Acorazado Pelayo (1888)

De Hispanopedia
(Redirigido desde «Pelayo (1888)»)
Pelayo

El Pelayo en 1889
Banderas
Bandera de España
Historial
Astillero Forges et Chantiers de la Mediterranée
La Seyne, Tolón, Francia
Clase Clase Pelayo (único)
Tipo Acorazado multicalibre
Autorizado 23 de junio de 1884[1]
Iniciado Julio de 1885[2]
Botado 5 de febrero de 1887[3][4]
Asignado 9 de septiembre de 1888[5]
Baja 1 de agosto de 1924
Destino Desguazado en Rótterdam en 1926
Características generales
Desplazamiento 9918 t[6]
Eslora 105,6 m (346,5 pies)[5]
Manga 20,2 m (66,3 pies)[5]
Puntal 12,45 m hasta la cubierta superior[6]
Calado 7,35 m de proyecto[6]
Blindaje • Cinturón blindado de hasta 450 mm
• Cubierta acorazada de 90 mm
• Barbetas de hasta 400 mm
• Batería central protegida por placas de hasta 300 mm
Armamento • 2 cañones Hontoria de 320 mm
• 2 cañones Hontoria de 280 mm
• 1 cañón Hontoria de 160 mm
• 12 cañones Hontoria de 120 mm
• 3 (más tarde 5) cañones Hotchkiss de 57 mm
• 13 cañones de 37 mm
• 4 ametralladoras
• 7 tubos lanzatorpedos (reducidos a 3 en 1904)
Propulsión • 4 máquinas verticales de doble expansión
• 12 calderas
• 2 hélices
Potencia • 8000 CV (7890,6 HP; 5884,0 kW) a tiro natural
• 9600 CV (9468,7 HP; 7060,8 kW) a tiro forzado
Velocidad 16,7 nudos (30,9 km/h)
Autonomía 3000 millas náuticas (5556,0 km; 3452,3 mi) a 10 ns (18,5 km/h)
Tripulación 520
Capacidad 1000 t (984,2 LT; 1102,3 ST) de carbón

El Pelayo fue un acorazado multicalibre de la Armada Española que estuvo en servicio entre 1888 y 1924. Fue el buque insignia y constituyó la unidad más poderosa de la Armada en el momento de su entrada en servicio.[7] Con un desplazamiento de 9918 toneladas y unas dimensiones de 105,60 m de eslora, 20,20 m de manga, 12,45 m de puntal y 7,35 m de calado, llevaba una dotación de 630 hombres.[6]

Su casco de acero, la extensa compartimentación estanca, la protección mediante un cinturón blindado, la propulsión mecánica con dos hélices, la iluminación eléctrica y la poderosa artillería de retrocarga instalada sobre plataformas giratorias protegidas por barbetas (que sustituían las tradicionales pesadas torres de artillería cerradas), junto con otros avances tecnológicos, hicieron del Pelayo el precursor de los acorazados modernos. Su concepción inspiró varias de las características fundamentales de los grandes acorazados monocalibre que aparecieron a comienzos del siglo XX, aunque todavía combinaba piezas principales y secundarias de diferentes calibres, como correspondía a la doctrina naval de su época.

Su construcción fue impulsada personalmente por el Ministro de Marina Juan Bautista Antequera y Bobadilla, con el respaldo del Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo. El buque fue el único resultado inmediato del ambicioso programa naval de Antequera, que pretendía reconstruir la escuadra española alrededor de grandes unidades acorazadas.[8]

La construcción del Pelayo encontró una intensa oposición parlamentaria. Antequera defendió que la renovación de la Armada debía quedar al margen de las luchas partidistas y reclamó el apoyo conjunto de la mayoría y de las oposiciones. Durante los debates declaró:

«Yo creería mucho más patriótico que las oposiciones, en vez de ser sistemáticas en oponer dificultades, se unieran a la mayoría, como sucede en Inglaterra, cuando se trata del engrandecimiento de la Patria. Si esto ocurriese, en vez de combatirme porque construyo un acorazado, vendríais a pedirme que no fuese uno sólo. De este modo, sacando a la Marina del debate político, realizaríamos entre todos los partidos la obra nacional, la reconstrucción del material de Marina».[9]

