiento del terreno y la férrea resistencia de los milicianos resultaron determinantes.
Durante el asalto nocturno, las Milicias Canarias, posicionadas estratégicamente en el Castillo de San Cristóbal y otras defensas costeras, repelieron los desembarcos ingleses con gran eficacia. La artillería, operada por los milicianos, causó graves bajas entre las tropas británicas, incluido el propio Nelson, quien perdió el brazo derecho debido a un disparo de cañón o mosquete mientras intentaba desembarcar.
La tenacidad y el valor de los milicianos, que llegaron a combatir cuerpo a cuerpo en las calles de la ciudad, obligaron a Nelson a solicitar un armisticio y a retirar sus fuerzas, marcando una de las pocas derrotas en la carrera del famoso almirante.
Este triunfo, logrado principalmente por la determinación de las Milicias Canarias, significó la preservación de la soberanía española sobre las islas y elevó la moral de la población.
Legado
Las Milicias Canarias simbolizan el espíritu de defensa y la capacidad de resistencia del pueblo canario. Su historia fue un testimonio de la importancia de la defensa local en la configuración de la identidad y la soberanía de las islas. Aunque su estructura militar fue gradualmente absorbida o transformada por las reformas militares del siglo XIX, su legado perdura en la memoria histórica de Canarias.
Reconocimiento histórico
A pesar de la trascendental victoria lograda por las Milicias Canarias y su comandante, el General Antonio Gutiérrez de Otero, frente a la muy superior Armada de Horacio Nelson, ha existido una inexplicable paradoja en el reconocimiento público posterior de los protagonistas. Mientras la figura de Nelson alcanzó fama mundial y su nombre es recordado incluso en las Canarias, donde se le ha dedicado una gran calle central en [[Santa Cruz de Tenerife], la gesta de Gutiérrez y, por extensión, el papel fundamental de las Milicias Canarias, solo ha merecido una pequeña calle (Calle General Gutiérrez en la misma Santa Cruz.
En vida, como recompensa por sus acciones, Antonio Gutiérrez fue ascendido a teniente general y se le otorgó la Encomienda de Esparragal de la Orden de Alcántara. Sin embargo, a pesar de elevar una petición de muy merecidas recompensas para los soldados y civiles más destacados durante los enfrentamientos, no fue concedida ninguna[2]
Véase también
- Batalla de Santa Cruz de Tenerife (1797)
- Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana
- Horacio Nelson
- Historia de Canarias
- Castillo de San Cristóbal (Santa Cruz de Tenerife)
Referencias
- ↑ Pedro González-Sosa, Cronista Oficial de Guía. «La bandera "coronela" del antiguo regimiento de las Milicias de Guía se custodia en el Museo Militar de Tenerife.». Consultado el 26 de julio de 2024.
- ↑ Antonio Gutiérrez de Otero: el General que humilló a Nelson Miguel Ángel Ferreiro, Revista Centinela.