El Pelayo recibió su nombre en honor a Don Pelayo, fundador del Reino de Asturias a quien se atribuye el inicio de la Reconquista de la Península Ibérica, cuyo comienzo se sitúa tradicionalmente en la victoria durante Batalla de Covadonga que enfrentó a un grupo de guerreros locales liderados por Don Pelayo contra una expedición del poderoso Califato Omeya.[10]

Contexto estratégico

La construcción del Pelayo se produjo durante una profunda controversia internacional acerca de la composición de las flotas. Antequera defendía una Armada organizada alrededor de grandes acorazados capaces de combatir por el dominio del mar. Su programa de 1884 contemplaba doce unidades de este tipo, aunque únicamente pudo iniciar la construcción del Pelayo.[8]

Frente a esta concepción se encontraba la Jeune École, corriente francesa impulsada principalmente por el Almirante Théophile Aube. Esta doctrina sostenía que una potencia con recursos inferiores podía defender sus costas mediante torpederos baratos y rápidos, mientras sus cruceros atacaban el comercio marítimo enemigo. El elevado coste y la aparente vulnerabilidad de los acorazados frente al torpedo hacían innecesaria, según sus partidarios más radicales, la construcción de grandes flotas de batalla.[8]

En España, el principal representante de esta corriente fue el Almirante Beránger. Cuando asumió el Ministerio de Marina después de Antequera, retiró el proyecto de su predecesor y presentó en 1886 un programa que no contemplaba nuevos acorazados y daba prioridad a cruceros y torpederos. La Ley de Fuerzas Navales de 1887 se inspiró inicialmente en ese planteamiento, aunque durante su ejecución varios cruceros protegidos fueron sustituidos por cruceros acorazados de mayor desplazamiento.[11][8]

El propio Pelayo no pudo resolver en la práctica aquella controversia, pues nunca combatió contra otro buque de guerra, y a corto plazo prevaleció en España la postura de Beránger, pues durante más de veinte años no se construyó otro acorazado moderno. Sin embargo, la experiencia internacional y la destrucción en Santiago de Cuba de los cruceros españoles frente a una fuerza estadounidense con mayor protección y potencia artillera demostraron que los cruceros no podían sustituir a los acorazados en un combate de escuadra.[8]

La aparición del acorazado británico HMS Dreadnought en 1906 reafirmó la función del gran buque artillado como centro de las principales flotas. España regresó a esta concepción mediante el programa Maura-Ferrándiz de 1908, que autorizó la construcción de los tres acorazados de la clase España. No obstante, la evolución posterior no significó la desaparición de las unidades ligeras defendidas por la Jeune École: torpederos, destructores y submarinos adquirieron funciones esenciales, aunque sin sustituir al buque principal de combate.[2]

Construcción

Perfil del Pelayo con su aspecto en 1890

Cuando Antequera asumió por segunda vez el Ministerio de Marina, en enero de 1884, la Armada disponía de una colección heterogénea de fragatas acorazadas, cruceros y unidades menores, muchas de ellas anticuadas. Para preparar un programa de reconstrucción reunió a un grupo de jóvenes Oficiales formado por Ramón Auñón y Villalón, Víctor María Concas, Fernando Villaamil, Félix Ardois y José Piñeiro, conocido dentro de la Armada como el «Pentágono».[8]

El proyecto presentado a las Cortes en junio de 1884 contemplaba doce acorazados: seis de primera clase y otros seis de segunda clase, además de cruceros, torpederos y buques auxiliares. Dos terceras partes de la inversión calculada estaban destinadas a las grandes unidades acorazadas, lo que muestra la preferencia de Antequera por una escuadra basada en buques fuertemente artillados y protegidos.[11]

El presupuesto de material de la Armada correspondiente al ejercicio 1883-1884 presentaba un sobrante cercano a doce millones de pesetas. Con el beneplácito de Cánovas, Antequera decidió emplearlo para iniciar inmediatamente la adquisición de un acorazado. Según una versión recogida posteriormente por la historiografía naval, Cánovas habría indicado al Ministro que construyera un barco «cuanto más grande mejor», asegurándole que los Gobiernos posteriores encontrarían los recursos necesarios para terminarlo.[8]

El contrato fue firmado en Marsella el 28 de junio de 1884 con la empresa francesa Forges et Chantiers de la Méditerranée, cuyo astillero se encontraba en La Seyne-sur-Mer, cerca de Tolón. La decisión se tomó antes de que las Cortes hubieran aprobado el programa naval y provocó fuertes críticas políticas y periodísticas. El antiguo Ministro de Marina Francisco de Paula Pavía y Pavía censuró el procedimiento en el Senado, mientras que el Almirante José María Beránger cuestionó la elección de la propuesta francesa frente a las ofertas británicas y anunció su intención de revisar el programa cuando Antequera abandonara el Ministerio.[11]

La quilla fue colocada en julio de 1885. La inspección de los trabajos correspondió inicialmente a una comisión de la Armada en Francia, en la que participó José Ferrándiz y Niño, mientras que Pascual Cervera y Topete ejerció una supervisión especialmente activa y se convirtió después en el primer Comandante del buque.[2][6]

El Pelayo fue botado el 5 de febrero de 1887 en presencia del Ministro de Marina Rafael Rodríguez de Arias y Fernández de Villavicencio, del Obispo de Tolón y de representantes de España y Francia. La fragata Blanca asistió a la ceremonia en representación de la Armada Española.[3]

Las pruebas de mar se realizaron durante agosto de 1888. Con tiro natural alcanzó 16,215 nudos y con tiro forzado llegó a 16,7 nudos, cumpliendo las condiciones estipuladas en el contrato. El buque fue entregado a la Armada el 8 de septiembre y al día siguiente Cervera asumió formalmente su mando. Sin embargo, todavía no llevaba instalada toda su artillería principal, por lo que su alistamiento completo no concluyó hasta 1890.[6][3]

Diseño

Diagramas del Pelayo.

El Pelayo se construyó según un diseño del ingeniero Amable Lagane basado en la clase Marceau francesa, pero con una eslora algo más larga y un calado menor para permitirle el paso por el Canal de Suez. En un principio estaba previsto que portase un aparejo vélico para 372 m² de velamen, que fueron sustituidos posteriormente por dos mástiles militares.

Un cinturón completo de acero Schneider Le Creusot se extendía desde 1,5 m por debajo de la línea de flotación hasta 0,6 m por encima. Había un extenso compartimento debajo de la cubierta blindada con 13 mamparos transversales completos.

El casco presentaba una forma abombada. La manga disminuía progresivamente por encima de la línea de flotación y la proa terminaba en un espolón, concebido todavía como arma ofensiva para embestir el casco de un buque enemigo.[6]

Su armamento principal dispuesto de la forma llamada de rombo o diamante estaba compuesto por dos cañones Gónzalez Hontoria de 320 mm instalados en barbetas a proa y a popa, con ángulos de disparo completos. Dos cañones Gónzalez Hontoria de 280 mm, uno en cada costado en el centro del buque y sobre plataformas laterales salientes, proporcionaban un disparo axial. Un único cañón de 160 mm se montó en proa, con cañones de 120 mm en una batería en el centro del buque.

Otra importante novedad fue la incorporación de una estación de telegrafía sin hilos, que también se instaló en el crucero Extremadura, siendo las dos primeras unidades de la armada que utilizaron este sistema, en aquel entonces revolucionario.

Blindaje

La protección se concentraba alrededor de la línea de flotación y de los órganos esenciales del buque. El cinturón acorazado tenía 2,1 metros de altura y alcanzaba un espesor máximo de 450 milímetros. La cubierta principal estaba protegida por aproximadamente 90 milímetros de acero, mientras que las barbetas de la artillería principal llegaban a 400 milímetros y la batería central disponía de placas laterales de hasta 300 milímetros.[6]

Esta distribución respondía al concepto de fortaleza flotante propio de los acorazados de la época: se sacrificaban velocidad y autonomía para proteger la maquinaria, los pañoles de municiones y las piezas de mayor calibre.

Armamento

La artillería principal estaba dispuesta en rombo. Dos cañones González Hontoria de 320 milímetros ocupaban las barbetas de proa y popa, mientras que otros dos cañones de 280 milímetros se situaban en plataformas laterales, uno a cada banda. Esta disposición permitía concentrar tres piezas pesadas hacia proa o popa y emplear las cuatro en un combate por ambas bandas.[6]

La batería secundaria original comprendía un cañón González Hontoria de 160 milímetros colocado en la parte superior de la roda y doce piezas de 120 milímetros distribuidas en la batería central. La defensa contra torpederos estaba formada por doce cañones de tiro rápido de 57 milímetros, trece cañones revólver de 37 milímetros y cuatro ametralladoras. También llevaba seis tubos lanzatorpedos.[6]

Propulsión

El sistema propulsor original constaba de cuatro máquinas verticales compound de doble expansión, acopladas de dos en dos sobre dos líneas de ejes. Cada eje accionaba una hélice de bronce de cuatro palas. El vapor era generado por doce calderas cilíndricas de llama de retorno, instaladas en cuatro cámaras independientes.[6]

La maquinaria desarrollaba unos 8000 CV a tiro natural y 9600 CV con tiro forzado. Durante las pruebas alcanzó una velocidad máxima de 16,7 nudos. Los cálculos efectuados después de las pruebas atribuían al buque una autonomía teórica muy elevada, pero en el servicio ordinario resultó considerablemente menor, normalmente estimada en unas 3000 millas náuticas a velocidad económica. La limitada autonomía fue una de las críticas más persistentes dirigidas contra el diseño.[6]

Historial

El Pelayo en Génova, en 1892.

El Acorazado Pelayo fue botado el 5 de febrero de 1887 en los astilleros franceses de La Seyne-sur-Mer. Al acto asistieron importantes personalidades de la época, como el ministro de Marina español Rafael Rodríguez de Arias y el Obispo de Tolón.

Tras su botadura, el buque completó sus trabajos de armamento y pruebas de mar, siendo entregado oficialmente a la Armada Española en septiembre de 1888.[12][13]

El Pelayo tomaba el relevo como buque principal de la flota española que hasta entonces había recaído en el Numancia (1864), y se convirtió en el único acorazado español de finales del siglo XIX hasta la reconversión en acorazados costeros de las fragatas blindadas Vitoria y la propia Numancia. Durante muchos años fue el buque insignia y el más potente con el que contaba la Armada, hasta la entrada en servicio del primero de los acorazados clase España en 1913.

En 1889 participó en la concentración naval enviada a las costas de Marruecos a raíz del apresamiento de embarcaciones españolas. Todavía carecía entonces de parte de su artillería principal. En abril de 1890 regresó a Tolón para completar su armamento y fue visitado allí por el Presidente de la República Francesa, Marie François Sadi Carnot.[3]

Durante los años siguientes tomó parte en maniobras, revistas navales y misiones de representación. En 1891 visitó El Pireo junto al crucero Reina Regente, el crucero Isla de Luzón y el cazatorpedero Destructor. En 1892 acudió a Génova con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América y en 1893 intervino en las maniobras navales de Cartagena, Santa Pola y Alicante.[3]

En 1895 representó a España en la inauguración del Canal de Kiel, acompañado por el crucero acorazado Infanta María Teresa y el crucero Marqués de la Ensenada. Posteriormente volvió a las aguas de Marruecos como parte de las demostraciones navales españolas ante nuevos incidentes diplomáticos.[3]

El Pelayo durante la Guerra del 98

Comenzó una reconstrucción en La Seyne en 1897, para someterse a una importante modernización, y estaba allí cuando estalló la Guerra hispano-estadounidense en abril de 1898. Las doce calderas originales fueron sustituidas por dieciséis calderas acuotubulares, más ligeras y rápidas para levantar presión. La reforma también contemplaba un recorrido general de la maquinaria y la sustitución de la batería secundaria formada por los cañones de 160 y 120 milímetros por nueve piezas Schneider-Canet de tiro rápido de 140 milímetros.[2]

El ahorro de peso permitió instalar una protección adicional de 70 milímetros sobre la batería secundaria. También se eliminaron las cofas militares superiores y se modificaron otras partes de la superestructura. Las huelgas en el astillero francés retrasaron los trabajos y el comienzo de la guerra contra los Estados Unidos obligó al buque a regresar precipitadamente a España con la reforma todavía incompleta.[2]

Durante la guerra, se planeó un contragolpe que aliviara la situación del Almirante Cervera y de paso realizar algún bombardeo sobre la costa americana.[14] Se desató cierta psicosis colectiva en la costa Este de los Estados Unidos y el gobierno estadounidense llegó a ordenar a las ciudades de la costa este que apagaran las luces por la noche.[14]

Para llevar a cabo tal contraataque, el elegido fue el almirante Manuel de la Cámara Livermore. Para ello se iban a crear tres divisiones navales que pudieran desconcertar al enemigo:

Debido a la corta autonomía del acorazado Pelayo y del Vitoria, la 2.ª División haría una maniobra diversiva, navegando unos días en dirección al teatro de operaciones del Mar Caribe, cambiando el rumbo posteriormente para regresar a aguas nacionales y proteger las costas españolas de un posible ataque estadounidense, uniéndosele el crucero protegido Alfonso XIII, una copia del desaparecido Reina Regente de 1988.

La 1.ª División, en la que se integraba el Carlos V, se dirigiría hacia las islas Bermudas, donde recibiría órdenes e informes, para iniciar posteriormente un ataque contra la costa este americana, dirigiéndose hacia el norte, rumbo a Halifax en Canadá, dominio británico, para recibir nuevas instrucciones, y trasladarse después al mar Caribe, cayendo sobre las islas Turcos y Caicos.

La 3.ª División debería dirigirse hacia la zona del Cabo San Roque, en Brasil, y desde allí dedicarse a hostigar el tráfico mercante enemigo.

Esta acción no llegaría a producirse, entre otros motivos por las presiones británicas, en disimulado apoyo a los estadounidenses.

Flota española del Almirante Cámara inmovilizada en el Canal de Suez en 1898, formada entre otros por el acorazado Pelayo y el crucero Carlos V y que finalmente no pudo intervenir en la guerra.

Con posterioridad, el Pelayo encabezó la escuadra española, liderada por el almirante Manuel de la Cámara, enviada a Filipinas en 1898, que acabó siendo retenida en el Canal de Suez durante largo tiempo. El magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst intentó sabotear la misión, y ordenó a su corresponsal en Egipto comprar un barco mercante para hundirlo en la parte más estrecha del Canal de Suez, bloqueando así el paso de los barcos españoles. El plan de sabotaje no necesitó llegar a ejecutarse porque, de nuevo debido a presiones británicas, el gobierno egipcio retuvo A la flotilla española alegando problemas con las tasas de tránsito y el carbón, dando tiempo de esa manera a que la armada de EE. UU. completara sus operaciones militares navales.

Finalmente, tras muchos contratiempos y la confirmación de la destrucción de la escuadra del almirante Cervera, la escuadra recibió la orden de regreso de la escuadra, sin haber podido participar en ningún combate naval durante la guerra.

Después de regresar a España volvió a La Seyne en febrero de 1899 para completar las obras interrumpidas el año anterior.[3]

Siglo XX

Perfil del Pelayo con su aspecto en torno a 1910, poco antes de la Primera Guerra Mundial.
El Pelayo en 1916.

En 1900, por Decreto del 18 de mayo del Ministerio de Marina, se describió técnicamente la situación de los buques de la Armada en ese momento y se dieron de baja 25 unidades por considerarse ineficaces.[15][16] Respecto al Pelayo:

El Pelayo, con las modificaciones que recientemente ha recibido de protección para su batería, arreglo de calderas, máquina y artillado, es un acorazado de segunda clase de mucho poder ofensivo en su artillería, que se encuentra en buen estado, y con algunas reparaciones más y disminución de sus estructuras de madera, será un buque de combate de fuerza efectiva, y en disposición de prestar muy buenos servicios, en unión de otros de su clase. [...] Art. 3.° Con los créditos consignados en el presupuesto vigente para el sostenimiento del personal de los buques cuyo desarme se expresa en el art. 1.°, se completarán y aumentarán las dotaciones del Pelayo, Carlos V, Numancia, Vitoria y Nautilus, cuanto permitan los alojamientos actuales y los que prudentemente puedan además construirse, tanto para Oficiales como para Maquinistas, Contramaestres Condestables y demás clases subalternas, con objeto de que se dediquen a la Instrucción de sus dotaciones, verificando continuas navegaciones y ejercicios de todas clases.[15]

Tras la guerra, acudió a la revista naval de Tolón (Francia) en 1901 y a Lisboa (Portugal), y de la ría de Vigo en 1904. Durante este periodo, sin embargo, se encontraban dificultades para asignar un papel adecuado al Pelayo, ya que no existía ningún buque similar junto con el que operar, con lo que cuando entraron en servicio los acorazados Clase España, el Pelayo era demasiado lento y antiguo para operar con ellos.

Perfil del Pelayo con su aspecto en torno a 1920, poco después de la Primera Guerra Mundial y durante la Guerra del Rif.

A partir de 1909 intervino en las operaciones navales desarrolladas frente a las costas septentrionales de África. Después de una gran carena realizada en 1910, regresó a Marruecos en septiembre de 1911. El Pelayo disparó su armamento en combate únicamente cuanDo bombardeó posiciones insurgentes próximas a Alhucemas y Melilla en apoyo de las fuerzas terrestres durante la Guerra del Rif desde septiembre de 1911.[5]

Fue reformado y actualizado en 1910, momento en el que se le retiraron cuatro de sus tubos lanzatorpedos.[5]

En 1912, sufrió daños en la Bahía de Fonduko (Mahón) por un error de navegación. Fue reparado en Cartagena, pero desde ese momento ya solo se dedicó a tareas de entrenamiento, actividad que desempeñó hasta 1921.

El 3 de agosto de 1922 se ordenó su desarme, aunque siguió dos años más en servicio. Fue dado de baja en las listas de la Armada el 1º de agosto de 1924, y vendido a una empresa holandesa que lo llevó en su último viaje en 1926 rumbo a Rotterdam, donde sería desguazado para chatarra.[17]

Véase también

Referencias

  1. «Real Decreto de 23 de junio de 1884 por el que se autoriza la contratación en el extranjero de un buque blindado de primera clase». Gaceta de Madrid (178): 842. 26 de junio de 1884. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  2. 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 Rodríguez González, Agustín (2009). «Vida y obra de un marino regeneracionista: el Almirante Ferrándiz». Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval (57): 51-60. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 3,6 «Pelayo (1888)». Todoavante. Asociación Cultural Todoavante. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  4. Hemeroteca ABC (Blanco y Negro)
  5. 5,0 5,1 5,2 5,3 5,4 Vida marítima: El acorazado Pelayo y Pascual Cervera
  6. 6,00 6,01 6,02 6,03 6,04 6,05 6,06 6,07 6,08 6,09 6,10 6,11 López Piñero, Amable (2024). «Estudio y reconstrucción de la maquinaria del Acorazado Pelayo». Suplemento a la Revista de Historia Naval (39): 9-86. doi:10.55553/603jpt03901. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  7. «Pelayo (1888)». todoavante.es. 6 de abril de 2022. Consultado el 17 de marzo de 2025. 
  8. 8,0 8,1 8,2 8,3 8,4 8,5 8,6 Acosta Ortega, Santiago José (2026). «Causas de la pérdida de la Escuadra en Santiago de Cuba». Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval (91): 135-154. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  9. Antequera y Angosto, Juan Bautista (1927). La vuelta al mundo en la «Numancia» y el ataque del Callao: apuntes para una biografía del almirante Antequera. Madrid: Compañía Ibero-Americana de Publicaciones. p. 71.  Parámetro desconocido |autorlink= ignorado (ayuda)
  10. La batalla de Covadonga que convirtió a Don Pelayo en el primer héroe de la Reconquista Gonzalo Jiménez Tapia. El Debate
  11. 11,0 11,1 11,2 Acosta Ortega, Faustino (2022). «Los planes de escuadra de la Restauración. Aspectos presupuestarios e industriales». Revista de Historia Naval (158): 119-144. doi:10.55553/603sjp15805. Consultado el 9 de septiembre de 2026. 
  12. Pelayo (1888 Todavante
  13. EL BUQUE ACORAZADO “PELAYO” (1887-1924) Francisco José Rozada Martínez. Asociación Nacional de Cronistas Oficiales
  14. 14,0 14,1 El «Pelayo», el acorazado español que aterrorizó a los Estados Unidos, ABC (23/11/2011) Archivado el 28 de enero de 2016 en Wayback Machine.
  15. 15,0 15,1 [1] La Gaceta de Madrid, Número 139 Boletín Ordinario, publicado el sábado, 19 de mayo del 1900.
  16. CONSTRUCCIÓN NAVAL Y FUERZA A FLOTE EN LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XX Revista de la Armada Española
  17. ABC: El fin del Pelayo y los restos de la antigua escuadra española

Enlaces externos